20 años sin Muro: nada que celebrar
Veinte años después de la caída del Muro de Berlín y de la RDA no hay nada que celebrar
La caída del Muro de Berlín en su día fue un extraordinario acontecimiento
histórico y un motivo de alegría. Hoy en día más allá de que supuso el fin del
comunismo en Europa no hay ninguna razón para celebrarlo. La caída del muro de
Berlín marcó el inicio de la unificación de la RDA con la RFA, y la forma en
la que se llevo a cabo ha supuesto un grave problema para la mayoría de la
población alemana.
La Unión Soviética tenia su zona ocupada de control, al igual que las tres
potencias occidentales controlaban Alemania Occidental. Esta última cayó
prácticamente bajo el control de los EE.UU., lo que hoy en día hace que una
Alemania soberana sigue siendo imposible en un futuro cercano. Estas potencias
extranjeras ocupantes y sus colaboradores locales facilitaron la
internacionalización de las empresas alemanas y la alienación del pueblo
alemán, y hoy en día gobiernan Alemania para regocijo de las potencias aliadas
victoriosas y del Consejo Central de los Judíos.
Se habla mucho estos días sobre la nueva libertad que permitía viajar a los
alemanes del Este tras la caída del Muro de Berlín. Pero la libertad recién
conquistada supuso después de su adhesión a la RFA millones de parados y ahora
ya no tienen ni dinero para viajar o trasladarse a otra parte del país. Sí que
se ha llegado con la integración de Alemania del Este a Alemania Occidental a
cierta reunificación, pero la verdadera reunificación todavía está pendiente.
Sin embargo, respecto a las celebraciones del 20 aniversario, dada la realidad
social en la Alemania de hoy no hay ningún fundamento para participar en
ellas. La celebración por todo el país no es sino una excusa para distraer de
los verdaderos problemas que preocupan a diario al pueblo alemán, y
ciertamente no es un motivo para celebrar.
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La descomposición social en la RFA, como consecuencia de la dominación
extranjera es evidente y los ex-ciudadanos de la RDA la han sufrido
especialmente durante veinte años, debido a lo que a continuación detallamos:
- El número de desempleados esta en niveles totalmente inaceptables desde hace
años. Actualmente, en Alemania, y teniendo en cuenta la siempre cambiante base
para calcular el desempleo, los desempleados suponen 6,5 millones de personas.
Estas personas están expuestas a la decadencia social. Dicha exclusión se ve
agravada por el creciente número de beneficiarios de asistencia social. El
resultado: la pobreza masiva se está extendiendo.
- La pobreza expandida de forma masiva conduce a la decadencia social: los
valores comunitarios fueron destruidos. El egoísmo y el consumismo es lo que
se empezó a predicar. Una identidad común, que es indispensable para el
desarrollo de una conciencia comunitaria y el sentimiento de identidad de la
persona, está siendo destruida sistemáticamente por la americanización de la
cultura, la alienación de la población y la creación de una anti-neurosis
contra todo lo “nacional”. La destrucción del espíritu de comunidad y la
propagación del egoísmo desenfrenado han desembocado en la creciente
delincuencia. La orientación de la gente hacia el consumismo y la incapacidad
reeducar a la comunidad desemboca en la destrucción de la familia. El aumento
de las tasas de divorcio y del número de madres solteras son los ejemplos más
palpables de esta situación. El resultado de esto suelen ser con demasiado
frecuencia niños con problemas.
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- La falta de vivienda se convierte en un fenómeno de masas. Aproximadamente
250.000 personas en Alemania no tiene techo sobre sus cabezas. La familia, la
aldea o la comunidad del vecindario que podía cuidar de los demás, se ha
destruido por el anonimato y la vida impersonal de las grandes ciudades y los
bloques de pisos. El camino de regreso a la vida comunitaria es prácticamente
imposible.
- La perdida de valores, de vida comunitaria y de alternativas de ocio
facilitadas por el Estado ha hecho incrementar el numero de consumidores de
drogas hasta niveles insospechados. Se estima que en Alemania hay alrededor de
4 millones de alcohólicos y 100.000 usuarios de drogas duras. Aproximadamente
1 millón de personas son adictas a las drogas. Las drogas como el éxtasis y el
cannabis son omnipresentes y hay incluso organizaciones que piensa que
deberían legalizarse y convertirse en algo “respetable".
