"Europa no es un concepto geográfico
sino racial y cultural"
A. HITLER
LOS ORIGENES
En los años que precedieron la toma del poder, el N.S.D.A.P.
disponía de dos organizaciones paramilitares: las "Secciones de
Asalto" («Sturm Abteilung» o "S.A."); y los "Grupos de Protección
(«Schutz Staffel» o "S.S."). Como lo indican, por sus respectivos
nombres, la "SA" había sido creada para la lucha callejera contra
las brigadas armadas del Frente Rojo y la policía de la República
de Weimar, mientras que la "SS", tenía como misión proteger
a los jefes, las reuniones y los locales del Movimiento. Por supuesto,
en esta primera fase del proceso revolucionario, la ofensiva era mucho
más importante que la defensa y la SA desempeñaba un papel
preponderante.
La situación cambió una vez alcanzado el Poder. Ya no
había nada más que conquistar mediante la fuerza y por las
armas. Por el contrario, ahora era imprescindible asegurarse la protección,
no ya solamente del Partido, sino también del Estado; y, de modo
más general, de la Revolución. La SA tuvo que ceder el paso
a la SS, lo que algunos de sus jefes no aceptaron de buena gana. Esta situación
desembocó en la misma "Noche de los Cuchillos Largos", en la cual
HITLER sofocó violentamente, con la SS, un conato de sublevación
encabezado por ROEHM, Gregor STRASSER y otros. Esto aseguró, de
un modo definitivo, la supremacía del "Cuerpo Negro" («Schwarze
Korps»), dentro del Partido y del Estado. Supremacía esta
tanto más efectiva en cuanto que HITLER confió además
en el mando supremo de la policía, al mismo «Reichsführer-SS»
Heinrich HIMMLER. De esta forma, la fuerza de seguridad del propio Estado
pasó a depender de la sólida fuerza de seguridad del Movimiento.
Cuando Alemania, ante la guerra que visiblemente parecía se
aproximaba, ya empezó a rearmarse, sólo contaba con ese ejército
de cien mil hombres mal armados que el "Tratado de Versalles" le había
permitido conservar. Pero, éso sí, serían cien mil
hombres magníficamente instruidos, donde los meros soldados rasos
tenían una preparación similar a la de un buen suboficial
de otro país, y así habían sido seleccionados y bien
formados, por el anterior gobierno democrático... Muchos oficiales,
por otra parte, habían recibido su mejor instrucción en la
Unión Soviética. Por más que se hubieran reincorporado
oficiales y suboficiales de la Primera Guerra Mundial, casi todos rozando
los 50 años de edad, la nueva «Wehrmacht» (Poder armado),
encuadraba a muchísimos hombres cuya lealtad política era
altamente dudosa. Fue el fundamental motivo que obligará a HITLER
a crear la "SS"; como un ejército paralelo y muy fiel con el que
pudiera contar en cualquier circunstancia: Las «Waffen SS»
(SS armadas).
Y por cierto, no se trataba, ni de movilizar a los miembros de las
«Allgemeine SS» (SS generales; es decir, la SS del tiempo de
paz), indiscriminadamente, ni muchísimo menos, constituir con ellos
una especie de "policía militar", sino por el contrario de formar
un cuerpo de élite, que reuniendo una eficacia excepcional en el
campo de batalla a un óptimo ímpetu ideológico (el
derivado de su sincera identificación con el Nacionalsocialismo),
sirviera como de "punta de lanza" para la entera nación armada.
Semejante ejército sólo podía constituirse con voluntarios,
pero duramente seleccionados en función de su biotipo, su concepción
del mundo, su edad y ya tras ello, sometidos a un entrenamiento despiadado.
Por éso, la historia militar de la Segunda Guerra Mundial, es una
clara evidencia de lo que se logró en este campo.
El enorme conflicto de 1939 apareció, en un primer momento,
como otro más, del tipo clásico. Un «casus belli»,
provocado por la diplomacia inglesa en una frontera de Polonia; la declaración
de guerra al «Reich» por parte de Gran Bretaña y Francia,
fue en virtud del juego de sus alianzas y luego una campaña militar
que opuso a los ejércitos nacionales de ambos bandos. El pacto de
no agresión, firmado entre Alemania y la Unión Soviética,
reforzaba esta impresión. El Japón, aliado de los países
del Eje, mediante el pacto «Antikomintern», no se había
movido. Los Estados Unidos tampoco habían intervenido. Aún,
ni siquiera el ejército alemán, después de la campaña
de Francia, había intentado cruzar el canal de la Mancha para ocupar
una Gran Bretaña, ahora manifiestamente indefensa... Dicho con otras
palabras, todo parecía indicar que Alemania combatía meramente
para repeler una agresión provocada por la querella del corredor
de Dantzig. Pero las cosas cambiaron cuando, el 22 de junio
de 1941, se desencadenó la "Operación Barbarroja". La «Wehrmacht»
se adentró en territorio soviético. Aquí, ya no se
trataba de un "conflicto entre naciones" típico, que defendían
o aparentaban defender sus legítimos intereses, sino de un choque
de bandos ideológicamente ahora bien definidos: por un lado, los
países demoplutocráticos, liderados por los Estados Unidos,
con su aliado marxista; por el otro, una Europa nueva y revolucionaria,
encabezada por Alemania. Ya resultaba difícil permanecer neutral.
En casi todos los países del viejo continente entonces había
desde tiempo antes de la guerra, movimientos o partidos que, por su doctrina,
tenían bastante en común con el Nacional-Socialismo alemán.
Muy varios antisemitas, anticomunistas, anticapitalistas y antidemocráticos,
aspiraban a establecer regímenes más o menos revolucionarios
y a la vez, nacionalistas y socialistas. Algunos de ellos -como los de
Italia y España-, estaban el poder. Hasta, no sin reservas, se encontraban
en el mismo bando que Alemania. Otros, como Rumanía con su
"Guardia de Hierro", simpatizaban muy abiertamente con la política
de Berlín. Otros más, como Bélgica, con el "Rex",
estaban tironeados entre dos diferentes lealtades, la territorial y la
ideológica. Y no faltaban los que, en virtud de su nacionalismo,
manifestaban un antigermanismo rabioso, y en especial la "Acción
Francesa"; aunque cuya doctrina, vía Italia, había influido
de modo marcado en el Nacional-Socialismo alemán.
Había, en fin, diferentes movimientos nacionales cuyas posiciones
ideológicas no estaban aún claramente definidas, pero que
aspiran a la independencia de sus países, sometidos a un poder extranjero
que les oprime (el "V.N.V." flamenco, en Bélgica; o la "Ustascha"
croata, en Yugoslavia); y por éso no vacilarían en plegarse
a los postulados doctrinarios de quienes les dieran la libertad.
Las inquietudes suscitadas por el "Pacto Hitler-Stalin", con los comprensibles
escrúpulos nacionales, que paralizaban entonces a los movimientos
y partidos del tipo nacional-socialista, en los países no aliados
de Alemania, se desvanecieron en junio de 1941. Ya no se trataba de saber
por dónde debía correr una frontera muy discutida ni, en
los países que Alemania acababa de vencer, estar alimentando revanchismos
militares de otra época sino de combatir todos reunidos y aceptando
el liderazgo impuesto por la historia, contra el enemigo común y
de echar así los cimientos de la futura Europa unida que pregonaba
la propaganda alemana (a veces, no sin segundas intenciones, en estos primeros
momentos). En toda Europa occidental (menos en Portugal, por las presiones
de Gran Bretaña, y en Irlanda, por razones geográficas),
los Estados o Movimientos crearon legiones de voluntarios que se pusieron
a las órdenes del alto mando alemán. Simbólicamente,
justo la primera de ellas fue la "L.V.F." (o sea la "Legión de los
Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo"). Luego, no tardaron en constituirse
las unidades formadas por los prisioneros de guerra soviéticos (pertenecientes
a las diversas nacionalidades de la U.R.S.S.; sometidas por ella) muchos
de los cuales se rindieron y habían entregado sin combate; precisamente
con el propósito de alistarse en el Ejército Alemán.
Así la "Legión Armenia", la "Legión Tártara"
y varios regimientos de cosacos, etc., etc.; y ésto sin hablar de
los ucranianos, como de los rusos propiamente dichos. Esto a pesar de las
vacilaciones y, a veces, de la total incoherencia de las autoridades alemanas,
que fluctuaban entre una "política de nacionalidades", que tendía
a dividir el antiguo Imperio Ruso, y el apoyo a los nacionalistas panrusos
del General VLASOW... Mencionemos aún los «Schutzkorps»,
formados en Servia, pero con rusos blancos, y donde se alcanzaron los efectivos
de una división.
De todas estas unidades, dos tenían, desde el punto de vista
jurídico, un estatuto especial, pues habían sido creadas
por unos Estados soberanos: la "Legión de los Voluntarios Franceses
contra el Bolchevismo", y la "División Azul" española. Las
demás estaban constituidas en países ya ocupados por el ejército
alemán, y sólo dependían de este último. Pero
este matiz en lo legal desaparecía en el terreno práctico;
puesto que, todas resultaban incorporadas en la «Wehrmacht»
como regimientos regulares.
Decir que el "O.K.W." (Gran Estado Mayor Alemán), se alegró
mucho de la llegada de esos voluntarios extranjeros sería un neto
abuso de palabra... Si la incorporación de los que hablaban algún
idioma germánico no suscitó mayores aprensiones, no paso
lo mismo con los franceses y los valones. El Alto Mando Militar Alemán
era radicalmente pan-germanista, no nacionalsocialista; así, para
él, la mera lingüística primaba, evidentemente, sobre
la raza. No muy diferente, por otro lado, era la evidente actitud de muchos
altos funcionarios del Estado e, inclusive, de altos jefes del Partido.
¿Cómo explicar, si no, que Alemania haya retenido, hasta
el final no sólo a 2.500.000 prisioneros de guerra franceses, sino
también a los mismos valones, cuando liberó de inmediato
a los flamencos? La frase que se atribuía al General VON BRAUCHITSCH
que por aquel entonces era comandante en jefe de la «Wehrmacht»,
sea la hubiera pronunciado o no, era: "¿Franceses?. Les haremos
descargar bolsas de papas" y ésto reflejaba perfectamente la mentalidad
imperante. ¿No había sido el reclutamiento para la "L.V.F."
concienzudamente frenado por la embajada alemana en París; e incluso
solapadamente saboteado por el Servicio de Sanidad de la «Wehrmacht»?.
Nada más comprensible, por lo demás. Porque todos los oficiales
superiores del ejército alemán, excombatientes de la Primera
Guerra Mundial, sólo veían en esta Segunda una simple revancha
patriótica. Y así, "Europa" no pasaba para ellos, de ser
"un hábil falso invento del diabólico Dr. GOEBBELS".
No así, por cierto, el «SS-Reichsführer», Heinrich
HIMMLER, que sí que creía en Europa. Una Europa, sin duda,
bajo conducción alemana, pero una Europa federativa, y en la cual,
cada comunidad de raza aria tendría los mismos derechos y obligaciones
que todas las demás. HIMMLER en persona y muy de cerca, seguía
la actuación de las legiones de voluntarios extranjeros y, en especial,
de las que no pertenecían al "mundo de habla germana". Quedó
estupefacto cuando comprobó el comunicado del Ejército Rojo:
"En el río Bobr, unas unidades blindadas pertenecientes al segundo
frente de Rusia Blanca han tropezado con la resistencia encarnizada de
dos bravas divisiones francesas". ¿Dos divisiones francesas? ¡Tres
compañías de la "L.V.F." y que durante tres días,
habían detenido el avance de todo un ejército!.
HIMMLER quería hacer a esta gran Europa. ¿Por qué
no empezar con forjar un gran ejército europeo?. ¿Por qué
no abrir las filas de las «Waffen SS» para todos los voluntarios,
aunque no alemanes pero del mundo occidental, unidos por una raza, una
civilización, y una historia comunes?. HIMMLER no ignoraba, por
cierto, que iba a tropezar con muchas resistencias, en su mismo Estado
Mayor. Con los escandinavos y hasta con los holandeses y flamencos, no
había habido problemas: eran "especies de alemanes". Con los bosníacos,
tampoco sería difícil: su país ya había formado
parte del imperio austrohúngaro. Pero, ¿y con los ex-enemigos?
HIMMLER no temía las resistencias y hasta estaba acostumbrado a
quebrarlas... Decidió, pues, constituir la "brigada de asalto francesa".
Ya hacía tiempo que Joseph DARNAND, jefe de la Milicia Francesa
-una organización paramilitar ya creada por el mariscal PETAIN-
se lo había pedido.
Un año va pasando, y desde ese mes de septiembre de 1943 que
vió nacer la «Sturmbrigade Frankreich», se constituyen
otras más, rápidamente, como unidades diferenciadas. Pero
el gran cambio se da en 1944, como consecuencia del atentado contra el
«Führer»... Altos jefes del ejército regular han
tomado parte en la traición. Con ello, la «Wehrmacht»
ya no es segura al «Reich». HITLER sólo puede contar
incondicionalmente con las «Waffen SS»; también con
las unidades de no alemanes, pero voluntarios y que combaten por sus ideales
nacionalsocialistas. HIMMLER rápidamente aprovechará la oportunidad:
Presenta al «Führer», que lo firma sin vacilar, un decreto
por el que pasan a la «Waffen SS» todas las unidades no alemanas
de la «Wehrmacht», salvo las que se constituyen con voluntarios
oriundos de la Unión Soviética, y para las que esta incorporación
será selectiva. Se reagrupan, por nacionalidad, a elementos dispersos.
