Secreto Ingles Sobre Las Malvinas
DOCENTE DE LA UNNE ACCEDIÓ A UN SECRETO DEL GOBIERNO
INGLÉS
El gobierno inglés resolvió mantener como secreto de estado toda la
documentación vinculada con la guerra de las Malvinas por noventa años, o sea,
hasta el año 2072. Esta decisión, conocida el 2010, se presenta como muy
llamativa, porque los secretos de estado en general se revelan al cabo de 25 o
30 años. Desde el lado argentino podemos suponer que esta decisión sin
precedentes tiene como fundamento el hecho de que las revelaciones podrían ser
utilizadas contra Gran Bretaña en la reclamación sobre la reivindicación de las
islas.
Conociendo la astucia y la inescrupulosidad del gobierno inglés en esta materia
podríamos decir que esto es así sin ninguna duda. Al cabo de los sesenta y dos
años que hay por delante, cabe suponer que el pleito estará superado a favor o
en contra de cualquiera de los contendientes y ya carecerá de importancia lo que
pudiese surgir de esos secretos.
Como quiera que sea, Inglaterra guarda secretos y uno de ellos esté referido al
motivo inicial de la contienda. Del lado argentino todo el mundo cree que fue un
acto irresponsable del Gral. Galtieri, entonces Comandante en Jefe del Ejército
y presidente de facto de la República; y de las otras dos armas, marina y
aviación, que lo acompañaron. Esto fue precisamente lo que los servicios de
contrainteligencia ingleses pusieron en circulación, como así también que la
Junta Militar procedía de esa forma para aliviar el frente interno, acosado por
paros de la CGT.
¿Cómo se puede aceptar con tanta simplicidad tal irresponsabilidad de las FFAA,
de acometer una aventura bélica con una tropa recién incorporada, con casi nula
preparación? ¿Cómo se puede creer que los comandantes de la marina y la fuerza
aérea y sus respectivos estados mayores no tuvieron la posibilidad de advertirle
al Ejército, los inmensos riesgos de esa aventura? ¿Estaban todos enloquecidos?
Esto es imposible de creer.
Descartada por increíble la hipótesis de que la contienda se inició por un acto
de locura de las FFAA argentinas, tiene que existir otra explicación, basada en
razones muy poderosas que tuvo el gobierno inglés, a cargo de Margaret Thatcher,
para que el conflicto se desatara. Ese es el secreto más comprometedor ante la
opinión pública mundial y ante la historia de la civilización, que el gobierno
inglés quiere preservar.
LA GESTA DE LAS MALVINAS
¿Fue
una gesta realmente? No se alcanza a comprender a quienes califican la acción
desplegada como “gesta” y al mismo tiempo abominan contra la irresponsabilidad
de ocupar las islas sin una tropa debidamente preparada, sin los adecuados
armamentos, que quedaron en el continente, sin comida y tantos otros defectos
que llevan a preguntar, en qué cosa radica la calidad de gesta frente a tanta
impericia. Cuando se celebró el primer aniversario, el 02 de abril de 1983, ya
recuperada la democracia (pero no el sistema republicano, que fue
escandalosamente falseado desde entonces hasta hoy), el gobernador de la
Provincia de Buenos Aires (Alejandro Armendaris) presidió un acto de celebración
de la gesta, en presencia de familiares de soldados, oficiales y suboficiales
muertos y de lisiados en silla de ruedas, en su discurso mostró esa
contradicción insoluble: “Hemos venido a celebrar…, dijo …bueno, aquí no hay
nada que celebrar…”. Los presentes quedaron atónitos: qué celebración es ésta en
la que no hay nada que celebrar. Concedió condecoraciones a los lisiados y
entregó medallas a los familiares de los muertos, que para él carecían de toda
significación. Eran por actos personales protagonizados por cada uno de ellos a
favor de una aventura militar, que no fue gesta. Murieron y se incapacitaron por
nada. He allí la dramática contradicción de quienes creen que el hecho de la
ocupación de las islas fue obra de un general etílico.
