Nota de los Editores de NuevOrdeN:  las opiniones vertidas en estos artículos no tienen por que ser compartidas necesariamente por el equipo editorial de NuevOrdeN,  solo muestran un punto de vista personal.


Un Viento Helado del Valhala

 

 ¿ Como están los dioses? ¿Cómo están los elfos?

Todo Jotunheim gime, los dioses están

Reunidos en concilio; rugen con fuerza los

Enanos junto a las puertas, los amos de las rocas… ¿que mas queréis saber?

La Edda antigua, voluspa, 48

 

Sin dudar de las tinieblas hasta el amanecer

Vine con la espada desenvainada cantando bajo

El sol.

Cabalgue con esperanza y el corazón henchido

de emoción: ¡pero ahora no hay mas que furia, ruina

y un rojo anochecer.

 

Eomer King

 

La noche del miedo ha caído sobre la tierra y la luz dorada de los ancestrales días se marchito dando paso a la sombra de terror y locura que, como un manto de tortura sin fin, se cierne sobre los corazones de los últimos herederos de occidente… LOS DISMINUIDOS HIJOS DE LOS ARIOS…

 

Así de patéticos y mortales son los días que vivimos en la actualidad. Que nadie tenga ya la menor duda, los tiempos del Ragnarok han descendido y en medio de su infecta atmósfera nos movemos: a oscuras inhalando el descompuesto aliento demiúrgico del lobo Fenris que lo inunda todo, (hasta los más recónditos lugares de este planeta desventurado), quienes sufrimos en esta hora de derrota nos intentamos reagrupar. Dando tumbos en medio de las tinieblas y buscando a ciegas la mano de otro camarada, estamos aquellos que se resisten a la rabiosa dentellada de la bestia, los que se esconden prudentemente y huyen del ojo único de Sión, el señor oscuro que nos busca para exterminarnos definitivamente.

 Potente, artificial y sobre todo numeroso es el enemigo: hordas de mulatos y mestizos, invasiones masivas de inmigrantes descastados, híbridos de toda índole ocupan la hermosa tierra patrimonio de mis padres. Hoy lóbregas y mustias, sobre estas mismas tierras solo fantasmas extraños de carnes enfermas y sin alma deambulan calcinados por la droga, el ruido estupidizante y las prácticas sexuales animalescas. Caminan o se arrastran, no se, por estas mismas tierras que ayer fueron espejo mágico de mi niñez. Cada minuto que pasa aumenta el flujo de parásitos y degenerados, los vástagos de una infrahumanidad larvaria, sin sentido ni razón, un regimiento de gusanos que lo consume todo a su paso; una hez que se multiplica incesantemente como azuzada por el látigo de una voluntad siniestra, en tanto que los luminosos hijos de occidente cada día disminuyen más y más.

 La garra del enemigo de la sangre intenta por todos los medios borrar nuestro pasado grandioso y supremo, los días de cuando, de extremo a extremo del mundo, el hombre blanco sometió la vida entera a su voluntad superior, llevando la civilización a los cuatro rincones del planeta: nadie navego tan audazmente como nuestros ancestros. Nadie elevo tan soberbios monumentos y labro tan imponentes esfinges como los pueblos blancos. Nadie lleno de belleza real el mundo como el hombre occidental. Nadie conquisto tantos territorios, remonto los aires y conmociono el mundo bajo sus pies como el hombre blanco. Lo que aun se conserva de noble y bello en el mundo actual es producto del hombre y la mujer blancos, lo demás es perversión, basura, calumnia y maldad del enemigo: Un cruel y antinatural error que hoy levanta su monstruosa cabeza y nos tiraniza.

 

Pero, he aquí que últimamente he interrogado a los elementos y una pequeña fresca esperanza se ha venido ha anidar en mi alma desesperada. Un viento helado de Valhala ha empezado a soplar de manera tenue. Así es siempre al principio, la esperanza es como un retoño incipiente prendido del árbol seco de la raza, un murmullo que se prolonga. Sin embargo, ha sido esta señal suficiente para saber que esa brisa gélida del amanecer era el carburante de mi espíritu, la chispa que hará encender la sangre sublime que herede de mis mayores. Sentí que al soplo del aire de la mañana la espada pugnaba por salir de su vaina llamando a la venganza. Si, la venganza por millones de camaradas caídos, por las miles de niñas violadas, por las miles de mentiras vertidas sobre la mente y el corazón de millones de ingenuos conraciales. No tengo miedo, ni necesito de un seudo dios misógino y extranjero como el pérfido Yahvé para remontar mi destino; mi dios es mi raza. Tampoco necesito de un libro sagrado, porque mi destino esta escrito en mi piel. Que nuestro enemigo sepa que me tengo a mi mismo, a mi voluntad y frente a mí, la montaña que he de escalar siempre para estar con mis iguales: los dioses en el exilio de la calumnia. Y para no olvidar mi designio supremo y trascendente, esculpido antes del tiempo en la otra tierra, conservo el odio, siempre el odio, cada día mas intenso por mi eterno enemigo…Sión.

Por eso, que venga pronto el viento helado del Valhala.

Que su furia imparable se desencadene sobre la inmundicia vertida por el enemigo y sobre su propio existir. Que las valquirias rompan con sus trompetas los tímpanos de los orcos y las ondinas se estremezcan de horror. Que los martillos de los dioses estallen en llamas sobre las cabezas de esos monstruos.

Que venga pronto el viento helado del Valhala.

Así ha de ser siempre al final de todas las cosas. Porque Valhala esta en mi sangre y en la majestuosa soledad glacial de mi corazón. Porque Valhala son mis iguales…porque Valhala soy yo.

 

Sociedad Costa Rica de la lanza Hiperbórea

 


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