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- La justicia social no existe. Los salarios y las pensiones han estado
cayendo durante años. Las grandes corporaciones no pagan impuestos o tienen
exenciones, mientras que los trabajadores alemanes cada vez pagan más
impuestos que ahogan su economía familiar. La riqueza de las familias ha
bajado a niveles nunca vistos y cada vez hay más niños alemanes que crecen en
la pobreza. Este es uno de los modos en los que la “sociedad de dos
velocidades” se hace visible.
Estos acontecimientos no son coincidencias desafortunadas, sino que son el
resultado de errores catastróficos de los políticos incompetentes. Las
noticias de actualidad sobre Alemania raramente reflejan los efectos de la
dominación extranjera de los capitalistas internacionales.
- El pleno empleo es deliberadamente saboteado con el fin de presionar a la
“fuerza laboral” a. A pesar que hay un desempleo masivo se esta permitiendo la
entrada de cientos de miles de trabajadores en Alemania, lo que hace que los
salarios se reduzcan y que los alemanes no puedan conseguir un trabajo. La
renuncia a cualquier sensata política económica nacional en favor de una
globalización salvaje crea un enorme desempleo estructural, que a su vez es
responsable de los altos costes de asistencia social, que ponen en peligro su
“estado del bienestar”
- La destrucción de cualquier tipo de comunidad también es algo que interesa a
de los capitalistas internacionales. La solidaridad es destruida y los grupos
de intereses creados por le sistema se enfrentan entre sí. Debido a la
atomización de la sociedad se degrada a las personas sal nivel de meros
consumidores acríticos que voluntariamente se someten a las inexistentes
"leyes del mercado".
- A través de la nivelación cultural a la baja y la destrucción de naciones
por todo el mundo crean mercados unidos que facilitan la comercialización
mundial de los productos de las grandes corporaciones.
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- La distribución del producto nacional bruto en favor de personas con altos
ingresos también es algo del interés de las grandes empresas internacionales.
Para asegurar el poder de los gobernantes han socavado la Constitución y el
Estado:
- Su instrumento son los partidos gobernantes ya sea la CSU o la izquierda. En
sus elites no hay disensión. En los partidos gobernantes han creado redes
jerarquizas que sin piedad eliminan la disensión y siguen las directrices
recibidas, sin tener en cuenta el bien común y promovueven exclusivamente sus
intereses personales, sin valorar el pensamiento moral ni el daño que causan a
las personas que continuamente intentan desacreditar y marginar.
- Por lo tanto, los partidos gobernantes se han convertido en herramientas
clave para garantizar su propia prosperidad. La distribución de puestos
lucrativos está sujeta a la sumisión demostrada y a la representación
proporcional, no a la capacidad de las personas. Han tenido una influencia
decisiva sobre los tres poderes del Estado: el ejecutivo, el legislativo y el
judicial, que en realidad actúan entrelazados y por lo tanto no hay división
entre ellos-
- El impacto y la influencia de estos partidos “democráticos” en el poder ha
sido catastrófico. Gracias a los partidos gobernantes en los parlamentos, los
gobiernos y los tribunales se ha expandido la “cultura” anti-alemana de la
corrupción, con proporciones monstruosas.
- La diversidad de opinión en los medios de comunicación no existe. Los medios
de comunicación están firmemente sujetos por las garras de la oligarquía. La
difusión de mensajes y corrientes de opiniones están totalmente controladas.
Crean realidades virtuales para asegurar su poder.
Nosotros rechazamos este sistema descrito anteriormente para Alemania, fruto
de de la dominación oligárquica del capitalismo internacional y sus cómplices.
El enfoque de la política nacional tiene que ser el ser humano. Es la
responsabilidad un buen gobierno y del estado que sus ciudadanos puedan
disfrutar de la mejor calidad de vida posible.
Porque sabemos cuan malo es el futuro para el pueblo alemán en la RDA, en
estos días no podemos participar del aniversario de los festejos que iniciaron
esta situación. www.nuevorden.net
Texto de Udo Voigt, presidente del NPD, traducido y adaptado por NuevOrdeN
09-11-09
20 Años Sin
Muro
En el 20º aniversario de la caída del Muro los índices de educación,
productividad económica, salarios, ingreso per capita y tasa de desempleo
hablan una lengua muy clara: el Este sigue siendo la parte desfavorecida de
Alemania.
