UN MITO INDOEUROPEO INMORTAL: LA LEYENDA DEL EMPERADOR DORMIDO O DEL JEFE PERDIDO


-CREEMOS EN UNA RAZA SUPERIOR QUE IGNORE AL DIOS CASTIGADOR,
AL PECADO, A LA REDENCIÓN OFRECIDA A LOS HUMILDES, A LA CHUSMA Y A LA PLEBE. UNA SOLA COSA CUENTA PARA NOSOTROS: LA VOLUNTAD TENAZ, VIRIL E INDOMABLE DE SUSTRAERNOS A LA CONDICIÓN HUMANA.
A. Romualdi

-NOSOTROS, QUE MINORITARIOS, OSAMOS VIVIR EN UN MUNDO PRIVADO DE MORAL, NOSOTROS LOS DE LA FE PAGANA, SOMOS QUIZAS LOS PRIMEROS EN COMPRENDER LO QUE SIGNIFICA UNA FE PAGANA; REPRESENTAR COMO A UN SER SUPERIOR AL HOMBRE MAS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL; CONSIDERAR TODO LO QUE ES SUPERIOR COMO INMORTAL POR EXCELENCIA; NOSOTROS CREEMOS EN EL OLIMPO NO EN EL CRUCIFICADO.

J. Evola


En las tradiciones de todos los pueblos indoeuropeos, o herederos de los mismos así como de su cultura o cosmovisión, siempre ha existido un Rey, Emperador o Jefe que – se encuentra “dormido”, escondido en una isla o en una profunda caverna, pero que aparecerá al final de los tiempos para hacer triunfar la justicia y la verdad, reestablecer el Orden y derrotar a las fuerzas del Caos y la Disolución, preparando el advenimiento de una nueva Edad de Oro o Solar. De hecho, significa el deseo simbólico de regresar a la pureza de los orígenes con la que sueña el inconsciente colectivo de todo pueblo que aún no esté completamente contaminado por el virus democrático-progresista, de ahí - que en pleno siglo XX -el siglo nauseabundo de las megalópolis y de las masas- después de unos cuantos siglos de fatal “oscurecimiento de lo divino”, haya reaparecido (1) con fuerza dicho mito escatológico. Fue como un anuncio, en plena fase terminal y disoluta del Kali-Yuga, de la nueva etapa que ha de venir después de la inevitable catástrofe que se avecina y que todos, de una manera u otra, presentimos y que nos negamos a ver. El mismo Hitler ya dijo en 1928 “Yo sé que no soy Aquél que ha de venir” y años más tarde, en el año 1945, cuando el III Reich se desmoronaba definitivamente ante la Bestia apocalíptica judeo-masónico-comunista-liberal, alentó a los suyos a seguir luchando por “El que vendrá”. Estas visiones o profecías de Adolf Hitler, nuestro dulce Cristo Germánico, empalmarían con las de otro gran personaje de nuestra Patria Europea: Juliano, el Emperador de Roma cuando ésta ya se acercaba a su ocaso final y que intentó frenar el ascenso, ya imparable, de ese cáncer tenebroso que nos ha conducido al estado actual: el judeocristianismo. Por ello los verdaderos representantes de la cultura europea le apodaron como “el último romano”, es decir, el último gran representante de la visión imperial, heroico-viril y solar de Roma, mientras la escoria enfermiza judeo -cristiana le puso el apodo despectivo de “el apóstata”. El Emperador Juliano antes de morir tuvo una extraña visión: vio el Águila Imperial de Roma (emblema de Zeus-Júpiter) que volaba hacia Oriente y se refugiaba por casi dos milenios en las montañas más altas del mundo. Luego volvía a Occidente con un símbolo sagrado entre las patas y el Imperio le aclamaba. Era el año 363 d. C. y Juliano, el Emperador filósofo, asceta, artis-ta, estratega, hombre de letras, místico e iniciado, y al que tanto se le pareció muchos siglos después A. Hitler, murió con tan sólo 32 años de edad. Tanto Juliano, en el S. IV, como Hitler, en el S. XX, profetizaron el advenimiento de una nueva Edad de Oro o Solar y, con ella, el resurgimiento de Occidente, de nuestra Patria Europea de la mano de ese misterioso personaje al que Hitler aludió un tanto enigmáticamente como “El que vendrá”. En la mitología indo-aria “el que vendrá” es el Mesías vengador Kalki, que pondrá fin al caos y disolución actuales e inaugurando un nuevo ciclo ascendente. Si al año de la muerte del gran Emperador romano (363 d. C.) le añadimos los dos milenios de la visión que tuvo poco antes de dejar este mundo, tendríamos la fecha 2.363, fecha que coincide, aproximadamente, con el final de esta última fase –la más destructiva- del Kali-Yuga o Edad de Hierro y, por lo tanto, una nueva renovación del cosmos con el advenimiento de un nuevo Krita-Yuga o Edad de Oro. Es la Ley Cíclica del Eterno Retorno opuesta radicalmente a la ley judeodemocrática del progreso lineal indefinido. Pero se da la coincidencia que esa nueva Edad de Oro que vendrá (hacia el 2.363 aproxima-damente, no lo olvidemos), coincidirá con el final de la Era de Piscis, la era actual del judeocristianismo (el símbolo secreto inicial de los judeocristianos fue el pez), y el co mienzo de la Era de Acuario, produciéndose así una coincidencia única en 64.800 años (la duración de todo un Manvantara o ciclo humano y cósmico compuesto por las cuatro Eras de Oro, Plata, Bronce y Hierro): la renovación zodiacal (que dura 26.000 años aproximadamente, la duración total de los 12 signos del zodiaco) coincide con el tránsito de la actual Edad de Hierro a una nueva Edad de Oro o Solar. El signo de Acuario va ligado a los conceptos de Juventud espiritual, Jerarquía, Renovación, Pureza... la antítesis del mundo moderno liberal e igualitario, en definitiva. Nuestro deber por lo tanto es, como decía Evola, “permanecer en pié en este mundo en ruinas” y seguir luchando para ir acelerando el proceso de descomposición y disolución del mismo ya que, aunque no lleguemos a ver el nuevo comienzo, siempre tendremos el inmenso orgullo de haber preparado su camino. Como decía Ramiro Ledesma: “No parar hasta conquistar”.

