Las Mujeres de la vida de Adolf Hitler


Hay algo que no podemos negarle a Adolf Hitler: se trata, sin duda, del personaje histórico contemporáneo sobre el que se han acumulado el mayor numero de inexactitudes. Enemigos y traidores han rivalizado en difuminar su verdadera personalidad, lanzando fábulas de todos los calibres. Pese a la escasa distancia que nos separa de sus trabajos y sus días, el historiador encuentra ya, frente así, un muro de materiales espúreos que dificultan grandemente la visión del personaje. Pero acaso sea en el campo acotado del temperamento y la vida intima del Führer, donde se choca con mayores obstáculos, y se halla sumido en una infernal danza de datos contradictorios, leyendas, calumnias y nimiedades. Se ha dicho, y escrito, que Adolf Hitler era un sádico, un masoquista, un homosexual, un paranoico, un loco furioso que mordía alfombras.


Hoy en día sabemos sin embargo que no era nada de esto. Sus grandes biógrafos Allan Bullock, Joachim Fest, Helmut Heiber, etc. han devuelto al personajes unas características más humanas, apoyándose en los textos y libros de memorias de quienes le trataron largamente. A partir de la famosa obra de August Kubiezek "Adolf Hitler; mi amigo de juventud", poseemos el testimonio, en buena parte objetivo, de varios contemporáneos.
A la luz de estos textos, puede afirmarse que Adolf Hitler tuvo relaciones sentimentales con un buen número de mujeres. algunos de tales contactos fueron fugaces, y otros tuvieron cierta duración.
Hasta el gran público ha trascendió mayormente el nombre de Eva Braun, la compañera de los últimos años, con la que Hitler se casó y compartió la muerte en la Cancillería del Reich. Pero existen otras páginas interesantes en la vida del Führer

 

Los idilios de la juventud


Es August Kubizek, en su ya mencionado libro "Adolf Hitler, mein Jugendfreund" (Adolf Hitler, Mi amigo de juventud) quien nos da noticia de los primeros escarceos amorosos de Hitler. Hemos de trasladarnos con la imaginación a la población austríaca de Linz, en le verano de 1905. Hitler tenia entonces dieciséis años y vivía con su madre y su tía Johanna. Una tarde le confió a su amigo Kubizek que estaba locamente enamorado de Estefania, una rubia estudiante de bachillerato, que era bastante mayor que Hitler. Es probable que la muchacha, interesada únicamente en coquetear con los oficiales de la guarnición, no llegara ni a fijarse en su enamorado. Aunque ciertos biógrafos acusan a Kubizek de excesiva imaginación, parece que Estefania fue un ser real, que en 1908 se casó con un comandante de infantería, y que en 1950 vivía aún en Viena, en calidad de viuda del general muerto en acción de guerra.

ESTEFANIA
Hablando francamente, no me resulta agradable hablar aquí como el único testigo — aparte de la misma Estefanía — del amor juvenil de mi amigo, que desde comienzos de sus dieciséis años hubo de mantenerse durante más de cuatro años; me temo que con la descripción de la realidad de los hechos habré de decepcionar a todos aquellos que se prometen sensacionales revelaciones. Las relaciones de Adolfo con esta muchacha, de una familia distinguida, se movían por entero en el marco de las costumbres vigentes, y eran absolutamente normales, a no ser que el concepto de la moral entre los sexos haya evolucionado de tal manera en la actual generación, que hubiera de considerarse como anormal el que en una relación entre jóvenes como a la que nos referimos — para decirlo en pocas palabras — “no sucediera nada”.
Hay que disculparme también que no cite aquí el apellido de esta muchacha, así como su nombre de casada.
Lo he indicado en ocasiones a personas que se ocupaban de la investigación de la juventud de Hitler, y de cuya seriedad pude convencerme. Estefanía, que era uno o dos años mayor que Hitler, se casó más tarde con un oficial de alta graduación y vive hoy todavía, como su viuda, en Viena. Confío que ello habrá de hacer comprensible mi discreción.
En la primavera del año 1905, durante uno de nuestros paseos después de cenar, me asió Adolfo fuertemente por el brazo y me preguntó excitado, qué me parecía aquella esbelta muchacha rubia que cruzaba la calle del brazo de su madre.
—La amo! —añadió, con decisión.

