EL CICLO DE LOS HÉROES


“Todo lo que no es Tradición, es plagio”
Eugenio D, Ors


Nuestra Europa ha conocido a lo largo de su Historia cuatro intentos de reconstrucción aristocrática y de restauración heroica, sobre la base del principio guerrero y solar, emanados todos ellos de la “Luz del Norte” aria o indo-europea. El primero fue el Ciclo Helénico, la Grecia clásica; el segundo fue el Ciclo Romano, el tercero fue el Ciclo Medieval con su Sacro Imperio Romano-Germánico al frente y, por último, ya en plena fase de disolución y degeneración absolutas de esta fase final del Kali-Yuga, el Ciclo Nacional-revolucionario, con el III Reich de Adolf Hitler al frente, etapa que algunos han denominado “Era del Fascismo” (1919-45). Con la derrota de Europa de 1945, comienza la fase más oscura y tenebrosa del Kali-Yuga o Edad del Hierro (los místicos indo-arios denominan a esta etapa “el kali-yuga del Kali-Yuga” (el Kali-Yuga de la mitología indo-aria equivale a la Edad de Hierro greco-romana o a la Edad del Lobo nórdico-germánica). Es curioso constatar que en los últimos tres intentos de restaura-ción heroica, fuera la visión del mundo ginecocrática y telúrico-sacerdotal del judeo-cristianismo –básica y esencialmente antieuropea-, emanada de la oscura y tenebrosa “Luz del Sur”, quien jugara un papel de primer orden en sus respectivas caídas.

En el Imperio Romano, la nueva religión predicada por el judío Saulo de Tarso, verdadero fundador de la religión cristiana, reclutó para su causa a la chusma y a la hez de los arrabales del Imperio Romano predicando un mensaje y una visión del mundo diametralmente opuesta no sólo a la visión del mundo del Imperio, sino también a la predicada por Cristo cuando dijo aquello de “Mi Reino no es de este mundo” (se refería, simbólica y esotéricamente hablando, al actual Reino maléfico y disoluto del Kali-Yuga en cuya fase terminal nos encontramos). El judío Saulo, fiel a los de su raza, mejor dicho, fiel a los de su anti-raza y a la espiritualidad demoníaca emanada de la Biblia y del Talmud, quiso crear un Reino paródico aquí, en “este” mundo abocado claramente hacia el caos igualitario y democrático. En un Estado fuertemente jerarquizado, autoritario y sanamente anti-democrático como era el Romano, cuyos místicos y poetas consideraban como una vuelta simbólica a la Edad de Oro y a la espiritualidad primordial hiperbórea, el sinvergüenza y farsante Saulo predicó el dogma subversivo y extraño a la mentalidad y espiritualidad indoeuropeas, de la igualdad de los hombres sin distinción de castas, razas o sexos, negó la divinidad del Emperador y aconsejaba a los soldados desertar de las legiones romanas. Los judeocristianos de esa época fueron como la basura anarco-pacifista y progresista de nuestros penosos y catastróficos días, enemigos de todo tipo de autoridad, jerarquía y orden. Podría decirse que la revolución judeocristiana de Saulo contra la visión del mundo olímpico-solar del Imperio Romano –y de todo el mundo indoeuropeo-, fue la primera gran revolución democrática y plebeya de la Historia de Europa. Si la revolución de los esclavos del fantoche Spartaco fue fácilmente aplastada, la del judío Saulo acabaría destruyendo los cimientos heroico-viriles del Imperio.


Pero si el judeocristianismo acabó triunfando fue sencillamente porque el Imperio ya había entrado en una etapa de cierta decadencia y descomposición. Cuando parecía que una nueva espiritualidad solar e iniciática, claramente guerrera y aristocrática como era el mitraismo, procedente de la Persia aria, inauguraría un nuevo ciclo ascendente en el seno del Imperio, apareció esa oscura religión de parásitos para cortar su camino triunfal hacia el poder. El Emperador Juliano, místico, iniciado y soñador apodado por los suyos como el “Último Romano”, es decir, como el último verdadero representante de la tradición y visión del mundo de Roma, combatió el judeocristianismo que como un vampiro iba chupando la sangre del Imperio mermándole así sus, antaño, espléndidas fuerzas e intentó regenerar de nuevo el Imperio volviendo a la antigua religiosidad pagana y solar, instaurando el mitraismo. Su reinado aunque brillante, fue efímero (sólo duró dos años) porque poco después fue asesinado a traición y por la espalda, según la leyenda, por un lanzazo de un esclavo cristiano. Podría decirse que con él murió el verdadero Imperio Romano, el segundo intento de reconstrucción heroica de Occidente... Murió el Imperio Romano al menos desde el punto de vista espiritual.

