Nota de los Editores de NuevOrdeN: las opiniones vertidas en estos artículos no tienen por que ser compartidas necesariamente por el equipo editorial de NuevOrdeN, solo muestran un punto de vista personal.
Infiltración: el arma más poderosa en una guerra de bajo nivel.
Abiertamente obviada por generaciones de NS que hemos fracasado en
integrarnos dentro de las huestes enemigas para conocer sus planes desde el
interior, y antes bien muy exitosamente utilizada por nuestros enemigos para
conocernos, medirnos, controlarnos y destruirnos.
El sionista entrenado para combatirnos, desgraciadamente, no suele ser el
típico NS coleccionista de parafernalia y por ende es extraordinariamente
difícil de detectar. El sionista no llega ataviado con Estrellas de David o
Menorás y un Kipá en la cabeza. Antes bien, no le molesta vestirse de
paisano y exhibir un vocabulario aparentemente extremista. Con tan solo unos
comentarios fuertemente condimentados en contra de los judíos, extranjeros y
maricas lo volvemos uno de nuestros miembros. Sin mucha comprobación de S3
(inteligencia militar) para verificar a profundidad sus orígenes e
intenciones, le invitamos a nuestro movimiento y luego a nuestra casa a
comer choricillos y hablar de nacionalsocialismo en nuestro cuarto cubierto
de propaganda NS.
El NS típico ya mencionado, en contraste, es un individuo que no teme ser
identificado y asiste públicamente a todo acto en que sea posible dejar
huella visual. Cubierta su chaqueta de todo tipo de identificadores
políticos, su cabeza rapada, sus tatuajes expresivos y un vocabulario en
código, se torna imposible pasarlo por alto. Y por la misma razón se vuelve
completa y totalmente inútil para extaer la menor pizca de información útil
sobre los planes tácticos del enemigo.
La estrategia del enemigo la conocemos. Los Protocolos se han cumplido con
precisión y siguen cumpliéndose con demasiada eficiencia. Lo que no
conocemos es la táctica por cuanto no tenemos suficiente información interna
que nos permita conocer los planes a corto y mediano plazo. De tal forma, no
estamos seguros nunca de cómo y cuándo han de atacar y que piezas del
ajedrez han de mover para contrarrestarnos.
A pesar de lo anterior, seguimos dando una batalla que no ha conseguido
mayor éxito en 60 años, por cuanto aunque somos hoy muchos más que hace unos
lustros, gracias especialmente a la Internet, seguimos fuera de las esferas
de influencia. Nuestra presencia en medios gubernamentales, económicos y
medios de comunicación y publicidad sigue siendo raquítica cuando no nula.
El enemigo tiene inconmensurables recursos económicos y puede comprar lo que
se le antoje, incluyendo la mejor y más costosa tecnología para protegerse
de nosotros y aún así, algo tan básico como la discreción y el disimulo
pueden provocar su derrota, porque no es lo mismo denunciarlos por sospechas
(aún sospechas muy probables y bien fundamentadas) que denunciarlos con
pruebas incontrovertibles, extraídas desde el corazón de su organización.
Asimismo, no es lo mismo acudir a la Internet a poner pruebas a disposición
de un grupo muy limitado de camaradas, que tener miembros infiltrados en
medios de comunicación masiva que logren publicar artículos leídos por
muchos millones de personas simultáneamente, lo que puede desencadenar en
una reacción multitudinaria que fuerce a los políticos a investigar y
sancionar, a pesar de sus propios ligámenes con el Gobierno Sionista de
Ocupación local.
Seamos realistas: las denuncias de un NS no las creé nadie más que otro NS.
La razón es que la propaganda sionista es tan avasalladora que hasta en el
cereal la tenemos. Una vez declarada nuestra filiación, el público civil,
víctima de una forzada educación pro-sionista que ya lleva varias
generaciones, nos rechaza por cuanto piensa que estamos locos o somos unos
ingenuos a quienes nos gusta creernos todo tipo de conspiraciones. Ahora
bien, si evitamos la parafernalia, los tatuajes, el vocabulario en código y
actuamos desde el secreto, nuestro enemigo sabrá que habremos avanzado un
escalafón hacia una verdaderia victoria por cuanto seremos prácticamente
invisibles para él, a excepción de los golpes que le daremos.
Un enemigo incapaz de poder determinar la identidad de nuestros líderes, el
tamaño de nuestra organización, nuestros planes de batalla, nuestro nivel de
infiltración en medios civiles, nuestras capacidades reactivas y proactivas
de combate militar y niveles de compromiso y lealtad, es un enemigo cegado y
ensordecido; inhábil para recopilar información efectiva y prácticamente
inútil para combatirnos.
Seguiremos teniendo muchos camaradas cabezas rapadas para quienes la vida es
mejor siendo títeres de la propaganda sionista, que los UTILIZA a su antojo,
sirviendo de justificación ante el público que no nos apoya porque sigue
comiendo cereal y riendo con los Simpson. Lastimosamente, esos camaradas ya
no pueden ser útiles en nuestra causa porque son de todos conocidos y las
huellas en su piel los delatarán permanentemente. Su contribución seguirá
siendo marginal y minúscula en relación a los logros que un S3 bien adaptado
a nuestra causa e ideales puede proveer. Serán extraordinariamente útiles,
sin embargo, cuando nuestro poderío haya alcanzado tal nivel que podamos
retar en igualdad de condiciones a los sionistas y sus gobernantes serviles.
Pero hasta ese "entonces" que por cierto no parece estar a la vuelta de la
esquina, su contribución seguirá siendo marginal.
Un cabeza rapada cubierto de medallas y Hakenkroiz puede ser identificado a
la distancia, no así al compañero del ministerio o la entidad financiera que
sonríe y en apariencia es solo otro gamberro lamesuelas del sionismo. El
cabeza rapada siempre podrá ser mantenido a raya sin el menor esfuerzo, pero
ese otro, el "lamesuelas" es quien podrá eliminar físicamente a miembros
claves del enemigo sionista, desde MUY adentro, sin despertar sospechas
políticas y podrá extraer las pruebas que permitan exhibir a nuestro enemigo
como el peligro inminente que realmente es.
Entiendo el orgullo de ser NS porque yo mismo lo soy y por ende considero
respetable el riesgo asumido por quienes deciden mostrar al mundo que el
orgullo persiste y sobre todo, sin remordimientos. Mas el tiempo y la
calidad de los resultados conseguidos por nuestras tácticas han probado muy
claramente que nuestra visión ha sido totalmente incorrecta y que
necesitamos plantear una estrategia a muy largo plazo que nos lleve al
éxito.
La verdad, prefiero con mis acciones eliminar sionistas realmente clave para
su poderío institucional que cualquier judío de la calle. Para llegar al
judío de la calle, solo necesito subir al autobús, pero para llegar a los
sionistas clave, necesito infiltrame en medios nacionales bancarios,
políticos y comunicativos, amén de las ONGs y los sindicatos. Asimismo, no
necesito publicidad alguna para mis acciones. Si he de eliminar al enemigo,
espero hacerlo con tanta discreción que no se sepa que fui yo, sino que sea
visto como una acción social común atribuible al crimen cotidiano y no a una
acción de castigo con motivaciones políticas. Asi, tras de eliminarlo
permanentemente, efectúo un daño aún más devastador, por cuanto le quito al
enemigo la oportunidad de exhibirse como una víctima política, religiosa o
racial. No, no necesito más "víctimas" entre las huestes enemigas, pero eso
sí, necesito eliminarlos a todos.