Así se reúnen la "L.V.F." (Regimiento 638, de la «Wehrmacht»),
la "Brigada de Asalto Francia" con unidades de la "Milicia Francesa", replegadas
en Alemania, en la llamada "División de Granaderos Blindados de
las Waffen SS Carlomagno". Inclusive, se incorporan en las «Waffen
SS», unidades militares propias y procedentes de países antes
aliados -Italia, Hungría, Rumania-, cuyos gobiernos han caído
o vacilado.
A fines de 1944, al lado de dieciséis divisiones alemanas, la
«Waffen SS», comporta tres divisiones de «Volkdeutsche»
(son la «Prinz Eugen» o "VII División Alpina"; la «Maria
Theresia» o "XXII División de Caballería" y la «Karstjager»,
"XXIV División Alpina), y diecisiete de otro origen: dos son predominantemente
escandinavas (la «Wiking» o "V División Blindada", y
«Nordland» u "XI División Blindada"), dos croatas, formadas
con musulmanes de Bosnia (la «Handschar» o "XIII División
Alpina", y la «Kama» o "XXII División"), una ucraniana
(«Galizien» o "XIV División"), dos letonas (la «Lettland»
o "XV División" y la «Latvia» o "XIX División"),
una estonia («Estland» o "XX División"), una albanesa
(la «Skanderbeg» o "XXI 21º División Alpina"),
tres húngaras (la «Hunyadi» o "XXV División",
la «Hungaria» o "XXVI División", con una tercera
División en formación, sin nombre ni número oficial),
una flamenca (la «Langemarck» o "XXVII División"), una
valona (la «Wallonie» o "XXVIII División"), una italiana
(la «Italia», como la "XXIX División"), una rutena (la
«Sigling» -antes, denominada como la «Weissruthenien»-,
o "XXX División"), una francesa, pero que incorpora, además,
a miles de españoles de la «Legión Azul», producto
de la "División Azul" o 250 División de la «Wehrmacht»,
tras desaparecer oficialmente la ayuda del régimen franquista al
«Reich» (la «Charlemagne» o "XXXIII División"),
y dos holandesas (la «Nederland» o "XXIII División"
y la «Landstorm Nederland» o "XXXIV División").
A esas grandes unidades, hay que agregar otras unidades que son igualmente
de las «Waffen SS», como una "Brigada de Asalto", rusa-blanca;
un "Batallón de Esquiadores", noruego; un "Batallón Servio",
un "Batallón" de griegos, dos "Batallones" de rumanos", dos "Batallones"
de búlgaros, un "Batallón" de bretones, además de
las "Legiones de Voluntarios Caucasianos", una "Legión Hindú"
y numerosos "Einsatzgruppen" de muy distintas nacionalidades (y, a menudo,
multinacionales). Sin hablar ya de las tres "Divisiones Montadas", de caballería
cosaca que gozarían, en las «Waffen SS», de un estatuto
especial y «sui generis».
Merece una mención aparte la gran «Sankt Kreuz»
de polacos, una "Brigada" (aunque en realidad un regimiento), y constituida
por prisioneros, hechos tras la sublevación de Varsovia. Cuando
se vieron abandonados a su suerte por los ejércitos soviéticos,
detenidos y voluntariamente inactivos al otro lado del Vístula,
muchísimos de estos combatientes polacos habían comprendido,
en el último momento, cuáles eran sus peores enemigos y tras
ello, como las «Waffen SS» les abrió sus filas, se encuadraron
dentro de ellas y en ellas que lucharon hasta el final de la guerra.
A principios de mayo de 1945, justo antes del final, todas las unidades
militares del "Cuerpo Negro" contaban con alrededor de 400.000 combatientes;
pero, de estos, más de la mitad no eran alemanes. Así, del
millón de hombres que, a lo largo de la guerra sirvieron en las
«Waffen SS», 400.000 eran alemanes del «Reich»
y 300.000 «Volkdeutsche» (los "racialmente alemanes"), mientras
que 300.000 pertenecían a otras naciones arias. Esto dicho en números
redondos, sumamente aproximativos. NOTA.- La proporción existente
entre solicitantes y admitidos a las «Waffen SS», no superó
jamás al 10%; o sea, 9 de cada 10, no lograban ingresar en ésta
élite.
SOLDADOS POLÍTICOS
Desde el punto de vista militar, las unidades de la «Waffen SS»
se distinguían por su extraordinaria agresividad y eficacia. Tales
características provenían, en primer lugar, de una severa
selección de los hombres. Así, todos ellos eran muy jóvenes
y de constitución robusta. Pero después, el duro entrenamiento
al que se les sometía -aquel viejo «drill» de los ejércitos
de Luis XV, adoptado por Federico Guillermo-, eliminaba de ellos a los
menos resistentes, tanto desde el punto moral como físico; y convertía
a los demás en verdaderos atletas olímpicos, de músculos
tensos, y siempre listos para saltar hacia adelante... Pero, sobre todo,
se trataba de convencidos voluntarios. Sólo ya a partir de 1945,
fueron incorporados en las unidades alemanas hombres conscriptos pero muy
bien elegidos y que además tenían muy poderosos motivos para
combatir.
Es ésta una tropa de élite, mejor instruida y mejor armada
que las demás unidades clásicas de la «Wehrmacht»,
la «Waffen SS» siempre ocupaba en combate las posiciones de
mayor peligro y sus jefes reivindicaban, para ella, el gran honor de encabezar
todos los ataques. Los Estados Mayores la respetaban, por cierto, pero
sin que esto excluyera alguna tirantez cuyos motivos eran varios. Por un
lado, existía alguna envidia ante "los privilegios" de que gozaba
en cuanto a armamento. Por otro, cierto desprecio por sus oficiales, con
formación técnica que resultaba, académicamente, en
comparación, un tanto deficiente. Por fin, el rechazo normal, provocado
por el "espíritu de cuerpo", de todo este modo de vida y de combatir,
típicos de la «Waffen SS», demasiado diferente del clásico
que formaba parte de las tradiciones del ejército alemán.
Por su parte, los hombres de la «Waffen-SS» tendían
a considerar como "burgueses" a los soldados regulares de la «Wehrmacht»;
que, por cierto, cumplían muy bien con su deber, aunque, en conjunto,
con un ímpetu y un grado de eficacia inferiores a los de ellos.
Los oficiales de la «Waffen-SS tenían procedencias sumamente
diversas. Algunos conservaban los mismos grados alcanzados antes, en la
«Allgemeine SS» y tan sólo un período de instrucción
bélica muy intensa y acelerada, había precedido a su incorporación
real, de hecho, en una unidad combatiente. Para otros voluntarios, sin
esos antecedentes paramilitares en la «Allgemeine SS», no se
les reconocían los grados anteriormente obtenidos, por ellos, en
sus respectivos ejércitos nacionales, y ésto cualquiera que
fuese su nacionalidad. Así, se mandaba a los seleccionados y que
cumplían los requisitos establecidos, fueran o no oficiales anteriormente,
como simples cadetes a escuelas especiales, siendo la más célebre
la de Bad Tölz. Esto hasta 1943. Posteriormente, hubo excepciones
que, después, se multiplicaron rápidamente: no era posible
enviar a un coronel, a un comandante u oficial de carrera de un ejército
serio, cubierto de condecoraciones ganadas en combate, pasar tres meses
a "arrastrarse en el barro", a las órdenes de un suboficial instructor
de veintidós años. Los comandos especiales y de élite,
por su parte, exigían un tipo de hombre específico que se
hubiera plegado bien difícilmente a una disciplina "tropera" y antinómica
con lo que se les exigiría después. Bastante más tarde,
ya cuando se incorporaron a las «Waffen-SS», otros combatientes
de unidades de la «Wehrmacht» (algunas de ellas alemanas, pero
muchas más que no lo eran), hubo que reconocer los grados de sus
oficiales, para reconvertirlos en unos similares, dentro de la «Waffen
SS». Pero, lo que se les pedía a los cuadros de mando, no
era tan sólo tener una adecuada formación académica
y demostrable por lo demás, sino caracter, capacidad de mando y
coraje. Esa política de exigencias daba los mejores resultados.
Los militares de los Estados Mayores no conseguían entender como
se las "podía arreglar" un comandante de ejército, como Sepp
DIETRICH y al que tildaban de ser "oficial de barricada", para desempeñarse
de un modo más eficaz que muchos generales diplomados.
Para decir la verdad, dentro de la «Waffen-SS», el grado
era casi lo de menos. En las unidades alemanas de la SS, la jerarquía
estaba calcada de la que ya se estilaba, tradicionalmente, en los ejércitos
regulares; tan sólo que, en éstas, los oficiales sirven con
el grado inferior al que por norma, les hubiera correspondido a su función.
Así, una División estaba al mando de un General de Brigada
y no uno de División; y un Batallón, queda a las órdenes
de un capitán, etc., etc... Eso era, en la teoría; ya que,
en la realidad y como regla general, no se ascendía en campaña.
Además, como el "plazo de vida promedio" para un oficial SS en el
frente era de tres meses, allí era muy común encontrar toda
una Compañía al mando de un sargento. En las unidades no
alemanas de la SS aún era mucho mayor la pobreza en estrellas. Nadie,
en ellas, procede de la «Allgemeine SS» y no tenía un
grado político anterior, para reconvertirlo en grado militar; además,
por razón de edad, pocos eran los oficiales superiores que se habían
alistado... Por otro lado, y a pesar de la idea de HIMMLER, el espíritu
pangermanista no estaba del todo ausente en el «SS-Hauptamt»
(Oficina que hace funciones de Estado Mayor en las SS), donde se regateaban
muchos ascensos a los "extranjeros". Así, León DEGRELLE,
el Comandante de la División «Valonia», sirvió
con el grado de Mayor, obtenido anteriormente a la incorporación
de la unidad en la «Waffen-SS, casi hasta el final de la contienda
mundial. Cuando el Coronel PUAUD, oficial de carrera del Ejército
Francés y Comandante de la "L.V.F.", fue nombrado por su gobierno
General de Brigada y comandante de la División «Carlomagno»,
se desenterró, para no darle la jerarquía equivalente -el
de «Brigadeführer»- un viejo grado casi olvidado -el de
«Oberführer»-, de la «Allgemeine SS»
Algunos «Einsatzgruppen» y durante dos años y más
estuvieron al mando del mismo «Unterstumführer» (literalmente,
equivaldría al de Subteniente en un ejército regular; y era,
en realidad, sólo el segundo grado de la jerarquía, para
oficiales «Waffen SS»).
Ya lo hemos dicho: el grado era lo de menos. El tratamiento de "camarada"
que se mantuvo y daban entre sí aquellos oficiales SS, expresaba
claramente una sólida fraternidad que, lejos de ir en desmedro del
respeto, por el contrario lo reforzaba. Incluso, la distancia entre todos
los oficiales, suboficiales y soldados, se marcaba mucho menos que en los
ejércitos profesionales, donde es herencia de una época en
que aquellos eran nobles voluntarios y la tropa estaba formada de mercenarios,
cuando no por forzosos enrolados. Pero, en la «Waffen SS» el
oficial comía y dormía con sus hombres, estando en campaña.
En combate, siempre ocuparía el lugar de mayor peligro y encabezaba
todos los asaltos.
Pero esa tal camaradería no provocaba el menor relajamiento
de la disciplina. Considerada desde afuera, es vista como la más
feroz; cuando, por parte de los voluntarios, es algo espontáneo.
Y así, muchas faltas leves se sancionan con castigos colectivos;
mientras que otras faltas graves, como las contra la disciplina, con el
internamiento en un campo de concentración especial donde el culpable
particular, encontraba la oportunidad de corregirse. Las faltas más
graves, que lo son contra la seguridad o el honor común (incluyen
robo, saqueo, violencias gratuitas y violación), se castigan con
la muerte. Esta gran severidad dura y despiadada pero libremente aceptada,
era contrapartida a pagar por el honor de pertenecer a un cuerpo de élite.
Cuerpo de élite. Más la «Waffen-SS» no lo
era sólo desde el mero punto de vista militar, sino, más
bien, toda esta capacidad combativa era la consecuencia de su carácter
de milicia política. Los alemanes, movilizados de cualquier modo
y al optar por ella, demostraban su fervor nacionalsocialista; y
lo hacían dentro del marco tradicional y, casi diríamos,
"convencional" de su nación. Pero, los voluntarios de otros países,
éstos que hubieran podido permanecer tranquilamente en su casa,
manifestaban así, voluntad especial para combatir y, eventualmente,
de morir, por una causa revolucionaria que implicaba, no sólo una
función de futuro, sino también la superación de viejos
hábitos y viejos sentimientos.