La verdad sobre esto es un secreto de estado inglés. Ningún inglés lo va a
revelar jamás hasta el año 2072. Pero la decisión del gobierno británico no
alcanza a ciudadanos de otras nacionalidades, en este caso, a un alemán, General
de la Wermach, que ocupó el cargo de Segundo Comandante de la Organización del
Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con quien alternó accidentalmente el docente
de la Universidad Nacional del Nordeste, Dr. Kornel Zoltan Méhesz, en un acto
protocolar realizado en una universidad de Alemania. El hecho ocurrió a finales
de la década del ochenta del siglo último. Al enterarse dicho General que su
interlocutor era argentino nacionalizado, le manifestó su admiración por el
recio comportamiento de la bisoña tropa argentina y, en algo así como una
actitud de expiación por la actuación que la OTAN le hizo jugar al Reino Unido
de Gran Bretaña en contra de la República Argentina, le manifestó que la guerra
obedeció a una necesidad vital de estrategia de dicho organismo, enfrentado en
la guerra fría contra Moscú, ya que según las encuestas de opinión el pueblo
inglés se hartó de la “dama de hierro”, Margaret Thatcher, y para desplazarla
apoyaría al partido Laborista. Éste propiciaba como plan de gobierno el retiro
de los misiles intercontinentales Pershing, instalados por la OTAN en territorio
británico, con ojivas nucleares apuntadas hacia Moscú y las principales ciudades
de la ex Unión Soviética. El triunfo del laborismo conduciría a la
desarticulación del sistema defensivo de la Organización, basado en la principal
arma estratégica que tenía para enfrentar la “guerra fría”, que entonces se
hallaba en proceso de intensificación paulatina.
La información que recibió el profesor Méhesz formó parte de la denuncia que,
por iniciativa del Centro Correntino de Estudios, entonces Presidido por el
Suboficial Mayor Rufino Antonio Billordo y suscripta por varias decenas de
ciudadanos, se planteó contra Margaret Thatcher ante el Juzgado Federal de
Ushuaia el año 1999, por crimen de guerra, sin citar entonces la fuente de la
información, por circunstanciales motivos de oportunidad ahora superados. La
denuncia se refería no solamente al criminal acto de ordenar el hundimiento del
crucero argentino “Gral. Belgrano”, que se hallaba fuera de la zona de exclusión
fijada unilateralmente por Gran Bretaña, sino también por la orden de atacar
innecesariamente, en contra de la opinión del comandante de la fuerza de
desembarco, la guarnición de Prado del Ganso (mal conocida como Ganso Verde),
produciendo una brutal carnicería en ambos bandos. Los hechos referidos y la
responsabilidad de Thatcher se basan exclusivamente en relatos efectuados por
los periodistas ingleses Hastings y Jenkins, casi desconocidos en nuestro país,
en su obra LA BATALLA POR LAS MALVINAS, Emecé Editores S.A, Buenos Aires, 1984.
A quien le interese imponerse con mayor detalle del texto de la denuncia, puede
solicitarlo en MOGLIA EDICIONES, calle La Rioja 755, de Buenos Aires (folleto de
60 páginas).
En la citada denuncia se refiere que nuestro país fue objeto de una trampa,
perfectamente orquestada por la OTAN, en resguardo de su sistema estratégico,
que se hallaba en peligro de desmantelamiento. Con la colaboración de EEUU le
hicieron ver a la Junta Militar que una ocupación sin bajas de las Islas (así se
hizo) serviría para destrabar las negociaciones de Nueva York, que en ese
momento se hallaban estancadas por la desinteligencia sobre si debían respetarse
los deseos o los intereses de los habitantes de las islas. Todo sería
solucionado por vía diplomática, sin acciones bélicas. Tanto es así que, cuando
Thatcher ordenó la movilización de la “Task Force”, Jhon Not, Ministro de
Defensa inglés, manifestó al periodismo que “cuando los argentinos vean que sus
barcos comienzan a hundirse, volverán a la mesa de negociaciones”. Esta supuesta
actitud negociadora es otra mentira más destinada a convencer que la acción de
ocupación era un acto de locura de los militares argentinos. La guerra
intensificó el espíritu nacionalista del pueblo inglés (es lo que se buscaba) y
Thatcher fue reelegida nuevamente como Primer Ministro. Objetivo logrado: los
misiles no fueron removidos al precio de la vida de más de 900 solados ingleses
(dato que también ocultan), algo así como 1300 argentinos y más de 40 pilotos de
la aviación, también argentina.
A la Argentina la impulsó un motivo de honda raíz patriótica. A Inglaterra, en
cambio, la impulsó la perfidia de Thatcher. Ahora queda a cargo del lector
definir si fue una gesta o una baladronada de militares argentinos enloquecidos.
¿Cuántos años más seguiremos manteniendo esta falsedad?