1.ORÍGENES
DEL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO EN ESPAÑA.
La mayor parte de los nacionalismos
revolucionarios del resto de Europa, nacieron de la gran derrota nacionalista
de 1945 y de la Paz de Yalta que partió a Europa en dos grandes
bloques: el oriental en donde los nacionalistas fueron sistemáticamente
asesinados y las diferencias nacionales reducidas a elementos folklóricos
dentro del sistema comunista; y el occidental, donde tras una massacre
inicial, los nacionalistas fueron marginados más que asesinados,
a menos que eso fuera realmente necesario, y en donde las diferencias nacionales
fueron lentamente laminadas por una pseudocultura de Coca-Cola y películas
de Hollywood, hecha a partes iguales de intereses económicos y degradación
espiritual. El nacionalismo revolucionario español nació,
por el contrario, no de una derrota física sino de una derrota espiritual.
Victoriosos los ejércitos nacionales en la guerra civil de 1936,
creado a partir de esa derrota un estado nacional que en sus primeros años
pudo facilemente ser confundido con un Estado Nacionalista y Revolucionario,
y lo fue en muchas de sus leyes sociales sobretodo las inspiradas por los
falangistas, a partir de 1945, con la derrota del Eje en la Segunda Guerra
Mundial el Regimén nacido el 18 de julio emprendió una lenta
decadencia que lo llevó de ser una casi dictadura fascista a un
casi estado liberal monárquico. Ya en 1956 el Movimiento Nacional
- el partido único - había quedado reducido a un mero aparato
de tipo burócratico y para estatal que facilitaba comparsas para
las visitas del Caudillo a las provincias y policías no pagados
con los que perseguir a los rojos sobrevivientes de la Guerra Civil y a
sus hijos. A partir de los años cuarenta el regimén
franquista decidió tomar sus distancias con el derrotado Eje e insistir
más en su caracter católico, anticomunista y autoritario
que en el fascismo original de Falange. Una generación entera de
jóvenes falangistas creció creyendo que no tenía nada
en común, a pesar de los saludos brazo en alto y los uniformes,
con los nacionalistas de resto de Europa. No fue sin embargo sino a partir
de los años cincuenta que de los grupos franquistas y falangistas
comenzaron a surgir toda una serie de movimientos que evolucionarían
a lo largo de los años de forma muy diversa.
Por un lado estaban los franquistas duros que veían, no sin razón,
en el retroceso del Regimén en las Universidades un peligro para
la subsistencia del Sistema Franquista. De esos franquistas duros salieron
gran parte de los grupos nacionalistas que como la Hermandad Nacional Universitaria,
la Acción Universitaria Nacionalista, las Defensas Universitarias,
redujeron su activismo a un mero anticomunismo. Del sector más católico
y anticomunista salió la revista Fuerza Nueva que después
se transformaría en el partido político del mismo nombre.
Por otra parte estaban los falangistas que a partir de sus convicciones
de tipo social tomaron caminos muy diversos. Los hubo que a partir del
sindicalismo original de un Ledesma o Hedilla pasaron desde posiciones
de oposición fascista al franquismo a un sindicalismo revolucionario,
de un sindicalismo revolucionario a un antifranquismo antifascista y acabaron
en lugares tan distintos como los sindicatos anarquistas, los grupos antifascistas
radicales o incluso el comunismo en su variente más despreciable,
el troskismo.
Hubo otros falangistas movimientistas que tuvieron un fin aún más
despreciable y "adaptando" el Estado franquista a lo que ellos consideraban
las necesidades de la Europa de la postguerra acabaron en la UCD.
Finalmente existió un pequeño grupo de falangistas y excombatientes
de la División Azul que permanecieron fieles al fascismo de la primera
falange y a partir de los años cincuenta y sesenta comenzaron a
tomar contacto con grupos que en el resto de Europa luchaban contra el
sistema de Yalta. Fue a partir de la iniciativa de uno de esos pequeños
grupos nacionalista que surgió la revista JUANPEREZ, publicada
en Barcelona, en la que aparecieron artículos Jacques Thiriart (1)-
en aquellos días el neofascista más importante de Europa
y creador de la JEUNE EUROPE, grupo que tuvo una pequeña sección
en España -, de los combatientes de la OAS, aún en lucha
contra De Gaulle, junto a los veteranos de las SS europea. Fue en JUANPEREZ
que publicó sus primeros artículos Joaquín Bochaca,
que llegaría a ser el principal revisionista europeo, y Jorge Mota,
que fundaría el primer grupo legal del neofascismo español.