Desde hacía más de ciento cincuenta años, tras
la Revolución Francesa, los europeos estaban acostumbrados a vivir
y a combatir en el marco de dinastias y meras naciones, a menudo artificiales,
que se enfrentaban periódicamente por cuestiones de supremacías,
de frontera o de competencia económica. El nacionalismo jacobino
había suplantado aquellos antiguos vínculos feudales y destruido
el pluralismo cultural y en particular, lingüístico, que le
daba a aquella Europa anterior a la mal llamada "Revolución Francesa"
(ya que, en realidad, fue sólo una subversión), esa incomparable
civilización, a la vez una y variada. Las anexiones a Francia del
territorio de Alsacia, realizada, en el siglo XVII, por Luis XIV; y de
Lorena, por Luis XV, en el siglo XVIII, habían significado, para
estas "provincias", un mero cambio de soberano. Pero después en
1871, por el contrario, la reincorporación de Alsacia y Lorena al
Imperio alemán, había sido un verdadero "despedazamiento"
para Francia; por que, aquel gran patriotismo francés ya no se refería
a una cierta "tierra de los padres", a lo que se vuelve a llamar, hoy día,
la patria carnal, sino a un ente mítico inventado, sobre la base
de "realidades" nobles pero muy parciales, por ideólogos racionalistas.
Así, en 1939, todos los europeos, en mayor o menor medida, habían
recibido desde la escuela primaria que tanto había contribuido a
imponerlo, la impronta de este especial patriotismo "laico y obligatorio".
Entonces en el año 1914, nadie se escapaba de los efectos del ambiente
sentimental así creado, que era igual tanto los socialistas internacionalistas
de ambos lados del Rhin, que habían respondido con entusiasmo, al
llamado de movilización, como para los nacionalistas que, aún
renegando de todas las ideas democráticas, no por eso dejaban de
actuar así; y no podían obrar de otra manera, so pena de
rechazar las condiciones impuestas por la historia, en el marco de unas
artificiales fronteras, trazadas o, por lo menos, hechas sacrosantas por
la burguesía liberal. Así MAURRAS, maestro de «Acción
Francesa», echaba de menos el Imperio Romano y la Cristiandad medieval;
y pregonaba, aquí para Francia, un federalismo que reivindicaba
unas autonomías regionales, pero, al mismo tiempo, vituperaba a
una Alemania con mucho más odio que razones. En el «Mein Kampf»,
HITLER tampoco expresaba "profundos sentimientos de ternura", exactamente,
para con Francia...
En 1941 la situación ya no era la del siglo XIX, por cierto.
La Europa de las Naciones, que medio siglo antes hacía la ley en
el mundo entero, estaba amenazada en su misma existencia por dos potencias
en plena expansión: la Unión Soviética, al este; y
los Estados Unidos, al oeste. Potencias rivales, éstas, pero aliadas,
que no escondían su propósito de dominación mundial.
Como en los Campos Cataláunicos, ante los hunos, o en España
ante los árabes, que no remontan Poitiers, Europa debía unirse,
aún por encima de los malos recuerdos e incluso de legítimos
antagonismos locales. Los hombres de la «Waffen-SS» habían
entendido bien ésto, desde el principio... Pero no fueron a pelear
para defender una Europa que ya no existía, ni menos algunos de
sus hermosos restos, sino para reconstruir, sobre la base de la herencia
plenamente asumida a una comunidad multinacional y que, gracias a nuevas
estructuras adaptadas a las exigencias de la historia, pudiera ser dueña
de su destino. Por eso, los voluntarios no eran, ni unos mercenarios indiferentes,
ni conscriptos impelidos por un rancio patriotismo sentimental, sino soldados
políticos.
SANGRE Y SUELO
¿Qué es Europa, para el hombre de la «Waffen SS»?.
Para éste Europa es, ante todo, una verdadera comunidad racial.
Bien podrán los antropólogos seguir discutiendo, sin una
solución a la vista, para saber por fin si los seres humanos tienen
un "origen común", o sea, constituyen una especie; o si, por el
contrario, proceden de unas "corrientes evolutivas distintas"; y por lo
tanto, forman "especies múltiples". Pero lo que aquí interesa
es comprobar que, desde los lejanos albores de la prehistoria, ya existen
conocidos conjuntos endogámicos y provistos de una dotación
genética común. Así, la gran familia humana de la
especie blanca se divide en dos razas principales -arios y semitas-; y
la raza aria agrupa a tres subrazas fundamentales: nórdicos, alpinos
y mediterráneos... Bien podrán los científicos indicarnos
que, y hasta demostrarnos como, en el transcurso de estos muchos milenios
pasados, pueden algunos genes de amarillos haberse introducido y perpetuado
en dotaciones hereditarias propias de alpinos y nórdicos; y como
genes semitas, lo han logrado en la de los mediterráneos. Bien podrán,
con mucha razón, hacernos notar como, desde hace siglos y con un
ritmo cada vez más acelerado, las tres subrazas arias se van mezclando.
Todo ésto es sumamente interesante, desde el punto de vista académico,
pero realmente no afecta a la cuestión, ya que un conjunto racial
se define, no en función de su fidelidad a su lejano origen, sino
por los caracteres que hacen reconocibles a sus individuos dentro de un
grado de homogeneidad de su dotación hereditaria.
Es así como toda la población europea actual evidencia
tener un sustrato genético que determina sin duda su diferencia
con las diferentes comunidades raciales no arias. Además, las variaciones
que se evidencian en su seno son secundarias, aunque susceptibles de una
valoración comparativa, pero resultando sernos provechosas ya que
abren mayor abanico de potencialidades que el más limitado y procedente
de una completa uniformidad genética. Pero tan feliz situación
se da sólo en la medida en que los caracteres genéticos diferenciales
son complementarios y no antagónicos.
De ahí que toda mezcla con elementos alógenos incompatibles
sea siempre negativa. Así, éstas que tuvieron lugar en el
pasado causaron claras decadencias (por ejemplo, la del Imperio Romano)
y ya no se puede remediar. Pero sí dependerá de nosotros
impedir toda nueva mestización masiva. Ahora bien, Europa alberga,
desde hace cientos de años, a dos conjuntos raciales alógenos:
uno que no tiene la mayor importancia, en razón de su bajo nivel
social, y tendencia endogámica, es el de los gitanos; otro es el
de los, en sus diferentes ramas, judíos, resulta mucho más
peligroso por su capacidad de infiltración por rama femenina y su
enorme afán de predominio. Tal era, por lo menos, en los años
40; y en parte ambos grupos y los riesgos raciales que traían estaban
asumidos. Pero esta situación se ha ido agravando y haciéndose
peligrosa, en especial, desde el final de la guerra, con la inmigración
de muchedumbres no blancas de otros continentes.
Mantener la unidad de sangre de los europeos y la necesidad de defender
esta genuina dotación genética común contra posibles
mestizaciones, constituían una base indiscutible del pensamiento
de los voluntarios SS. Lo cual, por cierto, no implicaba, ni por parte
de ellos, personalmente, ni por parte del "Cuerpo Negro", hostilidad alguna
con respecto a las demás razas. Queda evidente que ni los uzbekos,
ni los armenios, ni los actuales hindúes son arios. Sin embargo,
unidades de tales procedencias pertenecían a la «Waffen-SS»;
y en igualdad de condiciones con las europeas. Allí se respetaban
y cultivaban las diferencias raciales. Lo que no se aceptaba era aquel
mundo gris de bastardos, que pregonaban los celosos propagandistas del
caos étnico. Ni, por supuesto, el predominio de una raza de parásitos
por sobre las demás.
Tal profundo respeto por la personalidad racial de todos los conjuntos
humanos tampoco significaba, sin embargo, la aceptación de una supuesta
y monótona igualdad entre ellos. Aunque se conoce como todos habían
tenido las mismas oportunidades para progresar, más o menos, en
la Edad de las Cavernas, no todos supieron lograr aprovecharlas. Unas han
creado civilizaciones del más alto nivel, mientras que otras han
vivido del mismo modo que sus antepasados del paleolítico, desde
aquel entonces; y si hoy las razas parecen ser algo más "iguales"
es por copia o imposiciones de lo ajeno... Entre las razas creadoras, la
aria se ha destacado especialmente; a lo largo de los milenios y, dentro
de la raza aria, la subraza nórdica siempre ha desempeñado
un papel preponderante. Es decir, ni la supremacía aria, ni el liderazgo
nórdico han nacido de las cavilaciones de tal o cual ideólogo,
sino que son simples hechos que evidencia la historia.
La sangre (indicando, con poesía, toda la dotación genética
hereditaria de un pueblo), constituye el factor primordial de su afirmación.
Primordial sí; pero no único. En efecto, tal dotación
esta hecha de potencialidades pero que se actualizarán o no según
las condiciones externas impuestas por el medio ambiente. De ahí
la importancia de un territorio, con su situación, su extensión,
su clima, etc..., para permitir o no, la proyección histórica
de un determinado pueblo. De ahí que todo pueblo genéticamente
capaz siempre haya luchado para adquirir y conservar el territorio que
necesitaba indispensablemente, o sea: su "Espacio Vital". No sólo
el territorio suficiente, en donde pudiera ubicar cómodamente una
población y encontrar aquellos productos alimenticios y materias
primas imprescindibles, sino también el que le asegurara disponer
de seguras fronteras de fácil defensa y acceso libre al mar. Las
naciones históricas de Europa nacieron como fruto de una secular
lucha de pueblos fuertes para conquistar su espacio vital.
Pero el surgimiento de las nuevas "superpotencias" obligaba a esas
naciones a olvidar sus pequeños conflictos territoriales, ya carentes
de significado geopolítico... Esto no era fácil, sin embargo,
pues el raro nacionalismo jacobino había tenido tiempo, en ciento
cincuenta años, de crear en todas las mentes un nuevo concepto y
unos nuevos sentimientos de Patria, por artificiales que fueran. Era especialmente
difícil para Alemania cuya unidad cultural siempre había
sobrepasado las fronteras del territorio políticamente ya unificado.
No es por casualidad que la palabra alemana «Volk» no expresa
a un conjunto de habitantes asentados en determinado territorio geográfico,
así como lo hace "pueblo" y otros vocablos derivados del «populus»
latino, sino más bien a una comunidad de tradiciones, de sentimientos,
de costumbres, de idioma, etc... Para dar un ejemplo, un bretón,
un provenzal o un vasco-francés, son unos pueblos de Francia por
obra de un Estado francés, federador y centralizador, pero no son
franceses. Mientras que prusianos, hanoverianos, wurtembergueses, etc.,
eran pueblos alemanes, mucho antes de que existiera un Estado alemán.
Si agregamos que el Nacional-Socialismo surgió en Alemania,
como reacción contra el «Tratado de Versalles» que había
quitado al «Reich» gran parte de su natural territorio, se
entenderá muy fácilmente por qué la política
de A. HITLER fue ambigua en este campo y por qué al mismo tiempo
que anunciaba una Europa futura, se empeñaba en reconstruir aquella
Alemania pasada, anexionando el Schleswig "danés" y, a pesar del
convenio del "Armisticio de Compiègne", también Elsatz-Alsacia
y Lorein-Lorena, llegándose, en este último caso, a expulsar
a sus habitantes o repobladores últimos de habla francesa, gente
tan ario, por cierto, y hasta tan nórdica, como los demás
de habla alemana. «Volk» y «Rasse» eran unos criterios
fácilmente interpretables como antagónicos. Sólo con
una lentitud relativa el «Führer» y sus colaboradores,
fueron aclarando conceptos y pasando del primero al segundo.
En la «Waffen-SS» se sufrió la misma evolución,
pero mucho más rápidamente. Si en su Estado Mayor, el Pangermanismo
siguió prepotente hasta el final, frenando el proceso natural mediante
pequeños vejámenes, con respecto a los voluntarios no alemanes,
tampoco dejaban de influir en la mente de estos últimos iguales
resabios del pasado. Casi todos ellos procedían de "movimientos
nacionalistas" y lo propio de todo nacionalismo era el mantener un antagonismo
artificial con el nacionalismo vecino. Así, para muchos húngaros
nacionalistas, Rumania seguía siendo el enemigo por antonomasia;
como Servia para muchos croatas y Valonia para muchos flamencos. Por otro
lado, las unidades no alemanas de la «Wehrmacht» a menudo habían
sufrido, antes de su transformación en nuevas «Waffen-SS»,
los efectos de la hostilidad, no siempre disimulada, que les manifestaban
diversos oficiales alemanes de vieja formación y para quienes los
voluntarios extranjeros eran realmente una especie de traidores a sus respectivas
patrias... También, el cambiar de «Spiegel» en el cuello
de la guerrera no podía bastar para eliminar, del todo y de la noche
a la mañana, las reservas y hasta los resentimientos nacionalistas
que muchos no alemanes, albergaban en la mente, desde que eran sólo
niños, con respecto a las "cabezas cuadradas".
Pero tal situación se modificó del todo, a partir de
1943, cuando los voluntarios no alemanes pudieron entrar directamente incorporados
en unidades SS. Estos, en efecto, recibían toda su instrucción
militar juntos, en varios campos multinacionales y, también los
futuros oficiales y suboficiales, en escuelas donde alemanes y no alemanes
estaban cuidadosamente mezclados. A esta instrucción, por otro lado,
se agregaba la formación doctrinaria especial que iba de lo moral
a lo político, siempre basada en la raza. En las clases de «Weltanchauung»
("Concepción del Mundo"), se les enseñaba que los arios siempre
habían sido, a lo largo de la Historia, los Creadores de Civilizaciones;
y que las virtudes de Heroísmo y Servicio al Conjunto habían
resultado los factores de su superioridad; que gracias al fiel respeto
de la Tradición, y al sincero apego de la Tierra, se les había
permitido superar las peores adversidades; que comprender bien el «Führerprinzip»
(Sistema de Comportamiento; donde toda la autoridad debe quedar en manos
del responsable ante los demás), había constituido el secreto
de sus éxitos. Se les definían los enemigos comunes de Europa:
la democracia niveladora, la plutocracia explotadora, la masonería
corruptora, el marxismo envilecedor y, sobre todo, el judaísmo que
instrumentaba todos los demás factores de decadencia para afirmar,
en escala del mundo, su supremacía racial.