Tras la caída definitiva del Imperio de Occidente en el año 476 con la invasión de las tribus “bárbaras” del Norte que, tras una corta etapa de caos, aportaron sangre joven y nuevas energías a nuestra amada Europa así como una nueva espiritualidad solar y guerrera, surge en nuestra Patria un Nuevo Orden, un nuevo Ciclo Heroico fruto de la fusión de la espiritualidad y visión del mundo grecorromana y del aristocratismo guerrero de los pueblos del Norte (la espiritualidad céltico-druídica también aportaría lo suyo como veremos después): la Edad Media. Con ella vendría primero el Sacro Imperio Romano de Carlomagno que, curiosamente, fue coronado Emperador el 25 de Diciembre del año 800, cuando precisamente la antigua Roma pagana celebraba ese mismo día como “El Nacimiento del Sol Invicto”; después, ya en el siglo X, nacería el Sacro Imperio Romano-Germánico fundado por Otón I el año 962 y que duraría hasta los Tratados de Westfalia de 1648 donde se destruyeron los fundamentos reales y solares del Imperio y que supondrían el triunfo definitivo del Humanismo renacentista y del progresismo protestante que abrieron paso al actual y nefasto mundo moderno, iniciándose una nueva etapa de judaización de Europa similar a la que sufriera el Imperio Romano con la aparición del judeocristianismo. Hay que decir que tanto el Humanismo antropocéntrico como el protestantismo (del que surgirá el capitalismo y el liberalismo), tienen la misma base y raíz judeocristiana. Nuevamente en esta etapa Heroica volvió a producirse en el seno del Sacro Imperio un nuevo conflicto, como ya ocurriera en el Impero Romano, entre los dos principios: el guerrero y el sacerdotal, entre la visión del mundo solar y la lunar, encarnadas por el Emperador y por el Papa respectivamente. La eterna lucha entre dos órdenes de la realidad, antagónicos e irreconciliables entre sí, volvía a producirse con fatales consecuencias para Europa. A la UNIVERSALIDAD del Imperio, la Iglesia opuso la idea decadente e igualitaria de la COLECTIVIDAD, de “la igualdad de todos los hombres ante Dios”, abriendo así paso a la desacralización del Estado y de la función divina del Imperio, al igual que a la nivelación democrático-plebeya. La Iglesia de Roma, que nunca se había desembarazado completamente de la espiritualidad subversiva de Saulo, siempre sintió aversión hacia las Órdenes ascético-militares y hacia los ideales autoritarios, jerárquicos y orgánicos representados por el Sacro Imperio. Nuevamente, como un vampiro, chupó la energía vital del Imperio hasta que este se desplomó como un cuerpo sin vida. La liquidación del Orden Medieval, el III Ciclo Heroico, entre los siglos XIV y XV fue considerada como una “pérdida del Grial”, considerado éste último como el receptáculo de la espiritualidad solar pura y primordial, la espiritualidad de los orígenes... por algo la Edad Media era considerada también por sus místicos y poetas sagrados como el surgimiento de una nueva Edad de Oro en Occidente, como un nuevo nacimiento simbólico del Dios hiperbóreo Apolo. A la liquidación del Orden Medieval, una larga etapa de caos y de destrucción se apoderarían de nuestra amada y sagrada Europa (1)... hasta llegar al siglo XX, el siglo de las masas y de las megalópolis.