El 17 de Octubre de 1989 el actor
de teatro Wolfgang Holz solicitó en la Inspección de la Policía Popular
berlinesa los permisos pertinentes para una manifestación pacífica en la
Alexanderplatz. Según reza en el informe del comisario que atendió la
petición, se trataba de un acto pacífico durante el que se pretendía
reivindicar los derechos a la libertad de prensa y la libertad de reunión
consagrados en los artículos 27 y 28 de la Constitución de la República
Democrática Alemana. La cita quedaba fijada para el 19 de Noviembre.
Los meses anteriores venían precedidos de multitudinarias manifestaciones
ante la iglesia de San Nicolás en Leipzig, algunas de ellas brutalmente
represaliadas por las fuerzas de seguridad y sobre las que informar se había
convertido en misión imposible para periodistas y medios. El aparato del
estado, perfectamente coordinado desde los despachos de la Stasi (Ministerio
para la Seguridad del Estado) convertía en sospechoso no solo a quien se
reunía con más de 5 personas en la calle, también a quien informaba de ello.
Una manifestación como la que proponía Holz en nombre del Sindicato de
Actores de Teatro de Berlín se convertía así en asunto de estado.
En realidad, los convocantes de la manifestación no pretendían destruir la
DDR, solo querían mejorarla. En realidad, tal y como se recoge en el Acta
Especial de la Stasi sobre el 4 de Noviembre, a finales de Octubre ya se
habían reunido varios comités de intelectuales y representantes de la
cultura a instancias del mismísimo Director General de la Stasi, Erich
Mielke, con el fin de preparar el terreno – y los contenidos- para un acto
al que no deberían de acudir más de un par de centenas de personas.
Que el diario “Die Morgen” publicase la convocatoria a la manifestación para
el 4 de Noviembre en lugar de para el 19 fué un error menor. Que ese día 4
de Noviembre se diesen cita en la Alexandreplatz, de forma totalmente
inesperada, casi un millón de personas que no cesaron ni un Segundo de
abuchear contundentemente a los nuevos salvadores de la patria (que llegaron
corriendo y con los discursos a medias) fué el triunfo del ansia de libertad
de una nación cansada de rellenar impresos para respirar. Cinco dias después
de la manifestación en Berlín caía el muro para siempre.
Cinco días después de la manifestación en la Alexanderplatz, cuatro semanas
después de las manifestaciones de Leipzig, cuarenta años y 28 días después
de la fundación de la República Democrática Alemana, los defensores del
estado, los privilegiados del estado, los amordazadores profesionales, los
ensimismados comunistas se dieron cuenta de que también entre las gentes del
pueblo –la mayoría- había amantes de la libertad; que entre los trabajadores
sucios de turba y lignito –la mayoría- había amantes de la libertad. Se
dieron cuenta de que estaban solos. Ellos, y su estado.
La noche del 9 de noviembre de 1989 la noticia sobre la caída del Muro llegó
a cada barrio, recordada como “la noche más increíble”.
“Es una locura, ¡está abierto el Muro!”. Así se pasaba la noticia en los
barrios de Berlín en la noche del 9 de noviembre 1989, la que todos los que
estuvieron coinciden en describir como “la noche más increíble en nuestras
vidas”. Hoy se cumplen los 20 años de la llamada caída del Muro, que no
solamente marcó el fin de la separación de Alemania, sino también la derrota
definitiva del bloque socialista en la Guerra Fría. El Muro que separaba las
dos Alemanias y que hizo de Berlín Occidental una “isla capitalista” en el
medio de la República Democrática Alemana (RDA) fue construido en 1961 para
poner fin al éxodo de los alemanes que vivían en la zona oriental,
controlada por la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial.
En los años previos a la instalación del Muro por las autoridades de la RDA
cientos de miles de orientales, entre ellos muchos profesionales altamente
educados habían emigrado a la zona occidental, dominada por los aliados
EE.UU., Gran Bretaña y Francia, donde esperaban encontrar una vida mejor.
Como la construcción del Muro fue efectuada sin aviso previo, muchísimas
familias quedaron separadas de un día al otro. Durante los 28 años de la
existencia de la valla, aproximadamente mil personas murieron en el intento
de cruzar clandestinamente la llamada “franja de la muerte”. Se trataba del
símbolo principal de la Guerra Fría y si hubiese sido por Erich Honecker, el
penúltimo gobernador de la RDA, habría durado por “100 años más”, como dijo
pocos meses antes de la caída. La historia tomó otro rumbo, entre muchas
otras causas por el equívoco trascendental de un funcionario del gobierno de
la RDA.
