Nota de los Editores de NuevOrdeN: las opiniones vertidas en estos artículos no tienen por que ser compartidas necesariamente por el equipo editorial de NuevOrdeN, solo muestran un punto de vista personal.
TOLKIEN, muy lejos de la izquierda
El respeto por lo creado y el amor por las criaturas, en realidad, son tan
propio de Tolkien como del ecologismo. Que no son temas de izquierdas.
Lo que a continuación vamos a designar como izquierda es la ideología de moda en
la actualidad enarbolada por esa masa que quiere hacernos creer que Tolkien era
un personaje según sus decadentes parámetros y a la medida de su propia
mediocridad, es decir: democrático, igualitarista, solidario con las causas
humanitarias, con sensibilidad social, y toda esa escoria… Pues nada más lejos
de la verdad, porque como veremos mas adelante Tolkien fue justamente todo lo
opuesto al pensamiento y a las modas basura de esta época que vivimos, las
cuales aborrecía y despreciaba.
Actualmente existe la creencia muy difundida entre los
ignorantes y los cerebros andrajosos, que los conceptos de ecología, protección
a la naturaleza, cuidado a los animales y el uso sabio de los recursos, son
exclusivos de lo que se conoce como pensamiento de izquierda. Es de esta forma
como el sistema nos devuelve la imagen de un imbecil con una camiseta del Che,
con jeans raídos y sandalias, greñas rastafari, consumidor de marihuana y basura
sonica, (que el llama “música”). Agreguémosle a esta piltrafa sub humana
tatuajes, piercing, y habremos rematado la imagen del mas puro ejemplo de
fantoche cliché. En otras palabras estamos hablando del perfecto producto bruto
reciclado de la basura actual del sistema. Esta esperpéntica lacra viene a ser
un residuo de neo hipismo, aderezada de nota étnica, ovnis, hermanos mayores del
espacio, cultores de la cháchara de la nueva era y ciudadano de la aldea
universal en la que todos somos iguales y las razas ya no existen. Este
gilipollas es desde luego un producto asqueroso del marxismo cultural excretado
por el ano del sistema, de las universidades estatales y la industria mediática.
Estamos seguros que (de haberlos conocido) Tolkien se habría inspirado en estos
pobres payasos estupidos para diseñar a los orcos que sirven de mofa y repulsión
a las razas arias, bellas, heroicas y valerosas que pueblan la Tierra Media.
Con la trilogía de películas de El Señor de los Anillos, la sociedad occidental
blanca ha redescubierto a John R R Tolkien: y todos los temas propios del filón
cultural al que el genial inglés perteneció. Los ha reencontrado la sociedad
occidental blanca, a la que fue dirigido el libro, y era bastante lógico porque
es uno de sus espacios propios de acción; pero también los ha descubierto –como
quien descubre el agua tibia, la izquierda descerebrada, (o izmierda según se
desee) Y esto vale una reflexión detenida y mucho más profunda, pues tal absurdo
ridículo y incongruente apropiación merece la pena de ser mencionada.
El mundo de Tolkien, siendo una ficción literaria, es a su vez una recreación
literaria de la realidad y en él se juega con las mismas reglas que en la
realidad nuestra cotidiana. De hecho, para una parte creciente de la juventud
occidental blanca, Frodo es más real que Hernán Cortés, por la sencilla razón de
que casi nadie estudia ya quién fue el extremeño conquistador y en cambio todos
han visto el ejemplo vital del hobbit, sus aventuras, empeño y valores. Los
blancos occidentales se han visto reflejados en el mito literario de EL SEÑOR DE
LOS ANILLOS. De ahí su enorme difusión y éxito sin paralelos en la actualidad.
Y considerando la importancia del fenómeno Tolkien, profundo, vigoroso y
destinado a durar, se está produciendo últimamente en el occidente blanco un
singular acontecimiento: la izquierda, ajena como siempre ha sido, a los valores
tradicionales de Tolkien y de su obra, a la tradición literaria fantástica, y
alérgica a los ejemplos de virtudes propuestos en El Señor de los Anillos
–llámese cine o libro, intenta capitalizar y hacer suyo el mensaje tolkiano,
deformándolo, y acomodándolo a su visión torcida y decadente de la historia y de
su rastrera ideología falaz y limitada del hombre, o sea: Izquierda+originalidad
= 0.
Es una tentación eterna de todas las izquierdas existentes o por existir, al
menos desde Antonio Gramsci: si un símbolo o un universo conceptual no pueden
ser destruidos se trata por todos los medios de capitalizarlos, manipulándolos
sin pudor si es preciso para hacerlos coincidentes con su visión torcida del
mundo. Es el caso de Tolkien. También el caso de la manipulación de los artistas
rusos que fueron sacrificados en aras de la propaganda del sistema comunista
soviético.
