EL
TRABAJO FEMENINO Oswald
Mosley Se ha insinuado que, hasta ahora, hemos
dedicado escasa atención en nuestra organización a la situación del elemento
femenino. Es cierto que en nuestra organización política nos hemos concentrado
hasta este momento en la organización masculina, pero no por menospreciar la
importancia de las mujeres en el mundo; sino porque nuestras experiencias políticas
nos han llevado a la conclusión de que las primeras etapas de esa organización
constituyen labores de hombres. En realidad, consideramos demasiado a las
mujeres para exponerlas a las botellas rotas y los navajazos con que nuestros
oponentes comunistas han sazonado el argumento. La parte reservada a la mujer en
nuestra futura organización será importante, pero distinta de la de los
hombres; NECESITAMOS HOMBRES QUE SEAN HOMBRES Y MUJERES QUE SEAN MUJERES. En la organización política del Estado
Corporativo, reservamos, sin embargo, una parte sumamente importante a la mujer.
Las profesionales y todas aquellas dedicadas a la industria, encontrarán,
naturalmente, su representación natural en las corporaciones que abarquen sus
industrias y profesiones respectivas. Queda por resolver el punto principal de
la representación y organización de la gran mayoría de las mujeres que
consuman el acto importante de la maternidad, y que nunca han estado
representadas en tal carácter en ninguna organización. Es posible que para muchos semejante idea
resulte fantástica, pero la lógica de la situación requiere alguna organización
corporativa en la que esté representada la maternidad. Es una verdad innegable
que la maternidad es uno de los actos más elevados y que mayor importancia
tienen para el Estado; ¿por qué entonces, no acordar a las mujeres
representación y organización como madres?
La mujer normal ha sufrido hasta ahora enormemente por la ausencia de
organizaciones representativas. Su representación la han ostentado políticas
profesionales a las que se ha dado en llamar irrespetuosamente
“Representaciones de la Tierra de Nadie”. Tales mujeres estarán quizás
adecuadamente capacitadas para representar ciertos aspectos de la vida femenina,
pero pocas de ellas pueden reclamar la representación de las Madres de la Nación.
¿Por qué no podría la representación de la maternidad constituir una fuerza
organizada en los consejos del Estado? El cuidado de la madre y del niño
constituye parte integrante del Estado Fascista, que se considera a sí mismo,
no solo como guardián del presente sino también, en mayor grado que los
antiguos partidos, como el guardián del futuro. Existen muchas cuestiones de interés
capital para la mujer, que una organización de esta clase llevaría muy lejos
en el camino de su resolución. Los detalles de vivienda, salud y educación en
su acepción más amplia, caen naturalmente, dentro de su esfera. Y aún quedan
asuntos de significación política y social más amplia, en los cuales los
Consejos constituidos por elementos femeninos de carácter normal son de la
mayor importancia. La gran mayoría de las mujeres no siguen
la carrera política, no tiene tiempo para dedicarse a ella. De ahí que sus
intereses resulten descuidados y su representación nominal recaiga en mujeres
cuya única idea consiste en evadirse de la esfera normal reservada alas mujeres
para trasladarse a la de los hombres, con el resultado final de que ese proceso
nunca resulte efectivo, y la tentativa hace que esas mujeres sean aún menos
calificadas que el tipo medio de hombres para tratar de las cuestiones normales
de la vivienda y la niñez(1). Por consiguiente, la representación y
organización por primera vez, de las mujeres de las que depende el futuro de la
raza, constituyen una necesidad política práctica. El fascismo, en fin,
consideraría a la mujer y a la madre como a uno de los principales pilares del
Estado y confiaría en ella para la organización y desenvolvimiento de uno de
los aspectos más importante de la vida nacional. (1) Nota de
NuevordeN : No olvidemos que este texto está escrito en el año 1932, y que la
condición femenina por aquellos años no era evidentemente la actual. La mayoría
de las mujeres eran solo madres; aquellas
que se dedicaban a la política eran muchas menos que hoy en día.