
El Putsch de Múnich 8-9 de Noviembre de 1923
El dia 8 de noviembre de 1923 patriotas alemanes, encabezados por Adolf Hitler,
marchan en Múnich para salvar a Alemania del marxismo, expulsar a los
socialistas y judíos del poder y formar una nueva Alemania. Este movimiento se
conoce como el Putsch de Múnich. Estos patriotas se suman a los cientos de
camaradas que dieron su vida por la Idea de Adolf Hitler.
Hitler, junto con un contingente de las SA, llegó a la Bürgerbräukeller donde
el gobernador de Baviera, Gustav von Kahr, pronunciaba un discurso delante de
3.000 personas. Cerca de 600 hombres de las SA bloquearon las salidas. Hitler,
rodeado por sus copartidarios Hermann Goering, Alfred Rosenberg y Rudolf Hess,
entró a través de la puerta delantera a las 8:30 P.M., disparó un tiro en el
techo y saltó sobre una silla gritando: "¡La revolución nacional ha
estallado!".
De inmediato se declaró un gobierno provisional en el sitio. Los cuarteles del
Reichswehr y los de la policía fueron ocupados por partidarios de Hitler. Este
y algunos copartidarios tomaron al Comisario de Baviera Gustav von Kahr y a
sus dos hombres más importantes, von Lossow y von Seisser, como rehenes.
Al amanecer del 9 de noviembre las fuerzas de Ernst Röhm -entre las que se
encontraba el joven Heinrich Himmler- siguiendo ordenes de Hitler ocuparon el
Ministerio de Defensa bávaro y se enfrentaron a las fuerzas gubernamentales,
sufriendo dos bajas. Mientras tanto, los tres hombres de gobierno retenidos en
la Bürgerbräukeller fueron liberados bajo palabra de compromiso con la
"revolución" por Ludendorff. Los tres hombres, inmediatamente después de ser
liberados dieron órdenes a la policía de acabar con la revuelta y se mostraron
firmes en sus puestos. Ante esta situación, Adolf Hitler decide marchar sobre
Múnich con el Mariscal Ludendorff a la cabeza, con dirección hacia el
Ministerio de Defensa para encontrarse con las fuerzas de Ernst Röhm.
Calculaba que la Policía no dispararía sobre estos veteranos de la Primera
Guerra Mundial y los acompañarían en el putsch.
Un total 2.500 hombres marcharon directamente hacia la Odeonplatz (Plaza Odeon)
donde se encuentra el Homenaje a los Héroes de la Gran Guerra conocido como
Feldherrnhalle y sitio de paso hacia el ministerio. A lo largo del camino se
iban uniendo más personas apoyando a Hitler y al putsch. Sin embargo, una vez
arribado a la Odeonplatz se encontraron con una fuerza de policía que les
bloqueaba el paso. De pronto sonó un disparo y comenzó un importante tiroteo.
Adolf Hitler y Hermann Goering fueron heridos. El último pudo escaparse
mientras Hitler fue detenido posteriormente.
Los mártires
Los 14 militantes nacionalsocialistas muertos por la policía en la
Feldherrnhalle y los dos miembros de la liga paramilitar nacionalista
Reichskriegerflagge muertos frente al Ministerio de Defensa de Baviera fueron:
Felix Allfarth - comerciante
Andreas Bauriedl - sombrerero
Theodor Casella - empleado bancario
Wilhelm Ehrlich - empleado bancario
Martin Faust - empleado bancario
Anton Hechenberger - cerrajero
Oskar Körner - comerciante
Karl Kuhn - empleado de hotel
Karl Laforce - estudiante de ingeniería
Kurt Neubauer - criado
Klaus von Pape - comerciante
Theodor von der Pfordten - secretario del Tribunal Regional Superior
Johann Rickmers - ex-capitán de caballería
Max Erwin von Scheubner-Richter - doctor en Ingeniería
Lorenz Ritter von Stransky - Ingeniero
Wilhelm Wolf - comerciante
La "Bandera de la Sangre"
Esta famosa bandera era una bandera con la esvástica (perteneciente a la 5ª
sección de la SA y llevada por Heinrich Trambauer) que el 9 de Noviembre de
1923, durante el Putsch de Munich, se empapó con la sangre de los patriotas
alemanes (principalmente la sangre de Andreas Bauriedl, quien cayó sobre
ella), compañeros de Hitler, que murieron en los enfrentamientos en las
escalinatas de la Feldherrnhalle, quedando Hitler herido y resultando muertos
16 nacionalsocialistas.