El régimen estaba bajo mucha presión: se le iban los ciudadanos por los
agujeros que la Cortina de Hierro empezaba a tener en Hungría y otros lados,
los reclamos de cambio en la calle sonaban cada día más fuertes. El 9 de
noviembre hubo una conferencia de prensa internacional, en la cual el vocero
del gobierno socialista, Günter Schabowski, estaba encargado de informar
sobre los resultados de una sesión de la cúpula del gobernante Partido
Socialista. Cuando fue preguntado sobre una posible liberalización de las
leyes de tránsito hacia el Oeste empezó a manosear los papeles sobre la mesa
y al final leyó un documento en voz alta que él mismo parecía desconocer:
“La salida hacia la Alemania Occidental es posible sin cualquier requisito
en todos los pasos de fronteras.” Preguntado por un periodista italiano a
partir de cuándo estaba vigente esa reforma dijo: “Me parece que enseguida,
sí, sí... desde ahora.” Al principio los periodistas reunidos no percibían
el significado de sus palabras, pero dentro de muy poco tiempo la novedad
espectacular estaba en todos los medios. Miles de berlineses fueron hacia
los pasos de fronteras para ver si era verdad.
Como Schabowski equivocadamente había recitado de un documento que contenía
una reforma de las leyes migratorias cuya publicación todavía no había sido
autorizada por la dirigencia, nadie en el estado estaba preparado, menos los
guardas en la frontera que no sabían nada. Los telediarios de la Alemania
occidental se ocuparon de difundir la noticia.
Una vez al aire la noticia, ya no había vuelta atrás. Al paso de frontera
Bornholmer Strasse en el barrio de Prenzlauer Berg en Berlín Oriental
llegaron tantas personas que insistían en pasar al otro lado, que al oficial
de turno solamente le quedaban dos opciones: dar la orden de tirar o abrir
la frontera. Tras horas de discusiones, gritos e insultos, el oficial,
enojado porque ninguno de sus superiores le había avisado de lo que se
venía, ya no tenía ganas de dejarse insultar e hizo historia: abrió la
barrera y dejó que pasaran las masas. En otros pasos de frontera de la
ciudad, donde también se juntaban miles de curiosos, las fuerzas armadas
siguieron el ejemplo del oficial –empezaba una noche de celebración,
lágrimas de alegría, reencuentros de familias separadas, abrazos con
desconocidos—. Gracias al error de Schabowski, lo que en principio era
pensado por el régimen como una medida para aliviar la presión de la calle y
poder seguir gobernando tranquilamente, terminó como “caída del Muro”, y en
menos de un año llevó al fin de la RDA, que dejó de existir el 3 de octubre
de 1990, día de la reunificación alemana.
“Cuando pasamos por primera vez al lado Oeste de la ciudad, nos sentíamos
como los niños que entran a una juguetería gigante. Todo era tan grande y
colorido. Los avisos gigantescos de chocolate Milka, McDonald’s y Mercedes
Benz nos hicieron llorar de emoción. La alegría fue corta, sólo duró hasta
que nos dimos cuenta de que no teníamos dinero para poder consumir todas
estas cosas maravillosas”, recordaba un berlinés del Este que tenía 17 años
en aquel noviembre histórico. A pesar de los escasos recursos económicos de
la gran mayoría de los orientales, cuya moneda no valía nada en el Oeste, el
sentimiento dominante fue el de haber sido parte de un gran paso hacia la
libertad. Obviamente, había muchos ciudadanos de la RDA para los que la
noche del 9 de noviembre no tenía el sabor a libertad sino el de una derrota
histórica. Contaba un, ex miembro del Partido Socialista en la RDA, quien
hoy tiene 54 años: “Me daba vergüenza ver a mis compatriotas pelearse por un
kilo de bananas o un paquete de café, que fueron divulgados como regalos de
bienvenida por algunas cadenas de supermercados del Oeste. Fue como si todo
en lo que habíamos creído de repente estaba en venta de liquidación, una
sensación de impotencia y de humillación. En los primeros meses después de
la caída me negaba a visitar la parte occidental de la ciudad.”