Una profecía gibelina decía en el siglo XIII: “al cabo de 700 años, reverdecerá el laurel”. Efectivamente, es en pleno siglo XX cuando surge, en el corazón de la modernidad decadente, una nueva etapa ascensional, un nuevo intento de reconstrucción aristocrática y de restauración heroica: el IV Ciclo Heroico que fue el más breve de los cuatro pero no por ello menos glorioso y admirable, sobre todo teniendo en cuenta la etapa de descomunal decadencia y de degeneración que padecíamos y que, por desgracia, seguimos padeciendo. Este nuevo Ciclo de los Héroes, como obedeciendo a una nueva consigna secreta parecida a la que ocurrió durante los últimos siglos medievales con la Leyenda del Grial que, como de la noche a la mañana apareció y desapareció en cuestión de un par de siglos (XII al XIV), este nuevo Ciclo Heroico, repetimos, irrumpió en Europa como un rayo, después de la catástrofe de la I Guerra Mundial, en el año 1919: en Italia, Benito Mussolini crea el Movimiento Fascista que sueña con crear una nueva Roma, después de las míticas y legendarias de Rómulo y Constantino; en Rumanía, Corneliu Z. Codreanu, en la primavera de ese año, se reúne en el bosque, en la cima de un monte (2), con un grupo de 20 camaradas para organizar un centro de acción y de resistencia rumana contra la bestia judeo-bolchevique que acechaba a Rumanía: era el germen de la futura “Guardia de Hierro”, uno de los movimientos nacional-revolucionarios más atractivos de Europa. Por otro lado, en Alemania, en Septiembre de ese mismo año, Adolf Hitler, héroe de la I Guerra Mundial, ingresa en el “Partido Alemán de los Trabajadores” (D.A.P), convirtiéndose en el Jefe de Propaganda del mismo dos meses después y que al año siguiente transformaría en “Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes” (N.S.D.A.P.). Estos tres hechos trascendentales ocurrieron en menos de un año y sin una aparente conexión entre sí, pero simbólicamente constituyeron el germen de una nueva etapa ascensional, de una nueva manifestación de la “Luz del Norte” indoeuropea a la que se le opondría todo un mundo infectado ya de forma irremediable por el virus judeocristiano del liberalismo democrático, del marxismo y del progresismo imbécil y profanador del cosmos. La Cruzada de Liberación española de 1936-39 y la II Guerra Mundial de 1939-45 serían el escenario donde se enfrentarían esos dos mundos, esos dos principios eternos e irreconciliables, como ya pasara en el Imperio Romano y el Sacro Imperio Romano-Germánico del Medievo. La Luz del Norte, propia de razas viriles y espiritualmente superiores y la Luz del Sur de los degenerados, contrahechos, traidores y de la gentuza sin alma y sin respeto a las leyes del cosmos y de la Naturaleza. El trío hiperbóreo formado por Alemania, Italia y España, parecían las potencias destinadas a fundar un Nuevo Orden viril, caballeresco y aristocrático en Occidente y detener así el proceso de degeneración e involución que se iba adueñando de nuestra Patria europea desde la disolución del orden medieval y su Sacro Imperio... pero, por desgracia, todo quedó en un intento aunque poético y bello.

Es precisamente en este período de 1919-45, el IV Ciclo de los Héroes, cuando vuelve a surgir en Occidente la temática del Grial después de una etapa de total oscurecimiento y ocultamiento... los “700 años” simbólicos de la profecía gibelina del S. XIII. Fue en esta etapa donde hombres tan ilustres y, por otro lado, tan denostados por el mundo de –mocrático, como René Guénon, Julius Evola (que simpatizó con los movimientos NR europeos, principalmente con la Guardia de Hierro y la Orden Negra S.S.) (3), Charbonneau-Lassay (perteneciente a una Orden iniciática de caballeros que existía desde el siglo XV y que, milagrosamente, se ha prolongado según parece hasta nuestros dias) y el alemán Otto Rahn (miembro de la Orden Negra SS del III Reich), entre otros, quienes se encargaron de “resucitar” la temática del Grial después de varios siglos de oscuridad y que parecían presagiar el resurgir de una nueva Edad de Oro para Occidente. Era como si hubiera surgido en Europa un nuevo Ciclo del Grial similar al que hubo en la Edad Media con el mito de Arturo, Merlín y los Caballeros de la Mesa Redonda.

En España, la muerte de José Antonio, el Fundador y I Jefe Nacional de la Falange Española, fue comparada a la del mítico Rey Arturo, muerte en la que los suyos no quisieron creer llamándosele “El Ausente” (4), como si en cualquier momento pudiera aparecer poniéndose al frente de sus huestes. De hecho, su cuerpo, como el de otros grandes reyes medievales como Federico I, Federico II o el mismo Arturo, descansa en el interior de una Montaña como en la Leyenda del “Emperador Dormido”... solo que en este caso no se trata sólo de una leyenda sino de historia real.
Como el Avalón del mito artúrico o el Montsalvat de la leyenda griálica, José Antonio descansa eternamente en una especie de mágica inmortalidad en una nueva residencia polar: el Valle de los Caídos, ubicado en la Sierra sagrada de Guadarrama.
José Antonio, especie de poeta y de caballero de raigambre feudal, eligió la figura medieval del caballero andante en busca de su amada cautiva como hombre-modelo de su movimiento heroico-viril. Muy parecido fue también el caso de C. Z. Codreanu, fundador y líder místico-carismático de la “Guardia de Hierro” en Rumanía, en cuya muerte tampoco quisieron creer sus seguidores. Mussolini, admirador del gran poeta gibelino Dante, soñó con la construcción de un nuevo Imperio Romano, la IV Roma (no hay que olvidar la famosa profecía del místico y asceta ruso Filotei: “Dos Romas han caído, Moscú es la tercera; y la cuarta no existirá jamás), mientras que en Alemania, Hitler creaba el III Reich (5). En España, tras la muerte de José Antonio, los suyos soñaron con un nuevo Siglo de Oro español como el que hubo en los Siglos XV-XVII (símbolo de una primavera que truncó la modernidad demoníaca) que, al menos en las Españas, continuaron la Edad Media cuando ésta no era ya ni siquiera un recuerdo en el resto de Europa (6). De ahí viene esa supuesta “diferenciación” de España con el resto de Europa: la de haber llegado a la modernidad demoníaca con dos siglos de retraso gracias a los Reyes Fernando e Isabel, el Emperador Carlos I de España y V de Alemania y su hijo el gran Felipe II. España fue, es y seguirá siendo europea a pesar de la bazofia y de la carroña derechista y nacional-catolica. Que en España no triunfaran plenamente ni el Humanismo ni el Protestantismo, germen de todos los males habidos y por haber, no es porque fuera “diferente” como dicen algunos fantasmones y meapilas ultramontanos tan aficionados al flamenco y a las romerías, es decir, a la Españita zarzuelera que tanto repugnaba a José Antonio, sino simplemente porque España supo mantenerse alerta ante tales peligros durante más tiempo que el resto de países europeos. Pero cuando llegó el liberalismo con todas sus consecuencias, España se convirtió en una basura al igual que el resto de países europeos. ¿Dónde está, pues, la supuesta “diferencia” de España con respecto al resto de Europa?. ¿Es que podemos seguir llamando “reserva espiritual de Occidente” a esta nauseabunda Españita de charlatanes, rameras, juerguistas, ladrones, bakalaeros, drogadictos, depravados sexuales y traidores?.