Así, esta bandera, empapada con la sangre de los
primeros mártires nacionalsocialistas, se convierte en objeto de culto,
pasando a conocerse como la Blutfahne o "bandera de la sangre", símbolo del
patriotismo alemán y del heroísmo nacionalsocialista, llegando a ser
custodiada por la SS en la Casa Parda (das Braune Haus) de Munich, sede
central del NSDAP. Con esta misma bandera consagraba siempre Adolf Hitler los
nuevos estandartes del NSDAP, tocándolos con ella. Su portador fue Jakob
Grimminger (fallecido en 1969, a los 77 años), al que puede verse en muchas
fotos y videos históricos. Los nacionalsocialistas solían decir de esta
bandera: "Keine Fahne ist uns so heilig, wie die Blutfahne des 9. November"
("Ninguna bandera nos es tan sagrada como la Bandera de la Sangre del 9 de
Noviembre"). Como curiosidad, citar que durante el tiempo de prohibición de la
SA y la SS, esta bandera es escondida por una mujer nacionalsocialista llamada
Viktoria Edrich, en su domicilio en el cuarto piso de la Türkenstraße 25 en
Munich.
Extracto de un discurso de Hitler pronunciado el 8 de noviembre de 1938 (en la
cervecería de Munich donde tuvo lugar el fallido putsch de 1923 ), en el que
hace un repaso de los acontecimientos que habrian precipitado la capitulación
:
"En 1918, hace 20 años, como he dicho antes, se consumó el derrumbamiento
alemán. Se consumó porque solo un ciego podía creer que aquellos días de
noviembre fueran la causa y la consumación del destino de Alemania. La causa
ya venía de atrás, de muy atrás, y la consumación había dado comienzo años
antes; el año 1918 fue tan sólo la culminación del proceso catastrófico (...)
Decisivo para el derrumbamiento de Alemania fue la descomposición interna del
pueblo alemán , la división de la sociedad en clases. Un fenómeno tampoco
nuevo, pues ya había tenido precedentes en el pasado; pero esta vez adquirio
una importancia particular y única a través de los impulsores de tal división
(...) Cierto es que esta división entre burguesía y proletariado fue
aparentemente superada en 1914, pero solo aparentemente. Sabemos que a las
pocas semanas o meses de haberse disipado la primera embriaguez del entusiasmo
volvió a abrirse de nuevo el antiguo abismo, y que ciertos sectores no
ocultaron en modo alguno en aquella época sus intenciones de que Alemania
perdiera esta guerra. No me refiero a sectores del extranjero, sino a los de
nuestro propio cuerpo nacional. Lo que ocurrió en el periodo comprendido entre
1914 y 1919 o 1918 no fue otra cosa que la repercusión lenta de los manejos de
estos sectores.
De año en año podia apreciarse cómo aumentaba esta tendencia de desviar al
pueblo alemán cada vez más de su lucha exterior para inclinarle hacia la
interior, y como en 1918 estas ideas habían prendido en extensos sectores
alemanes: venían a decir que no se trataba en definitiva de una guerra
defensiva de la nación alemana frente a un mundo deseoso de agresión y, sobre
todo, envidioso, sino única y exclusivamente de una lucha del proletariado
contra la burguesía, o de la burguesía contra el proletariado. Se había dejado
de creer que el mundo tuviera en realidad malas intenciones respecto a
Alemania. No, el resto del mundo no quería en realidad nada contra Alemania.
