LA ENAJENACIÓN DE EUROPA
Resultan difíciles de comprender -y es un atentado a la lógica- la permisividad,
complacencia y autismo de los dirigentes europeos para con la marea islámica que
nos asfixia. Llevamos décadas consintiendo, en aras a una supuesta tolerancia y
respeto al diferente, la aceptación entre
nosotros de gentes con unas costumbres, religión y cosmovisión metafísica no
sólo alejadas de nuestros parámetros sociales, culturales y éticos, sino
enemigas declaradas de éstos.
Los enemigos que
las enarbolan no dudan en combatir y atacar nuestras formas de vida.
Progres de salón, multiculturalistas de opereta y políticos suicidas han creado,
con la complacencia de medios de comunicación, unas sociedades cobardes y
avergonzadas de nuestras raíces e incapaces de defenderse de esta peste
sarracena.
Es imposible -y el que no quiera verlo, no lo vea- convivir con una cultura en
la que prima la sumisión a una visión teocrática de la sociedad y el nulo
respeto a un hombre al que se debería de
considerar como portador de valores eternos y no como a un animal sojuzgado
y condicionado por una religión oscurantista y medieval.
Lenta, pero
constantemente, se ha cedido en sus demandas y una política aberrante de
inmigración ha logrado introducir el caballo de Troya en nuestras ciudades.
Nos desprecian y no lo ocultan. Tampoco se privan, al igual que los
nacionalistas aldeanos y paletos, en hacernos culpables de su atraso y ya
empieza a cansar su retahíla de agravios contra Occidente; un Occidente que les
acoge y respeta su "PECULIAR" forma de entender la vida.
Los papanatas de la Alianza de Civilizaciones nos pedirán comprensión y respeto
hacia los que nos desprecian, odian y matan. Respeto que ellos se pasan por el
forro en sus países; en los cuales está prohibido levantar una sola Iglesia,
cuestionar sus regímenes políticos y en los que a nadie se le ocurra hacer la
más leve crítica contra su religión, ni sus leyes. Unas leyes que no olvidemos
incluyen la lapidación de adúlteras, la amputación de miembros a los ladrones,
la pena de muerte a la apostasía y un amplio catálogo de aberraciones varias;
eso sin considerar el status de la mujer en su sociedad: un mero envase
reproductor y sometida al hombre como una
propiedad suya.Estamos en guerra.
Una guerra que no
podremos ganar si no plantamos cara, decididamente y con valor, a sus
pretensiones de una Europa mestiza y multicultural. Hay que empezar a llamar a
las cosas por su nombre sin miedos ni complejos: el Islam no es tolerancia como
nos dicen los estúpidos políticos y medios a su servicio, sino que el tan
cacareado Islam es odio, muerte al no creyente y un elemento corrosivo en
nuestra Europa.
"Los islamistas son una minoría", nos dicen para tranquilizarnos. ¡Mentira!: tal
vez sólo una minoría cometa atentados, pero una mayoría de los musulmanes, que
tan alegremente acogemos, los defiende, comprende y comparte su cosmovisión.
Tampoco nos ayudan a nuestro bienestar: es una trola eso de que sin ellos
nuestras sociedades, supuestamente de bienestar, quebrarían. Lo cierto es que es
imposible asumir los costes sociales de una inmigración desmesurada. Costes que
estamos empezando a pagar en paro, prestaciones
sociales y conflictos entre comunidades.
No nos engañemos,
tenemos al enemigo dentro, cada vez más fuerte y crecido por la cobardía de
nuestros gobiernos; incapaces de ver más allá de las próximas elecciones y
anestesiando a nuestros pueblos con la cansina canción de paz, tolerancia y
respeto. Ellos son responsables, ellos no los padecen, ellos son los traidores a
Europa y se llaman Blair, Chirac, Zapatero, Berlusconi,...
L.R.N.