August Kubizek. Adolf Hitler, Mi amigo de juventud
 

Fallecida su madre en diciembre de 1907, Hitler se trasladó a Viena. Dormía en el asilo de Meidling y en  ocasiones frecuentaba los cafés, donde se reunían los intelectuales pobres. Tuvo un romance, de cierta intensidad, con una lechera del barrio de Ottakring, y más tarde con una bailarina francesa de un teatro del Prater. Gustaba de escribir, largamente, a su buen amigo Konrad Heiden, donde en ocasiones hablaba del amor y de las mujeres.
En mayo de 1913 cansado de las escasas perspectivas de futuro que le ofrecía Viena, Adolf Hitler partió hacia Munich, es decir, hacia su destino.
Desde la llegada a la capital de Baviera, y hasta el comienzo de la guerra de 1914, hizo vida común con  una muchacha llamada Helena Rückstein. El noviazgo, no obstante, duró poco. Cuando el dia 3 de agosto de 1914 Alemania abrió las hostilidades contra Francia, Hitler dejo a la bella Helena y corrió a alistarse bajo las banderas.

En 1915, durante la Primera Guerra Mundial, el regimiento List, del que Hitler formaba parte, estuvo en el frente del Aisne, cerca de Saint Quentin, durante cierto tiempo. Allí conoció a una campesina francesa, con la que llegó a tener relaciones íntimas. Luego, el regimiento fue enviado a Neuve Chapelle, frente a los ingleses, y en 1916 tomó parte en los terribles combates del Somme. El día 7 de octubre, Hitler, herido en una pierna, hubo de ser trasladado a Alemania. En el verano de 1917, ascendido ya a cabo de lanceros, regresó a la línea de fuego, tomando parte en la tercera batalla de Yprés. Y aquel invierno el regimiento List volvió a acampar en el Aisne, cerca de Lizy, de manera que las relaciones entre el «cabo austriaco» y la hermosa campesina se reanudaron.

Años después, cuando el nombre de Hitler., aparecía ya con cierta frecuencia en la prensa europea, la francesa contó a sus amistades que su antiguo novio alemán era un hombre «muy cariñoso, muy dulce y muy artista...». En 1940, la campesina, ya casada y madre de familia,  que tenía a un hijo soldado prisionero en el Reich, se decidió a escribir al Führer -sin consultarlo a nadie-, recordando los meses que pasaron juntos e intercediendo por la libertad de su vástago.. Una semana después, el soldado francés estaba ya en su hogar. Es un hecho absolutamente verídico y comprobado.
 


Con el hundimiento de Alemania, y el armisticio, el futuro líder del III Reich, herido por el estallido de un obús y afectado por los gases, fue trasladado al hospital de Passeswalk. Allí conoció a una bonita enfermera berlinesa, Greta Schmidt, que parece ser que en un principió rechazo las declaraciones de amor de su paciente, pero después al ser dado de alta le siguió.

Greta Schmidt ha sido, probablemente, una de las mujeres que mayor influencia ejerció sobre el Führer, y que dejó más honda  huella en su vida. Le acompaño, fielmente, sin desfallecer, durante aquellos tiempos de lucha, animandole en los comienzos de su andadura política. "Serás el más grande orador de Alemania", solía decirle, y le ayudaba, escuchándole hora tras hora, en su modesto alojamiento muniques. Cuando Hitler empezó a pronunciar sus encendidas conferencias, en locales públicos de Munich, ante minúsculas concurrencias, Greta Schnidt inició una denodada campaña de propaganda, repartiendo a domicilio centenares de invitaciones que ella misma escribía. Con fondos conseguidos en una cuestación, pudo pagar un anuncio en el "Münchener Illustrierte Zeitung"; lo que llevó a unos centenares de obreros a escuchar a Hitler en los sótanos de la Hofbrauhaus. A lo largo de la incipiente carrera política de Adolf Hitler aparece esta infatigable mujer. Pero no podemos predecir cuál habría sido su peso específico sobre el Führer en los días álgidos del poder. El capitán de artillería Schmidt, su ex marido, la asesinó de un disparo en la estación berlinesa de Charlottenburg.

