¿SE PUEDE INICIAR UN NO-INDOEUROPEO?
Querríamos que las reflexiones que vertimos a continuación y que corresponden a
varios intercambios de misivas que hemos protagonizado en la Red con otros
tantos internautas no provoquen en ningún lector la errónea idea (que podría
venir provocada, en parte, por el mismo título del presente escrito) de que la
Iniciación supone una experiencia de fácil acceso y de seguimiento vivencial por
parte del común de los mortales. Esta frivolidad supondría adquirir una idea
espuria de lo que representa este proceso de palingenesis o renacimiento
interior a la realidad sutil y, en última instancia, a lo Incondicionado e
Imperecedero.
Quede, de antemano, claro que cuanto mayor es el grado de materialización y/o de sojuzgamiento a lo ínfero, a las fuerzas irracionales, a los bajos impulsos e instintos y a los sentimientos desenfrenados por el que atraviesa el hombre en un determinado período del devenir de la humanidad menor, es, en inversa correspondencia, la posibilidad de encontrar individuos aptos, conscientes y dispuestos a adentrarse en lo que se conoce como Iniciación. Y no se olvide, en relación a esto, que el actual y disoluto período del mundo moderno por el que transitamos representa la etapa más disolvente y deletérea –la crepuscular u obscura- de la decadente edad de hierro o del kali-yuga de los que ya nos ponían sobre alerta los textos sapienciales y sagrados de la antigüedad (1).
Como no es el tema central de estas líneas el de hablar
sobre el contenido esencial del proceso iniciático nos remitimos a nuestros
“DEBATES METAFÍSICOS(II): LA INICIACIÓN” por si alguien desea leer algunas
reflexiones más alrededor de esta cuestión.
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Según muchas posturas defendidas desde el campo de la Tradición las razas no
boreales (no descendientes de Hiperbórea; esto es, no indoeuropeas) podrían ser
el resultado de la involución, motivada por decadencia espiritual, de razas
similares a la nuestra que emanaron a partir del Principio Supremo en
humanidades o ciclos humanos anteriores al actual; esto es, en manvantaras
anteriores al nuestro (un manvantara, según la ciclología sagrada indoaria
estaría formado por las 4 edades, de las que hablaba Hesíodo, o por los 4 yugas
a los que hacen referencia los textos védicos). Por ello (por esta decadencia
que se remonta a períodos tan remotos) las otras razas habrían llegado a una
fase de bestialización más burda que por la que incluso la nuestra atraviesa y,
por tanto, tendrían vetado el Despertar o Iluminación.
Sólo se podría hacer alguna salvedad con la raza amarilla. Determinados individuos de dicha raza podrían llegar a la Gnosis de lo Absoluto y a la identificación ontológica con el Principio Supremo porque, a pesar de sus rasgos básicamente mongoloides (fenotípicamente el resto de razas son dominantes, cuando se realizan cruzas, con respecto a la boreal), en su interior subsistiría todavía una mayoría de aportación genética indoeuropea debida a la sangre que pueblos boreales como, por ejemplo, los tocarios aportaron en pueblos como el chino. Todavía entre los ainu del Japón se pueden observar muchos rasgos físicos típicamente indoeuropeos; aunque este caso sería matizable desde el punto de vista espiritual. La raza amarilla habría degenerado a partir de su "aparición" en el manvantara anterior al actual, por lo que su caída no habría llegado a tal nivel como al que han llegado otras razas (como la negra o la semita) cuya "aparición" dataría de manvantaras aún más lejanos en el tiempo.
De todas maneras, a pesar de todo lo dicho a favor de la raza amarilla, hoy en día los individuos más aptos espiritualmente sólo podrían llegar a iniciarse en lo que el mundo grecorromano consideró como pequeños misterios y la tradición hermético-alquímica denominó como albedo u obra al blanco, esto es, sólo podrían llegar a experimentar esa especie de fogonazo espiritual difuso de que fueron, por ejemplo, sujetos pasivos los grandes místicos españoles del Siglo de Oro (San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús,...) o, a lo sumo, únicamente serían capaces de Conocer la realidad compuesta por las fuerzas o noúmenos sutiles cósmicos pero sin tener la posibilidad de actuar sobre las causas últimas que se hallan tras la manifestación de dichos numens y tras sus diferentes dinámicas . Lejos les quedará a los extremoorientales más aptos la posibilidad de iniciarse en los grandes misterios o de llegar al rubedo u obra al rojo, esto es, de arribar al Conocimiento nítido del Principio Supremo y a su identificación ontológica con Él.
No nos olvidemos de que una persona como Gautama Siddharta,
el Buda, era de extracción racial indoeuropea, ya que pertenecía a la familia de
los Shamkya, que era una de las familias con más aureola de valentía y más
aguerridas de entre las que formaban parte de la casta de los shatriyas o
guerreros. Recordemos que tanto bramanes, shatriyas como viayshas eran castas
descendientes de los conquistadores indoeuropeos de la India.