Tolkien, en verdad, puede ser considerado un ecologista. El respeto por el medio
ambiente, sin ocultar la dureza de la vida y de la naturaleza, y sin negar –sino
más bien afirmando con energía- la dimensión trascendente de nuestro entorno, es
uno de los rasgos esenciales del fenómeno Tolkien. Pero decir que Tolkien fue un
ecologista es tanto como decir que lo fue san Francisco de Asís, en otro orden
de cosas, y en definitiva no deja de ser una extrapolación parcial, extemporánea
y que debe tomarse con cautela. Amar la naturaleza no equivale, precisamente, a
afiliarse a cualquier partidillo de izquierda. Denunciar los abusos de la
modernidad no hace a Tolkien, ni al pobrecillo de Asís, militantes del
comunismo.
Ahora bien, quienes pretendan suponer que la ideología de izquierda es consecuente a la hora de difundir su discurso, deben saber, ante todo, que la izquierda en su esencia se supone que es: materialista dialéctica, o sea que entiende el desarrollo de la historia desde una óptica científica positivista de la realidad (cosa ya superada hace tiempo). Y es por esta misma razón que la izquierda ha atacado desde siempre todo lo mágico, supernatural, así como la literatura fantástica. No cree tampoco en la tradición, ni en la identidad de los pueblos, etc. La literatura fantástica, el pensamiento mágico y la explicación metafísica del mundo son por lo tanto para la izquierda un asqueroso lastre burgués según su visión gris, aburrida y limitada de la historia. Basta lo dicho anteriormente para dar por entendido que, ser de izquierda y ser tolkiano, por ejemplo, es una contradicción. Quienes así se definan no hacen más que el ridículo y ponen de manifiesto su total ignorancia.
Hay que dejar claro de una vez por todas que los valores de la justicia social,
la equidad a la hora de mejorar las condiciones de vida, así como el cultivo de
los principios eternos de la solidaridad y otros aspectos que la izquierda se
aprovecha en hacer suyos y de nadie mas, no son precisamente invento y
exclusividad de la izquierda. Siempre han existido pues pertenecen a acerbo del
hombre civilizado occidental.
Por otro lado hay que hacerle recordar a los miles y miles de energúmenos progre
que se llenan la boca con el discursito de izmierda sobre: la solidaridad entre
los pueblos de tierra media, de que si los orcos tienen derecho a la vida, de
que las razas oscuras buenas de tierra media, bla, bla etc., que por el
contrario Tolkien fue un ultraconservador, racista, xenófobo y excluyente.
Además Tolkien defendía el sistema feudal de jearaquias y castas sociales y
además era un admirador del generalísimo Francisco Franco y su nacional
catolicismo. ¿Todo esto hacia a Tolkien retrogrado, atrasado e idiota? Desde
luego que no. Tolkien era un genio que respondía al pensamiento y las
convicciones propias de un identitario y un nacionalista integro. (Tolkien por
sobre todo amaba su país y su cultura: Inglaterra).
Da risa ver como se aferran con desesperación esos
pobres diablos que alegan que Tolkien no era racista, xenófobo, y homo fóbico,
solo porque en alguna declaración Tolkien se refirió a los judíos con respeto y
delicadeza, llamando a los judíos, “pueblo notable” Como si Tolkien fuese tan
estupido para evidenciar sus más profundas convicciones y poner en evidencia sus
criterios más íntimos ante el público, para esto estaba su obra. Además no es
necesario pertenecer a un partido nazi para ser nazi. Esta palabra es solo una
designación formal política y coyuntural. Se puede ser, y de hecho millones de
personas tienen un pensamiento en línea con el nazismo, y sin embargo no son
cultores abiertos de la esvástica y la forma que adopto el pensamiento nazi
durante la época fundacional en la Alemania de los años treinta. Tolkien aporto
más al nazismo en su esencia que muchos de los seguidores de Hitler.
Pero, volviendo al tema central no dejamos de insistir en que la desfachatez de
la izquierda no conoce límites. En realidad la izquierda que conocemos en el
actual occidente, progresista, negociante, especuladora, incapaz de crear
riqueza sin destruir esperanzas, sólo es ecologista en el sentido demagógico
políticamente correcto, superficial, material y electoral del término. El
respeto por lo creado y el amor por las criaturas, en realidad, son ajenos al
ecologismo político, aunque ciertamente sea tan propio de Tolkien como del
franciscanismo. Que no son de izquierdas, y que están esperando una centro
derecha que deje de estar a la defensiva culturalmente. Por ahora, claro,
llamaremos centro derecha a ese conglomerado que rechaza la hipocresía y el
doble juego de esos grupos que se definen amantes del progreso, la solidaridad y
la justicia social. Unos grupos que, cuando han ejercido el poder, han
destruido, dañado y corrompido la herencia cultural, el patrimonio histórico y
la tradición heredada de la cultura occidental, y en su lugar han introducido
basura que designan arte y formas bestiales y aberrantes que ellos designan
modernidad…
Es hora pues de reclamar lo que nos pertenece por derecho y se encuentra
secuestrado por los conspiradores de la izquierda cultural. Tolkien esta para
recordarnos que es nuestro y que no lo es.
Menelvagor