EL PRESIDENTE PINOCHET Y LA DICTADURA MARXISTA
En mi Patria, CHILE, el 5 de septiembre de 1938 un gobierno de derecha que pretendía eternizarse en el poder, al ver esfumarse toda esperanza de triunfo para su candidato G. Ross Santa María, ordena la masacre de 59 jóvenes idealistas, idealistas de verdad, que habían intentado prevenir un manejo inescrupuloso de los comicios a efectuarse en esos días.  Ellos eran nacionalistas, ni socialistas ni comunistas, pero su sangre fue el catalizador de los votos de la izquierda en torno a un radical y masón, Pedro Aguirre Cerda, que gobernó de 1938 a 1941.  Aclaremos que radical acá equivale relativamente a socialdemócrata pero no a extremista.  Le sucedió otro radical, Juan Antonio Ríos, quien falleció antes de terminar su mandato obligando a nuevas elecciones en 1946.  Nuevamente un radical, Gabriel González Videla, empuña el timón, y su elección tiene visos poco ortodoxos.  Es apoyado por los comunistas y una vez en el poder los pone fuera de la ley dictando la Ley de Defensa de la Democracia, que aquellos llamaron Ley Maldita.  Llega 1952 y nuevamente fuerzas de izquierda, socialistas, apoyan al candidato triunfante, General Carlos Ibánez del Campo.  Este no tenía nada de izquierdista, por el contrario a fines de los años ë20 encabezó un gobierno autoritario que enderezó la economía, neutralizó la delincuencia, recuperó la moral y terminó con la debacle democratoide que ahogaba al país.  Como siempre ocurre a quienes gobiernan de verdad, la masa fue manejada para que lo repudiara y lo enviara al exilio; pero en los ë50 el paso del tiempo ya había permitido mirar con objetividad su gobierno y nuevamente sus dotes de conductor y rectitud eran requeridas por la nación.  Sin embargo el tiempo no había pasado en vano y el anciano general no hizo ningún gobierno brillante ni de resurgimiento como lo esperaban sus electores apolíticos.

Tras tanto desengaño izquierdista, y más al quemar la última carta con Ibáñez, el electorado se vuelca una vez más a la derecha.  En 1958 con todo el poder de su dinero y de la oligarquía plutocrática un descendiente de italianos de estirpe un tanto ambigua, Jorge Alessandri R. se hace con el poder. Digamos de paso que era hijo de aquel A. Alessandri Palma que ordenó personalmente la masacre del 05.IX.38 y luego huyó al extranjero eludiendo su responsabilidad criminal e histórica.  Su gestión no fue buena ni mala, pero en las universidades se había ido fraguando un nuevo partido, que inspirado en la Falange española había derivado a una mezcolanza de política izquierdizante y catolicismo algo light o ëprogresistaí (Protocolos XII y XIII), empezaba a ganar terreno en forma impresionante: la democraciacristiana.  Y ésta logra seducir a la masa que en 1964 se inclina por su candidato Eduardo Frei M., el cual tampoco solucionará los males endémicos de la sociedad Chilena.  Mientras estos partidos gaznachaban el poder por turnos, un marxista -masón y sionista-  se presentaba a cada elección fracasando una y otra vez.  Era Salvador Allende Gossens.  Para las elecciones de 1970 Alessandri se postulaba a un segundo período y por la DC iba Radomiro Tomic, acentuando su discurso izquierdista hasta el paroxismo, con miras a captar los votos que Allende no pudiera asegurarse dada nuestra tradicional aversión a su ideología antinatural e inhumana, más un cristianismo endémico.

Al realizarse los escrutinios resulta que Allende había obtenido sólo el 30,39% de los votos, Alessandri casi empata con un 29,28% y tercero llegó Tomic con 23,30%.  O sea, Allende Gossens obtiene menos de un tercio, frente a dos tercios que lo rechazan.  Estos datos son cruciales para juzgar el régimen de la llamada Unidad Popular o UP (coalición de comunistas, socialistas, radicales renegados y extremistas), puesto que la democracia supone que para ganar una elección se debe obtener la mitad más uno (50% + 1), y Allende no alcanzaba siquiera un tercio ó 33,33%.  Quienes lo presentan como Presidente democrático olvidan esta realidad deliberada y desvergonzadamente.

