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BREVE ANÁLISIS METAPOLÍTICO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Por Karl Gottman 09-Marzo-09
Mucho se habla de la IIGM, prácticamente todos los días la maquinaría
propagandística del sistema Mundial nos adoctrina sobre la malignidad de los
“nazis”. La visión de los medios masivos de comunicación se traslada a la
muchedumbre que acepta ciegamente toda sugerencia sin reflexionar. Se mantiene
oculta sin embargo, una perspectiva prácticamente desconocida. No hablo aquí
solamente de la visión de los vencidos, sino una aún más profunda. Me refiero a
la visión metapolítica de la elite de Iniciados del Tercer Reich.
Tal como se hacía en la antigüedad Tradicional, Hitler creó por un lado una
cosmovisión exotérica –pública- dirigida a la muchedumbre, y por el otro una
visión esotérica -oculta- dirigida a la elite de Iniciados; Ambas visiones no
eran contrapuestas, sino que la visión oculta abarcaba una perspectiva y un
espectro mucho más elevado y amplio de las cuestiones del mundo.
De esta manera la visión política era la expresión secular de una cosmovisión
netamente trascendente del mundo, donde se comprendía el destino de los hombres
desde un plano espiritual y metapolítico.
Para el hombre moderno, le es extraño comprender siquiera la visión exotérica
del nacionalsocialismo, pues suele censurarse -en plena democracia
librepensadora- todo material contrario al sistema demo-capitalista dominante.
Sin embargo más allá de la censura existe la posibilidad de acceder a dicho
material si uno esta dispuesto a encontrarlo. Bajo una lectura revisionista de
los principales textos doctrinarios, puede uno comprender la visión censurada de
los vencidos para luego así, podes establecer un nuevo criterio real del asunto,
bajo la ampliación de las perspectivas, en virtud a lograr un mayor grado de
objetividad. El verdadero librepensador no temerá leer cualquier tipo de texto,
aunque más no fuera como curiosidad histórica. Tendrá la visión exotérica
leyendo a A. Hitler, A. Rosenberg, W. Darre, H. Himmler, G. Feder, etc. En todos
ellos existe un ímpetu por oponerse al mundo decadente de la modernidad
socio-económico-cultural. Algunos autores son más profundos que otros, y dejan
desprender en sus escritos la esencia que vincula dicha doctrina con la
esotérica.
Esto no es causalidad, muchos de los jerarcas fueron Iniciados en la Sociedad
Thule. Mucha desinformación existe también al respecto. No es para menos. Se
oculta en la tradición ariosófica la visión genuinamente Tradicional del mundo.
Antes de la llegada del nacionalsocialismo, Alemania se había convertido en un
hervidero de logias secretas, seguidoras del pensamiento místico Tradicional de
Guido von List, y otros autores como Gorsleben, Haeckel y Lanz von Liebenfels
quienes proyectaron una gran revolución aria que sacudiría los cimientos
espirituales el mundo. Wagner y Nietzsche tuvieron su brillante aporte en la
nueva revolución que traería el hombre blanco al mundo. Las corrientes de este
pensamiento elevado pretendían una revolución brutal pero progresiva que duraría
mil años.
Los impulsos renovadores que anhelaban una nueva Edad Dorada para el hombre
blanco hicieron surgir numerosas logias y organizaciones secretas de corte
iniciático, entre ellas la Comunidad Armanista, el Círculo de la Esvástica, la
Sociedad Edda, La Orden de los Nuevos Templarios (ONT), la Germanenorden y su
rama Bávara la Sociedad Thule. Es aquí donde se encuentra el nexo con la visión
esotérica nacionalsocialista.
Guido von List, un autor Tradicionalista, netamente censurado hasta el día de
hoy por el sionismo militante, apelaba a la Herencia Ancestral, a la creación de
un Imperio milenario fundado en el principio de la Sangre y la Raza, y gobernado
por una casta de Sacerdotes Iniciados.
Estos proyectos no fueron desechados, sino que fueron agendados y canalizados
por diferentes organizaciones más o menos ocultas y revolucionarias. El DAP
surge de la Sociedad Thule y del DAP surge el NSDAP, el partido de Hitler.
