Nota de los Editores de NuevOrdeN: las opiniones vertidas en estos artículos no tienen por que ser compartidas necesariamente por el equipo editorial de NuevOrdeN, solo muestran un punto de vista personal.
Operación Pandemia
Gripe A: ¿Operación Pandemia?
A principios de enero de este año, se hizo público
un informe firmado por un grupo de parlamentarios del Consejo de Europa en el
que se sostiene que la Organización Mundial de la Salud actuó con “excesivo
alarmismo” ante la gripe bajo la presión del poderoso lobby de los laboratorios
farmacéuticos. Las teorías conspirativas reavivaron suposiciones del negocio que
significó la gripe para el puñado de laboratorios que fabricaban antivirales. Un
nombre de los que suena detrás de las empresas involucradas: Donald Rumsfeld.
Los hechos, las dudas y las sospechas que despiertan son los suficientemente
graves como para hacer el intento de desarmar la enorme madeja que se está
creando en torno al tema - A pocos días después de que durante la pasada
primavera nórdica estallara en México la epidemia de Gripe A –en aquellos días
denominada con menos elegancia Gripe Porcina-, apareció colgado en YouTube un
mini documental de impecable factura, de menos de diez minutos de duración
titulado “Operación Pandemia” en el que se hacía referencia al supuesto negocio
que significaba la gripe para el puñado de laboratorios que fabricaban
antivirales. Entre esos laboratorios figuraba Roche, fabricante del conocido
Tamiflu, un medicamento desarrollado originalmente por la compañía
norteamericana Gilead Sciencies Inc, que le vendió al conocido laboratorio
europeo la patente en 1.997 a cambio del 10 por ciento de las ventas.
Entre los directivos de Gilead Sciencies en esa época se encontraba nada más y
nada menos que Donald Rumsfeld, el hombre que más tarde se transformó en
Secretario de Defensa del gobierno de George Bush. Fue así como la nueva gripe
nació junto a la teoría conspirativa que la explicaba. Cuando a principios de
enero de este año se hizo público un informe firmado por un grupo de
parlamentarios del Consejo de Europa, coordinados por el diputado y médico
epidemiólogo alemán, Wolfgang Wodarg, en el que se sostiene que la Organización
Mundial de la Salud actuó con “excesivo alarmismo” ante la gripe, bajo la
presión del poderoso lobby de los laboratorios farmacéuticos, las teorías
conspirativas se reavivaron. Los hechos, las dudas y las sospechas que
despiertan son los suficientemente graves como para hacer el intento de desarmar
la enorme madeja que se está creando en torno al tema.
LOS LABERINTOS DE LA CONSPIRACIÓN
Si algo tienen en común las múltiples teorías conspirativas que pueblan el
universo mediático contemporáneo es la facilidad con que prenden entre el
público y la dificultad para rastrear su origen y comprobar la veracidad de su
fuente. El documental “Operación Pandemia” es un buen ejemplo de ello. En el
momento en que se escribe este artículo, el video fue visto en YouTube 8.279.586
veces. Pocos documentales contemporáneos pueden vanagloriarse de semejante
público. Pero lo que casi ninguno de esos millones de espectadores saben es
quién lo realizó, por qué lo hizo, de dónde sale la información que allí se
vuelca.
El video está firmado al final por Julián Alterini, quien resultó ser un joven
estudiante de cine argentino de 22 años que, según sus propias palabras –en una
entrevista que le realizó la radio porteña Rock&Pop-, hizo el film porque sintió
“curiosidad” por la gripe y le llamaron la atención algunas “coincidencias”,
como el hecho de que el fabricante del Tamiflu estuviera vinculado a un
personaje tan siniestro como Rumsfeld, un hombre que no tuvo ningún empacho en
manipular información con tal de justificar la invasión a Irak en 2003 y que
cuesta poco imaginar moviendo sus influencias para exagerar la gravedad de la
Gripe A.
Pero lo que Alterini no dice a lo largo de toda la entrevista es de dónde viene
la información que vincula a Roche y el Tamiflu con el ex Secretario de Defensa
de George Bush. Puestos a investigar, lo primero que resulta curioso es que todo
parece derivar de una investigación periodística llevada a cabo por un colectivo
de periodistas californiano llamado “Pueblos sin Fronteras” que realizan un
informativo radial por Internet denominado Pacífica. Así las cosas, la teoría
conspirativa parece surgida de un grupo radical que llega incluso a mencionar la
posibilidad de que el virus H1N1 haya sido diseñado por el ejército
estadounidense con el objetivo de atacar biológicamente a sus enemigos y que la
eficacia del Tamiflu se debe a que los mismos que diseñaron el virus hicieron
también el remedio.
