Iniciación al hip-hop


He pasado la Semana Santa estudiando hip-hop con un método audiovisual, interactivo, intensivo y a puerta cerrada. Consistía en que unos hijos en la pubertad introducían la cinta en la reproductora del coche (audio), yo apretaba automáticamente el botón de extracción y ellos volvían a introducirla (interactivo), luego lo bailaban (visual) y no permitían cambiar de cinta durante el viaje (intensivo), así como no parecía recomendable apearse en marcha del vehículo (a puerta cerrada).

Los contenidos de las grabaciones eran fácilmente interpretables. Un sujeto o sujeta echaba a hablar sin descanso haciendo rimas en forma de soniquete o pareado, con la intención de persuadir al auditorio de que él o ella eran la biblia en verso, la sal de la tierra, los hipermolones por excelencia, a la vez que se demostraba que lo demás equivalía a la putrefacción misma. En este capítulo de desechos se incluían la lectura, el trabajo, ser bajito, ducharse, la política, el tabú del incesto, tener granos y, en líneas generales, existir sin su permiso. Observé que los soniquetes no tenían un propósito lírico, sino mnemotécnico en la variante tribal en taparrabos. Se trataba de mandatos explícitos, órdenes de guerra, arzalluzazos, cuyo objeto era memorizar sin dificultad la infinita personalidad del postulante a Dios. El cual, dicho sea de paso, había sido iniciado en la Creación tras un penoso peregrinaje por la Primaria, donde se había relacionado íntimamente con el caos y la confusión. A lo de la luz no había llegado, porque cateó antes.

Solo en la selva

El caso es que los hijos citados, se suponía, yo lo suponía, supongo que su madre lo supone, y los familiares siguen suponiéndolo, habían recibido una educación suficiente para distinguir a Platón de un vendedor de mantas zamoranas. (Es preferible dejar la incógnita en el aire: imaginemos que pueden distinguirlos y
que, a pesar de ello, han elegido al cantamañanas). De modo que, en plan padre coraje y pedagogo sutil, voy y les pregunto: ¿Os gusta recibir órdenes y que además os las dé un analfabeto?
Respuesta: ¿Qué órdenes y qué analfabeto?

Cuando uno se queda solo entre adolescentes es como cuando uno se queda solo en la selva: tiende a dudar de sí mismo y a ver amenazas por todas partes. Tal vez ­me daba por pensar­, el hip-hop no puede entenderlo alguien que a los nueve años ya cantaba canciones de la OJE y que nació a la protesta con Massiel
ganando en Eurovisión. Pero después, cuando me apeaba del coche ponía los pies en tierra y ellos se alejaban un poco, me repetía a mí mismo que el hip-hop era el himno del fracaso escolar, del triunfo de la subcultura narcisista y autoritaria alimentado por instituciones caducas, fuera de su tiempo, sin horizonte alguno, que habían dejado a millones de jóvenes mirándose el ombligo como si fuera un espejo y que aspiraban a ser alguien en mitad de la nada o de la total indiferencia. Ya ven.

Robado de la Pren$a del $istema e incluido en esta sección por su tono humoristico.


MUSICA
NUEVORDEN