En nuestra Europa existe una ramificación o versión de dicho mito indo-ario, que tuvo un gran esplendor en la Edad Media, etapa áurea de nuestro continente después de la caída inevitable del Imperio Romano. Es el mito del Emperador dormido, generalmente en el seno de una montaña (símbolo de Jerarquía espiritual y de Verticalidad), o del Rey Perdido. Se trata de la personificación simbólica de la nostalgia por la pureza espiritual perdida, de la espera escatológica del IMPERIUM perenne. Esta simbólica “vuelta al orígen” supone, en realidad una concepción cíclica de la Historia y que se opone diametralmente a la concepción lineal del judeocristianismo o de las doctrinas modernas igualitario-progresistas. Cada país europeo ha tenido sus “representantes” o AVATARES de dicho mito fundamentalmente pagano y pre-cristiano (2). Hagamos un breve repaso, a modo de ejemplo.

Nuestra gloriosa y entrañable España, también ha tenido sus avatares o representantes del mito indo-europeo del “Jefe Perdido”. Roderic o Rodrigo, último Rey visigodo que desapareció misteriosamente en su combate contra las tropas árabes lideradas por Tarik. Rodrigo fue derrotado y la dinastía visigoda derrocada pero, Pelayo, antiguo portaespada de Rodrigo, consiguiendo la primera victoria neta sobre los árabes, comenzó la Reconquista de España en nombre todavía del Reino visigodo de Toledo y de la legitimidad dinástica encarnada por Rodrigo. Otger Khatalon, héroe germánico de Cataluña y oriundo de Baviera, que empuñaba una maza como el Hércules mítico. Según la leyenda liberó el Valle de Arán y el de Aneu del dominio musulmán y se rodeó de un grupo aristocrático-místico y mítico “los nueve barones de la fama” que agruparon a los mas viejos linajes catalanes. Una vez cumplida su obra, desapareció sin dejar rastro...

