EL
ENEMIGO METAFÍSICO
Con motivo del actual conflicto iraquí, hemos podido observar, y podemos
seguir haciéndolo, cómo desde el bando que detenta el poder mediático, económico
y militar se ha demonizado, y se demoniza, al enemigo. Desde medios oficiales y
desde canales ´informativos´ no se ha parado de verter todo tipo de
acusaciones sobre las ´maldades´ del régimen ya derribado. El bombardeo que
hemos recibido, y recibimos, desde los mass media ha sido, y es, constante y
apabullante. Pero, por otro lado, no han faltado las voces discordantes que, en
el mismo seno de Occidente, han mostrado, y muestran, sus discrepancias hacia la
versión oficial que se nos ha dado, y se nos da, acerca de todo lo relacionado
con este grave conflicto. Y estas voces discordantes no sólo las hemos oído y
escuchado, y las oímos y escuchamos, en medios y círculos marginados por el
Sistema que domina Occidente y la mayor parte de nuestro planeta, sino que también
han tenido, y tienen, amplia cancha en los grandes medios de ´comunicación´.
Desde los mismos se ha discrepado, y se discrepa, por ejemplo, sobre la
veracidad de la posesión de las presuntas armas de destrucción masiva de que
dispondía el depuesto Régimen iraquí. Se han intentado, y se intentan,
desenmascarar cuales han sido las auténticas razones que han llevado a las
llamadas tropas de la coalición a invadir Iraq. Se han presentado, y se
presentan, a los intereses petrolíferos como uno de los principales motivos que
han provocado la ocupación del país. En definitiva, se le ha llevado, y se le
lleva, al Establishment la contraria. Se le ha criticado, y se le critica,
duramente su actuación y el común de los mortales ha tenido, y tiene, acceso a
estas críticas debido a que encuentran amplio hueco y eco en los mass media. En
resumidas cuentas, el bando derrotado militarmente, el iraquí, ha tenido, y
tiene, la posibilidad de ser mediática y periodísticamente defendido en prácticamente
todo tipo de foros y por todo tipo de cauces. Ante esta evidencia nos podríamos
preguntar sobre el porqué, tras casi transcurridos sesenta años desde la
finalización de la II Guerra Mundial, el Sistema no permite que se exprese y
que se oiga ninguna voz discordante con respecto a la versión oficial y única
que se nos ha hecho, y se nos hace, tragar con embudo al respecto de muchos de
los acontecimientos acaecidos antes y durante la mayor conflagración bélica de
la historia y al respecto de muchos de sus protagonistas. Muchos se preguntan
sobre el porqué de tanta represión contra toda postura, opinión y comentario
disonante acerca de hechos ya bastante distantes en el tiempo. Y si tenemos que
buscar una respuesta a dicha pregunta lo haríamos con la siguiente sentencia:
los llamados aliados no combatieron contra un enemigo simplemente político, ni
lo hicieron por razones de carácter geoestratégico o por otras de tipo básicamente
económico, sino que combatieron contra su ENEMIGO METAFÍSICO. Sí, en efecto,
en los países que conformaron el Eje, en los diferentes fascismos que afloraron
en esa época y en el nacionalsocialismo el mundo demoplutocrático se topó
bruscamente con su antípoda y observó aterrado cómo una cosmovisión antagónica
a la materialista que dicho mundo defendía y promovía, podía poner en juego
nada más y nada menos que su mismísima existencia. Observó con pavor cómo
sus aburguesados, racionalistas y positivistas contravalores podían ser
fulminados por la irrupción de una concepción de la vida basada en valores
Superiores, cimentada sobre un sentido Trascendente de la existencia y sobre una
manera viril, activa, olímpica, heroica y solar de concebir dicho hecho
Trascendente. Vio cómo su promiscuo igualitarismo corría peligro de ser
sustituido por un ordenamiento jerárquico y orgánico de la comunidad. Observó
cómo la acomodaticia laxitud anímica que promovía podría ser reemplazada por
el espíritu de servicio y de sacrificio y por la autodisciplina de la persona.
Se apercibió de que el individualismo y el egoísmo que le eran innatos a su
filosofía de la vida podrían ser sustituidos por la fidelidad y la camaradería.
Contempló cómo la charlatanería, la concupiscencia y el hedonismo a los que
se sentía tan apegado corrían el peligro de ser barridos por la austeridad,
por lo lacónico, por la gravedad de carácter y por el autodominio y por el
control, superación y desapego del hombre con respecto a los bajos instintos e
impulsos que lo conducen a la bestialización. En definitiva, ese mundo
demoliberal se horrorizó ante la posibilidad de llegar a su fin, de ser vencido
por otro mundo que encarnaba los valores perennes de aquella lejana Tradición
Primordial que había informado la vida de nuestros ancestros y que había sido,
poco a poco, sustituida por el corrosivo y deletéreo mundo moderno que los
llamados países Aliados abanderaban. Se trató, pues, más que de un conflicto
bélico, de un CONFLICTO CÓSMICO. Se enfrentaban los Aliados contra el Eje,
esto es, la materia contra el Espíritu, el caos contra el Orden, lo inferior
contra lo Superior, la Edad de Hierro más disoluta contra el intento heroico de
restaurar la Edad de Oro. La plutocracia no vio, pues, un enemigo físico
delante suyo, vio, por el contrario, un ENEMIGO METAFÍSICO. No contempló ante
sí a un oponente político y/o ideológico que propusiera alternativas
parciales a sus iluministas postulados, contempló, por el contrario, cómo se
le oponía, enfrente suyo, una ÍNTEGRA ALTERNATIVA que partía de una COSMOVISIÓN
RADICALMENTE OPUESTA a la suya. Además, la partitocracia demoburguesa lo último
que podía consentir era que dicha radical alternativa le surgiera allá donde
ella tenía su origen, donde creció y donde se hallaba su principal feudo: en
Occidente. Sí, en el interior de su mismo solar... Tan mal lo pasó el
plutocratismo ante la irrupción de los diferentes movimientos fascistas, tanta
zozobra experimentó ante la posibilidad de ser erradicado que, hoy en día,
cuando han transcurrido tantas décadas y debiera analizarse aquella época con
los ojos objetivos del buen historiador, aplasta sin miramientos a cualquiera
que aluda, no ya de forma admirativa sino incluso imparcial, al fenómeno
fascista y/o nacionalsocialista. Se encarcela, se multa, se requisan libros, se
prohíben organizaciones o asociaciones políticas o culturales... No importa
que se trate de rebrotes testimoniales que no supongan ningún peligro efectivo
para el Sistema. No importa, no. El Sistema será implacable y no tendrá piedad
hacia nadie que ose no tratar con desprecio a aquellas gentes y a aquellos
movimientos que, allá por los años ´30 y ´40 del pasado siglo, tan mal se lo
hizo pasar. No se andará con ningún tipo de contemplaciones. Actuará, si
cabe, de la manera más injusta y arbitraria que haga falta para no llegue a
conocimiento de nadie el que en un tiempo no muy lejano un mundo totalmente
diferente a éste que nos ha tocado sufrir tuvo serias posibilidades de regir
nuestras vidas.
Eduard Alcántara
Septentrionis
Lux