No era verdad que este otro mundo pretendiera quizás robar a Alemania, que
tuviera intención de arrebatar a Alemania sus colonias, o echados los ojos al
comercio alemán, y mucho menos a los territorios alemanes. Esto eran solo
mentiras que contaban al pueblo los alemanes que incitaban a la guerra, porque
realmente lo que quería el resto del mundo no era otra cosa que comprensión,
una paz sin vencedores ni vencidos. Sobre todo cuando Woodrow Wilson, el gran
americano y apóstol ( risas del auditorio ) de una nueva moral internacional
se presento con sus 14 puntos , diciendo poco más o menos esto con sus
hermosas frases, la gente no se cansó de decir que ahora tenía pruebas
convincentes de ello. El hecho real fue que la nación alemana fue perdiendo
rápidamente sus fuerzas para luchar frente al extranjero en la misma medida en
que las desvió hacia el teatro de la batalla interior. A pesar de ello, el
derrumbamiento no se habría producido en 1918, ni, en mi opinión, habría
acontecido jamás si el pueblo alemán, arrastrado por su desatinada ceguera, no
hubiera terminado por convertir en guerra civil lo que fue, en sus comienzos,
una disputa interna. Pero así, tenía que llegar el derrumbamiento. He dicho
que tengo el convencimiento de que ni en 1918 ni más tarde se habría producido
desplome alguno; y creo tener razón para expresarme así porque estoy
convencido de que si el Destino me hubiera puesto o tenido en aquella época en
el sitio que hoy ocupo, el derrumbamiento no habría llegado jamás. Cierto que
habría habido un derrumbamiento: el de nuestros infames y perniciosos
partidos. Ese habría sido ¡ Los hubiera eliminado entonces en la misma forma
que los elimine en 1933 ! ( aplausos )"
Fuente: Hitler. Obras completas, Tomo II ( años 1936-38 ) Ediciones Ojeda,
2006.
ANTECEDENTES:
El putsch de Kapp. Marzo de 1920
Desde comienzos de 1920 entró en vigor el Tratado de Versalles. Una de sus
principales cláusulas era una reducción muy importante de efectivos de los
ejércitos alemanes: desaparecían el arma aérea y blindada, el ejercito de
tierra quedó reducido a 100.000 miembros, la marina apenas a 15.000, había que
entregar los buques de guerra, etc etc. En esa época, comienzos de 1920, las
fuerzas armadas alemanas era de entorno a los 350.000 soldados, a los que
había que sumar hasta casi los 250.000 integrantes de los diferentes freikorps.
Reclutados para sofocar las intentonas revolucionarias, su misión ya hacía
tiempo que se había terminado. No eran un ejército regular que tenía que
defender el territorio nacional, sino una fuerza voluntaria ya sin cometido
alguno. Compuestos por rudos veteranos de guerra, habían encontrado en la
milicia un modo de sustentarse durante esos tiempos de, relativa, paz. De
marcado carácter ultraderechista, acérrimos nacionalistas, a pesar de haber
servido a los intereses de la recién creada República, la tenían un total
desprecio. Aun así se mantenía una cierta “armonía” (por decirlo de alguna
manera) entre estas fuerzas y el gobierno. Pero ahora el Tratado de Versalles
exigía que se les desmovilizara.
En
las proximidades de Berlín se encontraba la Brigada Ehrhardt, un freikorp
formado en su base por oficiales y suboficiales provenientes de la antigua
Marina Imperial. Ya en los tiempos de la guerra civil había combatido a los
comunistas en Berlín y Munich. Además a lo largo del pasado año habían visto
incrementadas sus filas con más combatientes alemanes que estaban luchando en
Letonia contra los bolcheviques (conocidos con el nombre de ”baltikume”). Su
jefe, Hermann Ehrardt, gozaba de una gran popularidad y no sólo daba nombre a
su unidad sino que incluso sus hombres habían compuesto para sí un himno de
rabia y de cólera llamado Hakenkreuz am Stallhelm en su honor.