Alfonso I el Batallador y Pedro II el Católico, Reyes medievales, desaparecieron en el campo de batalla, el primero contra los musulmanes y el segundo contra las huestes papales en la famosa Cruzada contra los cátaros. Sus respectivas muertes dejaron tras de sí un hálito de misterio y sus seguidores nunca quisieron creer en ellas. Lo mismo podría decirse de otros grandes reyes medievales como Fernán González, primer conde de Castilla, a quien, según la leyenda, educó un mago y consagró un misterioso ermitaño, después de haber tenido por antepasados a gigantes reconocidos por la memoria popular, Fernando III de Castilla, apodado “el Santo”, que en el año 1230 unificó definitivamente los reinos de León y Castilla o Jaime I el Conquistador, considerado por sus súbditos como a un ser auténticamente predestinado y que, además, fue educado en su juventud por la Orden de los Templarios, o Felipe II (3), el rey más poderoso de su época que, como si de un nuevo Rey-Mago-Sacerdote se tratara, construyó el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, Axis Mundi (Centro del Mundo) de su Imperio e imagen visible y simbólica de Thule, la Patria originaria de los divinos arios... o ya en pleno siglo XX, el fundador y Jefe Nacional de la Falange Española José Antonio que, como en la leyenda del “Emperador dormido”, descansa en el interior de una montaña...

Según la leyenda, el mítico fundador de Roma, Rómulo, después de gobernar durante cuarenta años, mientras un día estaba pasando revista a las tropas en Campo Marcio, cerca de donde actualmente se encuentra el Panteón, estalló de repente una terrible tormenta que le hizo desaparecer de la vista de todos para siempre al quedar ocultado en una espesa nube. Alguno de los senadores que estaba cerca de él dijeron que se lo había llevado la tormenta. Pero poco después se le apareció a un granjero profetizando el futuro esplendoroso y áureo de Roma. A partir de esa aparición, a Rómulo se le veneró como a un Dios.

En Portugal, por ejemplo, tenemos el caso del Rey Don Sebastián, que en el año 1578 “desapareció” durante la batalla de Alcazarquivir contra los moros. Según la leyenda, reaparecerá en un día de bruma para continuar su lucha contra las fuerzas del Mal. En Rusia, la leyenda del Zar Alejandro I, el Zar de la Santa Alianza, también participa del mito del “Rey Perdido”. Alejandro I murió bruscamente durante un viaje por Crimea, pero su pueblo nunca quiso creer en su muerte, corriendo el rumor de que su muerte se trataba de un simulacro y de que había tomado la identidad de un eremita. Cuando en el año 1926 se abrió su tumba, se descubrió que estaba vacía...

Otro personaje histórico inesperado, se integra en el mito del “Rey Perdido”: Vlad III, llamado Vlad Tepes, perteneciente a la “Orden del Dragón” (de ahí el apodo de “Drácu-la”) (4), Rey de Valaquia entre 1448 y 1476, héroe en la lucha contra el peligro turco. Precisamente su memoria y su historia han sido falsificadas por la piltrafa paranoico-depresiva de Bram Stocker, un sinvergüenza espiritista y degenerado anglosajón perteneciente a la secta inglesa contrainiciática de la “Golden Down”. Este farsante, que se las daba de escritor, desgraciadamente alcanzó un gran prestigio en nuestro “maravilloso” mundo moderno plagado de enfermos mentales, de ahí la popularidad que tuvo con la mamarrachada del conde chupa-sangre que, por supuesto, nada tenía que ver con el Drácula histórico, verdadero defensor de Europa contra los turcos. A la muerte de este extraordinario guerrero y luchador contra los turcos, así como defensor de nuestra amada y Sagrada Europa, que fue Vlad III, nació una tradición según la cual volvería un día para reinar eternamente. En 1932 se abrió su tumba y se descubrió que estaba vacía...

En Dinamarca también encontramos otra interesante ramificación del mito del “Rey Perdido”. Ogier de Dinamarca se encuentra actualmente escondido en lo más profundo de una montaña, o en los subterráneos del castillo de Kronburg, de donde surgirá al fin de los tiempos para salvar a su país... al igual que los Emperadores germánicos del Medievo europeo Federico I y II que moran en el interior de las montañas Odenberg o el Kyffhäuser... En Inglaterra, el Rey Arturo, protagonista del Ciclo del Grial y de los Caballeros de la Tabla Redonda, después de la batalla contra las fuerzas del mal representadas por Mordred, se retira a la isla Avalón...En Francia, del Emperador Carlomagno se dirá lo mismo: que no está muerto, sino que aguarda el tiempo en que sus súbditos vuel-van a necesitarlo. La historiografía oficial no ha logrado aun descubrir el destino del Delfín de Francia, Luis XVII, desaparecido sin dejar rastro de la Torre del Temple de París tras el guillotinamiento de sus padres...