Andre Guerber, en 'Hitler et ses douze femes', y el periodista ingles Douglas Hewlett, autor de 'Hitler y las mujeres' afirman que tras la trágica desaparición de Greta Schmidt, el fundador de Reich tuvo relaciones sentimentales, de no muy larga duración, con Fräulein Grotzky. Era una rubia alta, que asistía a todas las alocuciones de Hitler, y que le aplaudía entusiasmada. Tampoco se conocen muchos detalles de su relación con la joven bávara Mariá Reiter, a la que conoció en Berchtesgaden, allá por el año 1926. Después de la II GM, fue entrevistada por los periodistas Gunter Peis y Comer Clarke, quienes publicaron una serie de artículos en "Franche-Dimanche", durante el mes de junio de 1959; si hemos de creer este testimonio, que la mayoría de biógrafos pone en duda, Adolf Hitler tuvo relaciones sentimentales con  Maria Riter durante casi una década, y poseía cartas autógrafas del mismo, firmadas con el seudónimo "Wolf".

Después de un par de idilios frustrados, con la cantante Erna Hanfstaengl y con Heni Hoffmann (hija del que unos años despues seria su fotógrafo), que posteriormente se casó con Bladur von Schirach, líder de las Juventudes Hitlerianas, Adolf Hitler conoció a Winnifred Wagner, viuda de Siegfried y nuera del genial compositor. Sus visitas a la villa 'Wahnfried' de Bayreuth eran frecuentes. Incluso se hablo de una boda, pero como escribe Konrad Heiden, por un motivo desconocido, las relaciones se cortaron en el otoño de 1932.

Fue Goebbels quien presentó al Fuhrer a Paula Fridman, hija de una de los primeros militantes nacionalsocialistas. Había sido secretaria particular del ministro de Propaganda, y en noviembre de 1934 pasó a ocupar el mismo empleo cerca de Hitler. Paula Fridman se instaló en un apartamento de la  Leipzigstrasse berlinesa, donde Adolf Hitler la visitaba con frecuencia, pero al cabo de un año las visitas del Führer comenzaron a hacerse menos frecuentes, hasta que cesaron del todo.

Tras esta relación Adolf Hitler conoció a Frida Worms en un pueblo de Hannover llamado Kleinfort, durante las fiestas de Primavera, en mayo de 1935, con la que entabló una estrecha amistad. Años después regaló a Frida una finca y concedió a la hija mayor de la misma una muy generosa bolsa de estudios.

  Hitler se había sentido interesado, desde su juventud, por el Cine, al que consideraba como una incomparable arma propagandística, y al llegar a la cúspide del poder dirigió su atención hacia la pantalla plateada. Por aquel entonces conoció a la inteligentísima Leni Riefenstahal, que había realizado un excelente filme de preguerra, "Luz azul".

Es evidente que Leni se ganó la amistad y la voluntad del Führer, y un apoyo económico y político prácticamente ilimitado; a cuyo amparo pudo dirigir películas tan notables como "Los dioses del Estadio" exaltando los Juegos Olímpicos de Berlín, del año 1936 y "El Triunfo de la Voluntad", que su propia creadora presentó en la exposición universal de París de 1937. Pero es muy dudoso que existiesen relaciones intimas entre ambos. Después de la II GM, en 1959, Leni Riefenstahl aseguró que ella jamás había sido la amante del Führer.