 ¿Cómo fue elegido entonces?  Al no haber una mayoría clara la Constitución prevé que el Congreso Pleno decida entre las dos primeras mayorías.  Estando claro que un alto porcentaje de católicos anticomunistas había votado por Tomic como mal menor, y por ende sin avalar su programa izquierdista, el nombramiento recaería en Alessandri; por lo que el péndulo democrático volvería a situarse en la derecha, a la cual Alessandri representaba como independiente.

 Ante esta posibilidad cierta la UP se juega por un pacto con la DC y pide a Frei el voto de sus parlamentarios en el Congreso, para desplazar a Alessandri pisoteando la voluntad de los votantes. La coqueta DC se deja cortejar y para no parecer tan fácil redacta un Estatuto de Garantías, a fin de prevenir una eventual dictadura del proletariado que sería inevitable con un presidente marxista.  Este Estatuto contenía 9 enmiendas a la Constitución que obligarían al marxista a no atentar contra el régimen democrático característico por décadas de este país, y pone a las Fuerzas Armadas como garantes de su cumplimiento.  Tras negarse rotundamente a aceptar la condición de garantes de las FF.AA. Allende firma, aparentemente aceptando bajo palabra de honor (?), respetar las garantías impuestas por la DC para brindarle el apoyo que consecuentemente recibió.  Un argumento falaz para fundamentar este pacto fue que los votos de Tomic respaldaban un programa similar al de Allende, lo cual jamás fue efectivo como quedó aclarado, dado que gran parte del electorado vota emocionalmente y casi por norma desconoce los programas y mucho más las ideologías que los sustentan.  Esa masa no piensa, apenas opina, y como bien sabemos opina lo que los dueños de los medios de prensa ha ido lentamente incrustando en sus febles cerebros.

Cuan honorable fue esta firma y expresa aceptación, sin un garante válido, lo confesó años más tarde el propio dictador marxista en entrevista concedida a su compañero francés Regis Debray.  Al preguntarle éste, febrero de 1971, si había sido absolutamente necesario aceptar dicho Estatuto de Garantías, con una sonrisa socarrona el ya presidente ëdemocráticoí le contestó que sólo había sido 'una necesidad táctica' y concluyó: 'En ese momento lo importante era tomar el poder'.  El texto completo de la entrevista fue publicado por la revista 'Punto Final' perteneciente al grupo subversivo terrorista Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, del 16 de marzo de 1971.

Es así, con artimañas y engaños desembozados, que se engendra este nuevo 'gobierno popular y revolucionario' que no trepida en hacerse llamar democrático.  Para entender mejor este uso de dicha palabreja baste recordar el cúmulo de repúblicas 'democráticas' sometidas tras la Cortina de Hierro roja mientras se mantuvo en pie el tenebroso Golem llamado URSS.

En ese momento el país contaba con sólidas reservas en moneda extranjera, una agricultura sana y en pie aunque asediada (Protocolo VI), una industria en vías de crecimiento, un nivel de vida aceptable para la mayoría de la población, un cierto grado de marginalidad, pasable déficit de viviendas, administración pública mediocre y tolerablemente corrupta pero que funcionaba, abastecimiento suficiente de víveres y elementos indispensables para las necesidades cotidianas.  La cantidad de extranjeros no radicados era ínfima.  La Iglesia Católica, dirigida por un cardenal rojo, conocido en el Vaticano con algo de sorna como el 'Hermano Raúl', todavía se preocupaba de lo espiritual y no de la política contingente, salvo ominosas excepciones que junto a él empezaban a gestar su marxistización (Protocolo XVII).