Hermann Ehrardt
El general alemán Walter von Lüttwitz , que era el comandante en jefe de las
fuerzas armadas en Berlín y la zona, se negó a desarmar a la Brigada Ehrhardt
cuando se le fue ordenado ya que la consideraba ”un cuerpo de élite en esos
inciertos tiempos”. Mientras los partidos parlamentarios de derechas pedían
que se disolviera la Asamblea Nacional y se decretasen elecciones. Durante los
días siguientes la tensión se cortaba en el ambiente. El Presidente de la
República Ebert se reunió con el Ministro de Defensa, Gustav Noske, y el
intempestuoso general von Lüttwitz para intentar buscar una salida al tema de
los cuerpos francos, pero el militar al sentirse respaldado por los partidos
más derechistas se cerró en banda a cualquier salida negociada y exigía la
convocatoria de elecciones, un Gobierno de Expertos (tipo antigua Grecia*?) y
que fuese nombrado General Jefe de las Fuerzas Armadas alemanas. Ante todas
estas peticiones Ebert y Noske se negaron a cualquier tipo de discusión. Fuera
ya de la reunión, von Lüttwitz se dirigió a entrevistarse con Hermann Ehrardt.
von Lüttwitz
En la noche del 12 al 13 de Marzo de 1919, la Brigada Ehrhardt entró
desfilando en Berlín. En Berlín se habían desplegado, a lo largo del día, tres
regimientos entre soldados regulares y policía por orden de Ebert y Noske con
el fin de evitar un posible intento de golpe de Estado. A pesar que el
freikorp tenía orden de disparar ante cualquier conato de resistencia por
parte de las fuerzas gubernamentales, no fue necesario: los coroneles de los
regimientos habían decido no oponerse a sus “camaradas” en parte por odio al
gobierno y en parte por simpatía con los sublevados. Ante el “plante” que el
gobierno estaba sufriendo de “sus” fuerzas armadas, se vivieron momentos de
confusión: Noske intentaba que alguno de los militares de la capital tomase
cartas en el asunto, Ebert llamaba a “defender la Revolución”, se pretendía
llamar al pueblo a una huelga general, se vivían momentos de tensión entre los
miembros del SPD y sus socios de gobierno a raiz de este último llamamiento,
se barajaba abandonar la capital, etc etc. En los días previos a la marcha de
la Brigada Ehrhardt, von Lüttwitz se había entrevistado también con el
político derechista Wolfgang Kapp y el general Luddendorf, que formaban el
grupo Unión Nacional, ganándose su apoyo en caso de que sucediera un putsch y
que además se encargarían de ganarse al ejercito para que no interfiriese en
el mismo. Por ello Ebert y Noske no encontraban militares dispuestos a luchar
por el gobierno. Finalmente, una vez firmada la convocatoria de huelga,
abandonaron la ciudad. El sábado 13 de Marzo de 1920 Wolfgang Kapp era
nombrado canciller.
En ninguna parte del país se mostró ni una adhesión ni una señal en contra
hacia el nuevo gobierno. En tal caso, una cierta complicidad hacia sus
antiguos compañeros. Ebert y Noske se movieron por Desden y Sttutgart buscando
apoyo en las tropas, pero sólo encontraban tímidas adhesiones al gobierno
legítimo y excusas para no emprender acciones armadas contra Berlín. Ante este
vacío de poder, en Munich el ejercito también derroca al gobierno y nombra
otro provisional. A pesar de todo ello el triunfo golpista fue más que fugaz.
El
mismo domingo 14 de Marzo comenzó la mayor huelga general de la historia de
Alemania. Literalmente el país se paró. El obrero alemán se solidarizó con el
gobierno legítimo y secundó el llamamiento, el USDP y el Partido Comunista(
KPD )llamaron a la revuelta armada, más militares se unieron a la causa
legitimista, etc etc. Además algo que caracterizó a los golpistas era su falta
de planificación total: Una vez conquistado el poder no supieron que hacer con
él. En Sajonia y Turingia en donde los obreros se habían levantado en armas
lograron vencer los golpistas pero en la cuenca del Ruhr trabajadores armados
vencieron a los golpistas y les arrebataron varias ciudades. En parte hay que
entender que después de las derrotas del año anterior, los trabajadores sabían
a lo que se exponían en caso de una nueva victoria de los cuerpos francos por
lo que lucharon con mucha tenacidad. Mientras la huelga se mantenía y hacía
más insostenible la situación del nuevo gobierno. Finalmente se accede a
negociar.
