RÉPLICA A “HITLER
VS EVOLA”
Queríamos darle justa réplica al escrito aparecido con fecha 20 de mayo de 2006 en la sección de colaboraciones, que lleva por título “Hitler VS Evola” y que responde a la autoría de Karl Santhrese y lo vamos a hacer echando mano de reflexiones que hemos realizado en otros artículos o en el curso de ciertas polémicas mantenidas con algún forista en determinado foro de debate.
La postura de defendió Evola en cuanto al nacionalsocialismo dista mucho de ser ésta que nos presenta el Sr. Santhrese con el fin de mostrar como totalmente incompatible el corpus doctrinal expuesto por Evola con las esencias de la ideología que vertebró y dio alma al III Reich y con las realizaciones de éste.
Así pues, si dicho corpus doctrinal no es ni más ni menos que el de la Tradición deberíamos empezar por determinar si el nacionalsocialismo puede ser situado, de alguna manera, dentro del contexto general de lo que conocemos por Tradición. Es por esto por lo que, en determinada ocasión escribíamos a alguien que:
“Defendemos una visión Tradicional de la existencia en la línea descrita por autores como René Guénon y, especialmente y por encima de ningún otro, Julius Evola. Éste nos marcó las directrices, los principios y los valores por los que siempre se ha regido toda sociedad de corte Tradicional. Y, además, concretó, especialmente, los que eran inherentes al tipo de hombre y al mundo indoeuropeos; es decir, a nuestro ámbito. Tenemos claro que es en la Tradición donde encontramos las antípodas del decadente, materialista, disoluto, disolvente y corrosivo mundo moderno al que nos oponemos radicalmente y sin componendas de ningún tipo. Y como tenemos claro esto es por lo que ensalzamos, y ponemos como modelo a seguir, aquellos períodos de la historia y aquellas organizaciones políticas y/o metapolíticas en los que los valores de lo Alto rigieron la vida de las personas y sus aspiraciones últimas. Por ello hacemos bandera de la Grecia aquea y dórica (de Esparta,…), de la antigua Roma, de la saga artúrica, de los ciclos del Grial, del Alto Medievo, del Sacro Imperio Romanogermánico, del gibelinismo, de los Templarios, de los Fieles de Amor o de los originarios Rosacruces. Y es por ello por lo que vemos que muchos elementos, valores y cristalizaciones de los fascismos históricos y del nacionalsocialismo están en la misma onda que los que acabamos, a modo de ejemplo, de enumerar. No ensalzaremos, pues, aquellos otros elementos del fascismo y del nacionalsocialismo que, a nuestro parecer, pecaban de influencias de este abominable mundo moderno, pero, somos conscientes de que, de no haber sido aplastados por la fuerza de las armas en la Segunda Guerra Mundial, el rumbo que dichos movimientos políticos seguían estaba marcado por la depuración de estos caracteres espúreos: rumbo, por ende, totalmente ascendente y cada vez más acorde con la esencia de la Tradición.”
Una de las doctrinas de Evola más incomprendidas en ciertos ambientes nacionalsocialistas ha sido su "doctrina sobre la raza" y para dejar diáfano su contenido citaremos algunos fragmentos que redactamos hace algún tiempo en nuestro escrito “Evola y la cuestión racial”. En él afirmábamos que:
“ Mucho se ha escrito, a partir del desconocimiento, sobre la postura que el gran intérprete de la Tradición, Julius Evola, mantuvo a lo largo de su vida a propósito del tema racial. Desde esa ignorancia hacia su obra se ha llegado a afirmar que de cara a pensar en la hipotética constitución de comunidades u organizaciones de naturaleza Tradicional a nuestro autor no le importaría en absoluto la extracción racial de sus miembros, mientras todos ellos defendieran una visión Superior y Trascendente de la vida y de la existencia. No le importaría, se ha afirmado, que fueran diferentes grupos raciales y aun elementos mestizos los que integraran un mismo "Regnum" o "Imperium".
Estas erróneas interpretaciones del mensaje del maestro transalpino arrancan de la idea de que al priorizar jerárquicamente su concepto de la "raza del espíritu" por encima del de la "raza del cuerpo", Evola tendría en cuenta, como primer y principal criterio aglutinador de comunidades el de la afinidad de inquietudes, y de vivencias, espirituales de sus integrantes; dejando como anécdota accesoria el origen étnico de los mismos.