Para volver otra vez al siglo XX, hubo muchos que se negaron a creer en la muerte del caudillo germánico y fundador del III Reich Adolf Hitler, y durante años circuló el rumor de que consiguió sobrevivir al cerco ruso de Berlín y huir al Polo en donde prepararía el retorno y la venganza... Como la profecía que señalaba la “vuelta” del Zar Nicolás II, mártir de la Revolución roja (asesinado en 1918 con toda su familia por la basura marxista). Efectivamente, Nicolás II ha “vuelto” aunque de una manera simbólica: ha sido canonizado por la Iglesia Ortodoxa rusa, algo que ha puesto los pelos de punta a la basura democrática y judeo-comunista. Precisamente, como ya señaló en su día J. Evola, el cristianismo ortodoxo ruso se acerca mucho más a la visión del mundo de los pueblos indoeuropeos que el cristianismo romano-vaticanista. No hay más que ver la prestancia viril y sobria de un monje ortodoxo y la pinta afeminada y liberaloide de un curita-progre vaticanista: mientras el primero impone respeto, el segundo sólo nos invita al desprecio y a la repugnancia cuando no a la carcajada.

Tenemos también la leyenda del gran Ungern-Sternberg, Khan de Mongolia, llamado por sus seguidores “El Dios Blanco de la Guerra” que se enfrentó al Moscú Rojo y que soñó, en pleno siglo XX, con un gran Imperio Euroasiático dirigido por una aristocracia guerrera y religiosa alentada por la herencia de Gengis Khan (otra variante del mito del “Rey Perdido”). Curiosamente, Ungern portaba como símbolo, al igual que el mítico Gengis Khan, la esvástica. Si Ungern hubiera vencido en su Guerra Santa contra el comunismo ni Siberia, ni Mongolia, ni probablemente China habrían sido rojas. Sin lugar a dudas la historia universal se hubiera escrito de otro modo. “El Dios Blanco de la Guerra” fue asesinado por los rojos el 17 de Septiembre de 1921, aunque su muerte será negada durante mucho tiempo por los pueblos nómadas de la estepa que juraron ha-berle visto en forma de un gran lobo blanco merodeando por los alrededores del lugar donde murió: Karakorum (5).

El mito del “Rey Perdido”, del “Emperador Dormido”, del “Gran Monarca” o del “Rey del Mundo” es siempre el mismo tema, el de un gran jefe político-militar, un gran caudillo de un pueblo que “desaparece”, esperando el fin de los tiempos, para luego volver poniendo fin a un ciclo histórico agotado e inaugurar una nueva etapa heroica y ascensional. Caudillo derrotado en ocasiones (Arturo, José Antonio, Hitler...), en otras muerto, pero que su cadáver jamás se encuentra (Alfonso I el Batallador, Hitler, Federico I Barbarroja, Rodrigo...), o simplemente líder victorioso de un período áureo (Alejandro Magno, Carlomagno, Carlos V, Felipe II...), consciente de la etapa de descomposición y decadencia en que vive la humanidad y que deciden pasar a una especie de estado de letargo hasta que se produzca la renovación del tiempo de la que él mismo será vehículo. Todos ellos son prefiguraciones, más o menos directas, del Mesías Kalki que, según la tradición indo-aria, vendrá al final de los tiempos para restaurar el Orden y la Justicia en el mundo. “El que vendrá”, según Hitler.

Siempre la morada de este “Rey Perdido” es un símbolo polar: una montaña (Federico I y II, Ogier de Dinamarca, José Antonio, Carlomagno...), una isla (Arturo...), un Castillo (Otger Khatalon, Vlad III...). Las moradas o residencias de todos estos personajes, son imágenes visibles y a la vez simbólicas del Centro Supremo primordial: Hiperbórea, Patria y lugar de origen de la Tradición Primordial y de la raza divina de los arios y cuya capital o centro supremo fue Thule.