Fue de la coincidencia de los colaboradores de JUANPEREZ, de un grupo de
antiguos combatientes europeos, de la SS, de los partidos fascistas de
preguerra, de la División Azul, y de un grupo de simpatizantes españoles
de JEUNE EUROPE, que nació CEDADE, un grupo que desde 1969 hasta
1994 mantuvo en alto la bandera del nacionalismo revolucionario en España.
Explicar el porque CEDADE, un grupo que por mucho tiempo tuvo la exclusiva
de ideas revolucionarias, que tendrían que haber atraido a las masas
juveniles, no pudo crecer es algo que escapa a escapa a la extensión
de estas páginas. Baste decir que no coincidieron las ideas con
las oportunidades, que el sectarismo venció sobre las necesidades
políticas y que no siempre hubo dinero para llevar a cabo todos
los planes pensados. Pero, al margen de su fracaso como grupo político,
CEDADE logró introducir en un mundo demasiado satisfecho consigo
mismo, el del nacionalismo español de la década del sesenta,
toda una serie de ideas nuevas llegadas de Europa:la solidaridad con las
otras naciones occidentales; el revisionismo histórico en defensa
de los derrotados de la guerra del 45; el combate cultural y la necesidad
de recrear una cosmovisión política para el nacionalismo
peninsular como no lo había vuelto a tener desde la década
del treinta. Esas ideas fueron retomadas después por todos los demás
grupos creados a partir de excisiones de CEDADE, a veces incluso por grupos
creados por gente peleado personalmente con CEDADE. A CEDADE le siguió
el PENS en Barcelona (1972), el MSE de Valencia (1973), el MNR de Madrid
(1973), la LEGION AZUL (1973) - a medio camino entre el nazismo y el falangismo-
en Madrid, el JEP en Barcelona (1977) y la JNR (Barcelona 1977) y Madrid
(1979).
Desgraciadamente a partir de 1975, justo cuando todo el mundo comienza
a pensar y hablar en terminos políticos en España, CEDADE,
y por extensión los demás grupos nacional revolucionarios,
que habían desarrollado una larga serie de ideas originales en la
época final de franquismo se ven reducidos cada vez más,
debido a la falta de medios para desarrollar una política independiente
y a su deseo de no alinearse con las otras fuerzas nacionales, a un papel
testimonial y nostalgico y pasan cada vez más tiempo reidvindicando
pasados gloriosos que fúturos necesarios.
CEDADE desaparecera finalmente a mediados de los noventa. Durante su existencia
publicó decenas de boletines locales, una revista de circulación
internacional, un centenar largo de libros -algunos de ellos inigualables
en su genero-, cintas de música nazi, posters, videos... Ninguno
de sus críticos logró nunca hacer algo equivalente. Y sin
embargo fracasaron al aceptar quedar reducidos a un mero grupo testimonial
dedicado a la defensa de un mundo desgraciadamente muerto.
En
la parte final de la década del ochenta y principios de la del noventa
aparecera en Madrid otro grupo que lograra renovar el nacionalismo español,
las llamadas BASES AUTONOMAS. Las Bases autonomas supusieron un cambio
total en la forma que los nacionalistas afrontaban los problemas políticos
del país, por primera vez desde la década del treinta
un movimiento nacionalista se definía no sólo con sus palabras
sino también con sus actos como definitivamente antisistema. Desgraciadamente
la actuación de las Bases no revitalizó la derecha nacional
española sino que contribuyó a aislarla y marginalizarla
más aún de la única base social, los tardo franquistas,
que tenía sin dotarla de una base social nueva. Con los nacionales
moderados practicando el voto util -¿util a quién?- , el
último gran partido de la derecha nacional disuelto -Fuerza Nueva-
y los nacional revolucionarios transformados en un movimiento marginal
acabó la década del ochenta. La situación de los neofascistas
españoles era, por fin, equivalente a la de sus homologos europeos
a finales de los años cuarenta. ¿Qué queda del nacionalismo
revolucionario en España? Practicamente nada. De CEDADE sólo
queda una librería (2), acosada por las deudas y el activismo izquierdista.