Estos errados "analistas" ignoran que la naturaleza y los atributos de esta "raza del espíritu" que Evola nos describió como los que fueron propios del hombre indoeuropeo que, en sus orígenes -y a lo largo de diversos ciclos heroicos que protagonizó-, vivió en consonancia con los parámetros de la Tradición Primordial, ignoran, decíamos, que son una naturaleza y unos atributos que, para nuestro autor, sólo se podrán despertar en el seno de un tipo racial concreto: el del indoario.”
“(…) La postura que estamos intentando fijar se ve reflejada nítidamente en una máxima evoliana que afirma que “la raza es necesaria, pero no suficiente”. Esto es, que se necesita ser de una determinada extracción racial –en este caso la indoeuropea- para poseer las potencialidades que le puedan permitir a uno, si hace uso de la libertad de que goza, emprender el uránico-solar, y heroico, camino del desapego y de la transfiguración iluminadora interiores. Pasar de potencia a acto en el plano de la Trascendencia es un privilegio de que disponen aquellos individuos indoarios que no se conformen exclusivamente con discurrir por el mundo perecedero del devenir, sino que se pongan como meta el superar su condición material finita para llegar al Conocimiento de la Realidad Suprasensible y para aspirar a la propia identificación –de dicho individuo- con lo Supremo, inmutable e incondicionado.
“La raza es necesaria, pero no suficiente”, pues de poco nos sirve un individuo cuyos rasgos físicos podamos catalogar como indoeuropeos, si ese individuo no interioriza unos valores y una cosmovisión conformes con los que siempre definieron la manera de ser y de actuar de la raza a la que pertenece.
El principal "leit motiv" de Evola a la hora de abordar la cuestión racial, radicaba en superar muchas de las doctrinas básicamente biologistas que circulaban, sobre todo, por la Europa anterior al fin de la segunda gran conflagración mundial. Pugnaba por no reducir al hombre a su mera condición corporal y animal, por no dejarlo convertido en el ser mutilado y privado de su dimensión Absoluta al que lo empezó a reducir el racionalismo y al que lo acabó por abocar el materialismo propios de las etapas crepusculares por las que está transitando este disolvente mundo moderno. Pugnaba por llenar la raza del cuerpo con el componente espiritual que desde sus más ignotos orígenes le fue consustancial. “
Asimismo, referente también a la "doctrina de la raza" expuesta por Evola, hace varios años Breno de la Marca escribía, de manera aclaratoria, en el transcurso de un debate desarrollado en un foro internáutico que:
“El caso es
que Evola en ningún momento afirma ni insinúa que un mestizo pueda ser
considerado ario. El racismo de Evola es mucho más restrictivo que el meramente
biológico: el hecho de ser biológicamente de pura raza indoeuropea, si no está
acompañado por una serie de valores inherentes a esta raza, no es motivo de
orgullo.
Un blanco de pura raza fenotípicamente, pero con conductas desviadas como
homosexualidad, drogadicción, fijación por lo material o sin ningún tipo de
valor trascendental, no puede ser considerado ario, que es un termino reservado
para los "nacidos dos veces" aquéllos que han superado las pruebas de iniciación
y han demostrado ser dignos de pertenecer a la comunidad.
Asimismo una persona ajena a la comunidad racial, de otra raza, nunca podría ser
considerado parte de ella.
En la cosmovisión de Evola el hecho racial en la persona, se expresa en tres
"capas" que Evola define como "razas":
- En la primera capa, la del cuerpo (corpus) se hallaría todo lo referente a la
persona como ser biológico. Ésta es la capa a la que normalmente nos referimos
nosotros cuando hablamos de raza.
- La segunda capa, la del alma (mens) englobaría todos los procesos mentales y
los valores de la persona, como el valor , la fuerza de voluntad, la "fides", la
"gravitas", etc...
- La tercera capa la del espíritu estaría reservada para todo lo espiritual y
trascendental.
Para que un individuo pueda considerarse adecuadamente conformado según los
parámetros de la Tradición, deberá existir un equilibrio entre las tres "razas".
Las tres "razas" serían extrapolables también a los pueblos, siendo un ejemplo
de pueblo perfectamente equilibrado el antiguo pueblo romano, lo que le permitió
asumir la tarea de realizar la más grande construcción de la Humanidad: el
Imperio Romano.