El problema es que no fue un simple partido político, allí se encuentra su
secreto más profundo. Ni siquiera fue algo exclusivamente alemán como sostienen
ciertos ignorantes. Fue una revolución dirigida primero a los alemanes, pero que
por su esencia doctrinal, abarcaba a toda la indoeuropeidad en el sentido
biológico del término. Alemania era el primer paso de esta Gran Revolución aria,
el lugar donde nacería la Luz que permitiría la esperada Renovación, que
finalmente desembocaría en una Nueva Edad Dorada, donde los germanos serían los
primeros estandartes.
Hitler concebía el derecho de primogenitura de los arios, la revolución crearía
un Nuevo Hombre, un Superhombre, dotado de poderes espirituales en total
sintonía con las fuerzas de la naturaleza. En la visión ocultista, la Raza
Blanca era el verdadero Pueblo Elegido de Dios. No había espacio para el pueblo
judío.
El antisemitismo o antijudaísmo no era una excusa política, ni un chivo emisario
para poder cumplir la agenda esotérica ariosófica.
La nueva revolución traería una visión Tradicional naturalista del mundo, en la
cual los aspectos sensibles o materiales del mundo constituirían un reflejo de
fuerzas invisibles e imperceptibles. Las fuerzas del mal y del bien operarían en
este plano a través de los hombres. La Raza Blanca era la manifestación suprema
de Dios en la tierra, aquella fuerza Creadora y civilizadora. Mientras que el
pueblo judío era la manifestación suprema del mal, aquella fuerza destructora de
todo lo bello y tradicional, aquella fuerza disolvente que todo lo corrompe y
subvierte.
Hitler creyó siempre en el carácter maléfico de los judíos, ya desde su temprana
edad nos cuenta en su libro “Mi Lucha” que quiso se sacerdote, y bajo las
enseñanzas cristianas pudo advertir la malignidad deicida de ese pueblo. Pero su
antijudaísmo transmutó en una visión meta-cristiana, adoptando un antijudaísmo
biológico-místico en sintonía con las ideas más profundas que se barajaban en
los círculos ocultistas ariosóficos.
Uno de los Iniciados, que luego traicionaría al partido por no comprender la
lógica despiadada de la visión esotérica, fue Hermann Rauschning y sobre este
punto diría de Hitler, en su libro “Hitler me dijo”: “su doctrina esotérica le
hace una obligación de profesar acerca del judío un odio metafísico. Israel, el
pueblo elegido por Dios, debía fatalmente ser representado como enemigo mortal
del nuevo pueblo elegido ario, del pueblo arrodillado ante la naturaleza
divinizada”... “Un díos echó al otro. Tras el antisemitismo de Hitler se
desenvuelve verdaderamente una guerra de dioses”. Mediante la lucha contra el
judaísmo, Hitler pretendía restaurar mediante una revolución, el orden
tradicional -entendiendo esto como una primordial escala de valores- que existía
en un período anterior a las repetidas subversiones introducidas en Europa por
el judaísmo, ya desde antes del establecimiento del cristianismo.
En su tiempo Hitler fue visto como un Mesías, un Avatar, las muchedumbres le
adoraban y lo consideraban un Salvador. El hecho de haberse salvado más de 5
veces de la muerte y la sucesiva cantidad de éxitos en la política, permitían a
Hitler creer en su propia predestinación para cumplir con una Misión divina.
Algunos cristianos vieron en Hitler el regreso mismo de Jesús que venía para
ajustar cuentas con el pueblo deicida, los neopaganos lo veían como el Avatar
que venía a salvar la Raza para llevarla a la plenitud de su estado espiritual y
Gloria.
Pocos pensadores han advertido este carácter secreto de la revolución “nazi”,
pues no han conocido estos aspectos ocultos de la historia. Hubo quienes
sencillamente tildaron al nacionalsocialismo como el “último zarpazo de la
modernidad”, cuando en realidad existía una visión esotérica que jamás
conocieron. O que si conocieron y pretendieron ocultar con oscuros fines.