Según la leyenda griálico-artúrica, que ha de ser interpretada de forma profética y simbólica, a la muerte del Rey Arturo en la batalla de Salisbury, a manos de su hijo Mordred, el Grial fue llevado al Torreón de la Ciudad de Cristal, donde se aguarda la llegada del Mejor Caballero del Mundo, quién devolverá a la Humanidad aquello que está perdido, es decir la Edad de Oro y, con ella, la Tradición Primordial. Según la leyenda artúrica, este ser enigmático podrá ocupar el Asiento Peligroso y será el que arrancará nuevamente la espada de la piedra, devolviendo el equilibrio y la armonía al cosmos.
Muchos quisieron identificar al gran Caudillo y Jefe-taumaturgo germánico Adolf Hitler con ese enigmático “Rey del Grial” que habrá de instaurar una nueva Edad de Oro, pero aquél sólo fue su precursor más directo. Él mismo dijo: “Sé que yo no soy Aquél que ha de venir”. Hitler, con su vida y su obra, preparó el camino. Intentó crear en Europa un nuevo Imperio Romano-Germánico, de ahí su Alianza con la Italia Fascista de Benito Mussolini. Creó una nueva Orden de Caballeros, una nueva Aristocracia Europea: la Orden Negra SS, que se inspiraba en las Ordenes medievales de los Templarios y de los Teutónicos. La Orden Negra SS, como en la leyenda artúrica, tuvo también un capítulo interno compuesto por doce caballeros que se reunían periódicamente en el centro de la Orden: el Castillo de Webelsburg. En dicho castillo había una sala en cuyo centro había una mesa redonda con doce sillas, pero había una decimotercera que siempre se encontraba vacía... Era el Asiento Peligroso que la mitología artúrica reservaba a ese misterioso ser que ha de venir a final de los tiempos para restaurar el Orden, la Autoridad, la Jerarquía, etc, perdidos después de 500 años de imbecilidad progresista, demoníaco-igualitaria y humanitario-democrática. Como dijo nuestro Maestro Adolf Hitler, debemos seguir luchando “Por el que vendrá”. Adolf Hitler, en plena fase de disolución del Kali-Yuga, representó nuevamente la visión del mundo y la concepción solar y uránico-viril del Imperio.