De los grupos nacionales menos que nada. No existe hoy en día
un grupo nacionalista que tenga atractivo para las masas, o pueda siquiera
congregar las masas -llegaron a ser verdaderas masas que se reunían
quince años atrás. En otros países, otras organizaciones
se han visto obligadas a reinventarse, y a veces lo han hecho con
el mayor de los exitos. El FRONT NATIONAL en Francia ha logrado resultados
electorales que le transforman en el cuarto partido de Francia, el MSI
italiano logró incluso tener ministros en uno de los gabinetes de
Berlusconi. ¿Por qué el nacionalismo revolucionario no logró
avanzar en España? Incluso a finales de la década del ochenta
cuando el hundimiento del bloque sovietico, el súbito descubrimiento
de que "el comunismo es impopular', el resurgir de los nacionalismo en
la Europa Central, el ascenso electoral del Front National en Francia y
de Lebed en Rusia, la oleada de de activismo que va de finales del ochenta
y nueve hasta el noventa y uno no parece afectar a las fuerzas políticas
nacionalistas en España que se ven incapaces de aprovechar la ocasión,
continuan empleando un lenguaje anticuado y proyectando una imagen completamente
paseista en lugar de reclamar su puesto como vanguardia de la sociedad.
Y sin embargo estamos ya en un tiempo en que el fracaso del modelo socialdemocrata
propuesto por el PSOE ha fracasado evidentemente y en que el hoy
triunfante -¿triunfante?-PePe aún no ha logrado transformarse
en una opción de gobierno. En circunstancias muy parecidas el
nacionalismo francés había logrado pasar de un ser un movimiento
marginal a tener un quince por ciento del voto popular.
2.ALGUNAS OPINIONES
SOBRE LA DERECHA NACIONAL ESPAÑOLA Y EL NEOFASCISMO
El hecho de que el nacionalismo español saliera vencedor de la guerra
civil fue algo positivo para España, retrasó más de
cuarenta años las tendencias separatistas que ahora afectan al país,
creó un sistema político estable en el que creció
la actual España industrializada y urbana. Al margen de sus fallos
lo cierto es que el franquismo garantizo Orden Público, Paz Social,
Progreso Nacional. El franquista fue un regimen de tipo conservador
que sólo por motivos coyunturales adoptó un aspecto exterior
fascista. Franco no era un lider popular o populista salido desde
abajo que alcanzara el poder al frente de un partido subversivo sino que
era el producto de una de las más antiguas instituciones españolas,
el ejército, y su victoria fue la de una España tradicional
que en el 1939 todavía existía en el mundo real, y que con
todos sus fallos era superior a la República masónica, laica
e izquierdista derrotada por ella, pero que en 1975 ya había dejado
de existir. En la España de Franco, la Falange hubiera podido
ser, y a menudo fue, un elemento de renovación social, pero la derrota
del Eje en la II Guerra Mundial, la desfasticización posterior del
sistema, el bloqueo internacional y, finalmente, la burocratización
del partido. provocaron su fracaso.
Los movimientos nacionalistas
revolucionarios de hoy son hijos de aquellos otros nacidos entre los vencedores
de 1939 descontentos con la estrechez de su victoria. Durante los años
sesenta, setenta e incluso después siempre hubieron líneas
de comunicación abiertas entre los patriotas que, descontentos con
la orientación cada vez más liberal del sistema franquista,
estaban cada vez más en la oposicíon y aquellos otros que
dentro del mismo, a veces -las más de las veces- honestamente, permanecían
en sus puestos dentro del sistema. Comisarios franquistas, guardias
civiles que habían pasado sus vacaciones en los campamentos del
Frente de Juventudes, jueces de la División Azul, acostumbraron
a los militantes nacionalistas a una cierta tolerancia que se extendió
a los primeros años de la democracia. No es que los neofascistas
fueran amigos del Estado o que el Estado tratara de manipular a los neofascistas.
Lo que pasaba era algo más sencillo: los enemigos del
fascismo eran, tambien, muchas veces, enemigos no ya del Estado Franquista
sino del mismo Estado Español. Y los mismos antifascistas
estatistas, la UCD primero y el PSOE después, cuando llegaron al
poder siguieron con muchos de esos grupos, que habían entrado
al combate como antifascistas, la misma política de guerra sucia
empezada durante el último franquismo.
Los neofascistas europeos, sobre todo los franceses, belgas e italianos,
crecidos en medio de la horrible represión desarrollaron, obligados
por la situación, toda una serie de nuevas consignas que les permitieran
sobrevivir en medio de un mundo totalmente hostil. Aprendieron a
distinguir lo importante de lo accesorio, a prescindir de la parafernalia
y el vocabulario de los años veinte y treinta de forma que cuando
el público veía una caricatura antifascista no pudiera identificarla
con ellos. Los neofascistas italianos y franceses aprendieron a trabajar
el mundo de la cultura, a crear organizaciones paralelas, a trabajar a
largo plazo en vez de tratar de reproducir mecanicamente los intentos
de tiempos pasados. Grupos como Avanguardia Nazionale, o, en un ambiente
menos violento como era el francés, Occident y Ordre Nouveau
crearon un nuevo estilo que reflejaba todas las esencias del nacionalismo
clásico pero permitía vivir a sus militantes en su tiempo
real. Un militante de Ordre Nouveau era un adolescente de los años
sesenta no vivía como una generación antes. Y por vivir en
su tiempo la gente de Ordre Nouveau logró ser tratada
como una fuerza política incluso por sus enemigos. Nadie se lanzó
a largas polémicas con Ordre Nouveau sobre el Holocausto
-algo que podía o no haber ocurrido antes del nacimiento de la mayor
parte de sus miembros- sino que se discutía con ellos sobre
la inmigración, sobre la devalorización de los titulos academicos
- en una universidad destruida por el mayo del 68 - sobre la seguridad
ciudadana, sobre la pena de muerte.