Janus Montsalvat
Septentrionis Lux

N O T A S:
(1).-Según una profecía, las desgracias y calamidades que asolan a los pueblos indoeu-ropeos durarían hasta comienzos del III milenio después de Cristo, alcanzando en este momento su punto culminante, su Solsticio de Invierno, para luego resucitar y levantar-se, recobrando así su antigua libertad tras una larga etapa de oscurecimiento, invasión y esclavización por parte de razas crepusculares y demoníacas. Así pues, a pesar de lo que nos dice el Sistema, la inmigración no será, ni mucho menos, sinónimo de integración sino que es el preludio de un conflicto destructor y apocalíptico entre Europa, con todo lo que ella representa (Cultura, Raza, Civilización, Cosmovisión, etc.), y la Anti-Europa con todos sus falsos y decadentes mitos judaicos (Igualdad, Democracia, Progreso, Mestizaje, Masificación, etc.). Libros sagrados arios como el Völuspa y el Gylfaginning dicen que un “nuevo sol” y la raza aria purificada, se levantarán tras el Ragnarökrr (el final de los tiempos), restaurando la tradición primordial de los orígenes.
(2). Evidentemente, también hay parodias siniestras y demoníacas de dicho mito; especie de caricaturas o imágenes invertidas del mismo: ahí están los casos de fantoches y sinvergüenzas como Kennedy o de Lenin, representantes de los imperialismos antitradicionales y antieuropeos de Yanquilandia y la ya extinta URSS.
Al primer farsante –ejecutado en l963-, el católico y degenerado Kennedy, tras su muerte se congeló su cadáver con la inútil esperanza de que la ciencia moderna le hiciera revivir en un futuro más o menos próximo.
La momia embalsamada de Lenin, siguiendo el ejemplo egipcio, ha descansado en el centro –político y cultural- del imperio bolchevique. El Mausoleo de Lenin imita el estilo de las pirámides egipcias y que tiene la forma truncada en su significado subversivo y claramente contrainiciático. Los casos de Kennedy y de Lenin, representantes del capitalismo judeo-yanqui y del comunismo respectivamente, son dos imágenes paródicas y satánicas del mito indoeuropeo e hiperbóreo del “Rey Perdido” o del “Emperador dormido”. Una vez más capitalismo y comunismo se dan la mano en lo que ambos tienen de subversivos, de desmitificadores y desacralizadores del mundo. Ya decía J. Evola que EEUU y la URSS eran dos ramificaciones de una mismo Mal o una moneda de dos caras.
(3).-Felipe II fue un rey insólito y enigmático donde los haya debido a sus extraños gustos esotéricos y mágicos; incluso su nacimiento, según algunos investigadores, está sumido en el misterio. Dónde, cómo y cuándo nació Felipe II es todavía una de las asignaturas pendientes de la Historia de este misterioso monarca español que tuvo al mundo a sus pies en pleno siglo XVI, aunque algunos gilipollas nacional-católicos nos lo hayan presentado como “más papista que el Papa” y como un campeón del Vaticanismo a ultranza.
(4).-El padre de Vlad III, formaba parte de la “Orden del Dragón”, fundada en 1418 por el Emperador Segismundo de Hungría, y bajo su emblema Drácula (es decir, el Hijo del Dragón, un animal solar, no lo olvidemos, tergiversado por el judeocristianismo) combatió contra los turcos.
(5).-Hay que señalar que tanto Gengis Khan como Ungern eran de raza aria. El Barón Ungern nació el 28 de Diciembre de 1885 en Gratz (Austria) en el seno de una familia aristocrática báltica procedente de Estonia. Dos de sus antepasados habían pertenecido a la “Orden de los Teutónicos” que cayeron luchando contra los polacos. Más tarde, sus descendientes sirvieron a la Orden, a Alemania, y por último al Zar Ruso y a su Imperio. Según parece el linaje de Gengis se caracterizaba por el color azul de los ojos y el pelo “pelirrojo”.


ARRIBA EUROPA!!!
POR EL QUE VENDRÁ: SIEG HEIL!!!
MUERTE A LA IGLESIA!!!



Septentrionis Lux
NuevOrdeN