Nunca en la Historia de Europa, en un espacio tan corto de tiempo, se manifestaron tanta sabiduría, grandeza y heroísmo. Como siguiendo una especie de mandato divino, por todo el continente europeo surgieron líderes políticos de la talla de Hitler, Mussoli-ni, Degrelle, José Antonio, Ramiro Ledesma, Onésimo Redondo, Pavelic, Doriot, Sza –lassi, Mosley, Quisling, Mussert, Tiso, Codreanu; escritores de la talla de Spengler, Gi-ménez Caballero, Papini, Henry de Montherlant, Junger, Chamberlain, Alphonse de Chateaubriant, perteneciente a la sociedad secreta “La Estrella interna”, Ramiro de Maeztu, Rebatet, Drieu la Rochelle, Céline, Gentile, E. Pound ; metafísicos y esoteristas como los ya citados anteriormente R. Guenon, J. Evola y Charbonneau-Lassay, además de Ananda Coomaraswamy, Savitri Devi, Frithof Schuon, Michel Valsan, Guido di Giorgo, Herman Wirth, L. F. Clauss, perteneciente a la Orden Negra SS; poetas de la talla de Brasillach, José María Pemán, Dietrich Eckart, Azorín; pensadores como Rosemberg, Heidegger, el mismo Ramiro Ledesma, el verdadero creador de la doctrina nacional-sindicalista; literatos fantásticos como Lovecraft, Howard, Machen o el mismo Tolkien (7), creadores todos ellos de toda una mitología radicalmente anti-moderna emanada de la “Luz del Norte” y que aun sigue fascinando a las juventudes europeas a pesar de virus progresista y cientifista; científicos de la talla de Günter, Alexis Carrel, Lorenz, Ardrey; pintores de la talla de Zuloaga, Gutierrez Solana o Sert, músicos como Richard Strauss, Orff, Manuel de Falla, Joaquín Rodrigo; incluso una ciencia sagrada y solar como es la alquimia y tan olvidada desde el Medievo dio a personajes de la talla del misterioso Fulcanelli, Canseliet o el no menos enigmático Louis Cattiaux, autor del “Mensaje Reencontrado”. También aparecieron los últimos constructores y escultores sagrados de Occidente como Gaudí, Arno Brecker o el mismo Juan de Ávalos... En definitiva, es principalmente en la etapa 1919-45 cuando vemos recapitular toda la sabiduría, ciencia, santidad y realeza de los anteriores siglos con una eclosión de auténtica intelectualidad, que iba a preceder inmediatamente a la fase más disoluta y catastrófica del Kali-Yuga o Edad de Hierro, como ocurrió en los últimos siglos medievales –siglos XIII y XIV- que precedieron al Humanismo renacentista donde aparecieron personajes de la talla de San Francisco de Asís, San Alberto Magno, Ramón Llull, Alfonso X El Sabio, Jaime I el Conquistador, Dante, el Rey San Luis, Arnau de Vilanova, Eckhart, etc. ¿Qué intelectuales auténticos ha dado Occidente desde 1945?. El Arte y la Belleza ya han dejado de existir en este nauseabundo mundillo de autómatas, un mundo oscuro y sin alma. Los movimientos heroico-viriles de entonces, con el III Reich de Hitler a la cabeza, hicieron un esfuerzo sublime por intentar restaurar la Belleza y la Armonía a esta Tierra Sagrada e Inmortal a la que prometemos fidelidad y amor eternos: EUROPA!!!.

ARRIBA EUROPA!!!
SANGRE Y HONOR!!!


Janus Montsalvat
Septentrionis Lux

N O T A S:

1).- La sucesión de hechos subversivos y antitradicionales a partir del siglo XIV es alucinante: liquidación de la Orden del Temple (S. XIV), élite y aristocracia europea, que supondría el inicio de la ruptura de Occidente con la Tradición Primordial, la llegada del “Renacimiento” con su humanismo repelente y contra-natura (S. XV), del protestantismo (S. XVI), germen del liberalismo capitalista, la llamada Paz de Westfalia (S. XVII) que supondría el fin del Sacro Imperio Romano-Germánico y el triunfo definitivo del humanismo renacentista y del protestantismo sobre una Europa espiritualmente en ruinas . Con la caída del Sacro Imperio, se consumaba la ruptura de Occidente con la Tradición Primordial iniciada tres siglos antes con la destrucción de los templarios. Después vendrían las revoluciones burguesas de Inglaterra (1688), Norteamérica (1776) y Francia (1789), para llegar a la revolución “proletaria” de Rusia (1917). La involución de los ciclos cósmicos, lógicamente, conduce también a la involución de las castas humanas. Un mundo antaño regido por Reyes-sacerdotes protegidos por los Dioses, a acabado degenerando en un sucio mundillo gobernado por fantoches afeminados y autómatas elegidos “democráticamente” por una plebe rencorosa y vociferante, de ahí que todo lo que nos rodea sólo sea chabacanería, ruido, suciedad y pestilencia.

2).-El simbolismo de la montaña siempre ha tenido un carácter solar y aristocrático. La mística heroico-viril de las alturas siempre será netamente superior al seguidismo burgués y acomodaticio de las llanuras. La montaña es el Templo por antonomasia y la morada de los Dioses que aparece en todas la tradiciones solares: es Thule, el centro sagrado del continente hiperbóreo, es también la residencia del Grial, igualmente es la residencia simbólica que las leyendas asignan a Reyes como Arturo, Carlomagno, Federico I Barbarroja, Federico II, etc. Los primeros conquistadores arios de la India procedían del Monte Meru, al igual que la estirpe sagrada francesa de los merovingios. El gran poeta gibelino Dante buscaba la inspiración poética en las montañas y, más recientemente y en pleno siglo XX, Adolf Hitler, fundador del III Reich, alcanzó la revelación divina en la cumbre del monte Freiberg una noche estrellada de Noviembre de 1906 cuando tan sólo era un muchacho y, muchos años después, eligió la cima de una montaña ubicada en los Alpes Bávaros como lugar de retiro espiritual: el Nido del Águila. En la Tradición indo-aria vemos al príncipe Arjuna ascender el Himalaya porque sólo en la alta montaña podía conseguir la visión divina. Incluso en la mitología nórdico-germánica el Wallhala, el Paraíso de los héroes, es descrito como una montaña.