Nadie, por cierto, tenía por qué renegar de su nacionalidad
histórica. Pero el hombre de la «Waffen-SS» sabía
que Europa era una en su esencia, que todos, griegos, romanos, celtas,
germanos y eslavos no habían creado sino formas diversas, -enriquecedoras
por su misma variedad- de una misma civilización, que también
la Cristiandad medieval, a pesar de las luchas feudales (y en parte por
ellas), había manifestado, y en el más alto nivel, la unidad
profunda del continente; que tan sólo llegándose al siglo
XVIII, la descastada burguesía demoplutocrática había
logrado suscitar, entre aquellos pueblos hermanos una hostilidad artificial.
En el marco de la Europa reunificada, por la cual todos iban a luchar,
los voluntarios SS podían conservar sus preferencias nacionales:
franceses, o bretones, occitanos, flamencos, etc.; escandinavos, o suecos,
noruegos, daneses; belgas, o flamencos de los Grandes Países Bajos,
o "borgoñones". La historia decidiría...
La misma flexibilidad se manifestaba en el orden religioso. La «Waffen-SS»
era decididamente hostil con el judeocristianismo llorón de la Reforma
y de la democracia cristiana. Algunos de sus teóricos afirmaban
que Jesús sólo había sido un «rabí»
esenio más y toda su prédica se podía resumir en ese
«Sermón de la Montaña», tan populachero y envilecedor;
pero otros teóricos, amparados en la autoridad de Houston Stewart
CHAMBERLAIN, Jesús fue realmente un galileo (es decir, un ario);
un nacionalsocialista de su época que había luchado contra
el mundo de los judíos y por éso, éstos lo habían
hecho crucificar; y ya posteriormente utilizar al judío San Pablo
para que difundiera sus enseñanzas, una vez deformadas, y poder
así, zapar los cimientos morales y políticos del Imperio
Romano. En el «SS-Hauptamt», había fanáticos
paganos exacerbados que protestaron mucho cuando la división francesa
tomó el nombre de «Carlomagno». Este emperador franco
del Occidente, y nombrado por el Pontífice de Roma, dominaba Francia,
Germania e Italia en nombre del Cristianismo, e impuso cruelmente esta
fe a todos sus súbditos, incluyendo a los paganos sajones. Pero
varias unidades no alemanas tenían sus propios capellanes: eran
musulmanes, para las divisiones croata y albanesa; ortodoxos, para las
divisiones cosacas; y católicos para la «SS-División
Wallonie» y en la «SS- División Charlemagne».
El Capellán General de esta última era el célebre
Monseñor MAYOL DE LUPE, justo un gran amigo personal del propio
HIMMLER y su consejero; pues bien, aquél reivindicaba, en cada sermón
(la cruz sobre un pecho, cubierto de condecoraciones militares y pistola
«Luger» en el cinturón), aquel "cristianismo heroico
de la Edad Media, como precursor del nacionalsocialismo" Tampoco vacilaba
en reunir, tal vez imprudentemente, los nombres de "nuestro venerado «Führer»
con el de nuestro «Santo Padre» el Papa de Roma".
No nos engañemos, sin embargo, respecto a tanta tolerancia.
Esencial y verdaderamente, la «Waffen-SS» en masa era arianista,
no nacionalista; era pagana y no cristiana. Pero sus jefes eran lo bastante
inteligentes como para saber que una herencia vieja de siglos de una fe
no se puede borrar de la noche a la mañana, y lo bastante realistas
como para no crear complicados problemas de conciencia a soldados que iban
a morir.
A morir o a vencer, aún muriendo. A vencer aunque murieran.
A vencer, aunque se perdiese esa guerra militarmente. Pues la SS no era
solamente un ejército, sino también, sobre todo una santa
y noble Orden de Caballería, destinada a suministrar sus cuadros
para edificar la Europa de Mañana, a servir de crisol a la Nueva
Aristocracia. Un ejército siempre puede ser aplastado y olvidado.
Una nueva Concepción del Mundo y de la Vida sólo será
por contra, fecundada, justamente, por la sangre de los héroes;
así, renace, con fuerza y por milenios, cuando todo parece perdido.
LAS «WAFFEN-SS»
GERMANICAS
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la SS sólo
contaba con cuatro unidades de combate permanentes; el regimiento escolta
del «Führer» («Leibstandarte SS Adolf Hitler»),
cuyo jefe era el ya famoso Joseph (Sepp) DIETRICH, y los tres primeros
regimientos («Deutschland», «Germania» y «Der
Führer»), también constituidos sobre la base de las «Verfügungstruppe»
(lo que vale decir de los "Batallones acuartelados de la SS paramilitar"),
y éso sin hablar de otros cuatro destacamentos de guardianes especializados
en los campos de concentración («Totenkopfverbände»),
para antisociales. En principio los voluntarios de estas unidades eran
todos hombres alemanes. Sin embargo, algunos pocos extranjeros -como máximo
era un centenar-, ya figuraban en sus filas: suizos, sobre todo, pero también
algunos suecos y hasta cinco norteamericanos. Constituida oficialmente
la «Waffen-SS» el 2 de marzo de 1940, unos numerosos voluntarios,
no movilizados por la «Wehrmacht» y procedentes, por lo general,
de la «Allgemeine SS» y de la policía, ampliaron sus
efectivos a cien mil hombres, y resultaron reagrupados en cuatro divisiones
denominadas: «Leibstandarte», «Das Reich», «Totenkopf»
y «Polizeidivision».
Ya, en aquel entonces, se había planteado un serio problema
de reclutamiento. La «Wehrmacht» era consciente del gran peligro
que representaba para la institución militar clásica el ejército
político con que soñaba Heinrich HIMMLER, y por éso,
se opondría terminantemente a que se incorporaran en las unidades
SS hombres pertenecientes a las clases movilizadas, por recluta de quintas;
pocas, es cierto, en el primer año de guerra. La «Waffen-SS»
sin poder acoger a estos jóvenes había debido, pues, recurrir
a unos voluntarios demasiado viejos, aunque estaban bien entrenados, de
la «Allgemeine SS» y a otros voluntarios demasiado jóvenes
de la «Hitlerjugend» y del «Arbeitsdienst» (Servicio
del Trabajo). Eso evidentemente, no era lo más apropiado, ni bastaba.
Uno de los lugartenientes de HIMMLER, Gottlob BERGER, tuvo entonces
una idea cuya aplicación posterior constituyó el primer paso
hacia una internacionalización geográfica de la «Waffen-SS».
Fuera de las fronteras de la Gran Alemania, vivían innumerables
«Volksdeutsche» (alemanes de sangre, familia, origen y cultura),
que no eran ciudadanos del «Reich» y escapaban, por lo tanto,
al reclutamiento de la «Wehrmacht»; así, limitándonos
a territorios europeos, las principales poblaciones de «Volksdeutsche»
estaban en Eslovaquia, en Croacia, en Polonia, en Hungría, en los
Países Bálticos, en la Unión Soviética (donde
constituían la "República Autónoma de los Alemanes
del Volga"). ¿Por qué no aceptarlos en la «Waffen-SS»?.
No se iban, por cierto, a oponer señalados jefes nacionalsocialistas
como Rudolf HESS, nacido en Egipto, o Walter DARRE, nacido argentino, o
ROSEMBERG, «Volksdeutsche», de Reval. Así nació
la «SS-División Prinz Eugen», origen de que, al final
de la guerra, más de 300.000 «Volksdeutsche» habrán
servido, al lado de 400.000 «Reichsdeutsche» (incluyendo en
estos últimos a los alsacianos, loreneses, luxemburgueses, y tiroleses
del Sur), en las unidades del "Cuerpo Negro". Y también, de más
de 300.000 voluntarios que nada tenían que ver con el «Deutschtum»;
o sea, con la "alemanidad", propiamente dicha.
La incorporación de estos «Volksdeutsche» en la
«Waffen-SS» no quebraba aun el concepto cultural de nacionalidad.
Muchos de ellos, sin embargo, pertenecían a grupos separados de
la "Madre Patria", desde hacía muchos siglos y así hablaban
dialectos que se diferenciaban tanto del alemán moderno como se
diferenciaban el danés o el holandés... Había, por
otro lado, en el norte y el oeste de Europa, pueblos que hablaban idiomas
germánicos y que, desde el punto de vista racial, eran mucho más
nórdicos que los alemanes bávaros o los austriacos. De aquella
gran «Waffen-SS» alemana no se tardaría mucho -unos
meses, no más-, en pasar a la «Waffen-SS» germánica.
En abril de 1940, y por tanto, algo antes aún de la campaña
de Francia, el «SS-Hauptamt» creará el Regimiento «Nordland»,
al que afluyen rápidamente numerosos voluntarios daneses y noruegos,
sin olvidar cientos de suecos, de suizos, y hasta algunas decenas de británicos,
y, en mayo, el regimiento «Westland», constituido por holandeses
y flamencos. No se trata de "unidades nacionales". Sus miembros no llevan
unos distintivos especiales y será alemán el idioma común
de instrucción y mando. En diciembre de 1940, por decisión
y orden personal de HITLER, estos voluntarios germánicos son reagrupados
ya junto con el regimiento de alemanes «Germania» y un batallón
de voluntarios finlandeses, en el seno de una nueva (siendo la quinta)
división de «Waffen-SS», que tomará por nombre
propio el de «SS Division Wiking» y queda bajo mando de un
alemán el «Brigadeführer» Felix STEINER. Este conjunto
tan diverso, será una de las primeras unidades en entrar en Rusia,
en junio de 1941 y llegará combatiendo al Comunismo, hasta el Cáucaso.
Entre tanto, con la declaración de guerra del «Reich»
alemán a la Unión Soviética, se ha estimulado, enormemente,
al Occidente y provocado el aflujo de nuevos voluntarios germánicos,
que ahora se organizan en "legiones nacionales": Así el «Frikorps
Danmark», es creado por el gobierno real danés, y la «Norske
Legion» lo era por el noruego, la «Legion Nederland»
es holandesa, y la «Legion Vlanderen» es flamenca. Todas combatirán
valerosamente en Rusia, bajo sus respectivas banderas de origen y con mandos
nacionales, pero en el marco de la «Waffen-SS», hasta la primavera
de 1943. El «SS-Hauptamt» decidirá entonces incorporar
total y plenamente las legiones germánicas en la «Waffen-SS».
Holandeses y flamencos forman brigadas de asalto -«Nederland»
y «Langemarck»- que pronto se podrán convertir en divisiones,
por afluencias de voluntarios, mientras que el numeroso regimiento escandinavo
«Nordland» deberá separarse de la división «Wiking»
para constituir una nueva, pero que conservará el nombre de la unidad
primitiva. Y, por su parte, aquella primitiva «Wiking» absorberá
al batallón estonio «Narwa», y la brigada de asalto
«Wallonie». Por cierto, estos dos cuerpos no son de gentes
racialmente germánicas -los estonios se expresan en un idioma propio
uroaltáico y los valones, en francés-, aunque sí son
gentes racialmente nórdicas, si generalizamos el concepto. Además
y por aquel entonces, ya existe otro gran grupo, integrado por franceses,
la «Brigada de Asalto Francia».
En el marco de la «Waffen-SS» nórdica, los bálticos
merecen una mención aparte. Las tres naciones que constituyen los
Países Bálticos (Estonia, Lituania y Letonia), habían
sido conquistadas y convertidas al Catolicismo por los Caballeros Teutónicos.
Tras ello y a partir de la Edad Media, sus principales ciudades -Riga,
Memel, Reval-, comerciaban activamente con los puertos de la Liga Hanseática.
Cuando fueron anexionadas al Imperio Zarista quedaron sometidas a un esfuerzo
de influencia ortodoxa y rusa. La nobleza local siguió siendo fiel
a su vieja cultura alemana, pero tampoco vaciló en acoplarse al
Imperio Ruso, y así suministrar gran parte de sus cuadros civiles
y militares. Por el contrario, una mayoría de las poblaciones autóctonas,
resistirían con éxito esa política de rusificación,
conservando sus idiomas nacionales y costumbres alemanas, así como
sus antiguas convicciones religiosas católicas e incluso luteranas,
pero siempre ajenas a las ortodoxas de Rusia En 1919, después de
mantener duros combates con los bolcheviques, constituyeron tres Estados
soberanos, ajenos a la Unión Soviética Las conquistas soviéticas
de 1940 los eliminaron. Así, la entrada en la zona, un año
más tarde, de las tropas alemanas (siempre muy cordiales con las
poblaciones autóctonas), tomó el aspecto de una auténtica
liberación, aun cuando Berlín, lejos de restituir a los países
bálticos su soberanía e independencia anteriores, formaría
con ellos el territorio «Ostland», sin disimular en absoluto
como tenía el propósito de regermanizar y desrusificar aquella
región. Muchos voluntarios bálticos afluyeron entusiasmados.