Una visita de Leni Riefenstahl a Hitler

"En el vestíbulo saludé a Hitler y a su acompañante, Albert Bormann, hermano de Martin Bormann... antes de entrar en la sala de estar, Hitler pidió a su acompañante que le esperase y su doncella le condujo al bar rústico que se encontraba en el sótano. Entre tanto, Hitler fue conmigo a la espaciosa habitación que era al mismo tiempo sala de proyección.... Hitler parecía estar de excelente humor. Admiró la casa, el jardín, y sobre todo, la instalación interior, lo que me sorprendió un poco, porque tenía un estilo completamente diferente al de sus propias habitaciones.

- ¿Desea usted tomar cafe o te? le pregunté con cierta timidez.

- Haciendo una excepción, voy a tomar té, pero flojo, porque debo tener cuidado con mi estómago.

Helene había preparado en el jardín, bajo la pérgola cubierta, una mesa de té adornada con flores y sirvió orgullosa la tarta de manzanas hecha por ella misma.
 


- Raramente sucede -dijo Hitler- que pueda tomarme tiempo y pueda ser durante unas horas una persona privada. Ya se que también es usted muy activa, y apenas puede tener vida privada. Creo -continuó- que usted, lo mismo que yo, trabaja demasiado. Debería cuidarse más.

- Las personas como usted -dijo Hitler- están casi siempre solas. No lo tendrá usted fácil.

- Usted, para ser mujer, es extraordinariamente activa y dinámica. Esto actúa como un reto para muchos hombres y le crea a usted enemigos. También desaprobarán muchos los éxitos de usted y no sólo hombres. Probablemente sabe que incluso a mí me resulta difícil hacerle fácil su trabajo.

- Ya sabe cuánto la admiro y respeto, y es para mi una alegría estar en su compañía, pero desgraciadamente mis obligaciones no me permiten concederme este placer más a menudo.

- ¿Y su vida privada?

- Desde que decidí ser político, renuncié a mi vida privada.

- ¿Le ha resultado difícil?
- Muy difícil -respondió Hitler- especialmente si me encuentro con mujeres bellas que me gusta tener a mi alrededor. Pero no soy el tipo que encuentra placer en las aventuras triviales. ¿Cómo podría compaginar esto con mis obligaciones para con Alemania? ¡Cuánto habría de decepcionar a cualquier mujer, aun cuando la amara.

- Tengo la intención de crear una Alemania fuerte e independiente, un baluarte contra el comunismo, y esto sólo es posible mientras dure mi vida. Después de mi, no vendrá nadie que pueda hacerlo.

- ¿De dónde saca usted esa convicción?

- Es una vocación que percibo dentro de mí todos los días, una convulsión interna que me hace obrar así y no de otra manera...

- ¿Ha sido usted siempre vegetariano?

Dijo que no, y me contó vacilante que, después de un grave shock, nunca más había podido comer carne. Me arrepentí de mi pregunta, pero Hitler continuó diciendo:

- A Geli, mi sobrina, la quise demasiado. Creí que ya no podría seguir viviendo sin ella. Cuando la perdí, estuve días sin comer, desde entonces se me revuelve el estómago cuando veo carne, de la clase que sea.

- ¿Era Geli su primer amor?

Hitler se puso a hablar de mujeres a las que había amado antes de Geli:

- Mis asuntos amorosos - dijo- fueron casi siempre desafortunados. Las mujeres estaban casadas o querían casarse.

Yo no mencioné el nombre de Eva Braun. Pero él dijo que siempre le molestaba que algunas mujeres amenazaran con suicidarse para atarle. Sólo habría podido casarse con Geli. Le pregunté si le gustaba la linda inglesa Unity Mitford que, como sabía todo el mundo, estaba tan enamorada de él. Su respuesta me dejó sin habla:

- Esta muchacha es muy atractiva, pero yo no podría tener nunca una relación íntima con una extranjera, por hermosa que fuera. Mis sentimientos son tan nacionales, que sólo podría amar a una alemana -dijo, y añadió divertido- : ya veo que usted no lo comprende. Por lo demás para un matrimonio sería yo absolutamente inepto, porque no podría ser fiel. Entiendo a los grandes hombres que tienen una querida....