3).-No deja de ser curioso que R. Guenon escribiera su última gran obra cuyo título es, además de sugerente, profético: “El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos” precisamente en el año 1945, cuando comienza la fase más oscura y tenebrosa del Kali-Yuga tras la caída del IV Ciclo de los Héroes. Julius Evola publicó en 1934 su monumental “Rebelión contra el mundo moderno” y en 1937 el bello libro “El misterio del Grial y la Tradición Gibelina del Imperio” donde expone su teoría de que el Grial era, además de la manifestación de la Tradición Primordial nórdico-polar, la religión mistérico-iniciática y secreta de la Caballería medieval y gibelina opuesta a la doctrina telúrico-demoníaca e igualitaria de la Iglesia judeocristiana. Ni que decir tiene que ambas obras tuvieron en la Alemania hitleriana un éxito arrollador al igual que “La crisis del Mundo Moderno” y “El Rey del Mundo” del pensador y escritor francés R. Guénon, dos libros también extraordinarios.

4).-La mitología falangista siempre ha soñado con el advenimiento de un misterioso III Jefe Nacional tras el liderazgo místico-carismático de José Antonio y el provisional y efímero de Manuel Hedilla. Este enigmático personaje sería el encargado de restaurar la pureza falangista de los orígenes tras una larga etapa de decadencia y descomposición, fundando una nueva “Era Azul”. La I Era Azul (1936-45) coincidió con la “Era del Fascismo” o IV Ciclo Heroico (1919-45) y la II Era Azul (1948-57) tuvo lugar en plena Guerra Fría entre los dos bloques vencedores de la II Guerra Mundial. Ambas etapas azules tuvieron lugar durante el Estado del 18 de Julio y, curiosamente, las dos duraron 9 años. El ciclo vital del Movimiento Nacional-sindicalista fue de 36 años (1931-67): si sumamos ambos dígitos, vuelve a salir el número 9. (más adelante hablaremos sobre el simbolismo de dicho número). Con todo esto queremos decir que estamos hablando de una versión falangista del mito de Kalki-Avatara, el ser que según la tradición indo-aria vendrá a final de los tiempos para poner punto y final a la Edad Oscura y restaurar el Orden y la Tradición perdidos. Otras versiones de dicho mito son la de Federicus Rex o el III Federico de la tradición medieval-germánica, el Rey del Grial de la Tradición Artúrica, el salvador Sossioch de la tradición ario-irania, el Caballero Blanco de la Tradición cristiano-juanista, el “Imperator” de los rosacruces, etc. Así pues, el misterioso III Jefe Nacional que los falangistas simbólica y esotéricamente esperan, no es nada más que una imagen de un mismo mito indoeuropeo y solar y, por lo tanto, esa nueva “Era Azul” utópica con la que sueñan, forzosamente tendrá que coincidir con una nueva Edad de Oro que para la humanidad profetizan todas las tradiciones sagradas, muy similar al Tercer Reino profetizado por el visionario medieval Joaquín de Flore (el Tercer Reino sería el del Espíritu Santo que sucedería a los del Padre y del Hijo). También hay que señalar que todos los pretendidos “sucesores” que ha tenido José Antonio a excepción de Hedilla, por supuesto, no han sido nada más que contrafiguras paródicas y siniestras. Nos estamos refiriendo a jefecillos farsantes como Perales, Horrillo, Conde, Sigfredo Hillers... o el mismo Franco que tras la muerte de José Antonio y la liquidación política de Hedilla, se autoproclamó “por decreto” Jefe Nacional en 1937 pero, como todos sabemos, acabó traicionando los ideales solares y heroico-viriles de la Falange tras la derrota de las potencias fascistas de 1945 y entregando el poder a la escoria plutocrática y judeo-capitalista del “Opus Dei” en 1957. La crisis político-ideológica de 1957 supuso el final de la Falange Histórica (todas las sucesivas “falanges” que surgieron a partir de ese año fueron una auténtica farsa) y el comienzo del FINIS-SPANIAE. Si la “Luz del Norte” brilló aunque muy tenuemente durante unos años, a partir de 1957 se instaló en el poder definitivamente la oscura y telúrica “Luz del Sur”.
La “Luz del Norte” se manifestó en España en el recientemente terminado siglo XX en dos ocasiones, la primera fue con el denominado Movimiento Regeneracionista que sur-guió tras la catástrofe del 98 (fin definitivo del Imperio español), considerado por muchos como un “pre-fascismo”, y la segunda fue con el Movimiento Nacional-sindicalista o falangista de Ramiro, Onésimo y José Antonio. Ambos se consideraron deudores y continuadores de la famosa generación intelectual del 98, que dio intelectuales de la talla de Jiménez Caballero, uno de los grandes precursores del fascismo en España, Ramiro de Maeztu, gran escritor y pensador tradicionalista que también simpatizó con los Movimientos NR europeos, nacionalsocialismo incluido, Ortega y Gasset, Pío Baroja, también simpatizante de los fascismos además de gran europeísta y racista, Azorín, también simpatizante de los movimientos fascistas, Muñoz Seca, Jacinto Benavente, antidemócrata y antimarxista virulento, Manuel Machado, fanático falangista, Eugenio D,Ors, también falangista convencido, Victor Pradera, pensador tradicionalista, etc.
La Revolución Nacional de 1936 contra la putrefacta República demo-marxista, hubiera sido imposible sin el caldo de cultivo que supuso la aparición de esos dos grandes movimientos “nordistas” más o menos influenciados o inspirados por la llamada “Generación del 98”... Pero, por desgracia, se trató de otra victoria sin alas por lo que tuvo de desaprovechada y, años después, aburguesada.