Pero, ¿de dónde obtuvo este colectivo esa información? El artículo del que nace
todo el entuerto lo firma el periodista Fernando Velazquez, quien al igual que
Alterini, se deja llevar por lo sugestivo de algunas coincidencias, traza
paralelismos entre la Gripe Porcina (o A) y la Gripe Aviar –otra pandemia
anunciada que nunca ocurrió, y para la que había curiosamente los mismos
medicamentos– y termina citando entre la melange de fuentes insólitas al libro
de un ex ministro de salud indonesio, artículos de un famoso periodista adicto a
las conspiraciones de la radio WBAI de Nueva York y otras rarezas por el estilo.
Pero lo más impactante de todo este embrollo es que una buena parte de la
información que aparece en estos artículos, exceptuando sus connotaciones más
paranoicas… es real.
Y hacia allí apunta el documento crítico del Consejo de Europa que acusa a la
Organización Mundial de la Salud de haber exagerado la gravedad de la pandemia.
GILEAD SCIENCIES, UN LABORATORIO MODELO
Fundada en 1987, Gilead Sciencies es una compañía farmacéutica estadounidense
que bien podría ser presentada como el paradigma de una industria famosa por sus
oscuridades y por las sospechas que despierta sólo porque hace negocios con la
salud de los seres humanos. Sus vínculos con Donald Rumsfeld son públicos. Basta
visitar su página web www.gilead.com para encontrar en su archivo de prensa el
comunicado elogioso con que la compañía saludó la llegada del que llama
cariñosamente “Don” a la presidencia del grupo el 3 de enero de 1997. Accionista
importante de Gilead (en la Web no se especifica sin embargo qué porcentaje de
acciones posee) Rumsfeld es presentado como un hombre que gracias “a su amplia
experiencia en posiciones de liderazgo tanto en la industria como en el
gobierno, nos será muy útil para seguir aumentando nuestra presencia comercial”
y recuerda que el político americano fue galardonado en 1980 y 1981 como mejor
Consejero Delegado de la Industria Farmacéutica mientras se encontraba
trabajando en GD Searle, otra empresa del ramo.
La Web de Gilead contiene otras informaciones valiosas que harían las delicias
de las mentes conspirativas si en vez de mezclar todo en un relato paranoico se
dedicaran a investigar la simple realidad. En primer lugar, de su Sitio se
desprende que no es Rumsfeld el único ex Secretario de Estado que tuvo el honor
de formar parte de la compañía. Actualmente se encuentra integrando su comité
George Shultz, el hombre que ocupó la cartera militar durante la presidencia de
Ronald Reagan. Lo que no explica la Web es en qué medida ayudó “Don” Rumsfeld a
que las acciones de la compañía, que en el año 2000 cuando Bush llegó al
gobierno valían sólo 3 dólares, llegaran a valer más de 50 ocho años después.
¿Qué milagro habrán hecho para subir tanto en la consideración de los
inversores? Rumsfeld dejó la dirección de Gilead en 2001 un par de días antes de
asumir como Secretario de Defensa.
Lo cierto es que el Tamiflu resultó ser un auténtico clavo comercial desde que
se lo patentó en 1996. Mientras Rumsfeld estaba al frente de Gilead el
laboratorio le vendió la patente a la casa Roche, un gigante de la industria
farmacéutica, por 50 millones de dólares más el 10 por ciento de los beneficios
globales hasta 2016. La FDA, la institución que aprueba la venta de medicamentos
al público en EE.UU. tardó hasta octubre de 1999 para dar su visto bueno al
producto y en Europa recién pudo comenzar a comercializarse en junio de 2002.
Hasta el año 2005 el Tamiflu sólo se utilizaba en pacientes con SIDA, ya que su
uso para combatir la gripe normal es prácticamente nulo. Como lo sabe cualquier
médico de barrio, la gripe es una enfermedad que evoluciona por si sola y hasta
la actualidad no se conocen medicamentos capaces de obviarle a los afectados una
semana, día más día menos, de molestias. La venta del medicamento era tan baja
que Roche hasta pensó en retirarlo del mercado.
En el otoño de 2005 el gobierno de George Bush sembró el pánico a nivel mundial
denunciando que la nueva Gripe Aviar, conocida como SARS, surgida en Asia,
podría llegar a causar “un mínimo de 200 mil muertes” y que las víctimas podrían
llegar a ser “dos millones sólo en Estados Unidos”. Casi al mismo tiempo la
Organización Mundial de la Salud declaró al Tamiflu como uno de los medicamentos
aptos para combatir la nueva gripe lo que llevó a que las ventas se dispararan.
Sólo ese año se vendieron más de 80 millones de dosis en EE.UU.
Por su parte, el gobierno norteamericano ordenó la compra de 20 millones a 100
dólares la unidad, es decir, 2.000 millones de dólares “por precaución” y el
mismísimo Rumsfeld ya como Secretario de Estado realizó una compra por 1.000
millones de dólares para inyectárselo al personal militar americano en todo el
mundo. Mientras el precio del Tamiflu se quintuplicaba en las farmacias de todo
el mundo, la revista Fortune describía a Gilead como una de las empresas del
sector de la industria biotecnológica más conectadas políticamente y explicaba
que las acciones de la compañía se habían disparado de 35 a 47 dólares en tan
sólo seis meses.
