LA GENERACIÓN DEL 48
Sin duda ignorada por la mayoría, al haber sido silenciada por unos pocos censores de la palabra y de la idea que ningunean y desprecian lo que no entra dentro de los cánones de lo que su estrecha y bastardizada visión del mundo les permite, la Generación del 45 representa un irrenunciable depósito de calidad y de hondura dentro del mundo de la literatura española que, en las líneas que copiamos seguidamente, Janus Montsalvat ha tenido a bien rescatar y valorar en su justa y merecida medida. Vayan, pues, estas sus aseveraciones y estos sus datos para conocer algo más de ella.
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Recientemente hicimos una pequeña mención de aquella fantasmal "Generación del 48", y decimos fantasmal porque ningún libro de historia hace ninguna alusión a ella, ya que esta brutal y satánica dictadura de lo políticamente correcto, quiere hacer creer al populacho que durante cuarenta años los españoles fuimos gobernados por un inculto y mediocre generalito y que la España de entonces era un país de subnormales y de borregos. Para los librillos del Sistema sólo hubo cultura en España durante la II República y después de 1975. A esta patraña se le llama oficialmente "recuperar la memoria histórica".
La Generación del 48 quiso constituirse en una especie de Tercera Fuerza opuesta tanto al liberalismo cultural de los psudofalangistas, que se les antojaba como traidor y criminal, como a la pusilanimidad, cobardía y sentido rastrero de la colocación que tenía la cuadrilla de Acción Católica tan dada a los pactos y a agachar la cabeza como en tiempos de la República con los Gil Robles o Herrera Oria.
Mencionaremos unos cuantos nombres de intelectuales y pensadores
pertenecientes a aquella generación tradicionalista marginada y traicionada por
un sistema político que a partir de 1957 prefirió apoyarse en burócratas y
negociantes, en lugar de hacerlo en verdaderos idealistas y soñadores. A saber:
Rafael Gambra, Vicente Marrero, Pérez Embid, López Ibor, Palacio Atard, Álvaro
D'Ors, hijo del gran Eugenio D'Ors, Francisco Elías de Tejada, el gran
historiador catalán Vicens Vives, Gonzalo Fernández de la Mora, que llegó a ser
Ministro con Franco a principios de los 70 y que no tuvo ningún reparo en
enfrentarse al judío de Henry Kissinger en una visita que éste nos hizo allá por
los primeros ´70, Luis Díez del Corral, Rodríguez Casado, Jorge Vigón, que
también llegó a ser ministro con Franco, Jesús Arellano, Ignacio Hernando de
Larramendi, fundador en 1955 de la Compañía de Seguros MAPFRE. Y la nómina
prodría ser larguísima. Como se ve, el Régimen del 18 de Julio rebosaba de
intelectuales y pensadores por los cuatro costados. Y no bablemos si, encima,
les sumamos los de origen falangista: Javier Conde, Muñoz Alonso, Pascual Marín,
Legaz Lecambra, Luis del Valle, Lamo de Espinosa, Rodrigo Carvajal, Carlos
Paris, Ismael Medina, ...
Apuntaremos, además, que la “Generación del 48” no eligió esta fecha al azar,
sino por sus profundos significados simbólicos: tres fechas históricas
terminadas en 8 fueron catastróficas para la civilización europea...
1).-1648, fecha en que los Tratados de Westfalia ponían fin a la Guerra de los
Treinta Años y que supusieron el triunfo definitivo del humanismo renacentista y
del protestantismo en Europa. Como consecuencia, se vino abajo el Sacro Imperio
Romano Germánico y al mismo tiempo comenzaría su ocaso el Imperio Católico -y no
menos sacro- Español.
2).-1848, fecha del advenimiento ideológico del marxismo con la publicación de
“El manifiesto comunista” y de la irrupción devastadora de la modernidad con sus
nauseabundas revoluciones democráticas.
3).-1898, fin definitivo de los últimos restos y despojos del Imperio español y
el inicio de lo que parecía un Finis-Hispaniae (abortado el 18 de Julio de
1936).
Como se ve la Generación del 48 era la completa negación de la modernidad y de
todos sus valores a cual más deleznable y que, en esencia, poco les separaba –a
estos autores- de la cosmovisión del falangismo ortodoxo y joseantoniano.
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Referente a lo de la Generación "fantasma" del 48, la lista podría ser interminable. Citaremos a otros dos grandes pensadores e historiadores tradicionalistas: Jaime del Burgo y Melchor Ferrer, considerados como dos de los mejores historiadores del movimiento carlista. Esta Generación brillantísima se opuso con firmeza a la política de liberalización cultural iniciada por el meapilas vaticanista -y pseudofalangista- de Joaquín Ruiz Jiménez desde que se hizo cargo del Ministerio de Educación en 1951. Este sinvergüenza, rodeado de otros falangistas chaqueteros y traidores -aquéllos a los que algunos pseudohistoriadores denominaron como la corriente del falangismo "liberal", es decir, los Tovar, Entralgo, Ridruejo, Aranguren, Fernández Miranda, Pérez Villanueva, etc.-, confundió la política de reconciliación de todos los españoles (algo que siempre buscó la Falange ortodoxa y el mismo Régimen del 18 de Julio) con la política de reconciliación de las ideas. ¿Desde cuándo el Bien y la Verdad pueden ir cogidos tranquilamente de la mano con el Mal y la Mentira?. Pues bien, aunque parezca mentira, esta pléyade de personajillos ya en los años cincuenta empezaron a sembrar la Universidad con ideas corrosivas y disolventes, concediéndose, además, cátedras a destacados enemigos del Régimen... ¡y encima en nombre de la Falange¡. Como se sabe, esa política fue un auténtico fracaso: Franco acabó defenestrando a Ruiz Jiménez en el 56, así como a todo su equipillo deleznable de pseudofalangistas que, a partir de entonces, acabaron por mostrar su verdadero rostro y abandonar su militancia pretendidamente azul. Pero el daño ya estaba hecho y las minas ya habían sido colocadas en la Universidad Española. Los futuros conflictos universitarios de los 60 y 70 que fueron acompañados con la dinamitación del SEU en el 65, tuvieron su origen en esta política cultural auténticamente criminal y traidora.
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Hace poco leimos un artículo en el que se hablaba de que en los años 50
surgieron dos falangismos irreconciliables y antagónicos: el falangismo oficial
que, según sus propias palabras, era de signo conservador y tradicionalista (Arrese,
Girón, Fernández Cuesta, Rein Segura, etc.) y el falangismo presuntamente
revolucionario y progresista de los personajillos anteriormente citados, de
cuyos nombres no quiero volver a acordarme, que tuvieron la perversa facultad de
envenenar a las juventudes falangistas universitarias con su visión telúrica y
feminoide del falangismo. El famoso esquema evoliano de "Luz del Norte/Luz del
Sur" también se reprodujo en el interior del falangismo. Por muy acomodada y
apoltronada que estuviera la Vieja Guardia de Falange, ésta era al menos más
fiel a sus orígenes y a la Tradición que todo ese montón de hez camuflado de
azul que, después de sembrar el caos y el desconcierto, se cambió de chaqueta a
las primeras de cambio.
JANUS MONTSALVAT
Septentrionis Lux