Lo curioso fue que incluso los partidos burgueses mostraron sus temores ante
la turba armada de obreros y no tardaron en ver mayor en amenaza en éstos que
en los militares que les habían quitado del gobierno, así que se buscó una
salida airosa para Kapp y Lüttwitz con el fin de no alentar más a los
trabajadores con una victoria total sobre los golpistas: se acordó una futura
amnistía general a los participantes en el golpe e inmunidad mientras tanto,
se les proporcionó dinero y falsos documentos para los que quisieran huir del
pais, se acordó una pensión vitalicia para von Lüttwitz e incluso se permitió
que la Brigada Ehrhardt ( a cuyo jefe se le había encumbrado ya que se acordó
que obró “en la creencia del bien para el pais”) abandonara desfilando la
capital, momento que aprovecharon para provocar los últimos muertos del putsch
al disparar contra una multitud que los insultaba.
La Brigada Ehrhardt abandona Berlín
Durante
los meses posteriores el gobierno volvió a reprimir violentamente y valiéndose
de los freikorps que aun quedaban los diversos levantamientos obreros en el
pais.
Comúnmente el putsch de Marzo de 1920 paso a la historia como el Putsch de
Kapp, pero este se había mostrado poca capacidad en el poder y hasta recibió
la espalada de los militares. Acabó exiliado en Suecia.
EL DAP
Dentro del ambiente de los grupos “Volkisch” del nacionalismo populista que
surgieron en Munich, la capital regional bávara, inmediatamente después del
armisticio de noviembre de 1918 y el cambio de régimen, se contaba uno llamado
a protagonizar un importante papel, el “Deutsche Arbeiter Partei”, Partido
Alemán de los Trabajadores o D.A.P ( con anterioridad había existido un
partido de la misma denominación, creado entre los alemanes sudetes de
Austria-Hungría en 1904 bajo influencia del SPD alemán ).
Fue fundado por el mecánico cerrajero Anton Drexler ( 1884-1942 ), establecido
en Munich y empleado en el Reichbahn ( ferrocarriles estatales ), que quedó
exento del servicio en la Primera Guerra Mundial por cuestiones de salud, lo
cual consideró una humillación que trató de compensar con una acusada actitud
patriótica. Drexler era un individuo de talante serio y con gafas. Sus
inquietudes lo llevaron a militar primero en el “Partido de la Patria “, que
relegó para fundar un minúsculo “ Comité de los Trabajadores Libres por la Paz
Honorable” en marzo de 1918 que se quería separado tanto del capitalismo, el
tradicionalismo y el marxismo. En octubre de ese mismo año lo sustituyó por un
“ Círculo de los Trabajadores Políticos “ que terminaría desembocando en la
constitución del DAP el 5 ( alguna fuente cita el 15 ) de enero de 1919. En
esta fundación lo acompañaban diversos personajes como el miembro de la
Sociedad Thule y periodista deportivo Karl Harrer ( 1890-1926 ) que ocupó la
presidencia de la formación con el título de “ Reichvorsitzender”, el también
joven e incendiario periodista Hermann Esser ( 1900-1981), el poeta Dietrich
Eckart ( 1868-1923) y Gottfried Feder, autor de un conocido panfleto-denuncia
contra los manejos financieros con hincapié en la diatriba antijudía: “ Contra
la esclavitud del interés”. De hecho, la filiación de Harrer y de diversos
adeptos posteriores como Hans Frank, Rudolf Hess o Alfred Rosenberg a las
tertulias de Thule levantaron la controversia de si esta sociedad secreta
había promovido la formación del DAP, hipótesis poco plausible porque al menos
Drexler no respondía en absoluto al patrón del círculo de soñadores exquisitos
de la Thule, y hasta la propia iniciativa de crear un partido político se
desmarcaba del diletantismo característico de esa asociación.