Al batallón estonio, ya preexistente, se agregaron rápidamente
dos divisiones letonas y una estonia, con propios mandos nacionales. Su
conducta en el combate fue tan fiel y brillante que los letones recibieron
ocho "cruces de caballero" (es la más alta condecoración
alemana) y los estonios cuatro, mientras los demás voluntarios no
alemanes totalizaban trece, los holandeses cinco, los franceses tres, los
daneses dos, los valones dos y los flamencos una.
No podemos, en estas breves páginas, contar las campañas de las unidades germánicas de la «Waffen-SS». Diremos solamente que todas dieron pruebas de un heroísmo y una eficacia que, a menudo, dejaban a los alemanes estupefactos. Del Mar Báltico al Cáucaso, pasando por los durísimos frentes de Leningrado y de Ucrania, los voluntarios daneses, noruegos, holandeses y flamencos, junto con sus camaradas de las nacionalidades menos representadas, siempre estuvieron en "la punta de lanza" del combate... Y tampoco faltó quien juzgara que la División «Nordland», en especial, resultaba haber combatido con un fanatismo sin par.
LAS «WAFFEN-SS»
ARIAS
Aquel marco culturalista del Pangermanismo primitivo, había
sido ampliado, más que superado, con la masiva incorporación
del voluntariado germánico en la «Waffen-SS». Ya que
en realidad ¿no procedían aquellas tribus germanas de un
territorio que abarcaba Dinamarca, el Sur de Noruega y de Suecia y unas
tierras alemanas situadas inmediatamente al mediodía de Escandinavia?.
Además ¿no encontraba la mitología germánica
su máxima expresión en «Eddas» islandesas?. Como
diría el historiados francés Jean MABIRE, este paso desde
una "Gran Alemania" a la "Gran Germania", en el fondo constituía,
más que una concesión, un retorno a las fuentes. Los científicos
del «Ahnenerbe», el instituto de la SS que, conforme con su
nombre, se dedicaba a realizar el estudio de la "herencia de los antepasados"
no iban a tardar mucho en hacer excavaciones arqueológicas en la
antigua ciudad vikinga de Haithabu y tampoco a mandar a Francia un equipo
encargado de encontrar el auténtico Grial precristiano. Los "nordicistas"
del Nacionalsocialismo, en primer lugar Alfredo ROSEMBERG, veían
colmadas sus aspiraciones. ¿Se llegaría, por este camino,
a coincidir con el extremismo del explorador sueco Sven HEDIN que quería
excluir el territorio Sur de Alemania de un futuro "Imperio Nórdico"?.
Antes al contrario: los valones pasaban a integrar la «SS-Division
Wiking».
Bélgica es tan sólo un país artificial, para cuya
formación política incidió fundamentalmente, la preocupación
de Inglaterra para impedir que Francia controlara el estuario del río
Escalda. Recortada en el mapa de Europa, artificialmente, sólo en
función de factores circunstanciales, comprende las provincias flamencas
(pero no a todas, dado que parte de Flandes pertenece a Francia), cuya
población comparte con los Países Bajos (que ahora llamamos
impropiamente Holanda), un idioma común y semejantes tradiciones,
y otras provincias valonas, de habla y cultura francesas. De tal dualidad
debían, inevitablemente, nacer muchos conflictos. Tanto más
cuanto qué, hasta los años 20, el Estado belga, y a pesar
de tener una dinastía de origen alemán, imponía ahí
el francés como el idioma administrativo y militar, hasta el punto
que Bruselas, ciudad históricamente flamenca se afrancesó
tan rápidamente que, hoy en día, y a pesar de tener bilingüismo
oficial, su población se expresa exclusivamente en el idioma de
sus vecinos del Sur.
¿Como superar una situación semejante?. ¿Separando
Flandes de Valonia?. Esa era la posición del "V.N.V.", que pregonaba
la unión con Holanda tras realizar la separación, y del Movimiento
"De Vlag" que, tras ello, buscaba la incorporación lisa y llana
en el «Reich». Por su parte, también, algunos valones,
y es una tendencia que existe aún, se consideraban franceses y defendían
tesis Pangalistas, mientras que otros, expresándose mediante el
poderoso diario «Nation Belge», se esforzaban desesperadamente,
por mantener el «statu quo». En ese marco político muy
confuso, había surgido el Movimiento "REX", hacia 1925 y que iba
a tomar rápidamente, una extraordinaria importancia: Estaba formado
por estudiantes del tipo "maurrasiano" y de Acción Católica.
Pronto se independizaría de la Iglesia y, con un neto estilo fascista,
se lanzaría a la acción, llegándose incluso, a conseguir
muchos escaños en el parlamento. Su jefe, León DEGRELLE,
no pensaba en destruir Bélgica, sino en federalizarla, en el mutuo
respeto de los dos pueblos que la componían. Luego, durante la guerra,
esa moderación dejó el lugar a un sueño, cuyas raíces
se perdían en un pasado muy lejano: Una reconstitución del
ducado de Borgoña, con sus diecisiete provincias, que abarcaban
Flandes, Valonia y otros diversos territorios del Norte de Francia. Algunos
de los colaboradores de DEGRELLE, y en especial algunos franceses -los
había-, irían aún más lejos: Crear una gran
Francia federativa, bajo la conducción del jefe de "Rex". El mismo
DEGRELLE estando en París, proclamaría: "Francia es una patria
y demasiado vieja para que hoy se la pueda despedazar. Borgoña no
pasa de un mito necesario".
Desencadenada la "Operación Barbarroja" contra el Comunismo
el hasta entonces inactivo "Rex", se adhiere a aquella "Cruzada" y crea
la «Legión Wallonie»: es una unidad nacional, como tantas
otras y cuyos voluntarios llevan, en la manga, un escudo con los colores
de la bandera belga. DEGRELLE se alista, como un soldado raso más,
y rehusando las estrellas de teniente que le ofrece la «Wehrmacht».
Ganará sus grados por méritos de campaña y recibirá
varias heridas en innumerables combates cuerpo a cuerpo; los que siempre
buscan entablar los valones, en los campos de batalla.
Aquella "legión" tiene apenas los efectivos de un batallón.
Sin embargo, ya en el famoso primer invierno de 1941, se destaca conservando
durante diez horas en su poder la indefendible aldea de Gromowaja-Balka,
y donde sólo debía permanecer veinte minutos. Siendo adscrita,
en 1942, a la 97 División de Montaña, participa en la gran
ofensiva que la lleva hasta el Cáucaso. La derrota de Stalingrado
determina su repliegue; le quedan 300 supervivientes cuando sus restos
llegan al campo de Meseritz... Pero, ahora que todo parece perdido, afluyen
en gran cantidad nuevos voluntarios y será Regimiento a fines de
1942. Después la "legión" pasa a la «Waffen-SS»
como brigada de asalto, en 1943. Pronto se convierte en la «28 División
de Granaderos Blindados Wallonie» con la Cruz de Borgoña como
distintivo.
Todavía constituye una brigada más de la «División
Wiking», en febrero de 1944, cuando se destacará en un combate
cuyos ecos sacuden Alemania y toda Europa. Estando encargada de proteger
el repliegue del Grupo de Ejércitos de Ucrania, esa división,
junto con algunas unidades alemanas, se encuentra rodeada por enemigos
en la Bolsa de Cherkasy. Mientras unos pocos blindados restantes de la
«Wiking» se sacrifican para intentar bloquear -uno contra diez-,
el avance irresistible de los blindados soviéticos, toda la infantería
alemana trata vanamente, en asaltos sucesivos, de abrir alguna brecha en
el cerco de fuego. Es en vano, hasta que les toque el turno a los valones.
En aquel entonces es DEGRELLE con el grado de "Sturmbannführer" (comandante
mayor), es el que dirige la brigada. Como siempre, en combate, delega el
mando en un oficial de menor formación militar que la suya propia
y toma un fusil, cargando a la bayoneta, a la cabeza de sus hombres...
Los soviéticos, que no aguantan este asalto valón, han de
abrir sus filas, y por aquella brecha que es ampliada, 50.000 hombres consiguen
así escapar de una trampa mortal.
Ya titular de la Cruz de Hierro de primera clase, DEGRELLE es llamado
al cuartel general del «Führer». HITLER, en persona, le
condecora con la Cruz de Caballero, con unas nobles palabras consagratorias:
"Si tuviera un hijo, me gustaría que fuese como usted".
La «SS-Division Wallonie» participaría en la ofensiva
de VON RUNSTEDT en las Ardenas; ya luego, estará en los últimos
combates de Estonia y Pomerania. Separado de sus hombres, en la desbandada
final, DEGRELLE se repliega sobre Dinamarca el 2 de mayo de 1945. Tras
firmarse la capitulación de Flensburg, logra conseguir salir de
Oslo, en el pequeño avión del ministro SPEER y tras sobrevolar
una Europa ocupada, logra aterrizar en una playa de San Sebastian ya sin
gasolina. En un libro, aún inédito, el escritor SAINT-LOUP
relata algunas palabras pronunciadas por HIMMLER "con una emoción
insólita en este hombre reservado y frío". En un encuentro
casual con el comandante de la «División Wallonie»,
muy pocos días antes del final de la guerra, le dijo: "DEGRELLE,
Vd., va a sobrevivir ¡Lo sé!. El nacionalsocialismo jamás
capitulará, porque no es un movimiento político sino una
gran religión. Vd. quedará para dar testimonio de ello. Pues,
aunque ya con nuestra derrota, la raza blanca estará amenazada por
todas partes; quedando los escogidos como Vd., que permanece entre nosotros,
y los demás profetas que saldrán supervivientes de entre
nosotros, jamás estará perdida".
Si hemos insistido en la epopeya de los voluntarios valones, no ha
sido simplemente por destacar esta excepcional personalidad de su jefe
(el que, en una Europa nacionalsocialista, y sin duda, habría desempeñado
un papel fundamental), sino también ante todo, porque en ella se
evidencia una etapa especial de esta evolución de la «Waffen-SS».
Ante su heroísmo, los pangermanistas tuvieron que refrenar su mal
humor y reconocerlo. Es más, no faltaron los que buscaron un cierto
consuelo en lejanos recuerdos históricos: "¡Claro, los valones
habían pertenecido antes al Sacro Imperio!" Pero, no pudieron decir
lo mismo de los franceses, por ejemplo.
Por cierto, burgundios, francos y godos eran germanos y aún los
galos, de cultura celta, eran tan arios nórdicos como ellos. Pero
la población francesa actual también comprende a abundantes
alpinos -pero aún menos que la alemana, por lo demás- y,
como la población noruega, por ejemplo, también a mediterráneos...
Había sido un francés, el conde GOBINEAU, quien había
puesto las bases históricas del arianismo y otro francés,
VACHER DE LAPOURGE, sus bases antropológicas. Aunque sin embargo,
muchos dirigentes, por lo demás, intachables nacionalsocialistas,
tenían de sus vecinos occidentales una visión deformada por
el resentimiento. Respecto del tema que nos interesa, resultaban particularmente
llamativas las palabras del «Brigadeführer» alemán
KRUKENBERG, inspector de la División «Charlemagne»,
tales como las recogió Jean MABIRE.
HIMMLER no conocía nada de Francia. Había viajado muy
poco. Creía que todos los franceses eran más o menos unos
mestizos. Un día, durante la ocupación, fue a París.
Circulaba en su vehículo muy cerca de la acera y muy lentamente
para poder examinar a los parisienses de cerca... Se mostraba sorprendido
y hasta un tanto escandalizado y repetía con asombro: "No es posible...
Muchos de aquí, podrían lo mismo pasar por ser perfectos
alemanes".
Pronto, también, quedaría impresionado el «SS-Reichsführer»
ante tantas hazañas de la "Legión de los Voluntarios Franceses",
constituida, como ya lo hemos dicho, apenas declarada la guerra a la Unión
Soviética, y cuyos dos mil hombres llegarían durante el famoso
primer invierno, a estar a menos de 60 Km de Moscú. La primitiva
"L.V.F.", sin embargo, había heredado muchas taras del ejército
francés de 1939/40. Su indisciplina notable y su estilo "granuja",
indisponía a los alemanes, e incluso a muchos jóvenes franceses
que sinceramente buscaban "una cosa diferente". De ahí que HIMMLER,
a principios de 1943, diera su beneplácito para que se crease la
«SS-Sturmbrigade Frankreich». Realmente, dos suizos del «SS-Hauptamt»,
el Dr. CONTI y el Dr. RIEDWEG -este último es nada menos que
jefe de la «Germanische Leitstelle» (Departamento Germánico)-,
habían sido los responsables de tal apertura. El Dr. RIEDWEG no
vacilaba en proclamar: "¡Aquí, estamos a favor de una Europa
federal, no de la Gran Alemania. Dios quiera que no se me entienda mal
ni demasiado tarde!".
Recién en julio de 1944, después de un año de
entrenamiento feroz ("el sudor ahorra la sangre") que incluía además
clases de «Weltanchauung» (Cosmovisión; Concepción
del Mundo), incorporado operativamente, en la «SS-División
Horst Wessel», queda asignado el primer batallón -de hecho,
era más que un batallón, por tener cuatro compañías-,
de esta brigada francesa de asalto, al frente de Galitzia. Allí,
después de ocho días de combates desesperados sólo
quedaban válidos 140 combatientes de sus 1.200 hombres. Sus oficiales
habían muerto en combate o estaban gravemente heridos.