Aquella noche yo había sentido que Hitler me deseaba como mujer."

Fuente: Memorias, Leni Riefenstahl

 

La hija del Führer

Para algunos de los historiadores que han investigado la vida de Hitler, su gran pasión fue Sigrid von Lappus. Hitler conoció a esta mujer en el mes de julio de 1939, casi en el umbral de la guerra mundial.
Durante algún tiempo esta señorita residió el número 56 de la Tauentzienstrasse, y en algunas ocasiones, olvidando su natural reserva, acompañó al Führer en ceremonias oficiales. En uno de sus frecuentes viajes a Berlín, el conde Ciano se dio cuenta del hecho y remitió a Mussolini una nota informativa muy explícita: "El Führer está locamente enamorado de Fraülein Sigird von Lappus"

A finales de febrero de 1940, Goebbels y Himmler tuvieron información de que Sigrid estaba encinta. El famoso tocólogo alemán, doctor Hans Lubrecht, recibió el encargo de vigilar el embarazo, y bajo su prescripción la Fraülein von Lappus fue enviada a Garmish-Partenkirchen, para beneficiarse con los aires de la alta montaña. Pero el 23 de septiembre del mismo año llegaron a Berlín tristes nuevas. Sigrid había muerto, a consecuencia del parto de una niña, que solo sobrevivió dos escasas horas a su madre. El golpe impactó profundamente a Hitler, que estuvo varios días afectado.

 

Unity Mitford, la cuñada de Mosley

No hemos llegado todavía al final de esta enumeración de las mujeres que tuvieron alguna relación con Adolf Hitler. No podemos marginar a una romántica inglesa, Unity Motford, cuñada de sir Oswald Mosley, el fundador y alma del partido Fascista Británico. Antes de conocer personalmente a Hitler, escandalizó a la opinión publica inglesa, conduciendo por las carreteras de Europa con una enorme esvástica pintada en el techo de su automóvil. 

Unity Valkyrie Mitford, joven estudiante inglesa de 20 años, frecuentaba en 1935 la Cerveceria Bavaria de Munich puesto que le habían dicho que Hitler solía frecuentar ese establecimiento y su mayor deseo era conocer al canciller alemán. En efecto, la chica solía sentarse cerca del Führer y le miraba fijamente hasta que éste se dio cuenta y preguntó por la muchacha. El ayudante de Hitler ya se había informado sobre la muchacha y le dijo que se trataba de "una inglesa", y así consiguió que Joachim von Ribbentrop le presentara al Führer. Al momento Hitler la invitó a su mesa. A pesar de que Unity no hablaba nada de alemán ni el Führer inglés, éste quedó maravillado con la muchacha. A partir de entonces Unity formó parte de la vida de Hitler ya que sería invitada en Bayreuth, Berlín, Munich e incluso en Berchtesgaden, donde una celosa Eva Braun tuvo que tratarla. Hitler paseaba a menudo con ella e incluso la invitaba a las celebraciones del partido en Nuremberg en la tribuna de honor.

La joven se hizo una ferviente nacionalsocialista. Su hermana se casó con Mosley, el líder de los fascistas britanicos. La boda se realizó en Munich y Hitler invitó a los novios a cenar en su domicilio. Unity le dijo al Führer "Mi cuñado, mein Führer, debe aprender de usted".

Por supuesto Unity estaba tremendamente enamorada de Hitler. Lo cierto es que el Führer tomaba muy en serio a la joven. Le hizo entregar la insignia del Partido y le regaló un retrato dedicado que ella mostraba orgullosa. Alquiló un piso en Berlín, en el que permaneció incluso después de que Inglaterra declarase la guerra a Alemania.  Lo cierto es que la influencia de la jóven fue cada vez mayor ya que trató con políticos como Churchill, Edén o Chamberlain. Llegó a ser tan cercana a Adolf Hitler que los servicios secretos británicos de entonces, el llamado SIS, sabían que en torno a 1936 Unity Mitford veía mucho a Hitler cuando éste estaba en Múnich y decían de ella que era "más nazi que los nazis".

