El Odio Indígena en Bolivia
He aquí el primer documento de guerra que la América India en boca rebelde de Bolivia lanza al mundo (…). Habla en guerra la América India a través de la guerra total que declara el Partido Indio de Bolivia. Porque ninguna raza más autorizada en América y en el Mundo que la raza india para reiniciar la guerra santa contra todo lo que es y significa la raza blanca. (…). El Partido Indio decreta abiertamente la guerra total contra la raza blanca, porque ella no es sólo el insultante color de piel blanca, sino un agraviante y cobarde estilo de vida donde el robo es virtud que se premia y el crimen negocio que se condecora. La raza blanca no es simplemente una raza como las demás, sino que una distinta, no humana, creadora de la guerra y la propiedad privada. Inventora de la jerarquización social, de las crisis, del ataque a sangre y fuego, raza fetichista, hipócrita, hecha mentira desde su nacimiento, caminando entre mentiras y falsedades durante su torva existencia. Hay, pues, que matarla y destruirla para que nunca más asome la mentira hecha raza! (…) No es entonces una guerra simple, una guerra sólo para matar blancos, no; esta es una guerra sin piedad, sin tregua, sin descanso contra todo lo que significa su religión, su cultura, su economía, su moral, su vida, todo.
MANIFIESTO DEL PARTIDO INDIO DE BOLIVIA
El calificar de “racista” al párrafo introductorio sería ser extremadamente contemplativo, demasiado benévolo, lo que se dice ahí es el veneno del prejuicio, el primitivo sentir del odio, y pese a que su lanzamiento se dio en 1969 se lo puede encontrar actualmente en las calles de la ciudad de La Paz-Bolivia, junto con otros textos del mismo tipo, junto con la verborrea de la misma ignorancia, el caldo de cultivo del futuro genocidio.
Y es que el odio indigenista al mestizo blancoide y al blanco nunca ha quedado olvidado, su ser simplemente lo ha disimulado hipócritamente, saliendo a flote cuando su anonimato lo permite, mimetizado en las hordas como las que saquearon negocios y hogares durante los terribles conflictos de Febrero y Noviembre del 2003, cuando en algunas zonas de clase media y residenciales organizaron barricadas para impedir la destrucción de sus bienes y la vejación de los suyos a manos de las turbas de ojos inyectos de sangre que bajaron de las laderas a revivir su terrible resentimiento contra todo el que no es como ellos.
Amparadas tras las espaldas de la izquierda burguesa putrefacta, que a través de sus dirigentillos azuzan a la limpieza étnica, que se sienten ofendidos cuando muere un narco-cocalero pero nada dicen cuando se habla de instaurar el Kollasuyo sin mestizos ni blancos, cuando bajo la sombra de la bandera Whipala sus marchas en nuestras calles golpean a quien luce diferente, como ha sido siempre: embrutecidos por el alcohol y la ventaja del número.
Amparadas por Derechos Humanos (¿o serán Izquierdos Humanos?) estas ideas de odio campean en las universidades estatales, ante la impotencia de mestizos y blancoides, los cuales en su inocente obnubilación mental aún cree en la “igualdad” y “multiculturalidad” tan proclamada, protegiendo esta barbarie indigenista sin saber que cuando llegue el momento oportuno dichos sectores “desamparados” no dudarán en tener acciones de carácter antropófago, solo para mencionar una de las tradiciones bastante acentuada en esta raza india.
Ya no son ellos los marginados, pueden acceder a instituciones castrenses, colegios, universidades, centros de diversión con toda tranquilidad. Organizan fiestas y celebraciones que bajo el pretexto de una religiosidad simbiótica entre lo pagano y católico se ostenta un poder económico impresionante -más allá del alcance de la clase media endeudada e hipotecada- mientras su capital atiborra, mantiene y hace florecer entidades financieras las cuales los tratan como a verdaderos reyes.
¿Y donde quedan aquellos que no encajan en estas características? La minoría sólo puede tragar saliva, mirar para otro lado y seguir como si nada pasara, en realidad no quedaría otra cosa que hacer, cuando se encuentra rodeada por barrios y villas de aymaras, cuando la policía y el ejército tiene entre sus miembros a más de la mitad con descendencia indígena, cuando la economía la han monopolizado al extremo que casi todo negocio les pertenece, cuando las calles están llenas de ellos…
El panorama no se muestra muy alentador, y mientras el oriente de Bolivia que está conformado por otras características étnicas se potencia con inversiones y se desarrolla a niveles extraordinarios el occidente sigue siendo mancillado por estos “pueblos originarios” que lo único en lo que ha crecido estos más de quinientos años es su sed de venganza. Y nosotros solo podemos esperar el momento en que debamos defender a nuestros hogares, hijos y mujeres…
De seguro será una lucha desigual pero nuestra raza nunca ha sido esclava ni lo será.
Antes preferimos desaparecer.
ligaoccidente@hotmail.com
EL ODIO INDÍGENA EN BOLIVIA (PARTE II)
En una anterior oportunidad habíamos descrito el profundo racismo que existe hacia el mestizo y el blanco en Bolivia. Todo lo dicho ha vuelto a ser confirmado durante los terribles sucesos a los cuales nos han empujado las protestas indígenas.
Una de las cosas sobre la cual no informan los medios de comunicación internacionales y si lo hacen es de forma muy disimulada se refiere a los ataques que sufrimos los que no respondemos al estereotipo de los “pueblos originarios”, los que somos considerados k’aras (palabra de tipo despectivo con el cual suelen identificar a las personas de color blanco o claramente identificable de un status social mayor). Las agresiones se las sufre en las calles, donde se golpea durante las marchas que ya duran 3 semanas, y quien crea aún en la igualdad que se atreva a cruzar una de ellas, lo recibirán a palos y golpes de látigo; que ande cerca de ellos, verá como es insultado y humillado sin importar la edad y el género, tienen la palabra los ancianos y hasta mujeres embarazadas que fueron atacados.
Los que postulan la multiculturalidad que observen como destruyen negocios a pedradas, roban amparados en la turba y tienen el descaro de decir que son pacíficos. La especulación de alimentos por el bloqueo de carreteras, la falta de gas por estar los accesos a la ciudad obstruidos, el corte del servicio de agua por atentados dinamiteros a las represas, la falta de gasolina por la toma de las estaciones de producción de este elemento, hacen aún más desolador el panorama, quién no está acá no puede tener la completa idea de lo que sucede, no es un conflicto más, no es solo por la nacionalización de hidrocarburos o la asamblea constituyente, tras eso existe un absoluto resentimiento e intolerancia bajo el pretexto de su “marginamiento y pobreza”.
Tanto es así que se han comenzado a formar comités de defensa en algunos
barrios, pero la lucha es desigual, el pacifismo de nuestra raza contra la
bestialidad del indio, nuestra pasividad contra un aparato estructurado que nos
va oprimiendo y en cada acto nos demuestra lo que nadie se atreve a decir en voz
alta pero tras cuatro paredes es gritado: esta lucha es racial. Ellos, las masas
interminables de indios lo han entendido así hace mucho tiempo… nuestra gente
aún apesta a democracia y tal vez ese sea su fin.