La persecución ejerció como mecanismo de selección
permitiendo que sólo los mejores grupos nacionalistas sobreviviera,
condenando a la extinción a aquellos que confundían
el folklore y la historia con la política. La misma ausencia de
persecución, hasta el comienzo de la década del ochenta
por lo menos, hizo que fuera demasiado cómodo, al menos intelectualmente,
ser fascista en España.
La seguridad de tener al Estado como enemigo obligó a los neofascistas
italianos y franceses a reflexionar sobre su naturaleza, a analizar
sus puntos debiles, a plantearse las distintas formas de conquistarlo,
debilitarlo o al menos ganarse parte del mismo. Los intentos de golpe de
estado fracasados del Principe Borguesse, el activismo en Reggio - Calabria
- durante los primeros años de la década del setenta,
el pustch de Argel contra la IV República francesa, los atentados
del OAS, la opción electoralista de los ultras franceses, son caminos
distintos, resultado de formas distintas de entender la política,
que tienen en común por lo menos un punto. Eran opciones de tipo
político nacidas de la reflexión. Existían planes
que luego resultaron no ser maestros, líneas políticas y
estrategias a corto, medio y largo plazo destinadas a substituir
una forma de Estado por otra y aunque a veces en esas estrategias tuvieran
entrada elementos no políticos, ya fueran estos Carabineros
italianos o paras franceses, lo cierto es que la dirigencia era civil y
civiles sus objetivos. Por oposición a esto, el grito de batalla
de los ultras españoles durante los últimos años del
franquismo y los primeros de la democracia, fue "Ejército al Poder".
Ese es un grito en el que está concentrada toda la impotencia
y la falta de analisis político de las llamadas Fuerzas Nacionales
españolas que confesaban, en tres palabras, ser
incapaces no ya de tomar el poder por la fuerza o por la ley sino incluso
de administrarlo. No es por casualidad que sea después del
fracasado golpe del 23 de febrero cuando desaparezca de las calles la mayor
parte del activismo nacionalista. Detrás del nacionalismo
español no había nada. No había una estrategia para
la conquista del Estado que fuera más allá de desear que
se repitieran las mismas circunstancias de 1936, salvo que los generales
del Ejército Español ya no eran jóvenes y las tropas
coloniales no se movieron.
Los neofascistas españoles olvidaron que no es posible una revolución
sin un partido revolucionario, que no es posible un partido revolucionario
sin una ideología revolucionaria, que la existencia de una ideología
revolucionaria es inutil sin una praxis revolucionaria y que una
praxis revolucionaria que no forme parte de un plan de acción no
es las más de las veces que una perdida de tiempo que cansa a los
militantes y los separa de la causa - en el mejor de los casos - o vandalismo
que los aliena de la sociedad que los rodea - en el peor de los
casos-. Los ejemplos de CEDADE, que por más de veinte años
gastó los esfuerzos de un dedicado grupo de militantes en busca
de objetivos políticos que nunca fueron definidos, y de las
BASES AUTONOMAS, que lograron separar al nacionalismo revolucionario de
Madrid de la única base social que les hubiera podido
ayudar, son los más claros. Lo más terrible de estos ejemplos
es que tanto los miembros de CEDADE como de las BASES AUTONOMAS no
sólo no parecieron comprender sus fallos sino incluso disfrutar
con su marginación. NOS MARGINAN PORQUE SOMOS LOS MEJORES,
parece ser la explicación -¿excusa?- de los nacional revolucionarios
españoles. SI SUPIERAN COMO SOMOS VENDRIAN CON NOSOTROS, parece
ser la gran esperanza de grupos que nunca se han molestado en actualizar
y hacer más comprensible su mensaje al país.