Veinte años después, la pregunta “¿de qué parte eras?” sigue siendo bastante
común, incluso hay muchos que pretenden darse cuenta si uno es del Oeste o
del Este sin preguntar, por el hábito, la manera de hablar o la vestimenta.
Lo que no se puede cuestionar son las profundas diferencias socioeconómicas
y políticas entre Alemania Occidental y el territorio de la ex RDA que sigue
habiendo hasta el día de hoy. En el 20º aniversario de la caída del Muro los
indíces de educación, productividad económica, salarios, ingreso per capita
y tasa de desempleo hablan una lengua muy clara: el Este sigue siendo la
parte desfavorecida de Alemania. Desde 1989 casi un quinto de la antigua
población de la RDA (16 millones) se mudó hacia el Oeste y los que se van
son los jóvenes y los profesionales. En muchas ciudades del Este se están
derrumbando barrios enteros porque no quedan habitantes.
Entre las dos Alemanias había otras diferencias fundamentales. La sociedad alemana habría abrazado el nazismo de forma casi unánime. Se estima que sólo unos 100.000 alemanes tomaron parte en algún tipo de resistencia antifascista. La desnazificación acordada en la Conferencia de Potsdam se aplicó de forma mucho más suave en el Oeste. El anticomunismo podía pervivir allí como único vestigio para los ex nazis, muchos de los cuales hicieron carrera ocupando cargos importantes en el gobierno, la judicatura, la policía y el ejército. En el Este, por el contrario, los soviéticos aplicaron una desnazificación mucho más estricta, que incluyó no pocas injusticias pero mucho más raramente impunidad. Los nuevos dirigentes del Estado comunista alemán habían sido en muchos casos antifascistas perseguidos, la mayor parte de ellos comunistas o socialdemócratas, e hicieron del antifascismo una seña de identidad del nuevo régimen. Así, si en el Oeste la sociedad ex nazi alemana encontró cierta continuidad psicólogica, en el Este la generación ex fascista de la guerra, vivió bajo un régimen antifascista y estalinista que le era biográficamente hostil y adverso. Fueron raros los casos de ex nazis que hicieron carrera en la RDA.
Después del 9 de noviembre, el ambiente de luna de miel que llevó a la
reunificación duró poco tiempo. Como la industria del estado socialista no
estaba en condiciones para competir en una economía de mercado, muchísimas
fábricas tuvieron que cerrar dejando cientos de miles de personas sin
trabajo. La actitud soberbia de muchos empresarios y representantes del
gobierno occidental que llegaron al Este como a un mercado de pulgas, para
hacer los negocios de su vida, hizo lo suyo para fomentar profundos
resentimientos en gran parte de la población oriental. Hoy en día todvia
existen grandes diferencias de salario por un mismo trabajo respecto a lo
que pagan en el Este respecto al Oeste.
También hubo mucha gente que gozaba de privilegios o por lo menos de un empleo seguro bajo el régimen socialista. En suma, la cantidad de gente que se sentía como perdedor del proceso de cambio fue bastante elevada. De un lado, esto llevó a que los sucesores del antiguo Partido Socialista (hoy: la izquierda), que jugaron el papel de defensor de intereses de los orientales, sean hoy la fuerza principal en muchas zonas del Este, mientras que en el Oeste sólo recaudan entre 5 y 10 por ciento de los votos. De otro lado, el proceso de reunificación causó un fuerte crecimiento de nacionalismo Alemania, lo que ha producido que partido neonazi NPD está representado en dos parlamentos regionales del Este.
El “Berliner Zeitung” encargó en su día al Instituto Forsa una encuesta para sondear qué sienten los alemanes tras estos últimos 20 años de camino común. Si a finales de 1998 más del 70% de los alemanes del este soñaban con mejorar sus vidas, hoy apenas un 45% reconoce haberlo conseguido. El 25% cree incluso que la mayoría de los habitantes en el este de Alemania vive peor hoy que hace 20 años. Los “ossis” creen no haber sido aceptados por sus compatriotas occidentales. Los “Westler” dicen haber tenido que correr ellos solos con los gastos de la reunificación.
Razones para celebrar el aniversario las hay, porque la fecha marca el fin
de un régimen, pero el legado del proceso de reunificación que instigó es
cuando menos, ambiguo.