A partir del 4 de noviembre de 1970 se inicia un rápido proceso destructor de todo lo bueno que hubiera en la Patria.  Se desmonta toda la maquinaria administrativa y se van llenando los puestos con ëcompañerosí ineptos, incapaces, flojos, ladrones y déspotas.  El sionista Jacques Chonchol, que ya había empezado a destruir la agricultura nacional bajo Eduardo Frei M., se lanza desbocado a completar su obra atilesca.  Fundos de todo tipo y calibre son tomados por los campesinos y dejan de producir, guiados por activistas marxistas incluso extranjeros.  Igual proceso se va expandiendo por las industrias y grandes empresas.  Hasta la gran minería del cobre sufre la furiosa embestida marxista. La filosofía de los compañeros era muy simple: ëNosotros somos los dueños ahora, y los dueños no trabajaní.  Huelgan los comentarios.  Sería largo de enumerar todas las aberraciones que se cometieron en nombre del ëpuebloí pero el resultado final fue que en Septiembre de 1973 había una inflación desatada, la mayor de toda nuestra historia, las reservas de moneda extranjera habían caído casi a cero y en todo el país había harina apenas dos o tres días.  Luego ni siquiera se podría comer pan.  La hambruna estaba extendida sin límites.  Claro que si alguien tenía para pagar los precios exorbitantes que cobraban los compañeros a cargo de la distribución era posible saciar el hambre.  Más tarde dirían que eran los derechistas los que acaparaban los alimentos, pero no aclaran dónde y cómo esos ricachones oligarcas y terratenientes compraban esas mercaderías, ni a Quiénes.

Fue la época negra de las JAP o Juntas de Abastecimiento Popular, por lo general a cargo de una gorda grasienta y vulgarota, que regía su mugroso feudo a punta de gritos y garabatos.  Como correspondía a una buena ëcompañeraí.  El que no se sometía no comía, a menos que tuviera recursos extraoficiales o irregulares para conseguir comida, tuviera su propio huerto o un pariente ëcompañeroí.  El resto, a mirar con añoranza sus ollas vacías.

El sionista Allende Gossens tenía su guardia personal, el GAP, cuyos Fiat 125 azules se hicieron fatídicamente famosos, y temidos.  Carabineros e Investigaciones estaban al servicio ciego del gobierno y debían proceder contra sus propios hermanos, incluso parientes y amigos, bajo los dictados de su jefatura civil.  Hubo miles de detenciones arbitrarias y abusos de todo tipo.  La tortura era pan de cada día, pero sólo uno que otro medio que aún lograba subsistir podía dar a conocer casos aislados.  La UP implantó las cadenas obligatorias de radio y TV para propalar sus mentiras.  Estas emisiones llegaron a causar fallas en los sistemas de distribución eléctrica ya que al minuto de comenzar eran cientos de miles de radios y televisores los que se apagaban al unísono.

Las protestas populares, populares de verdad, fueron in crescendo y provocaron una bestial represión, represión democrática por supuesto.   Una marcha de mujeres por la calle principal de Santiago fue atacada desde los escondrijos y arbustos del Cerro Santa Lucía por ëvalientesí muchachones marxistas con papas aderezadas con hojas de afeitar.  Muchos fueron los bellos rostros desfigurados para siempre al recibir la caricia vertiginosa de tales artilugios democráticos.  Las agresiones y represión gubernativa provocaron también muchas inválidas y lisiadas.  Muchos jóvenes y ciudadanos decentes también fueron impunemente asesinados, destacándose el joven Teniente Lacamprette asesinado a la salida de la Escuela Militar.  Crimen jamás aclarado.  Los asesinos de un ex-Ministro del Interior fueron premiados por allende con un viaje a Suecia, tras darles una cariñosa palmadita en la mejilla y nombrarlos oficialmente ëjóvenes idealistasí.  ¡A asesinos terroristas!