Sobre la cuestión de que a qué grado de transformación interior puede llegar,
metafísicamente hablando, alguien perteneciente al ámbito del Islam
transcribimos, a continuación, algo que escribimos en su día en un artículo
titulado "El Islam y la Tradición":
"No está en lo cierto aquel que quiera hacer partícipe al Islam de un tipo de
Espiritualidad activa, argumentando que en su seno se desarrollaron corrientes
de carácter esotérico y, por tanto, de genuina transustanciación interna de la
persona. Y no está en lo cierto porque siempre se trató de corrientes que, tras
la cortina de una aparente obediencia musulmana, eran portadoras de una
cosmovisión y de unos objetivos ajenos a los de la religiosidad oficial
existente en los territorios en los que tomaron cuerpo. Y tomaron cuerpo
precisamente en zonas de población de origen eminentemente, o considerablemente,
indoeuropeo en las que unos pocos siglos antes el Islam no había hecho todavía
acto de presencia en forma de invasión militar y en las que la fe mahometana no
había conseguido aún barrer algunos de los restos de una Espiritualidad Superior
y Solar que habían subsistido hasta el momento de dicha irrupción militar.
Y nos referimos a la zona ocupada de la Península Ibérica –Al Andalus- y a Persia. Y como algunos de sus más destacados representantes resaltaríamos al maestro sufí murciano Ibn Arabí (siglos XII y XIII) y al también sufí persa Al Hallaj (siglos IX y X); quien, como dato significativo, fue torturado y ejecutado por salirse de la ortodoxia marcada por la religión musulmana (esto es, por transitar por la vía Olímpica del Despertar y del Conocimiento de lo Absoluto). Igualmente Persia fue testigo de la aparición de otra orden de naturaleza esotérica e iniciática: la de los ismaelitas.
Es bien significativo que estas vetas de Espiritualidad Superior no se desarrollaran en el seno de etnias de extracción no indoeuropea, pues hemos de tener bien presente que pueblos como los semitas -entre los que mayoritariamente se expandió inicialmente el Islam- siempre se adhirieron, y se siguen adhiriendo, a un tipo de religiosidad pasiva y lunar; y esto es debido a su idiosincrasia particular y a sus nulas potencialidades de cara a emprender vías iniciáticas de elevación hacia una Conciencia Superior."
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Para demostrar lo supuestamente acorde que se muestra el Islam con los
parámetros de lo que entendemos por Tradición hay quien, desde posiciones
Tradicionalistas pero con ópticas -a nuestro entender- erradas, no duda en
afirmar que la pertenencia a una raza física determinada no tiene importancia a
la hora de calibrarse la posibilidad de que alguien pueda, por ejemplo, llegar a
ser un iniciado.
Quien así piensa intenta demostrar sus posicionamientos incidiendo en que:
No existen determinismos para el Hombre Verdadero: para el
Señor de sí mismo (postura que compartimos).
Ni determinismos históricos: el determinismo histórico que postula que la
historia se hace a sí misma: tesis+antítesis=síntesis; o igual a nuevos cambios
históricos –dialéctica hegeliana- (también nosotros repudiamos la supuesta
inevitabilidad del llamado determinismo histórico).
Ni determinismos religiosos concretados en un dios omnipotente que hace y deshace a su antojo y sin que, fatalmente, el hombre-criaturilla pueda hacer nada para trazar su propio rumbo (también estamos de acuerdo con ello).
Ni determinismos ambiental-educativos que condicionen totalmente el camino a elegir y a seguir por el hombre -el “capaz de salvarse o condenarse”, como diría José Antonio Primo de Rivera (seguimos adhiriéndonos a estas afirmaciones).
Ni determinismos cósmicos en la forma de un Destino que, cual si de un fatalismo ineludible se tratara, todo lo tiene irremisiblemente programado de antemano (hasta aquí nada tenemos que objetar).
Ni determinismos raciales que condicionen la vía a seguir por el ser humano.
Y es aquí (en esta última aseveración), por el contrario,
donde estamos convencidos de que se yerra, pues una cosa es ser fiel y piadoso
devoto de cualquier tipo de religión y otra cosa es poder seguir el arduo camino
de la transustanciación interna que supone la vía iniciática. Y estamos
convencidos de ello porque defendemos la certidumbre de que la raza no es que
signifique un falso determinismo a la hora de recorrer la vía que aspira a
arribar al Despertar del que habla el budismo, sino que, lo que, por el
contrario, debemos postular en este ámbito es otra diferente certeza y ésta es
la de que tan sólo existe una raza que sí puede (si algunos pocos de sus
miembros se lo proponen) estar por encima de estos determinismos mutiladores de
la dimensión trascendente del hombre y esta raza no es otra que la indoeuropea.
Ésta sí tiene la opción de elegir entre recorrer la vía de los siervos o la vía
de los Señores de sí mismos. Ésta sí que puede demostrar que, si así lo elige,
para ella no existen determinismos amputadores.
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(1) Se pueden leer más datos sobre la doctrina tradicional de las 4 edades en
los tres últimos párrafos de nuestros “DEBATES METAFÍSICOS (IV): MIGRACIONES Y
CICLOS CÓSMICOS”.
EDUARD ALCÁNTARA
SEPTENTRIONIS LUX