Asimismo la involución de la raza, se produciría desde lo más alto (el espíritu)
a lo más bajo (el cuerpo), siendo un ejemplo de ello la decadencia del mundo
romano.
- Primero se corrompió su "raza" de espíritu mezclándose con creencias extrañas
a las primigenias (no me refiero con ello a las creencias de otros pueblos arios
sino a la de pueblos orientales).
El espíritu romano se "orientalizó" perdiendo el sostén de la Tradición
Primordial Aria.
- Sin este sostén, aún se mantuvo la "raza" del alma fuerte aunque sólo fuera
por inercia, pero poco a poco también se fueron "orientalizando" los valores que
definieron al pueblo romano, la austeridad se trastocó en codicia y afán de
riquezas, el valor en cobardía, el sacrificio en gusto por la vida fácil...
- Por último, falto de cualquier tipo de valor, por fin se corrompió la raza del
cuerpo cayéndose en el mestizaje, contaminándose el último legado de los
antepasados: la Sangre.
¿No suena a algo este proceso de decadencia?
El problema con Evola, es que su ámbito de pensamiento está más allá de la
política, lo que provoca junto con el desconocimiento de su obra, la
malinterpretación y banalización.
Desde luego los grupos que se escudan en el pensamiento evoliano, para
justificar sus tesis a favor del mestizaje, están totalmente equivocados.”
Sin abandonar el tema de la "doctrina de la raza" defendida por Evola, y bajo los parámetros de ella, hicimos, tiempo atrás, un balance, desde la óptica de la Tradición, de la juventud del III Reich en un ensayo que titulamos “Juventud y nacionalsocialismo”. En él escribíamos:
“…Y nuestras varas de medir van a ser las de los diferentes niveles de racismo que hay que tener presente a la hora de ponerse a juzgar sobre si alguien ha sido, es o será de raza pura; y que nadie se escandalice por la utilización de esta expresión. Estos diferentes niveles de racismo a considerar ya fueron establecidos por Julius Evola hace bastantes décadas y se concretaban en un primer nivel denominado como el de la raza del espíritu, en un segundo que se ha venido a llamar como el de la raza del alma y en un tercero cuya denominación es el de la raza del cuerpo.
Hemos de decir que cumple con la raza del espíritu aquel que es consciente de su naturaleza y origen sacros, aquel que concibe su vida como la de la lucha interior que persigue elevarse por encima de su simple condición humana para llegar al Conocimiento y a la vivencia de aquellas Realidades Metafísicas que trascienden el mundo físico y que, para llegar a ello, aspira a encender, en su interior, la mismísima Esencia Superior o Divina que alberga en estado aletargado. Así concibió siempre el mundo indoeuropeo la Espiritualidad.
Y cumple con la raza del alma, o de la mente, aquel que atesora las cualidades del carácter que caracterizaron a nuestros ancestros indoarios. Cualidades tales como la capacidad de autosuperación, de entrega y sacrificio por un ideal, la nobleza, la fidelidad, la camaradería, la sinceridad, el valor, el honor, el heroísmo, la autodisciplina, la templanza o el autocontrol y dominio de sí mismo.
Cumple, finalmente, con la raza del cuerpo aquel que es sabedor de que cada raza física es portadora de un tipo de espiritualidad y de unos valores concretos y que, en consecuencia, aspira a conservarla intacta de cruces e interferencias distorsionadoras y suicidas con otras razas.
Sólo a quien, en definitiva, cumple, con estos tres niveles raciales, esto es, con la raza del espíritu, con la raza del alma y con la raza del cuerpo, se le puede considerar como de raza pura; a vueltas otra vez con la expresión tabú…
Establecido todo lo cual, ahora sí que podemos preguntarnos si fue de raza pura la juventud hitleriana. Y claro está que se mantuvo libre de mezclas con otras razas y que, además, se empeñó en mejorar el estado de su cuerpo a través del ejercicio físico, de los buenos hábitos alimenticios, de su desprecio al alcohol y de su contacto continuado con la naturaleza. Por tanto, obvio es afirmar que cumplió con creces con la raza del cuerpo.
Se le inculcaron los valores propios del alma indoeuropea que hemos enumerado párrafos más arriba y, además, esos valores fueron impregnando su carácter y su personalidad y se fueron haciendo realidad a través de la forja que representó la práctica del deporte, de las actividades que formaban parte de los campamentos que se organizaban, de su participación en el Servicio del Trabajo o en el Servicio Militar. La heroica participación de la Juventud Hitleriana en los trágicos estertores de la II Guerra Mundial confirmó que dicha juventud, de manera más que sobresaliente, había cumplido con la raza del alma.
