Un médico
Oí hablar por primera vez del
Partido Nacionalsocialista en 1928. Me interesó y acudí
a un mitin. Allí un tal doctor Ley hizo un excelente análisis
de la responsabilidad gubernamental ante la crisis de Alemania, al
mismo tiempo que subrayaba los objetivos y propósitos del
nacionalsocialismo. Las ideas del conferenciante estaban tan cercanas a
mis propios sentimientos que, de hecho, parecía estar expresando
mis pensamientos y deseos. Estaba entusiasmado, y decidí afiliarme
sin demora al partido.
Un ferroviario
En tanto que obrero de ferrocarril, tuve una
magnífica oportunidad de observar la confusión existente,
en especial, entre los trabajadores. Cuando estuve en el ejército,
vi que los mejores soldados procedían de la clase trabajadora;
ahora tengo que contemplar cómo estos obreros están
siendo enajenados de la madre patria. ¿Por qué Alemania tiene
que desgarrarse a sí misma? Me estremezco al pensar en las
garras del bolchevismo en Alemania. El eslogan "¡Obreros del
mundo, uníos!" carece de sentido para mí. Sin embargo,
al mismo tiempo, el nacionalsocialismo, con su promesa de una comunidad
de sangre que impedirá toda lucha de clases, me atrae profundamente.
Un granjero
En la Semana Santa de 1926 dejé el
Gymnasium (escuela secundaria en Alemania) y volví a casa,
a la granja. Aquí la Dama Necesidad era nuestra invitada.
Escasez de fondos necesarios perdidos prestados a tasas e interés
de usureros. Si los préstamos no podían devolverle el
día estipulado eran sumados a las deudas, por lo que éstas
crecían desmesuradamente en poco tiempo... el judío
era siempre el prestamista cortésmente sonriente, recaudador
diabólicamente burlón. Así fueron las cosas
hasta 1931... en marzo de 1931, después de una breve pelea con mi
padre, dejé mi casa y me lancé al mundo... hasta ese momento
había sido un nacionalsocialista desde el punto de vista del
granjero, lo que me brindó una excelente oportunidad para
examinar el problema de los agricultores. Estudiándolo me
quedó una cosa clara: primero, antes de poder acabar con la
lucha de clases, deberían desaparecer los prejuicios de clase
de aquellos que están en una posición más alta...
el nacionalsocialismo se había convertido en mi más profunda
creencia.
MOTIVOS PARA AFILIARSE
El hecho es que Hitler mira a cada uno de
sus hombres a los ojos. A medida que desfilan las SA, su mirada deambula
de un soldado a otro. Nosotros, los nacionalsocialistas de la vieja
guardia, no nos afiliamos a las SA por razones de interés.
Nuestros sentimientos nos guiaron hasta Hitler. Había un reflujo
muy poderoso en nuestros corazones, algo que decía: "Hitler,
eres nuestro hombre. Hablas como un soldado del frente y como un
hombre; conoces el trabajo duro, tú mismo has sido obrero.
Yaciste en el barro, como nosotros -no como un pez gordo, sino como
soldado desconocido-. Has dado todo tu ser, todo tu cálido
corazón, al pueblo alemán, más por el bien común
de Alemania que por tu beneficio o interés personal. Porque
tu sentimiento más profundo no te dejaría hacer otra
cosa." Rara vez nuestro pueblo ha sido grande y ha estado unido,
pero una vez fuertemente unificado, fue inconquistable. Éste
es el secreto de nuestro idea y sobre ella reposa el poder del nacionalsocialismo:
la unidad es el objetivo de nuestro líder que quiere hacer
fuerte al pueblo para que sea de nuevo poderoso.
Como resultado de las clases de Historia y de mi propia experiencia durante y después de la guerra, me convertí en nacionalista. Por otro lado, el sufrimiento y las privaciones de una gran parte de nuestro pueblo me hizo socialista.
En 1925 el Ejército de Ocupación levantó la prohibición contra el Partido Nacionalsocialista en mi ciudad natal. Asistí a sus primeros mítines, y descubrí que el partido compartía los mismos objetivos y propósitos que yo buscaba. Me uní al movimiento y he sido, desde entonces, uno de sus miembro más activos.
Después del asesinato de Ratheneau inicié una investigación sobre la cuestión judía. Leí mucho y me resultó cada vez más evidente que el marxismo internacional y el problema judío estaban estrechamente ligados. Reconocí en ello la causa de la decadencia política, moral y cultural de mi patria, y me convencí de que el programa nacionalsocialista no sólo estaba plenamente justificado, sino que también era absolutamente necesario para el renacer de Alemania.
Quedé fuertemente impresionado por el
primer mitin al que asistí. Se me aceleró el pulso
al oir hablar de la madre patria, su unidad y su necesidad de un
líder supremo. Sentí que pertenecía a aquel pueblo.
Artículo mando desde Almeria por Por
Siegfried.