La concurrencia habitual a las reuniones informales de tarde-noche del DAP
solía oscilar entre las 10 y las 40 personas, en cuyas charlas sitas en
diversas cervecerías ( que tradicionalmente servían de centros de contacto
social en Baviera ) se censuraba a los ricos derrochadores, los proletarios
marxistas, los judíos, los especuladores y se reivindicaba la restitución del
orden, el derecho y la moral, quebrantados por la derrota inmerecida y la
preeminencia de esos elementos antes descritos, considerados disolventes para
la sociedad alemana. La autodefinición más común era la de “una organización
socialista sin diferencia de clases y que solo podía ser dirigida por jefes
alemanes”. De hecho las propuestas manejadas por Drexler giraban en torno al
propósito de aunar nación y socialismo, cultura étnica y comunidad de iguales
pero jerarquizada por el mérito y el trabajo.
ANTON DREXLER
En septiembre de 1919 el aún militar y anónimo Adolf Hitler recibió el 12 de
septiembre de 1919 la orden de su superior, el capitán Mayr para averiguar la
orientación política del DAP acudiendo a una de sus reuniones. El día 16 de
ese mes, en su papel de informador procedió a hacerlo; entró en la sala Leiber
de la cervecería Sternecker en la calle Im Tal, Nº54 y escuchó allí un
discurso de Feder que trataba sobre “ ¿Como y con qué medios puede ser la
eliminado el capitalismo?”: aunque no le impresionó excesivamente, lo siguió
con atención, y hasta se animó a participar en el debate subsiguiente para
rebatir a un ponente separatista bávaro, con tanto éxito que llamó la atención
de Drexler que comentó a un maquinista, Michael Lotter, que se sentaba a su
lado: “Es hábil con el lenguaje. Podríamos usarlo”. Cuando el improvisado
polemista se marchaba Drexler le alargó un panfleto, “Mi despertar político”,
de su autoría. Una semana después se le invitó a afiliarse al DAP y tratar con
la directiva del partido. Hitler vaciló, hubiera preferido crear una
organización de inspiración totalmente personal (un claro síntoma de orgullo )
y le preocupaba la evidente parquedad de medios (ausencia de programas o
folletos, de infraestructura) que había percibido. No obstante, también
consideró que por esa misma insignificancia podría adaptar el partido a su
imagen y semejanza, orientando su carácter, propósito y métodos. Al cabo de
dos días terminó por decidirse y se unió al DAP, donde ingresó como afiliado
555 ( el primer dígito era incluido para engordar el número aparente de
miembros, que se inició en 501, y de hecho hasta el 2 de febrero de 1920 no se
instauró ese sistema de conteo. Rosenberg, por ejemplo, recibió el número 625
) y se incorporó como el séptimo miembro del Comité Central.
DIETRICH ECKART
El objetivo declarado de Hitler era despertar el fervor de la nacionalidad
entre las masas, precisamente lo que distanciaba los métodos de los “Volkisch”
del estilo de la derecha tradicional alemana. Un problema que se planteaba
inmediatamente era la falta de proyección de los líderes del movimiento, por
lo que era imperiosa la necesidad de darse a conocer. Se establecieron
reuniones mensuales y más tarde de periodicidad quincenal. La contratación de
publicidad en el periódico afín “Munchener Beobachter” permitió una primera
repercusión logrando reunir de más de un centenar de personas el 16 de octubre
de 1919 cuando Hitler se estrenó como conferenciante del partido, compartiendo
estrado con Erich Kühn, redactor de la publicación “Deustche Erneuerung”,
reivindicando el papel de una prensa puramente alemana que se expresara sin
cortapisas. Consiguió encandilar a los oyentes, lo que permitió reunir 300
marcos en forma de colecta. A finales de 1919 se instaló la oficina central
del DAP en el sótano abovedado de la Sternecker, bajo alquiler de 50 marcos.