Así mismo, a través de ritos solares que, especialmente en salidas al campo, acostumbraban a tener como soporte simbólico el fuego se les hizo partícipes, a los jóvenes del III Reich, de celebraciones sagradas que les acercaron a la manera que nuestros antepasados tenían de concebir la Trascendencia. Es por esto que se iba en el camino adecuado para que aquella juventud también cumpliera con la raza del espíritu.
Por todo lo cual creemos que queda bastante contestada la pregunta formulada acerca de si la juventud del III Reich fue de raza pura.”
Pensamos que la "doctrina de la raza" evoliana no podrá ser más mal interpretada a tenor de todo lo expuesto y a tenor de estas últimas observaciones realizadas en nuestro escrito “José Antonio y Evola”. Escrito que apostilla cierta crítica, en esta materia, a determinados (no a todos) sectores del nacionalsocialismo histórico:
“Evola interpreta que la gran importancia que durante el III Reich se le dio, por parte de ciertos ideólogos, al tema de la raza biológica conlleva un elemento igualitarista, por cuanto la pertenencia a determinado tipo racial es la que otorga la principal legitimidad como ciudadanos del Reich. Para Evola se debería, por el contrario, superponer a la "raza del cuerpo" la "raza del alma" y a ésta "la raza del espíritu". Así pues, se crearían, de este modo, otros criterios diferenciadores en el seno de la comunidad. Se crearían criterios que acabarían conformando una clara jerarquía en la que por encima de los individuos que únicamente cumplieran con los atributos y requisitos establecidos para "la raza del cuerpo", se encontrarían escalonadamente situados aquellos miembros de la comunidad que, en mayor o menor grado, cumplieran con los valores propios de "la raza del alma"; como pueden serlo el heroísmo, el valor, el espíritu de servicio y de sacrificio, la abnegación, la sinceridad, la voluntad, la fortaleza de ánimo, la constancia,… Y aun por encima de aquéllos que hubieran desarrollado convenientemente los valores propios de "la raza del alma" se hallarían las personas que hubieran sido capaces de actualizar las potencialidades de "la raza del espíritu" o, dicho en otros términos, de conseguir recorrer el trayecto entero que lleva (tras el descondicionamiento con respecto a lo externo y al subconsciente y el inconsciente) al Conocimiento y a la identidad total con el Principio Supremo y eterno. Los pocos que consiguieran llegar a esta meta ocuparían la cúspide de la pirámide social en que se debería de vertebrar el Estado, tal como siempre ocurrió en el mundo Tradicional.
Se tienen, pues, así, criterios antiigualitarios y diferenciadores en oposición al nivelador e igualitario que supone el de la fijación en la raza biológica o "raza del cuerpo". Criterio igualitario que hace que la totalidad de la comunidad se halle, repetimos, legitimada en el seno del Estado y, en consecuencia, en igual medida representada.”
Esta actitud crítica, por parte de Evola, a determinados ideólogos del III Reich tiene mucho que ver con las corrientes pro románticas que en su seno actuaban y con determinados planteamientos de corte biologista, cientifista y de exaltación de la técnica defendidos por algún que otro ideólogo. En relación a lo cual escribíamos en “José Antonio y Evola” y en el transcurso de un debate internáutico que:
“ Evola, asimismo, contempla al romanticismo como un producto más del deletéreo y disolvente mundo moderno. Esas pasiones y sentimientos que el Hombre Diferenciado de la Tradición ha conseguido dominar son exacerbados y encumbrados por el romanticismo.”
“Sobre "El mito del s. XX", de Alfred Rosenberg, no hay que olvidar que fue el mismísimo Hitler quien afirmó algo así como que dicho libro no representaba, ni mucho menos, la postura filosófica oficial del Nacionalsocialismo, sino que, tan sólo, era un libro más...”
