MÍSTICAS AFIRMACIONES SOBRE EUROPA (MANIFIESTO EUROPEO)
A continuación reproduciremos un artículo publicado en el año 1949, es decir, tan sólo cuatro años después de la derrota de Europa en la II Guerra Mundial y en unos momentos especialmente difíciles para nuestra Patria Europea, ocupada por los imperialismos demoníacos y antitradicionales soviético y yanqui. El artículo fue publicado por el genial escritor Ernesto Jiménez Caballero, “Vieja Guardia” del Movimiento falangista y hombre que se mantuvo fiel hasta la muerte a la GRAN IDEA del Siglo XX: el nacionalismo revolucionario o, si preferís, el Fascismo: la última gran manifestación de la Tradición Primordial en esta fase final y disoluta del Kali-Yuga. Ernesto hasta el final de sus días mantuvo su fidelidad a Falange a la que siempre consideró como una variante española del Fascismo Europeo, lo que le hizo ganarse muchos enemigos entre los que consideraban que tras la derrota de 1945 lo mejor era cambiarse de chaqueta o, en el mejor de los casos, “aggiornar” a Falange para que ésta no fuera criminalizada por el Sistema como ocurrió con el resto de movimientos fascistas europeos y transformarla en una especie de nacionalcatolicismo baboso y puritano. Por otro lado, Ernesto siempre criticó a Franco por no haber entrado en la II Guerra Mundial a lado de sus amigos fascistas y por haber aburguesado y burocratizado a la Falange, sobre todo a partir de la derrota fascista europea de 1945. Los pactos con EEUU y con el Vaticano (ambos en 1953), y la restauración de la degenerada Monarquía borbónica acabaron por convencerle de que Franco no era, ni mucho menos, el Mesías imperial y conquistador con el que había soñado y había profetizado allá por 1932 en su monumental “Genio de España”, libro extraordinario donde los haya y totalmente olvidado incluso por los que hoy en día se autocalifican de “falangistas auténticos” y que precisamente en lo que más destacan los pobrecillos es en su nula “autenticidad” y en su histerismo antifascista y femenino-demoníaco.
La defensa que Ernesto hizo del catolicismo místico-guerrero, gibelino, imperial y anti-vaticanista (en una ocasión dijo preferir los militares a los curas) y su visión mística y metafísica de la Falange, ha escandalizado a toda esa mierdecilla pseudo-falangista modernizada que presume de “auténtica”: para Ernesto, Católico e Imperial como él mismo se autodefinía, la Falange terrena e histórica era una emanación - imperfecta si se quiere- de la Falange celeste, es decir, un rayo de la Luz Divina que venía a poner fin a una etapa de casi 3OO años de oscuridad y de tinieblas en nuestra España. Decía que Franco con su cobarde neutralidad de 1941-42, había imposibilitado la creación de un nuevo Sacro Imperio Romano-Germánico en el que España hubiera jugado un papel desde luego mucho más importante que el que luego le tocó jugar en la pestilente Europa democratizada y no precisamente, como todos sabéis, por la vía de las urnas. En palabras de Ernesto, Franco comenzó su liderazgo como un nuevo Don Pelayo reconquistador de España frente a los modernos infieles (rojos y liberales), para acabar convirtiéndose en un lamentable Cánovas del Castillo (el fantoche que restauró la Monarquía borbónica allá por 1874 y autor de la Constitución liberal-burguesa de 1876). Así pues, la democratización e imbecilización de la sociedad española fue ya iniciada por Franco, traicionando la Revolución Nacional del l8 de Julio que fue, básicamente, una revolución popular europea en suelo celtibérico (en el Ejército Nacional hubo alemanes, italianos, portugueses, franceses, rumanos, irlandeses, rusos, húngaros, anglosajones, etc.). Si Franco “europeizó” –es un decir- a España desde el punto de vista económico y materialista-progresista, sin embargo desde el punto de vista espiritual e ideológico la africanizó en grado sumo: ahí tenemos el famoso
y nauseabundo eslogan de “España es diferente” lanzado por la basura franquista allá por los años 60 y que convirtió a nuestro país en una barata casa de putas turística, o a toda esa cuadrilla de maricones y de gilipollas con sus romerías, su gitanería asquerosa, su flamenco y sus corridas de toros tan ensalzados por el nacionalcatolicismo franquista y que acercaban a España más a África que a Europa. Verdaderamente vomitivo.