La mayor desgracia que le pudo ocurrir a Unity fue la declaración de guerra de Gran Bretaña a Alemania el 3 de Septiembre de 1939. A las pocas semanas recibió la orden tajante de regresar a su patria, y al negarse, las autoridades alemanas la enviaron a Inglaterra, via Holanda, donde fue recogida por su padre. Unity escribió una carta a Hitler y le devolvió la insignia del partido y la foto dedicada. Después se pegó un tiro tratándose de suicidar. Sin embargo no lo consiguió. Cuando Hitler se enteró mandó a los mejores médicos a atenderla. Los gastos corrieron a cargo del gobierno. El mismo médico de Hitler, Morell, la trató. Sin embargo a partir de entonces la joven quedó inconsciente. Hitler la visitó y ordenó que la trataran de forma preferente. Hasta la misma Eva Braun le envió flores. Unity murió en Inglaterra en 1948.
 

Eva Braun

Para el gran público, la mujer cuyo nombre se empareja siempre con el de Adolf Hitler es Eva Braun.
Todo ello es perfectamente lógico, habida cuenta de la resonancia universal que tuvo el matrimonio de Hitler con Fraülein Braun, en los sótanos de la Cancillería, y la posterior muerte de ambos.
Eva era la segunda hija de un profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Simbach, sobre el río Inn, cerca de Bruneau, lugar natal de Adolf Hitler. Su padre Fitz Braun, la había enviado a un colegio
católico, y al terminar su estudios obtuvo un puesto de vendedora en la tienda de aparatos fotográficos de Heinrich Hoffman, el fotógrafo personal del Führer.

A partir de 1930, Eva trabajó en aquel empleo con su hermana Gretel, que años después se casaría con el ayudante de Himmler, Fegelein. Allí la conoció Hitler. Segun Hoffman, la menor de las dos hermanas  Braun tenia una linda figura, unos ojos azules admirables, vestía bien y poseía una tenacidad pasmosa y una astucia típicamente femenina. A partir de entonces se inició aquella relación pseudoconyugal.


Durante algún tiempo Eva siguió viviendo en casa de sus padres, aunque reuniéndose cotidianamente con Hitler, pero luego se trasladó definitivamente a Berghof. Michael A, Mussamano, autor del libro "Diez dias para morir" entrevistó a los padres de Eva en Eisenaertz, después del hundimiento del Reich, los cuales afirmaban que Hitler jamás levanto la voz a su compañera, ni en los momentos más aciagos. La llamaba siempre cariñosamente, "Patscherli" y la colmaba de regalos.
Para el ayuda de cámara del Führer, Heinz LInge, era una mujer que se ganaba las simpatías por su extremada modestia. Se mantenía siempre a su lado, y procuraba que Hitler olvidara, aunque fuera por unos momentos, sus preocupaciones, y durante los años de la guerra solo utilizó su influjo sobre el Führer en contadas ocasiones.

A medida que las derrotas se acumulaban sobre Alemania, crecían los deseos de Eva Braun de acudir junto a Adolf Hitler. Según el ayuda de cámara Heinz Linge, a principios de 1945, el Führer obligó a Fraülein Braun a trasladarse a Munich, que ofrecía mayor seguridad. Pero a mediados de abril Eva se hallaba ya en los sótanos del Reich, mientras la artillería rusa se abatía sobre Berlín.


En la tarde del día 28 de abril, Hitler llamó a una de sus secretarias, para dictarle su última voluntad.
Expuso su deseo de contraer inmediato matrimonio con Eva Braun y la decisión de ambos de morir en el "bunker" para no caer en manos del enemigo. Gobbels hizo venir a un funcionario del Registro Civil, que militaba en las filas de la 'Volkssturn" y que se apellidaba Wagner.
Al término de la sobria ceremonia, los contrayentes firmaron el acta. Ella comenzó a escribir su nombre "Eva B...", sonrío, tacho lo escrito y puso "Eva Hitler".



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