En 1972 ya era una odisea ir al centro.  En el momento menos pensado uno se veía envuelto en una nube de gases lacrimógenos y podía recibir golpes, palos, cuchilladas o balazos de los ëjóvenes idealistasí o bien de Carabineros, que cumplían tozudamente con su deber constitucional.  Con dolor y a regañadientes pero cumplían, para desgracia nuestra.  No éramos activistas politiqueros, subversivos ni mucho menos terroristas las víctimas de estos atropellos, éramos ciudadanos comunes y corrientes que intentábamos trabajar a pesar de todo y sobrevivir.  A diferencia de la minoría criminal ajusticiada tras la Liberación Nacional del 11 de Septiembre y hoy conocidos como ëdetenidos desaparecidosí o ëejecutados políticosí, ya que estos disponían de armas y entrenamiento paramilitar subversivo y su único norte era la destrucción de nuestra Patria para construir su ëparaíso socialistaí.  Hoy día los muestran como víctimas y tocando la campanilla sagrada de los ëderechos humanosí enturbian la mente de cuanto tarado escucha a sus improvisados paladines y tinterillos.  Ya el Protocolo III -en algunas traducciones-  proponía el uso de la expresión ëderechos humanosí, más justicieramente llamados ëderechos humanoidesí.  No olvidarlo.

Entre tanta pesadilla el país fue azotado por un huracán caribeño.  El barbudo asesino dictador cubano emporcó el suelo patrio con sus patas inmundas.  Fue el invitado regalón de Allende Gossens y sólo después de dos meses logramos zafarnos de su indigesta presencia.  ¿Cuántos gobernantes honestos y responsables pueden abandonar su puesto por dos meses?  ¿Más de uno?  Este párrafo podría estar de más, sin embargo lo he incluido porque en esos dos meses el pueblo primero se pronunció en contra de tan ingrata visita, luego criticó ácidamente sus desafortunadas intervenciones y finalmente lo transformó en chiste.  El convidado de piedra se convirtió en Arlequín o Polichinela.  ¿Y?  Bien, la prensa, eso que grotescamente llaman ëla opinión públicaí no trasuntaba nada de estas realidades, sino que continuaba chorreando lisonjas y celebraciones de cada vulgar ocurrencia y pachotada protagonizada por el desenfadado asesino.  Sí, asesino.  Eso es lo importante, que la misma prensa que en coro ha calumniado e insultado al Presidente Pinochet tuvo también un comportamiento miserable entonces; en el otro sentido, claro.  Prueba irrefutable del control siniestro de los medios de prensa mundiales.

Podría contar mil cosas más, todas con fundamento, pero no nos alarguemos.  Este era el CHILE que existía y que la inmensa mayoría del pueblo soportaba en septiembre de 1973.  Nuestras mujeres acudían a los cuarteles y dejaban caer maíz a sus puertas o al paso de algún oficial.  El mensaje era claro:  ¡¿cuándo van a intervenir, gallinas?!  Los llamados a las Fuerzas Armadas se sucedían uno tras otro mientras la desesperación cundía.  Miles abandonaron el país, la mayoría dejando casa y bienes botados.  Otros partían solos para buscar un trabajo con pago digno, ya que si bien acá no había gran cesantía el pago se recibía en una moneda que no permitía mantener una familia y cuyo mejor uso era para empapelar paredes. No es exageración, no se producía ni importaba papel mural.

En resumen, la decisión de librar a CHILE del dictador judeomarxista no fue tomada arbitrariamente por las Fuerzas Armadas y de Orden.  No.  Fue la respuesta viril y decidida del pueblo uniformado al clamor desesperado de sus sufridos hermanos civiles.  Del verdadero pueblo.  Y es así como el Comandante en Jefe del Ejército, Capitán General don Augusto Pinochet Ugarte es ungido Jefe de la Honorable Junta de Gobierno y más tarde Presidente de la República.

Bajo su mandato de 17 años, sin partidos políticos y por ende sin la traba de la partitocracia, pudo dedicarse a gobernar de verdad, reconstruir la Nación, colocarnos en el primer lugar de Latinoamérica -o Hispanoamérica como algunos prefieren-, devolvernos el orden y la paz social robada por los marxistas, además de permitirnos volver a comer y avanzar en la vida con nuestro trabajo.