Más de sesenta naciones ordenaron en los meses siguientes comprar cantidades
enormes de Tamiflu. El propio laboratorio Roche anunció que entre esa fecha y el
siguiente año las ventas se multiplicaron por diez. Según la propia Organización
Mundial de la Salud, la gripe Aviar sólo ha matado a unas 250 personas en todo
el planeta desde que se manifestó por primera vez. La prestigiosa revista New
Scientist argumentó, poco tiempo después, que no existen evidencias de que el
Tamiflu sea efectivo para combatir la gripe Aviar y Gilead fue acusada de amañar
los estudios para presentar el producto como si formara parte de un tratamiento
preventivo.
En 2009, a pesar de todos estos antecedentes, cuando estalló la gripe Porcina lo
primero que hizo la OMS es recomendar el Tamiflu como uno de los medicamentos
efectivos para combatirla, llevando a que el público se agolpara frente a las
farmacias hasta agotar los stocks mundiales del producto. Los gobiernos
volvieron a comprar gigantescas cantidades de dosis “por si acaso”.
EL CONSEJO DE EUROPA Y LA SEMILLA DE LA DUDA
Hasta aquí todo hubiera quedado como material de conversación de los
conspiranoicos que adoran este tipo de noticias. Pero a principios de enero un
demoledor informe presentado ante el Consejo de Europa y firmado por el médico
epidemiólogo y diputado socialdemócrata alemán Wolfgang Wodarg puso a la OMS y a
la industria farmacéutica bajo sospecha acusándolas de haber "incitado a
destinar los recursos sanitarios a favorecer estrategias de vacunación
ineficaces", un modo elegante de referirse a las comprar masivas de antivirales
y de vacunas que todavía ni siquiera habían sido probadas como corresponde.
Según el documento, firmado por un grupo de diputados europeos –algunos de los
cuales luego se desdijeron de su propia firma ante la presumible presión de los
lobbys farmacéuticos-, las exageraciones de la OMS fueron hechas con
deliberación para favorecer a la industria.
Como no podía ser de otra manera, los ministros de salud del continente europeo
salieron en tropel a defender su actuación, intentando demostrar que si la gripe
A no produjo las muertes que le auguraron hace unos meses fue porque se tomaron
precauciones correctas –una explicación absurda ya que no explica el vínculo que
puede haber entre la baja mortandad de la epidemia y las millonarias dosis de
Tamiflu conservadas en los depósitos de los ministerios-, la propia OMS se vio
obligada a defenderse en una audiencia pública celebrada por la Asamblea
Parlamentaria del Consejo de Europa bajo el título “La gestión de la pandemia
H1N1: A ¿hace falta más transparencia?”
Keiji Fukuda, director adjunto de la OMS se defendió esta semana de las
acusaciones con un pobre argumento, señalando que gracias a la actuación del
organismo se evitaron muertes de niños. Wolfgang Wodarg en su informe, había
señalado que los niños "han sido vacunados inútilmente" con medicamentos que
sólo han sido probados con adultos al tiempo que alertó sobre el riesgo de
cáncer en algunos de esos menores, debido a la célula cancerígena que contiene
una de las proteínas de la vacuna Optaflu fabricada por el laboratorio Novartis.
Por si los ataques de Wodarg no fueran suficientes, hace unos días el director
del Centro de colaboración de la OMS para las epidemias en el Instituto de
Epidemiología de la Universidad de Münster, Ulrich Keil, apoyó los argumentos
del diputado alemán añadiendo otro dato que ayuda a acrecentar el escándalo de
la gestión de la gripe A.
Según este prestigioso científico el H1N1 ya existía hace 40 años y los adultos
tienen inmunidad contra el virus. Cuando los soldados americanos volvieron de
Vietnam, explicó Keil, lo hicieron en muchos casos trayendo el virus de la gripe
porcina asiática consigo, por lo cual no es verdad que el H1N1 sea un virus que
“no se había visto antes” como afirma la OMS.
Los amantes de las teorías conspirativas deberán esperar mucho todavía para que
todo este entuerto se aclare y es posible que jamás se llegue a saber con
certeza la responsabilidad de personajes como Ronald Rumsfeld y de los lobbistas
de las compañías farmacéutica a la hora de generar el clima de paranoia y miedo
que se vivió en gran parte del mundo en los últimos meses con respecto a la
gripe A.
La hipótesis extrema de que fue el propio ejército americano el que diseminó el
virus supuestamente creado en sus laboratorios es aún más inverosímil y forma
parte de las fantasías que contribuyen a quitarle crédito a estas teorías. Pero
el daño que ha causado la simple aparición de una sospecha sobre la gestión de
la pandemia lleva a los expertos a lanzar una dura advertencia: Si no se hecha
luz sobre el asunto será muy difícil convencer al mundo de que es cierto cuando
una plaga verdadera haga su aparición sobre el planeta.