El mobiliario era modesto, pero revelaba los primeros síntomas de ambición
expansiva y organizativa: mesa, sillas, teléfono, caja fuerte para la
documentación y los fondos, máquina de escribir y sello de caucho. La Junta
Directiva fue aumentada a 10, luego a 12 miembros y posteriormente
incrementada todavía más. Fue nutrida especialmente por partidarios captados
por Hitler, lo cuál robusteció su posición en la incipiente estructura del
partido. La Junta pasó a reunirse todos los miércoles. Se multiplicaron los
anuncios en la prensa próxima y se dotó de abundantes folletos los locales de
reunión. Se notaba un nuevo impulso más enérgico.
La debilidad de Harrer como orador fue percibida por Hitler como una
posibilidad de ascenso. Este último se entregó de lleno a la promoción,
pronunciando unos 31 discursos entre noviembre de 1919 y noviembre de 1920. A
lo largo del invierno de 1919-1920 acudió a las convocatorias más público,
200, 400 personas. Con este crecimiento a finales de 1919 aumentaron las
luchas por el poder dentro del DAP , cuando Harrer, más volcado en mantener a
la formación en un nivel de minoritaria sociedad secreta, fue finalmente
desplazado de la jefatura por la Junta Directiva el 5 de enero de 1920, en
beneficio de Drexler, mientras que Hitler se consolidaba como la auténtica
mente y el encargado propagandístico del partido. Ambos defendían una opción
más netamente política, que debía orientarse al objetivo de un partido de
masas e independiente de interferencias de otras instancias ajenas a la propia
asamblea del partido, como se recogía en el documento de diciembre de 1919
titulado “ Organización de la Junta Directiva de Munich y su reglamento “
GOTTFRIED FEDER
El 24 de febrero de 1920 se celebró un acto en la sala de Hofbraulhaus, con
2.000 asistentes, precisamente el mismo al que se había opuesto Harrer. Abrió
la sesión Johannes Dingfelder , aunque Hitler se reservó para el segundo turno
de ponencia que, como sagazmente observaba, es precisamente el que el público
retenía. Obtuvo el entusiasta beneplácito del auditorio al presentar y
desgranar los puntos del nuevo programa de la formación. Este acto le consagró
como la imagen visible del nuevo DAP, rebautizado para la etapa que se abría
como NSDAP ( National Sozialistische Deutsche Arbeiter Partei ), en la estela
de otras organizaciones “nacionalsocialistas” preexistentes entre los alemanes
de Austria y los Sudetes. Los 25 puntos del programa del partido elaborados
por consenso de Hitler y Drexler . Estos puntos se referían a la exigencia de
la revisión de los Tratados de Versalles, la petición de una Alemania grande y
respetada, la adquisición de tierras y colonias para mantener a la población
germana ( puntos 1-3 ), el rechazo a la influencia en la política del país de
los no alemanes étnicos, especialmente a los judíos originarios de Europa
Oriental que habían recibido la nacionalidad en fechas recientes, la
instauración de una comunidad popular sustentada en el origen étnico-racial,
con igualdad de derechos y deberes entre sus miembros ( puntos 4-10 ), la
promulgación del Derecho Germánico frente al Romano ( puntos 18-21 ), o el fin
de la “servidumbre del interés” ( el concepto ideado por Feder, en los puntos
11-17 ), el fortalecimiento del éjercito como institución básica nacional, la
promoción de un “cristianismo positivo” y la instauración de un estado
totalitario donde la primara el interés público sobre el particular, como
horizonte final:
25.- Para realizar todo lo que precede, exigimos la creación de una poderosa
autoridad central del estado. Incuestionables atribuciones del Parlamento
políticamente centralizado sobre toda la Nación y su organización (...) Los
jefes del partido juran consagrarse sin desmayo – y, si fuera menester,
sacrificar su vida – para lograr el cumplimiento de los sobredichos puntos."
Las reuniones pasaron a ser varias por semana. En esta misma época se
determinó la que sería la simbología propia: una bandera con la cruz gamada
negra, un signo que ya era anteriormente popular entre los pangermanos y que
había sido emblema del Freikorps Ehrhardt; y los tradicionales colores rojo,
negro y blanco, en un guiño nacionalista y de repudio al régimen de Weimar,
inspirado por los tildados como " criminales de Noviembre".