ES HORA DE VER LA
REALIDAD CARA A CARA
Es hora de darnos cuenta de la fecha en que vivimos. Hay que diferenciar
lo esencial de lo secundario; lo que es eterno de lo que fue
accidental de la Alemania, la Italia o la España de los años
veinte y treinta. La necesidad de unir a las clases y grupos sociales de
una misma nación en torno a un proyecto común en oposición
a las tendencias atomizadoras del mundo moderno es básica; la necesidad
de subordinar la política a una ética basada en las
tradiciones occidentales es básica; la necesidad de hacer junto
a la política y la economicia una revolución cultural
es básica. Lo otro: los uniformes, las formaciones paramilitares,
puede ser bonito pero si es necesario desembarazarse de eso para
triunfar, hacerlo no es una traición. En una revolución la
única traición consiste en ser derrotado porque en contra
de lo que la gente cree las revoluciones no consisten en alzarse
contra el poder establecido sino en substituirlo y usar, y si es necesario
abusar, de ese poder.
Y puesto que hay gente que sería incapaz de identificar un movimiento
fascista si este no hiciera referencia a tiempos pasados, y ciertamente
mejores, hagamos ahora alusión a nuestro pasado para decir algo,
definitivo, sobre el mismo: SE ACABO. El mundo ha cambiado mucho desde
que los primeros fascistas se reunieron y juramentaron en la Piazza del
Santo Seppulcro. Tan sólo diez años después
los que trataron de copiarles fracasaron. La idea de que siete jóvenes
se pueden reunir en una cervecería - de tipo alemán por favor
- fundar su partido, reunir once millones de militantes en
once años y tomar el poder es irreal. Ni siquiera aquel que aparentemente
no puede ser nombrado, lo hizo así, y desde que se reunió
por primera vez en una cervecería hasta que tomó el poder
pasaron muchas cosas que parecen olvidar aquellos que ahora se dicen
sus seguidores y no son sino sus imitadores. El mundo ha cambiado y ya
no permitira el surgimiento de otro fascismo como el original o de
otro Hitler, lo que no debe preocuparnos, porque el mundo de Hitler era
un mundo distinto al nuestro y en el que las potencias entonces reinantes
lo que deseaban impedir era el surgimiento de un nuevo Bismark. ¿Qué
hacer? Ya que hemos citado a Hitler preguntemonos que haría
El. Y la verdad es que no sabemos que es lo que haría hoy, pero
sabemos lo que hizo entonces. No copió el pasado, fue original,
adaptó -y a veces creo con esa inocencia de los creadores que son
originales y no lo saben- formas nuevas de comunicación de
masas, explotó todos los recursos de la tecnología existente,
ayudó al desarrollo de nuevas tecnologías, combatió
donde encontró a sus enemigos y sobre los temas que estos
escogieron. Fue Revolucionario frente a los que confundían la Tradición
con el mero repetir de rituales ya carentes de significado
y Tradicionalista frente a los que creían que la Revolución
consistía en hacer tabla rasa con una historia varias veces milenaria.
La mejor lección que podemos tomar de Hitler es que Hitler fue Hitler,
cuando eso era extremadamente impopular y los patriotas de su país
querían otro Canciller de Hierro, y que si viviera hoy es seguro
que nos ordenaría que fueramos nosotros y no clones
de él. Nuestro primer deber como revolucionarios es comprender el
mundo que nos rodea sin excusas. Demos ese primer paso y todo lo
demás vendra, poco a poco, tal vez no en nuestra generación,
pero vendra porque si esta guerra no acaba con nuestra victoria, con la
de la TRADICION Y LA REVOLUCION unidas por fin, entonces la Historia
de Occidente no tiene ningun sentido ni nuestra raza ningun provenir. Y
nosotros sabemos que eso es imposible.
1.Jacques Thiriart fue uno de
los grandes renovadores del nacionalismo revolucionario en la Europa de
los años sesenta. La organización por
el fundada JEUNE
EUROPA existió sólo por tres años pero en esos tres
años intriodujó un discurso completamente renovador. La
reidvindicación
de una Europa Unitaria. La tercera via antisovietica y anticapitalista.
La necesidad de crear un bloque político
independiente. Fue
también el primer grupo en popularizar la CRUZ CELTICA en Europa
-aunque este simbolo hubiera sido usado ya
antes por algunos
grupos en Francia-. Es a partir de JEUNE EUROPE que los movimientos nacionalistas
posteriores adoptaron poco a poco
propuestas de tipos
paneuropeo por oposición al fascismo de preguerra que tan a menudo
habían caido en el chauvinismo.
2.Librería Europa. Calle
Seneca 12, bajos. BARCELONA. 08023. España.
Historia
NuevOrdeN