Que el enmarque del III Reich dentro de las coordenadas de la Tradición resulta bien encajado y que la oposición antagónica que nos presenta el Sr. Santhrese en su artículo “Hitler vs Evola” no tiene consistencia queda refrendado en los siguientes párrafos extraídos de nuestro escrito “Los fascismos y la Tradición Primordial”:
“Tenemos unas S.S. que se fueron, paulatinamente, configurando como la élite del Régimen surgido en Alemania tras el 30 de enero de l.933. Fueron, poco a poco, adoptando el papel de primera casta dentro de la comunidad, primeramente, alemana y, a lo largo de la II Guerra Mundial, incluso pretendiendo convertirse en rectoras de Europa. Casta en la que se combinaban lo guerrero y una fuerte formación ideológicoespiritual. Estamento ascéticoguerrero encabezado por una dirigencia que tenía su enclave supremo de reunión y decisión en el Castillo de Wewelsburg, alrededor de una mesa redonda jalonada por doce asientos ocupados más un decimotercero, el asiento peligroso; siguiendo, pues, el modelo Tradicional del ciclo artúrico.
Jerárquicamente por debajo de la conocida como Orden Negra encontraríamos en el escalafón social a todos aquellos que centraban su vida laboral en actividades de orden económico.
Los diferentes agentes de la producción no se encuadraban en sendas organizaciones que deberían ser coordinadas por organismos del gobierno –tal como sucedió en la Italia Fascista-, sino que todos ellos formaban parte, sin distinciones, del Frente Alemán del Trabajo, como para que quedara bien claro que la auténtica jerarquía no es la que diferencia a empresarios, técnicos y obreros, sino la que, siempre según los parámetros de la Tradición, se da entre los ‘milites’ ascetas, por un lado, y los productores, por otro.
En uno de los momentos de mayor disolución de los valores y estructuras Tradicionales, en una de las fases más avanzadas de la decadente Edad de Hierro descrita por las sagas grecorromanas, de la Edad del Lobo de los mitos germánicos, o del Kali-yuga anunciado en los Vedas, en plena época de corrosión y subversión, y en tan solo unos pocos años, se estaba consiguiendo subyugar al ‘demonio de la economía’ y recolocando, en lo que hemos de considerar una auténtica convulsión revolucionaria – de ‘re-volvere’-, a cada estamento en el escalafón del que nunca debería de haber sido desplazado.”
También, en otro orden de cosas, en “Los fascismos y la Tradición Primordial” hacíamos observar que:
“Los espectaculares avances científicos y técnicos que, especialmente en la Alemania del nacionalsocialismo, se consiguieron no son señal de un cientifismo sin freno ni cortapisas que antepusiera el progreso material al desarrollo espiritual sino que, por un lado, el progreso técnicocientífico estaba sometido, en todo momento, a los dictados de la ética; como, por ejemplo, queda bien claro con la prohibición que se hizo de experimentar con animales vivos. Y, por otro lado, estos avances resultaban vitales si es que se quería sobrevivir en medio de ese mundo tan hostil, del que hemos hecho alusión, que arrollaría, irremediablemente, todo intento de Reconstrucción Tradicional a no ser que se le antepusiera un sofisticado material bélico, fruto de una intensa investigación científica y de un complejo y desarrollado armatoste técnico.”
Y en el mismo ensayo del que hemos extractado los párrafos anteriores provocábamos reflexionar sobre el porqué de ciertas evidencias que deberían hacer callar a aquéllos que quieren mostrar como diametralmente incompatibles, por un lado, a Evola y al corpus doctrinal que él nos expuso y, por otro lado, al III Reich:
“En fin, a todos estos obviadores de la evidencia les impeleríamos a meditar sobre el porqué del éxito que algunas de las obras de Julius Evola, como ‘Revuelta contra el mundo moderno’, tuvieron en la Alemania nazi. O sobre su estrecha colaboración, la de Evola, con la sección esoterista de las S.S.: la Anhenerbe; con la que precisamente trabajaba en Viena estudiando archivos y documentos de la masonería cuando, tras un bombardeo aliado, quedó paralítico de por vida.”
O, añadiríamos ahora a modo de conclusión, sobre el porqué de tantas conferencias que se le organizaron al autor italiano a lo largo de los años de vigencia del III Reich. O sobre un dato tan curioso, pero relevante, como el que tras ser liberado Benito Mussolini por Otto Skorzeny de su reclusión en el Gran Sasso y conducido el Duce por éste al Cuartel General del Führer, una de las personas que, casualmente, en él se hallaban era un Julius Evola al que, por este dato, hay que presumir que no fue nunca precisamente considerado como personaje "non grato" por parte de las altas jerarquías del III Reich…
Eduard Alcantara
Septentrionis Lux