Replegados en el campo de Wildflecken, en Franconia, donde el segundo
batallón de la brigada aún estaba en instrucción,
los sobrevivientes se encuentran con un gran cambio. En efecto, será
a fines de julio, cuando el «SS-Hauptamt» decidió reagrupar
todo aquel voluntariado francés en una gran unidad operativa, que
muy pronto recibió el nombre franco-alemán de: «330
Waffen-Grenadier División des SS Charlemagne». De modo que
esta encuadraría todos los voluntarios franceses que servían,
hasta entonces, separados en la "L.V.F.", en la brigada de asalto, en la
"S.K.", integrada en la "Organización Todt" (unidades militares
de ingenieros), en la "N.S.K.K." (transporte), la «Kriegsmarine»
(Marina de guerra), y en la "FLAK" (artillería antiaérea),
etc. Además, a los dichos voluntarios, se agregarían otros
2.000 franceses de las unidades permanentes («Franc-Garde»)
de la "Milicia Francesa" y numerosos prisioneros de guerra y trabajadores;
los que por supuesto antes lo habían solicitado voluntariamente,
por supuesto, y que serán examinados antes de seleccionarse. El
general PUAUD un brillante oficial de carrera procedente de la Legión
Extranjera, que antes había sido comandante de la "L.V.F.", se vio
confiar por HIMMLER el mando de la nueva división, que contaba ahora
con un total de unos 10.000 hombres.
El reclutamiento de aquella unidad es demasiado heterogéneo
en la procedencia de sus hombres, para que su formación militar,
e instrucción política, resultase una tarea fácil.
Y por ejemplo los miembros veteranos de la "L.V.F.", miraban a con un paternal
desdén a los "bisoños" de la Brigada, a quienes, esos milicianos,
un tanto patrioteros al antiguo estilo, consideraban, con alguna hostilidad,
como "franco-boches". También, los marineros estaban furiosos de
haber sido arrancados de sus navíos, y transformados en infantes.
Para colmo, existía una mutua antipatía que reinaba entre
DORIOT, jefe del "Partido Popular Francés", el grupo a que pertenecían
muchos hombres de la "L.V.F.", y DARLAND, jefe de la "Milicia Francesa"...,
y éso sin hablarse de los demás "partidos únicos"
cuya proliferación se había fomentado muy cuidadosamente
desde la embajada alemana, en París. Todo ello, repercutía
en la moral de los voluntarios. Asqueados de todo ello, los auténticos
SS de la Brigada de Asalto desertaban por decenas para incluirse de "contrabando"
en la «SS División Wallonie», y en los comandos de SKORZENY
o en otras unidades de la «Waffen-SS»: Una deserción
muy extraña, justo para incorporarse directamente al frente...
Mal instruida, insuficientemente encuadrada, y desprovista de un buen
material pesado (artillería, cañones de asalto sobre orugas,
morteros blindados), que nunca llegará, la «SS-División
Charlemagne» resultaría enviada a los duros combates del frente
de Pomerania en febrero de 1945. No nos corresponde aquí contar
sus muy heroicos combates. Limitémosnos a mencionar sólo
y como hecho de cierta importancia simbólica que en Kolberg, a orillas
del Mar Báltico, un regimiento francés ha de defender la
ciudad contra un regimiento alemán rojo y reclutado por los soviéticos
entre los prisioneros de Stalingrado. En la llanura de Belgrado y a lo
largo de un mes de combates sin el mínimo descanso, toda la «SS
Division Charlemagne» fue prácticamente aniquilada. Sólo
unos centenares de sus hombres lograron forzar el cerco tendido por los
soviéticos y cruzar el río Oder. Los 800 sobrevivientes fueron
reagrupados ya con legionarios españoles en Neustrelitz, desde
donde 250 de ellos iban a participar en la última defensa de Berlín.
Pero de eso hablaremos más adelante.
LA «WAFFEN-SS»
PANEUROPEA
Alemanes, franceses, escandinavos, españoles, holandeses, italianos,
etc., todos ellos, por encima de tantas diferencias secundarias y de antagonismos
circunstanciales, participan aún de una misma civilización
y durante siglos integraron la misma Cristiandad europea, sin hablar del
Imperio de Occidente. Así, aquel emperador alemán Federico
II "el Pajarero", se expresaba casi exclusivamente en francés y
usaba la terminología militar alemana, que hasta hoy, es casi enteramente
española medieval. Y regimientos alemanes servían en el ejército
francés, incluso hasta 1789. En la «Waffen-SS», esos
voluntarios de la "Brigada de Asalto Francia" no desentonarían prácticamente.
La apertura del "Cuerpo Negro" a musulmanes resultó más sorprendente.
Hay aún hoy, en los Balcanes, además de reducidos núcleos
de origen turco, algunas poblaciones compactas, que practican, con indudable
fanatismo, desde tiempos de la ocupación otomana la religión
islámica, a la que quedaron convertidas... Después de pertenecer
durante siglos al Imperio Austrohúngaro, aún con un estatuto
especial que respetaba su autonomía, los bosniacos o bosnios habían
resultado absorbidos, en 1919, en el marco de una Yugoslavia, tan artificial
como sumamente heterogénea, por los servios que eran sus enemigos
hereditarios. Cuando en 1941, Croacia, que se encontraba en una idéntica
situación, recuperó su independencia, incluyó en sus
fronteras aquellas provincias musulmanas de Bosnia y Herzegovina, sin consultar,
por cierto, a su población que no tenía por aquellos duros
católicos mucha más simpatía que por los ortodoxos.
El «Poglavnik» de Croacia, Ante PAVELIC, que conocía
muy bien el espíritu díscolo de esos nuevos ciudadanos bosnios
de Croacia, se cuidó de evitarles la incorporación a las
filas del ejército regular croata, y desde luego tampoco en la "Milicia
Ustacha", en la que, además, sólo podía ingresarse
como voluntario. La situación era la misma en Albania, de población
predominantemente musulmana sincera; por lo que, su lealtad para con Italia
estaba sujeta a precaución.
Pero, a principios de 1943, HIMMLER decidió aprovechar el real
estado de cosas para constituir las divisiones musulmanas de la «Waffen-SS».
La medida respondía a una triple finalidad: contar con intachables
fuerzas fieles, propias de los Balcanes y alrededores, y donde los aliados
de Alemania, salvo Croacia, ya mostraban algunas claras señales
de vacilación; el disponer en la lucha antiguerrillera, de tropas
muy fieles y aguerridas que conocieran perfectamente el terreno; y sobre
todo, influir políticamente en los países musulmanes, del
Asia y del Africa. Desde este último punto de vista, HIMMLER contaría
también con la poderosa ayuda del Gran «Mufti» de Jerusalén,
sabio y santo de gran influencia entre todos los fieles musulmanes:
EL HADJ AMIN EL HUSSEINI, que además fue figura destacada y legendaria
del Panislamismo (por tanto, enemigo del Sionismo, Comunismo y Capitalismo),
y que había buscado refugio en el «Reich».
Así se constituyó, con encuadramiento como «Volkdeutsche»
musulmanes, de Croacia, y procedentes de la «SS-Division Prinz Eugen»,
la División de Montaña «Handschar» ("Cimitarra").
Esos hombres llevaban, en el cuello de la guerrera, en lugar de las runas
nórdicas, una rueda solar y una cimitarra y, en la manga, un escudo
con la bandera croata. En lugar de la gorra, emplean el fez musulmán,
de color rojo con el uniforme de paseo y gris con el de campaña;
pero tocados del águila nacionalsocialista, y del símbolo
de la calavera SS, de modo que realmente no eran en su heterodoxia formal
nada heterodoxos ideológicamente. Una pequeña división
de albaneses musulmanes, se constituyó luego, en 1944: la «Skanderbeg».
También en 1944, y ante la creciente afluencia de voluntarios musulmanes
a la «Handschar», se haría preciso crear otra nueva
división: la «SS Division Kama».
Después de largos meses de instrucción en Auvernia, donde
la población apreciaba muy poco la vecindad de esos "salvajes" cuyo
comportamiento chocaba mucho y hasta dejaba, a veces algo que desear, los
musulmanes volvieron a su país, donde hasta el final, combatieron
heroica y eficazmente a los guerrilleros de TITO, en una inenarrable lucha
heroica, sin cuartel ni piedad. Replegados en Austria, junto con milicianos
«ustaschi» y otros «Volkdeutsche» de la División
«Prinz Eugen», fueron asesinados al fin cobardemente por los
partisanos comunistas, en Maribor, a orillas del Drave; donde 50.000 cadáveres
de esos musulmanes arios y europeos yacen abandonados aún en una
antigua cantera.
No por ser musulmanes, estos bosníacos dejan de ser arios como
tampoco otros por ser cristianos tienen parentesco judío. Ambos
no se diferencian en absoluto, entre si y desde el punto de vista estrictamente
racial. Por tanto -o menos aún-, de los de los católicos
croatas que pertenecen, en su inmensa mayoría a la subraza dinárica.
Hoy se ve como un tanto extraña aquella incorporación en
la «Waffen-SS». Pero, sin duda, no carecía de cierta
lógica; aunque, por cierto, no se podía esperar de ellos
una total asimilación de la «Weltanschanung» del Cuerpo
Negro. Más delicado aún resultaría aquel especial
problema, planteado por los ciento sesenta pueblos de la Unión Soviética.
Al adelantarse el 22 de junio de 1941, por muy poco tiempo, al ataque
que preparaba desencadenar el Ejército Rojo contra el «Reich»,
HITLER ya había fijado su política futura con respecto al
gigantesco Imperio Ruso: sería desmembrado como tal, rodeando el
antiguo Gran Ducado de Moscú con la multiplicidad de naciones independientes,
lógicas racialmente y más fáciles de controlar. El
Nacionalsocialismo se iba a oponer al Comunismo; pero también el
pangermanismo, al paneslavismo de los zares y de STALIN.
Buena parte de los prisioneros rusos se habían entregado sin
combatir, manifestaban un muy sincero anticomunismo y en especial un antisemitismo
rabioso y por ésto, se ofrecían como voluntarios para combatir
a los judeomarxistas. Muchos otros adoptarían justo la misma actitud
en los años venideros del conflicto, y así hasta en los durísimos
últimos meses de guerra. A pesar de las reservas de HITLER, la «Wehrmacht»
empezó a incorporar a algunos de ellos, como «Hilfswilliger»
("voluntario de ayuda"), y que, poco a poco, pasaron de unos servicios
auxiliares a las unidades combatientes. Reagrupados en "batallones nacionales",
se legalizó su existencia ya a finales de 1941, con el nombre de
"Östtruppen" ("Tropas del Este"). Más de 500.000 hombres servirían
en esas unidades; y ésto sin hablar de los 300.000 voluntarios que
reclutó la «Luftwaffe», para sus instalaciones terrestres.
En julio de 1942, un joven general del Ejército Rojo, Andrei
VLASOW, a quien el mismo José "STALIN" había calificado "Salvador
de Moscú", cayó prisionero y ofrece sus servicios a los alemanes.
HITLER no se fía apenas de él; e incluso menos aún
confía HIMMLER que nunca ha querido aceptar rusos en la «Waffen-SS».
VLASOW era, indiscutiblemente, un gran anticomunista, pero no por ello
dejaba de ser un convencido paneslavista; e incluso, hasta imperialista.
Eficaz aliado en la guerra, sería para Alemania, un temible rival
en la paz posterior a la victoria. VLASOW consigue, sin embargo, que las
«Osttruppen» tomen el nombre de «Ruskaia Osvoboditelnaia
Armiia» ("Ejército Ruso de Liberación"), y que en el
uniforme sus combatientes llevasen un escudo blanco bordeado de rojo, con
una cruz de San Andrés azul: los colores de la Rusia Imperial. Llega
a constituir, en Datendorf, cerca de Berlín, un embrión de
Estado Mayor, con siete generales y sesenta coroneles, todos rusos, pero
sin un mando efectivo sobre tropas que permanecen repartidas, por batallones,
en las unidades de la «Wehrmacht». A finales de 1944, HIMMLER
autoriza a VLASOW, un tanto a regañadientes, a formar dos divisiones
bajo mando ruso, exclusivamente, y que aun dependiendo de la «Wehrmacht»,
estarían bajo control de la «Waffen-SS». Estas unidades
no llegarían a combatir; contra los soviéticos al menos.
Incluso, en Praga, ya a principios de Mayo de 1945, el comandante de la
segunda división, general BUSCHARENKO, traiciona y se daría
la vuelta contra el sufrido regimiento SS que defiende la ciudad. Pero
también, como les pasó a todos los voluntarios del "R.O.A.",
después sus hombres les serán entregados a los soviéticos
por los anglonorteamericanos; y fusilados. El vive todavía en los
Estados Unidos donde goza de una pensión... HITLER e HIMMLER tenían
razón en desconfiar del Estado Mayor panruso de VLASOW.