La revolución aria pretendía expandirse por el mundo, intentando llegar allí
donde el hombre Blanco viviese. El enemigo debía ser al mismo tiempo mundial…
Así el hombre blanco se debatiría por la supremacía mundial contra el judaísmo y
su plan mesiánico. Los protocolos de Sion estipulan la esclavitud y el
exterminio del hombre blanco mediante la subversión del orden, la mezcla de las
razas, el fomento de la baja natalidad y medidas socio-económicas para lograr
este fin y la supremacía judía.
En contraposición, los sabios místicos ariosóficos plantearon una revolución
milenaria para evitar el exterminio de la Raza Blanca oponiendo una lucha a
muerte contra el judaísmo, concebido primero, como un pueblo o antirraza,
segundo como una fuerza espiritualmente decadente y destructiva.
Hitler dice en su libro “Si el judío…”, “…llegase a conquistar las naciones del
mundo, su diadema seria entonces la corona fúnebre de la humanidad y nuestro
planeta volvería a rodar desierto en el éter como hace millones de siglos. La
naturaleza eterna venga inexorablemente la trasgresión de sus preceptos. Por eso
creo ahora que al defenderme del judío lucho por la obra del Supremo Creador."
En un plano político se combatía la subversión internacional judía efectuada
bajo la mascara del marxismo. En un plano metapolítco, se pretendía evitar el
exterminio del hombre blanco que se realizaría por diversas fuerzas culturales,
religiosas, económicas de carácter disolventes encabezadas por el judaísmo
talmúdico-sionista-cabalista. Se pretendía no solo evitar el exterminio del
hombre indoeuropeo, sino también se aspiraba a garantizar la gloria y supremacía
mediante el establecimiento de un orden natural y tradicional. Uno de los medios
para lograrlo era la difusión de la cosmovisión nacionalsocialista que combatía
las diferentes fuerzas de la decadencia y serviría para “despertar” a los
hombres en su ceguera burguesa.
Detrás de todas las ideas, existen dos razas enfrentadas a muerte que aspiraban
a forjar un mundo acorde a sus respectivas aspiraciones mesiánicas. Detrás de
cada raza, dos fuerzas metafísicas que dan vida a la historia. El triunfo de una
u otra determinará el mundo cultural, económico, político en el que vivimos.
Hitler pretendía secretamente expandir el Imperio ariosófico a otros países. La
propaganda antijudía, donde se denunciaba las verdaderas fechorías sionistas,
serviría para difundir al mismo tiempo la doctrina racial biológica, despertando
la conciencia racial, la que serviría como base para la instauración de un orden
tradicional. En solo 12 años se logró dejar plasmado en la Historia el ejemplo
de un Orden genuino de Soberanía racial, libre de influencia judaica, un modelo
nunca antes visto que funcionó perfectamente, excluyendo la debacle de la
guerra, cuya responsabilidad no es –como se nos quiere hacer creer- 100% de
Hitler y los alemanes. Quedó mucho por hacer, la revolución cultural recién
comenzaba y fue truncada por la llegada prematura de la guerra.
Hitler diría refiriéndose a los judíos: “Que lucha se da entre ellos y nosotros,
simplemente esta en juego el destino del mundo”.
Desde 1933 hasta 1945 la Raza Blanca fue por primera vez Soberana y libre de
toda influencia judía, alcanzando una Gloria jamás antes vista. Luego de 1945
triunfaron los aliados, es decir aquellos países liderados por EEUU que aún no
habían sido liberados de la garra judía y permanecían esclavos a la agenda
sionista. Es decir, luego de 1945 triunfó en última instancia, el judaísmo y su
Orden Mundial. Este es el Sistema que hoy sufre el mundo, sin saber quien es el
que mueve los hilos de la subversión mundial. No es casualidad que hoy día se
haya demonizado a grado irracional el nacionalsocialismo. Bien saben los líderes
actuales de la agenda global, cuanto podrían perder si se produce el retorno de
aquella fuerza aún latente.
Por Karl Gottman