5).-Desde el punto de vista geométrico el número tres es el primer número existente, puesto que se necesitan por lo menos tres puntos para formar el triángulo, que es la pri-mera figura geométrica. Es también el número de la Santa Trinidad, o sea de Dios en su expresión total, de la armonía y del equilibrio. También se le considera como el número de la fortuna. El tres es el primer número incompuesto, número sagrado y de la perfección: las Tres Romas; (la primera fue la de Rómulo, la segunda la de Constantino y la tercera la de Iván III El Grande, primer Zar “de todas las Rusias” que transformó Moscú en la Tercera Roma, de ahí la imposibilidad metafísica y ciclológica por parte de Mussolini de crear una nueva Roma), los Tres Reich (el primero fue el Sacro Imperio Romano-Germánico fundado por Otón I El Grande en el 962 y que duró hasta la “Paz de Westfalia” de 1648, en segundo el fundado por Bismarck en 1871 y que duró hasta el 1918 con la victoria de la basura democrática en la I Guerra Mundial y el tercero el fundado por Hitler de 1933-45), Federicus Rex o III Federico, la III Era Azul, los Tres Reyes Magos, la Trinidad indo-aria (Brama, Vishnú y Siva), las tres partes en las que se compone el ser humano (cuerpo, alma y espíritu), la concepción ternaria de la realidad (mundo natural, filosófico y religioso), etc.

6).-España con sus Siglos de Oro (Siglos XV-XVII) y gracias a los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II principalmente, prolongaron la Edad Media por espacio de dos siglos. El siglo XVII fue catastrófico para Europa: la llamada Guerra de los Treinta Años (16l8-48), fue el nuevo escenario donde volvieron a enfrentarse esas dos eternas e irreconciliables visiones del mundo, la “Luz de Norte” encarnada por el Sacro Imperio Romano-Germánico, ya en decadencia, y el Imperio español de los Austrias por un lado y la “Luz del Sur” encarnada por las naciones protestantes deseosas de liquidar todo concepto de Orden y Aristocracia verdaderamente superiores. La denominada “Paz de Westfalia” de 1648 supuso el triunfo de la oscura y demoníaca “Luz del Sur” sobre la auténtica Europa. El Humanismo y el Protestantismo darían paso a las revoluciones burguesas de la segunda mitad del siglo XVII (Inglaterra) y el siglo XVIII (Norteamérica y Francia). En el año 1950, el entonces Secretario General de la Falange Raimundo Fernández Cuesta dijo que el mundo moderno se inició con el Renacimiento y la Reforma protestante y que el Tratado de Westfsalia supuso el triunfo de la Europa humanista y protestante sobre la Europa auténtica y tradicional. España al seguir en su misma posición anterior a pesar de las críticas, de aquí nació su diferenciación con el resto de Europa. El mismo Raimundo, en el I Congreso Nacional de la Falange en 1953 opuso la Revolución Falangista a las revoluciones subversivas y antitradicionales de Inglaterra, Norteamérica y Francia, revoluciones que sólo dieron una “libertad” teórica pero no real al hombre, lo que, por consiguiente, conduce a auténticas tiranías disfrazadas de “democracia”. Es indiscutible que el falangismo histórico fue una manifestación más, en pleno siglo XX, de la Tradición Primordial nórdico-polar, al igual que otros movimientos nacional-revolucionarios europeos como el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán, el legionalismo rumano, el rexismo belga, etc., hasta el punto de que casi podríamos hablar de una Revolución Hiperbórea y Solar en pleno Siglo XX, a pesar de los errores e imperfecciones que se dieron pero siempre justificables teniendo en cuenta el momento cíclico en el que se manifestaron todos aquellos movimientos admirables.

