Vivir en Puerto Rico
Muchos camaradas se preguntan que se siente vivir en un lugar tan hostil,
inhóspito y pestilente como lo es la Isla del Espanto. Otros se preguntan porque este servidor aun sigue viviendo en
ese nido de ratas. Yo mismo me lo
he preguntado, y he maldecido mil veces al destino por semejante afrenta a mi
persona y a mi carácter. ¿Porque
a mi? Es la pregunta
existencialista cuya respuesta solo sabré en el día del Crepúsculo Final.
Un típico día en la Sodoma y Gomorra del caribe representa un episodio más en la telenovela sionista más popular de Hispanoamérica. Aunque los medios del $istema solo presentan una cara de la moneda (la que más les favorece o la que menos les perjudica), es evidente que no pueden tapar el sol con la mano. Ya la ramera deja ver sus colmillos cada vez que sonríe.
La situación política del país es un asqueroso circo en el cual los
espectadores son los protagonistas del espectáculo. El populacho elige a los futuros criminales de cuello blanco
cada cuatrienio en un oligopolio donde sólo dos partidos políticos se
intercambian el privilegio de robar a tiempo completo. Uno es un partido pro americano, el otro es un partido pro
colonia. Existe un tercer partido
el cual es pro independencia cuya ideología lamentablemente se identifica
abiertamente con el marxismo, mas es simpatizante de los regímenes de Fidel
Castro y Hugo Chávez. Aunque dicho
partido nunca ha llegado al poder, también se ha llevado una gran tajada del
pastel.
El populacho gusta de obtener dinero, víveres y beneficios sin trabajar,
por eso temen a la independencia del país. Es
por ello que optan por votar a favor de los dos partidos mayoritarios, creyendo
que así evitarán que Puerto Rico se transforme en otra Cuba. Lamentablemente
ellos ignoran que el neoliberalismo y el comunismo son las dos alas de un mismo
ave de rapiña.
Puerto Rico como bien mencioné en un artículo anterior sufre de un gravísimo
problema de hacinamiento poblacional. El
gobierno incentiva que el populacho se multiplique como gusanos, brindándole
beneficios sociales tales como cupones de alimentos, sanidad, vivienda, agua,
electricidad, becas para estudios, etc. Todo gratis, todo sin tener que trabajar, sólo procrear. En
el caso de los inmigrantes estos beneficios no pocas veces son triplicados, ya
que Puerto Rico es un país “buen samaritano”. ¡Cualquiera
es buen samaritano con el dinero ajeno!
La relación entre obreros y patrones representa otro eslabón en esta
cultura de parásitos.
Los capitalistas y administradores de grandes empresas explotan a la buena
clase trabajadora del país mientras otros “trabajadores” (inmigrantes,
negros, homosexuales, prostitutas y alcahuetes) abusan de los privilegios que se
les brinda provocando un alza en los costos de producción resultando en un
eventual cierre de operaciones.
A pesar de ser los culpables, estos parásitos multiculturales son los menos
perjudicados, ya que siempre conservan sus puestos o son reacomodados en
diferentes plazas no menos privilegiadas. Es evidente que el “talento” importado y multicultural es
muy preciado en Puerto Rico.
La educación en Puerto Rico deja mucho que desear. El
$istema enseña que los conquistadores españoles eran los malos de la película,
que Hitler mató millones de personas, que todos los seres humanos son iguales
ante Dios, y que lo mejor que pudo haberle ocurrido a Puerto Rico es su actual
status político, etc. La escuelas
del país son centros de narcotráfico, prostitución juvenil y violencia. Es más seguro llevar un niño blanco a Irak que llevarlo a
una escuela de Puerto Rico. Las
universidades son solo gigantescas sinagogas donde los comunistas encuentran su
oasis de militancia entre la chusma juvenil de poco cerebro.
Los centros comerciales y las discotecas representan el punto de encuentro
de toda la bazofia “humana” a lo largo y ancho del país.
Al igual que las escuelas y universidades, éstos lugares sirven como
centros de actividades ilícitas e inmorales.
Es irónico como el populacho y el gobierno se quejan de que la
situación socioeconómica del país esta muy mal,
pero a la misma vez se glorifica al consumismo imperativo con todas sus
implicaciones.
La opinión pública del puertorriqueño común es un chiste de mal gusto.
Se tragan toda la basura que presentan los medios y expelen excremento
cada vez que abren la boca. Los que
se oponen a la guerra de Irak fundamentan su barato argumento en las supuestas
muertes de personas “inocentes” y soldados puertorriqueños. Aquellos que favorecen la guerra todavía se creen el cuentito
de las alegadas armas de destrucción masiva.
Obviamente el populacho ignora el verdadero móvil de esa guerra y a
quien beneficia. El puertorriqueño
común ha demostrado ser cobarde, consumista, vago, suicida, no pensante e
irresoluto.
Una vez un seudo intelectual sarcásticamente me preguntó lo siguiente: “¿Cómo
es posible que tu seas un boricua nacionalista que odie tanto a su patria?” Yo
le respondí de una manera directa y concisa: “ Amigo, yo no soy boricua; soy
un orgulloso puertorriqueño de raza blanca; no amo a la patria sino a la tierra
que mis ancestros ganaron con acero, fuego y sangre; no soy nacionalista; soy
nacionalsocialista. Aquel que me
hizo esa pregunta cambió la vista hacia el suelo, y se retiró del lugar con su
“rabo escondido entre las patas” similar a un perro malcriado que ha sido
reprendido por su amo.
Un fraternal saludo, ¡HEIL HITLER!