La vida y la obra de Ernesto Jiménez Caballero podría resumirse en una sola y lacónica frase: “Mi honor se llama fidelidad”, algo que no podrían decir muchos intelectualillos que primero se arrimaron al sol que entonces más calentaba, para luego esconder la camisa azul de la Falange en el baúl de los recuerdos. Nos estamos refiriendo a sinvergüenzas y chaqueteros cobardes y rastreros como Laín Entralgo, Antonio Tovar, Dionisio Ridruejo, José Antonio Maravall, Torrente Ballester, Areilza, Rosales, José María Pemán... y -¿quién lo diría? el recientemente fallecido Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela que allá por 1943 dedicó un estupendo poema a José Antonio y que poco antes había colaborado con la revista “Legiones y Falanges” que se publicaba en la Roma mussoliniana, haciendo ver la hermandad que había entre los dos fascismos mediterráneos... ¿Para cagarse, verdad?. Como veis, camaradas, toda esta escoria ha conseguido todo tipo de agasajos, elogios, prebendas y condecoraciones por parte del Sistema para premiar su odioso y rastrero chaqueterismo. Y es que la democracia debe su razón de existencia a toda esa mierda traidora y lacayuna. Sin embargo para los intelectuales que permanecieron fieles hasta la muerte a la Gran Idea del Siglo XX, sólo olvido, odio, desprecio: Ramiro de Maeztu, Muñoz Seca, García Serrano, Azorín, Pombo Angulo, Agustín de Foxá, Eugenio Montes, Victor de la Serna, Eugenio D,Ors, Manuel Machado (sin duda mejor que su hermanito comunista Antonio), Ramiro Ledesma, Sánchez Mazas, Ismael Herráiz, Wenceslao Fernández Flores, Muñoz Alonso, Jacinto Benavente, Federico de Urrutia, Javier Conde, Lamo de Espinosa, Luis del Valle, José María Alfaro, Ximénez de Sandoval, Julio Aparicio, Leopoldo Panero, José María Fontana, Angel María Pascual, Rodrigo Royo, José María Sánchez Silva (escritor recientemente fallecido al igual que Cela, pero sobre el que han levantado una barrera de silencio total), Camba, Cossío, León, Cunqueiro, Eduardo Marquina, Jardiel Poncela, etc... la lista podría ser muy larga. ¿Quién se acuerda en nuestros días de todos ellos, después del muro de silencio y odio que la democracia barriobajera les ha levantado?. El tiempo se encargará de separar el grano de la paja. ASÍ SEA.
Janus Montsalvat
Septentrionis Lux
ERNESTO JIMÉNEZ CABALLERO: PRESENTE!!!
GLORIOSOS CAÍDOS POR LA REVOLUCIÓN NACIONAL EUROPEA: PRESENTES!!!
MUERTE A LA DEMOCRACIA!!!
Estimamos nosotros –los españoles actuales- que la lucha por la Defensa y Unidad de Europa en estos críticos momentos debe ser llevada, principalmente, a construir en todas las almas europeas una fortaleza inexpugnable: una idea irresistible: una convicción triunfal, que hagan fracasar todos los ataques desesperados de las fuerzas hostiles antieuropeas.
Y esa convicción, esa “idea-fortaleza”, deberá ser la siguiente:
“Europa no es vieja ni es joven. No lo ha sido ni lo será nunca. Porque Europa es inmortal. Europa es un perpetuo Renacimiento. Es un resucitar inextinguible”.
Creemos que los esfuerzos heroicos de todos los espíritus preclaros de Europa –de todos sus investigadores (poetas, sabios, científicos)- debería ser concentrado en demostrar rigurosamente al mundo que tal Afirmación es cierta. Efectiva.
Para ayudar a lo cual nosotros proponemos ahora un elemental plano afirmativo en vista de esa ciclópea reconstrucción:
1º. Hay que rebatir como falsa, la tradicional pretensión de que Europa sea hija de Oriente. (Acumular pruebas contra el mito de Agenor, contra la espúrea localización del Paraíso terrenal en Mesopotamia: contra la “cuna hindú” del género humano: contra la primacía civilizadora de Egipto, China, Fenicia, etc...).
La civilización empezó en Europa. A lo largo de su místico “castillo alpino”, de los Pirineos al Cáucaso. Fortaleza “providencial”.
2º. Hay que reducir al absurdo la tesis “vegetal” y spengleriana –la tesis de los culturalistas- sobre la “pluralidad de culturas igualmente válidas”. Tesis que empareja
y ecuaciona la “cultura europea”, por ejemplo, con la “azteca” o la “faraónica”.
3º. Hay que reducir a polvo la tesis de que “Occidente está en decadencia”. Es decir: Europa: Pues nadie es vencido hasta que él mismo no se considera vencido. Y Europa jamás se dará por vencida.
4º. Hay que insistir audazmente, sobre la veracidad de que si América es algo, lo es en cuanto trasunto de Europa: proyección de Europa en “cantidad”. Igualmente Rusia. Rusia y América tienen substratos propios. Pero lo determinante en ellas será siempre el superestrato europeo.
5º. Hay que demostrar que la “idea de Europa” –bajo diversos nombres a lo largo de la Prehistoria y la Historia- consistió siempre en la “medida”: el “límite”: la “armonía”: la “unidad activa”: la “ascensión creadora del Hombre”: la “mística de la vida”.
6º. Demostrar que esa “idea de Europa” existió desde el Paleolítico, sobre una topografía –imprecisa- pero poco más o menos coincidente con lo que ha sido siempre Europa (la vértebra alpina).