7).-Las cinco obras literarias sagradas e inmortales que manifiestan toda una visión del mundo y filosofía de la vida auténticamente superiores, además de su carácter mistérico e iniciático son la llamada “Biblia de los Griegos”, compuesta por “La Odisea” y “La Iliada” de Homero (I Ciclo Heroico); la gran epopeya de la fundación de Roma con “la Eneida” de Virgilio (II Ciclo Heroico); la “Divina Comedia” de Dante y “El Quijote” de Miguel de Cervantes (III Ciclo Heroico) que, curiosamente, coinciden con el principio y el final de la ruptura de Occidente con la Tradición Primordial: “La Divina Comedia” de Dante coincide con la destrucción de la Orden del Temple a principios del Siglo XIV, al mismo tiempo que comenzaba el ocaso del Sacro Imperio Romano-Germánico y finalizaba la auténtica Edad Media, y “El Quijote” coincidió, aproximadamente, con el estallido de la Guerra de los Treinta Años con la que se iniciaría el ocaso del Imperio español y pondría punto final al Sacro Imperio Romano-Germánico y, por consiguiente, a la Orden de los Rosacruces que, desde la desaparición de los Templarios en el S. XIV, aseguraba el contacto de Occidente con la Tradición nórdico-polar aunque ya más disimuladamente. No es de extrañar que “El Quijote” se la última gran novela de caballerías. De la filiación templaria del poeta gibelino Dante, no cabe la menor duda, pues perteneció a las organizaciones iniciáticas de “Los Fieles de Amor” y la “Fede Santa”, ambas de filiación templaria; sin embargo, la filiación rosacruz de Miguel de Cervantes, el autor del Quijote, aunque no está aun comprobada, parece bastante posible ya que la primera parte del Quijote se publica en 1605, aproximadamente el año en que la organización rosacruz manifestó su existencia pública, y la segunda parte del Quijote se publicó en el año 1615, cuando tan sólo faltaban otros tres para que estallara la Guerra de los Treinta Años gracias a la cual el actual mundo moderno disolvente, anárquico y desacralizado se establecía definitivamente en Occidente. Así que “La Divina Comedia” y “El Quijote” tienen un claro papel escatológico en nuestra Patria Europea, que es el de abrir y cerrar un ciclo simbólico de, aproximadamente, 333 años... los mismos que van de la liquidación de la Orden del Temple a la desaparición de los últimos Rosacruces con la Guerra de los Treinta Años y también los mismos que van desde el principio al final del ocaso del Sacro Imperio Romano-Germánico (Siglos XIV al XVII). No hay que olvidar que el número 333, es un número cíclico, pues la suma de los dígitos da 9 que es el símbolo numérico de la circunferencia, la que a su vez simboliza un ciclo completo y cerrado. René Guénon decía que los acontecimientos históricos eran, en el orden humano, la expresión misma de los grandes ciclos cósmicos. La quinta obra literaria sagrada e inmortal y que ya muchos equiparan a “La Odisea” de Homero, es “El Señor de los Anillos” de Tolkien. Esta obra, espiritualmente al menos, pertenece al IV Ciclo Heroico (muchos críticos han querido ver en esta obra monumental una alegoría del nazismo) y, al mismo tiempo, constituye la promesa de un nuevo renacer, de una nueva Edad de Oro mágica, fabulosa y fantástica que todos los auténticos nacional-revolucionarios deseamos, convencidos ya de que al actual mundo moderno profano y profanador se acerca ya a su final irremediable y apocalíptico. Por algo el número 5, número hiperbóreo por excelencia, simboliza el advenimiento de una nueva Edad de Oro o Solar tras la finalización de todo un Manvantara o Edad Cósmica compuesta por los 4 Yugas o Ciclos –Edades de Oro, Plata, Bronce y la actual de Hierro en cuya fase final ya nos encontramos-. El número 5, simboliza la Reintegración, la vuelta al Principio, el Microcosmos, el Hombre Cósmico. El Pentagrama o, más recientemente, el símbolo falangista del Yugo y las Cinco Flechas simbolizan exactamente lo mismo. Hiperbórea ha sido descrita en las leyendas como un Continente formado por Cuatro Islas y cuyo Centro Supremo –el número 5 simbólico- era Thule, igual como la svástica con sus cuatro brazos partiendo de un Centro, de ahí que la svástica sea el símbolo polar por excelencia.





Septentrionis Lux
NuevOrdeN