El caso de los ucranianos era muy diferente. Los de Galitzia nunca
habían pertenecido al imperio ruso; sino que, se integraban el imperio
austrohúngaro -y luego, tras Versalles, se les integra dentro de
las fronteras la nueva Polonia-. Profesaban la religión católica
de rito eslabón. Los del Este, que más o menos conformes
en tiempos de los zares, habían proclamado su total independencia
en 1917, con ayuda del ejército alemán; ya después
los soviéticos les habían hecho pagar sumamente caro aquella
secesión sin éxito. Además son muy diferentes de los
rusos. Con predomino del biotipo alpino y un cierto aporte de sangre mongol,
son de raza diferente a la población mayoritariamente eslava de
Rusia; poseen un idioma propio, con una literatura apreciable; tienen una
cultura propia, más antigua que la de sus vecinos del Norte. No
es extraño, pues, que ambos grupos de ucranianos, cuando llegaron
allí los soldados alemanes, evidenciaran acogerlos como a viejos
amigos, que venían a librarlos no ya sólo de la opresión
comunista, por cierto, sino también del yugo eslavo, fuese
polaco o ruso. De aquí que HIMMLER no vacilase, ya en 1943, en crear
la «SS-Division Galizien» y que es nutrida por ucranianos,
descendientes de los del viejo entorno imperial austriaco. Resultó
destruida, a lo largo de tres semanas de durísimos combates, en
1944, defendiendo su propio suelo. Otra leva masiva de voluntarios, permitirá
su inmediata reconstrucción Pero mientras los voluntarios sobraban
ya faltaban los armamentos para dotarles y, por ello, no pudo volver al
frente de combate.
En cuanto a los ucranianos orientales y obligados habitantes de la
Unión Soviética, desde poco después de la llegada
de tropas alemanas y hasta los finales de 1944, constituyeron el «Ukrainske
Vysvolve Viysko» ("Ejército Ucraniano de Liberación")
siempre con voluntarios, que en número de 200.000 combatientes,
utilizan como distintivo propio el tridente de San Vladimir, y se estructuraban
formando batallones autónomos, incorporados en distintas unidades
alemanas; aunque después, durante los últimos meses de la
guerra, todas estas unidades dispersas fueron reagrupadas en el "Ejército
Nacional Ucraniano"; una de cuyas divisiones combatirá en Austria
y otra, en Bohemia-Moravia.
Muy semejante a la de los ucranianos, aunque en menor escala numérica,
era la situación de los naturales bielorusos o rutenos; una población
que estaba, otrora, dividida entre Rusia y Austria. Ya en 1942 se reclutarán
entre estos rutenos, sesenta "Batallones de Seguridad", para combatir a
los partisanos y hasta el Ejército Rojo. Después, en 1944,
se constituirán con los mejores elementos de esas unidades, la «SS-Division
Weissruthenien» y donde también habrá encuadramiento
parcial de los «Volkdeutsche» de Bielorusia. Además
se les agregan, probablemente porque no se sabía que hacer con ellos,
los sobrevivientes del "Ejército Popular de Liberación Ruso",
la milicia local constituida en la región de Kursk y Orel, que por
su heroica conducta contra los partisanos, acababa de ser convertida en
Brigada de Asalto SS, pero con distintivo especial: Será una Cruz
de Malta con dos sables en lugar de las runas. Esta unidad había
demostrado actuar con un ilógico salvajismo extremo, durante la
represión de la sublevación de Varsovia y tras haberla abortado;
por salvajismo tal se la había disuelto y que una corte marcial
SS se había condenado a muerte a su comandante, Bronislav KAMINSKI;
fue ejecutado de inmediato. El honor del "Cuerpo Negro" no toleraba las
atrocidades ni perdonaba el saqueo jamás. Durante el otoño
de 1944, la «Weissruthenien» combate, en Alsacia, contra los
norteamericanos y tiene tantísimas bajas que se la disuelve.
La «SS Kosaken Kavalleriekorps» merece una mención
especial, por cierto. Las comunidades militares cosacas («voskoi»)
existían diferenciadas desde el siglo XIII. Estaban compuestas por
siervos rebeldes, y siempre lucharon contra los mongoles, los turcos, los
rusos y los polacos, según fuesen la época y genero de agresores.
Fueron cosacos los que emprendieron la conquista de Siberia. Poco a poco,
los zares, respetando mucho los fueros de esos indomables guerreros, consiguieron
convertirlos tanto en cuerpos de frontera como en fuerzas de seguridad
interior.
Ya en 1942, numeroso escuadrones cosacos combatían, pero sin
cohesión entre sí y aisladamente, en el seno de diversas
unidades alemanas de la «Wehrmacht». Helmuth VON PANNWITZ,
condecorado con la "Cruz de Caballero con Hojas de Roble", al fin logra
conseguir convencer a HITLER, sobre la conveniencia de que a todos
aquellos muy numerosos voluntarios cosacos se les reagrupe en una adecuada
gran unidad operativa propia, respetándoseles así sus tradiciones
y sus métodos muy particulares de combate. De modo que un año
más tarde, en 1943, constituida esta división especial, entra
en liza como tal. Sus voluntarios son todos cosacos, encuadrados bajo sus
propios oficiales cosacos (unos procedían de los viejos ejércitos
blancos, los otros del ejército soviético); aunque también
tenían algunos oficiales alemanes, a los que VON PANNWITZ había
obligado a conocer bien y acoplarse a las, para ellos, extrañas
costumbres cosacas. Llevaban un curioso uniforme, que es medio cosaco,
medio alemán. En 1944, esas unidades intervinieron en Croacia y
Servia, limpiando de partisanos una amplia región.
Pero en agosto del mismo año, HIMMLER convocó al general
VON PANNWITZ. Le ofreció transferir a la «Waffen-SS»
aquella División Cosaca a sus ordenes; además ampliar su
reclutamiento y crear así un Cuerpo de Ejército. VON PANNWITZ
aceptó con gran alegría, pero no sin subrayar las grandes
dificultades existentes: los cosacos, por cierto, son arios puros, pero
no se puede ni soñar imponerles la «Weltanschauung»
de la SS; al tener la suya propia que procede de una larga tradición
militar. Ante ésto, el «Reichsführer» cree y decide,
entonces, que aquel cuerpo de caballería cosaco pasaría como
tal a integrarse en la «Waffen-SS», pero que sus voluntarios
no deberían pertenecer individualmente a la Orden Negra. De forma
que, por ejemplo y según una costumbre cosaca, los soldados deben
ser acompañados por toda su familia, aún en combate; de modo
que, se les destino y reagrupó en una «stanitsa» especial,
en el Norte de Italia.
La sorprendente traición del almirante HORTHY había abierto,
en septiembre de 1944, una gran brecha en el frente y por la cual el Ejército
Rojo había logrado penetrar hasta el Drave, sin tener especiales
dificultades, y estableciendo, en Pitumaca, una cabeza de puente sólida
que debía permitirle conseguir el enlace con los partisanos de Tito.
Entonces fueron los cosacos los que, atacando en su retaguardia a las felices
fuerzas soviéticas, las obligaron a abandonar unas posiciones tan
avanzadas, para deber cruzar otra vez el río y regresar a sus bases
de partida. Es paradójicamente, esta acción cosaca la que
le permitirá a Tito consolidarse dentro de Yugoslavia y luego conservar
su independencia frente a Moscú.
La lucha proseguiría en Croacia hasta el 13 de mayo de 1945,
cuando los cosacos pasaron a Austria. Su comandante VON PANNWITZ, que jamás
los había abandonado, además de ser «SS Gruppenführer»,
resultó elegido, por unanimidad de los delegados de los «voskoi»,
tan sólo un mes antes, como «Feldataman» ("Atamán
General"). Pero allí y entregándose como prisioneros a los
ingleses, todos fueron entregados a los soviéticos en un pueblo
de nombre muy simbólico: Judenburg. Unas semanas después,
les tocó el turno a las familias de la «stanitsa»: más
de cien mil mujeres, niños y ancianos serán previamente trasladadas
de Italia a Austria. Ante su resistencia, sabiendo serían también
entregados a los soviéticos, los ingleses lanzaron contra aquellas
persona a la Brigada Judía; dado que hay cosas que los «gentlemen»
británicos no hacen personalmente...
Tan sólo unos 300 cosacos consiguieron escapar a duras penas
cruzando la frontera del Principado de Liechtenstein. Pero Suiza, tiene
con este principado un acuerdo de unión militar y policial, y antes,
ya había entregado a los soviéticos los rusos refugiados
en su territorio. Entonces, quiso hacer lo mismo con los cosacos. Pero,
cuando ya gendarmes suizos se presentaron en Vaduz buscando prenderlos
y llevárselos, no insistieron ante el nutrido y fuerte cordón
de montañeses, armados con fusiles, que rodeaba y protegía
al campamento de estos asilados. Estos, gracias a la intervención
del general PERON, se trasladaron unos meses después, a Argentina
y establecieron una «stanitsa» en Garin, en las puertas de
Buenos Aires, donde algunos de ellos, ya ancianos, permanecen todavía.
LA «WAFFEN-SS»
MULTIRRACIAL
Con la incorporación en la «Waffen-SS» de tantos
voluntarios con lenguajes eslavos, parecía terminada una evolución
que había llevado a la Orden Negra del nacionalismo gran alemán
e, incluso, el pangermanismo, a un paneuropeísmo sin reserva. Evolución
esta, que fue totalmente completada, en el último año de
la guerra, por la formación no sólo de la brigada polaca
-en realidad, era menor que un regimiento-, algo en verdad inconcebible
unos meses antes, sino de las unidades pertenecientes a los diversos países
aliados de Alemania, cuyos gobiernos habían traicionado al Eje.
Entonces, sus poblaciones, quedan desconcertadas, y así, Rumania
y Bulgaria sólo pudieron constituir batallones, pues además
el Ejército Rojo ya ocupaba la totalidad de sus respectivos territorios.
Pero, los italianos y los húngaros leales formaron verdaderas divisiones.
El caso de los húngaros revestirá una particular importancia
para nuestro análisis... Se trata, en efecto, de un pueblo mongol
y originalmente asiático que, tanto durante su avance por Europa,
y sobre todo después de su asentamiento en Hungría, se mezcló
con elementos arios. Sin renegar de sus orígenes ni tampoco renunciar
a su idioma uroaltáico, pero adoptando convencido la fe católica,
se adoptó rápidamente a su contexto europeo, del que ya se
mostró solidario antes, al constituir la primera línea de
defensa contra los turcos invasores. Más tarde, ya quedó
integrado en el imperio austrohúngaro. A pesar de demostrar ciertas
propensiones, a veces sangrientas, a romper su vínculo con aquella
Austria "de la doble monarquía", luchó siempre fiel al lado
de los austriacos en todos los campos de batalla de la Europa central,
inclusive en la cruel Primera Guerra Mundial. Siendo otra vez independiente
desde 1919, pero con un territorio seriamente reducido, esta Hungría
mutilada se colocó, casi automáticamente, al lado del Eje
y "Reich" alemán cuando este emprendió su cruzada anticomunista.
Así, íntegramente y como tal, su propio ejército nacional
combatió en Rusia. Sin embargo, ya en 1944 ante la presuponible
derrota de Eje, el regente húngaro HORTHY, trataba de negociar en
secreto una paz separada con los aliados. Una operación de comandos,
dirigida por Skorzeny, permitió reemplazarlo por el Mayor SZALASI
que era jefe responsable del movimiento nacionalsocialista húngaro,
denominado "Cruces Flechadas". SZALASI empezó a reorganizar el Ejército,
con bastante eficacia, y de inmediato. HIMMLER no tuvo que insistirle mucho
para acordar con él, el que permitiera a sus mejores tropas se alistaran
voluntariamente a disposición de la «Waffen-SS». Así
se formaron la «SS Kavallerie Division Maria Theresia», que
quedó constituida fundamentalmente, por «Volkdeutsche»
de Hungría (pero en la cual se incorporaron también algunos
magiares). Además, con húngaros, exclusivamente, se forman
tres Divisiones: «SS-Division Hunyadi», «SS-Division
Gömbos» y una tercera división sin nombre, ya que fue
destruida completamente defendiendo Budapest aún antes de haber
recibido un nombre. Las tres eran íntegramente húngaras;
o sea de SS húngaros y como las restantes de SS todas combatieron
igual, o sea, encarnizadamente y fieles hasta el mismo final.
HIMMLER no tuvo razones, por cierto, por las qué lamentarse,
sino al contrario, de haber aceptado a tantísimos hombres de raza
magiar en la «Waffen-SS». Más al hacerlo, sin embargo,
había dado un paso más hacia la total internacionalización
del Cuerpo Negro. Muy asimilados desde el triple punto de vista religioso,
político y en gran parte cultural, los magiares no dejan por ello
de estar constituyendo, bien dentro de Europa, un conjunto racial extraño.
Sin embargo al abrirles francamente sus filas, la SS no renegaba, de su
racismo. Antes al contrario, lo proyectaba sobre esas razas no arias, o
no totalmente arias, proclamando su plena legitimidad y honorabilidad.
Con todo y como, en general, los húngaros quedan ya tan bien identificados
con misma Europa aria (tanto por su comportamiento, como por el tipo físico
de la mayor parte de ellos), apenas nadie o muy pocos, aún en la
«Waffen-SS», se dieron cuenta entonces que significaba y trascendencia
quedaba encerrada en su libre entrada dentro de la Orden Negra. Saltó
a la vista y resultó evidente que se operaban cambios trascendentales
dentro del «SS-Hauptamt», con el caso de los caucasianos.
