El hecho de que en su mayor momento de necesidad
Alemania haya  engendrado a Hitler, es señal de que
aun está viva.
Houston Stewart Chamberlain, escritor inglés, después de su primera
entrevista con Hitler en septiembre de 1923, en una carta a un amigo.
SEGUIDORES DEL PARTIDO NACIONALSOCIALISTA (CASOS INDIVIDUALES)
Un pequeño comerciante
Me mudé a Shoenbeck, donde el paro me forzó a inscribirme al subsidio  de desempleo. Mi mujer y yo nos las arreglamos para subsistir con esta  miserable limosna hasta 1927. Desde ese momento hasta 1929 me gané la  vida como vendedor ambulante. Si se considera que, por un lado, las  medidas del gobierno rojo, en especial la inflación y los impuestos, me  privaron de todos mis medios de subsistencia, y que, por otro lado,  nosotros, soldados de primera linea, estábamos siendo gobernados por  una banda de explotadores y camaradas tramposos, dispuestos a  inclinarse ante cualquier medio para obtener los salarios famélicos de  nuestro sufrimiento, resulta claro por qué una parte de nosotros  celebró las actividades de los grupos patrióticos, en particular las  del movimiento de Hitler.

Un médico
 Oí hablar por primera vez del Partido Nacionalsocialista en 1928. Me  interesó y acudí a un mitin. Allí un tal doctor Ley hizo un excelente  análisis de la responsabilidad gubernamental ante la crisis de  Alemania, al mismo tiempo que subrayaba los objetivos y propósitos del  nacionalsocialismo. Las ideas del conferenciante estaban tan cercanas a  mis propios sentimientos que, de hecho, parecía estar expresando mis  pensamientos y deseos. Estaba entusiasmado, y decidí afiliarme sin  demora al partido.

Un ferroviario
En tanto que obrero de ferrocarril, tuve una magnífica oportunidad de  observar la confusión existente, en especial, entre los trabajadores.  Cuando estuve en el ejército, vi que los mejores soldados procedían de  la clase trabajadora; ahora tengo que contemplar cómo estos obreros  están siendo enajenados de la madre patria. ¿Por qué Alemania tiene que  desgarrarse a sí misma? Me estremezco al pensar en las garras del  bolchevismo en Alemania. El eslogan "¡Obreros del mundo, uníos!" carece  de sentido para mí. Sin embargo, al mismo tiempo, el  nacionalsocialismo, con su promesa de una comunidad de sangre que  impedirá toda lucha de clases, me atrae profundamente.

Un granjero
En la Semana Santa de 1926 dejé el Gymnasium (escuela secundaria en  Alemania) y volví a casa, a la granja. Aquí la Dama Necesidad era  nuestra invitada. Escasez de fondos necesarios perdidos prestados a  tasas e interés de usureros. Si los préstamos no podían devolverle el  día estipulado eran sumados a las deudas, por lo que éstas crecían  desmesuradamente en poco tiempo... el judío era siempre el prestamista  cortésmente sonriente, recaudador diabólicamente burlón. Así fueron las  cosas hasta 1931... en marzo de 1931, después de una breve pelea con mi  padre, dejé mi casa y me lancé al mundo... hasta ese momento había sido  un nacionalsocialista desde el punto de vista del granjero, lo que me  brindó una excelente oportunidad para examinar el problema de los  agricultores. Estudiándolo me quedó una cosa clara: primero, antes de  poder acabar con la lucha de clases, deberían desaparecer los  prejuicios de clase de aquellos que están en una posición más alta...  el nacionalsocialismo se había convertido en mi más profunda creencia.

MOTIVOS PARA AFILIARSE
El hecho es que Hitler mira a cada uno de sus hombres a los ojos. A  medida que desfilan las SA, su mirada deambula de un soldado a otro.  Nosotros, los nacionalsocialistas de la vieja guardia, no nos afiliamos  a las SA por razones de interés. Nuestros sentimientos nos guiaron  hasta Hitler. Había un reflujo muy poderoso en nuestros corazones, algo  que decía: "Hitler, eres nuestro hombre. Hablas como un soldado del  frente y como un hombre; conoces el trabajo duro, tú mismo has sido  obrero. Yaciste en el barro, como nosotros -no como un pez gordo, sino  como soldado desconocido-. Has dado todo tu ser, todo tu cálido  corazón, al pueblo alemán, más por el bien común de Alemania que por tu  beneficio o interés personal. Porque tu sentimiento más profundo no te  dejaría hacer otra cosa." Rara vez nuestro pueblo ha sido grande y ha  estado unido, pero una vez fuertemente unificado, fue inconquistable.  Éste es el secreto de nuestro idea y sobre ella reposa el poder del  nacionalsocialismo: la unidad es el objetivo de nuestro líder que  quiere hacer fuerte al pueblo para que sea de nuevo poderoso.

Como resultado de las clases de Historia y de mi propia experiencia  durante y después de la guerra, me convertí en nacionalista. Por otro  lado, el sufrimiento y las privaciones de una gran parte de nuestro  pueblo me hizo socialista.

En 1925 el Ejército de Ocupación levantó la prohibición contra el  Partido Nacionalsocialista en mi ciudad natal. Asistí a sus primeros  mítines, y descubrí que el partido compartía los mismos objetivos y  propósitos que yo buscaba. Me uní al movimiento y he sido, desde  entonces, uno de sus miembro más activos.

Después del asesinato de Ratheneau inicié una investigación sobre la  cuestión judía. Leí mucho y me resultó cada vez más evidente que el  marxismo internacional y el problema judío estaban estrechamente  ligados. Reconocí en ello la causa de la decadencia política, moral y  cultural de mi patria, y me convencí de que el programa  nacionalsocialista no sólo estaba plenamente justificado, sino que  también era  absolutamente necesario para el renacer de Alemania.

Quedé fuertemente impresionado por el primer mitin al que asistí. Se me  aceleró el pulso al oir hablar de la madre patria, su unidad y su  necesidad de un líder supremo. Sentí que pertenecía a aquel pueblo.
Artículo mando desde Almeria por Por Siegfried.



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