Muchos timoratos se espantarán de lo que voy a decir, pero es la pura verdad.  Si el Presidente Pinochet es culpable de algo, en caso de haber ordenado alguna muerte, sería el de no haberlos matado a todos.  Los que huyeron a mendigar y confabular al extranjero conspiraron contra la Patria durante largos años para recuperar el poder, y respaldados por los dueños del oro y de la prensa orquestaron una vergonzosa campaña mundial contra nuestro buen Presidente, convirtiéndolo en una figura terrorífica y colgándole el sambenito de ëdictadorí.  Las mismas hienas que siguen avivando al asesino y dictador cubano, le gritan ëasesinoí a un hombre que jamás ha matado a nadie y a quien todos los Chilenos sólo le debemos el más profundo agradecimiento.  A diferencia del otro, asesino de verdad.

Hoy ese gigante de la historia Chilena es zaherido, insultado y aherrojado por esas mismas hienas, conjurándose España e Inglaterra para cometer un monstruoso acto ilegal, pisoteando nuestra dignidad nacional al detener ilegalmente a un Senador en ejercicio y un ex-Presidente, a pesar de su pasaporte diplomático.  Es necesario tomar muy en cuenta estos detalles para darse una idea de lo que nos espera de las autoridades que atropellan todo principio de convivencia y ordenamiento internacional.  Se acabó la inmunidad diplomática, el respeto a la autoridad, el respeto a la soberanía de las naciones, el respeto a la ancianidad, la consideración al enfermo, se acaban principios y valores para rendirnos a la globalización humillante y antinatural.  Meditémoslo.

Si en Europa y otros continentes la figura del Presidente Pinochet es tan temida como la de otros grandes estadistas por la historia y por la prensa mediante las más infames calumnias y fábulas monstruosas, ello se debe a la orientación que reciben los medios de comunicación, con periodistas ganapanes y sin conciencia ni autorrespeto.  Campaña de desinformación con inagotables recursos y repetida día a día.  La verdad, por su parte, rara vez recibe algunas líneas en uno que otro medio escrito o magros minutos en alguna radio; para qué hablar de la archijudaizada TV.

A tal extremo ha penetrado esta conjura comunicacional que muchos buenos nacionalistas se unen al coro vocinglero de marxistas y terroristas atacando al insigne hombre de armas y Libertador Chileno.  ¿Qué razón esgrimen?  Que habría aplicado un capitalismo liberal desenfrenado con la injusticia social consiguiente.  No defenderemos el modelo económico aplicado, que mal que mal nos dio de comer y nos proyectó al futuro con incuestionable solidez.  Tan sólo diremos, con la solvencia que nos dan los años y la preparación profesional y política más el haber vivido en carne propia ambas experiencias, que el Presidente Pinochet no contó con economistas entre el cuerpo de generales y almirantes que le secundó.  Éstos estaban en las filas de la derecha, y allí los consiguió, confiado que quienes pocos días antes estaban dispuestos a dar parte o toda su fortuna por recuperar la Patria, ahora actuarían con generosidad y grandeza, poniendo sus conocimientos y capacidad al servicio de la comunidad.  No ocurrió así, pues plutócratas, oligarcas y grandes terratenientes no se contentaron con no perderlo todo, incluso la vida, sino que en la tarea encomendada vieron la oportunidad de seguir acumulando riquezas.  ¿Es justo culpar a un gobernante ejemplar y dedicado por la falta de escrúpulos de sus colaboradores obligados?  ¿Acaso tenía el tiempo y los conocimientos especializados para chequear el cometido de esos colaboradores?  Recordemos que los Protocolos exponen como la ëcienciaí de la economía debe ser enredada a tal punto de hacerla incomprensible y sólo desentrañada por los iniciados.

Para el lector desprevenido los responsables de esta campaña infame son simplemente los marxistas.  Pero los que sabemos algo más que el resto nos fijamos en los nombres y peculiares rostros de quienes persiguen al insigne estadista Chileno.  Ellos son los elegidos Baltasar Garzón, Joan Garcés, Abel Matutes, Jack Straw, Lord Hofman, Jeremy Corbin, Peter Mandelson, Robin Cook, James Rubin, Madeleine Albright,y un narigudo etcétera.

Los grandes imperios colonialistas de ayer, explotadores y opresores por antonomasia, se conjuran hoy obedientes al chasquido de la fusta de los Rothschild.  Quien tenga ojos para ver, que vea.

HERR LUTZ
Santiago de CHILE, Julio 1999
 
 

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