Cuando los voluntarios germánicos y valones de la «División
Wiking» alcanzaron, en 1942 la cadena montañosa que separa
Europa del Asia Menor, ya sabían todos ellos que se iban a encontrar
con muchas poblaciones heterogéneas, que sólo tenían
en común su afán de independencia nacional y su odio sincero
al Comunismo; algunas de las cuales, y aún desde tiempos anteriores
a que llegasen allí las tropas del Eje europeas, ya habían
iniciado hostilidades tipo guerrilla contra tropas soviéticas. De
inmediato, las autoridades alemanas reconocieron o constituyeron allí,
los gobiernos locales correspondientes y conformaron unidades nacionales
de voluntarios pero que siendo de diferentes etnias eran unidades independientes
entre sí y sólo se relacionaban a través de una común
dependencia de la «Wehrmacht»: Así la «Legión
Georgian» de gentes georgianas, la «Legión Armenien»
con los armenios, otra «Legión Aserbaischan» sólo
con aserbayanos, o una «Legión Nordkaukasien» con naturales
del norte del Cáucaso y la «Legión Turkistan»
con hombres propios del Turkestán ruso. Después a cada una
de ellas se les agregaron, cuando no las habían precedido, unidades
que agrupaban a diversos prisioneros de guerra y desertores del Ejército
Rojo, que también pertenecen a dichas poblaciones; e incluso, a
otras minorías como los tártaros de Crimea, los tártaros
del Volga, los Kalmucos, con otros más. Entre esos voluntarios,
los había del todo arios, como los georgianos y los circasianos;
pero también turanios, como los armenios; o turcos, como los uzbekos
y los turkmanos; o mongoles, como los tártaros y los kalmucos. Los
había cristianos ortodoxos, como los georgianos; cristianos monofisistas
-como los armenios-; y musulmanes, como los circasianos, los turkmanos
y los tártaros; e incluso, budistas, como los kalmucos.
Todas esas unidades constituían, por cierto, con sus 150.000
voluntarios, un aporte humano en nada despreciable desde el punto de vista
militar, de apoyo aún después del repliegue alemán.
Pero su importancia política era aún mucho mayor, pues se
testimoniaba la intención del «Führer» de respetar
el particularismo de tantos pueblos, no arios. Cuando la Orden Negra tomó
el control de todos los voluntarios, no hizo ninguna excepción con
aquellos asiáticos e, inclusive, constituyó, sólo
con los caucasianos musulmanes una gran unidad, la «Ostürkishe
Waffenverband der SS» ("Unidad armada de las SS de turcos orientales").
No era ya por abuso de lenguaje que la revista «Signal» ("Señal"),
publicara en varios idiomas... También la «Berliner Illustrierte
Zeitung», decía de los tártaros del Volga: "Se han
plegado a las ideas racistas de nuestro tiempo y toman parte, con las armas
en la mano, en esta lucha emprendida por los derechos de su pueblo".
También pasaron a la «Waffen-SS» todos los 5.000
voluntarios de la «Legión Hindú». Fueron reclutados
por la «Wehrmacht», todos los voluntarios entre los prisioneros
de guerra británicos hechos en Francia, durante 1940. Esta vez se
trataba, en su mayor parte, de mestizos más o menos negroides. La
formación de aquella unidad había respondido, evidentemente,
a unas intenciones, bien claras, del «O.K.W.» ("Estado Mayor
del Ejército"): pretendía utilizarla, no sólo como
eficaz instrumento de propaganda, sino militarmente, en su adecuado momento...
Es decir, en el caso de que el Ejército Alemán y una vez
forzadas ya las barrerás del Ural y del Cáucaso, hubiera
penetrado en Asia, y alcanzado las fronteras de la India, esta «Legión
Hindú» resultaría ser la más eficaz "punta de
lanza" para las tropas del Eje. Pero, por otra parte, cuando ya en 1944,
hacía tiempo que tal posibilidad se había desvanecido, ocurre
con la «Legión Hindú» un fenómeno trascendental.
Al incorporar en sus filas a los voluntarios asiáticos -los armenios,
turcos, mongoles e incluso, hindúes-, la «Waffen-SS»,
lejos de renegar de su sabia doctrina racista, se limitaba así y
por el contrario, a aplicarla hasta sus últimas -y lógicas-,
consecuencias.
EUROPA EN BERLIN
25 de abril de 1945. El "Ejército de Ucrania", bajo el mando
del mariscal KONIEV, progresa directo hacia Berlín; sus blindados
ya están en Postdam. Además el "Ejército de Bielorusia",
al mando del mariscal ZHUKOV, alcanza Oranienburg. La capital del «Reich»,
que la artillería pesada de ZIULIKIN bombardea sin descanso desde
hace tres días, está ya rodeada. En el «Bunker»
de la Cancillería bajo las ruinas, el «Führer»
esperaba aún la llegada del ejército de WENCK; una llegada
imposible, por haber sido ya destruido. Más sobre todo, esperaba
ver los efectos de la caída sobre Nueva York de las tres bombas
atómicas que tres extraños aparatos especiales portaban.
Están aguardando totalmente dispuestos día y noche, con los
motores calientes y toda la tripulación dispuesta ya a bordo, en
el aeródromo de Oslo, a recibir una orden concreta de despegue para
partir. Pero esta orden del «Führer» nunca les llegará
allí. De forma que, aquellos aparatos nunca volaron hasta Nueva
York... El piloto de uno de aquellos aparatos fue quien condujo,
después, a DEGRELLE hasta España; escapándose así,
con él desde Oslo. Pero después, se separaron y desde 1948
reside en Argentina.
En la ciudad medio derruida, la población sigue desempeñando
"normalmente" todas sus tareas habituales. De repente una pequeña
columna de camiones, precedida por un "Mercedes" gris convertible da la
vuelta en la «Belle Alliance Platz» y remonta, en dirección
a la Cancillería, la «Wilhelmstrasse». Los vehículos
van colmados de alegres soldados. Uniformes impecables, armas relucientes.
Los transeúntes se detienen. ¿Serán del Ejército
de Wenck?. ¿Pero que cantarán estos SS?. La música
les resulta familiar; las palabras, incomprensibles:
- «Nous détruirons le monde ancien a la fuer de tes yeux,
Erika». ("Destruiremos el mundo antiguo con fuego de tus ojos, Erika".)
¡Son franceses!. Muchas ventanas se abren y también la
gente sale a la calle. Allí, forman una aún esperanzada muchedumbre
que aclama a los voluntarios de la «Division Charlemagne»,
que llegan para defender Berlín.
En Neustrelitz, se había reagrupado a los 800 sobrevivientes
de la batalla de Pomerania, gracias al «Brigadeführer»
KRUKENBERG que era el inspector de la división y que, de hecho,
era entonces también su comandante desde la muerte en combate del
gran general PUAUD. Se esperaba a los 1.000 voluntarios que se encontraban
aún en el campo de instrucción de Wildflecken, en Franconia;
los que, sobrepasados por el avance norteamericano, hubieron de replegarse
sobre Baviera, luchando muy duramente, hasta el 8 de mayo, contra el ejército
aliado, bajo mando de EISENHOWER. Nombrado comandante de la «SS-Division
Nordland», KRUKENBERG había decidido, el mismo 23 de abril,
llevarse consigo también a los 300 hombres franceses con algunos
españoles de la «SS Division Charlemagne». No dispone
de vehículos ni de armamento para más; constituyendo un "Batallón
de choque", al mando del capitán FERNET. Luego, dos camiones iban
a extraviarse en el camino y sólo 250 hombres, por fin, entrarían
en la capital sitiada.
Berlín estaba indefensa. De las unidades alemanas que habían
tenido que ceder terreno metro por metro, ante aquella gigantesca presión
soviética, unas pocas -las menos-, se habían atrincherado
en posiciones estratégicas en sus afueras. Pero otras muchas -las
más-, refluían más o menos en buen orden dentro de
la desbandada, hacia el Oeste, para no caer en manos de los soviéticos...
O sea, en la ciudad sólo permanecían los pocos restos de
algunas grandes unidades destruidas, antes, en las sangrientas batallas
del Norte Las «SS-Division Nederland», «SS-Division Lettland»,
«SS-Division 30 Januar» y «SS-Division Nordland»;
o sea, mezclados holandeses, letones, alemanes, noruegos, daneses, etc.
Muy pocos meses antes, con sus efectivos al completo, estas cuatro divisiones
agruparían a 80.000 voluntarios. Les quedaban ahora ya, en total,
unos 3.000 combatientes, entre los cuales, los escandinavos constituían
allí el grupo más numeroso. Fuera de esto, algunas baterías,
agrupadas en el Tiergarten y unos pocos blindados... A las tropas regulares
se agregaban oficinistas de la marina y la aviación con muchachos
y muchachas de la «Hitlerjugend» y auxiliares de la «Volkssturm»,
reclutados entre personas voluntarias que la «Wehrmacht», sea
por su edad o su estado físico no había aceptado en sus filas.
Gentes todas mal armadas y apenas sin entrenamiento, auténticos
inútiles desde el punto de vista operativo, a pesar de que demostraban
una valentía a veces extraordinaria.
Militarmente hablando, la defensa de Berlín no tenía
sentido alguno, salvo para aquellos que esperaban facilitar así,
llegasen también los norteamericanos y evitar prepotencias soviéticas.
Era algo fundamental, por el contrario; pero, desde el punto de vista político,
puesto que el «Führer» se había negado a abandonar
esta ciudad, debido a creer que, o bien unas armas secretas obligarían
a los Estados Unidos a detener a sus tropas y a suspender así sus
envíos de material a Rusia (y entonces el ejército europeo
parece no tendría mayores dificultades en derrotar a los soviéticos...);
o bien aunque todo estaba perdido en lo inmediato, el combate por Berlín
ya constituiría el punto de partida simbólica de un futuro
renacer. HITLER no sabía aún al tomar su decisión,
que el símbolo "Berlin" iba a adquirir su plena dimensión
histórica por la lucha encarnizada de las unidades no alemanas de
la «Waffen-SS».
Cuando llegan aquellos SS, el 25 de abril, ya los soviéticos
ocupaban todos los suburbios y comenzaban a avanzar rápidos hacia
la Cancillería. Pues realmente, para ellos también Berlín
carecía de importancia militar. Lo que buscaban era apoderarse del
propio «Führer», por un lado, y, por otro, proclamar justo
el 1º de mayo la caída de la capital del «Reich».
El «Brigadeführer» KRUKENBERG lo entendía perfectamente.
Y por ésto concentró sus tropas -menos de 1.000 hombres,
restos de la «Nordland» y de la «Charlemagne»-,
frente a las unidades rusas más cercanas a aquellas ruinas debajo
de las cuales se hallaba el «Führersbunker».
Cómo sólo un puñado de voluntarios consiguió
detener durante 8 días a todo un victorioso y potente ejército
soviético, es algo maravilloso que pertenece a la historia. Combaten
calle por calle y casa por casa; aunque apoyados en un primer momento por
algunos blindados, luego sólo podrían utilizar a sus «Sturmgewehr»
(fusil de asalto automático) y sus «Panzerfaust» (puño
blindado). Y así, acaba abril y comienza mayo, superándose
unos días cruciales, que impiden la victoria soviética, en
Berlin, aquel significativo día del 1º de mayo. Aquellos SS,
franceses y escandinavos casi todos, lucharon como verdaderos demonios
hasta desaparecer de la escena, sumergidos por los rojos, aunque justo
recién pasado el 1 de mayo de 1945.
Algunos días más tarde la demoplutocracia y el marxismo
iban ya a ganar una segunda guerra mundial, sólo militarmente. Aunque,
en Berlín, la «Waffen-SS» había echado ya, las
bases de su futura victoria, raíces de una Europa unida y libre.
Pronto, sobre aquel Suelo regado por la Sangre de sus héroes y sus
mártires, volverán a alzarse, elevadas por las generaciones
venideras, de nuevo esas sus banderas negras con runas de plata y volverán
a proclamar así su razón de vivir y de morir:
MI HONOR SE LLAMA FIDELIDAD
A lo largo de los dos ficheros EURSSEA1 y EURSSEA2 tenemos una visión total del texto SSEUROPEA.TGG; o sea, de ese escrito que realizará, mucho después del final de la 2ª Guerra Mundial, nuestro erudito y documentado CyA Erik ARNALD, y titula "LAS SS EUROPEAS". Se lo debemos agradecer todos, y será fácil hacerlo; simplemente tras valorar debidamente los valiosos datos que nos da, frutos no de recuerdos directos, sino de su meritoria labor de "revisión histórica" (así, hemos de denominar hoy al clásico "decir la verdad"). También y en justicia, todos los que puedan leer este texto de difusión gratuita, deben agradecer y valorar el esfuerzo de esa especie de SS de hoy día, que son tantísimos camaradas y amigos (CyAs) desinteresados traductores, picadores y difusores de los mismos... Que sepamos, nadie nos/les sufraga sus gastos, abona dinero por el tiempo empleado, ni les protege ante las posibles consecuencias -si descuidan mantener una gran discreción en su labor-, por su "delito" de ejercer su libertad de opinión (que, tan sólo en teoría, "sobre el papel", conceden tantas "democráticas" Cartas Magnas y Constituciones al uso por el mundo). Son sólo un puñado de personas con criterio y óptima voluntad, de toda edad, sexo y condición, a los que hoy debemos poder llegar a conocer Verdades que nos ocultan interesadamente los vencedores de la Guerra Mundial, por basar en ellas poderes que esclavizan a todos los pueblos del mundo. Un puñado de esos trabajadores, que permanecerán anónimos para siempre, son ahora los que impiden que la Luz se apague y sólo así podrán vencerse luego a la Tiniebla. Por ello, en otros tiempos y con armas muy diferentes, pero con el mismo espíritu heróico, son actuales SS.
SERVICIO DEL NSDAP/AO DE ESPAÑA