7º. Hay que demostrar que tal “idea europea” sufrió “cansancios momentáneos”, “agonías temporales”, “exhaustamientos fecundos”. Lo que llamaríamos –históricamente- “Edades Medias o transitorias, preparadoras de nuevos Renacimientos”.
8º. Europa no tiene más que dos fases, dos edades, dos ciclos: Edades Medias y Renacimientos. (Muerte y Resurrección, Invierno y Primavera).
9º. La fecundidad de Europa es inacabable. Como una Paternidad cósmica, como una fuerza genesíaca donjuanesca. Rasgo viril, y no femenino, en lo europeo. Potencia de fecundación. Virtud Imperial.
10º. Hay que demostrar que –desde la Prehistoria- este “fecundador genio europeo” preñó siempre a las culturas extra-europeas. Las cuales, aprovechando el agotamiento momentáneo del progenitor, reobraron sobre Europa en forma de “invasiones y devastaciones”. Pero que –justamente- este “estímulo del peligro” hizo siempre “reaccionar a Europa”, resurgir, resucitar de sí misma: como el ave Fénix de las cenizas.
Condición precisa para cada Renacimiento de Europa: su inminente muerte, su “agonía trágica”. El estímulo mortal.
11º. Europa –por tanto- no es vieja ni joven. Sino débil o fuerte. Y su secreto es el que, en español, llamamos “sacar fuerzas de flaquezas”. Secreto heroico.
12º. En las actuales circunstancias, Europa se encuentra en una “crisis de salvación”. Como tras 1918 (o como tras 1945). Como tras el fracaso napoleónico. Como antes de Carlos V o de Navas de Tolosa o de Carlos Martel. Como ante la lucha con Cartago. O en la guerra de Grecia contra los persas. O de razas prehistóricas europeas contra invasiones de África y de Asia.
Y esta crisis será superada a través de otra inevitable Edad Media –feudal, federalizante-, que estamos empezando a atravesar, hostilizados por los bárbaros.
13º. Característica también europea es la del “relevo de Campeones” en portar el fuego sagrado y perenne. Los Campeones cambian. El fuego: permanece.
14º. Anular el temor a lo ruso y el pasmo ante lo americano, demostrando que ambos son fenómenos “románticos”, “desmesurados”, “estériles a la larga”. Ambos procedentes de Europa, pero “desnaturalizados”.
La afirmación social de Rusia es europea. (Rusia no ha hecho más que quitarle a esa idea la “medida”, amplificando su “extensión”: asiatizando infinitamente la idea europea de “una masa trabajadora”).
La afirmación capitalista de América es europea. (América no ha hecho más que quitarle a esa idea la “medida”, ilimitando la “cantidad”, taylorizando el “espíritu -europeo- de iniciativa, individual”).
15º. Las armas eternas contra el Oriente y el Occidente serán siempre espirituales en Europa.
Lo que representó y representará la idea de Roma no perecerá nunca. Precisamente, frente al misticismo asiático del bolchevique irrumpiendo de nuevo sobre Europa, Roma podrá crear otro nuevo misticismo: el de la Santidad auténtica. (El Santo: fuerza social más allá del Héroe). Arma específica de todos nuestros Medievos.
Del mismo modo, la Mística del Linaje, -¡tan germánica!- tampoco perecerá, para combatir válidamente el capcioso igualitarismo. Encarnando en otra modalidad medieval de gran eficacia combativa: la “mística dinástica”, de nuevas progenies y estirpes surgidas puramente de la Revolución.
No las restauraciones de sangres cansadas, exhaustas, degeneradas, sino las nuevas Instauraciones, los nuevos reinos Caudillales, con gracia feudal, medievática y hasta divina. Nuevas Monarquías, nuevas aristarquías. Nuevas selectividades.
16º. Utilizar cuantos pensamientos y pensadores y poetas tuvieron este instinto de combate y defensa de Europa.
Ejemplos:
Mazzini dijo que Europa era “el fermento del mundo”. Y así pensó también nuestro Donoso Cortés.
Burckardt –el gran renacentista- vio a Europa como una “fuente antigua y nueva de vida”. “Espiritual y múltiple”.
Grecia: como “Cosmos”. Como “Orden Total”. Con el símbolo platónico y heroico del Maratón contra el Oriente.
Leibniz, como una “eterna lucha contra los bárbaros”.
Himly, como “la obra más armoniosa de la Creación”.
Victor Hugo vio Europa “unida un día” sin rusos ni anglosajones.
Nosotros, los españoles, la vemos como la “única Sede de eterna Catolicidad”.
17º. Europa es pelea constante. Europa es guerrear. Europa es peligro.
Europa es el centinela alerta. ¡Al arma!, ¡Al arma!.
Y Europa es –de vez en cuando- una bendita “Ilusión de Paz”.
Ernesto Jiménez Caballero, 1949
Septentrionis Lux
NuevOrdeN