DEBATES METAFÍSICOS (VIII): EL CRISTIANISMO


Si a lo largo de los debates que en su día mantuvimos con diferentes foristas surgió, en algún momento, alguna alusión, más o menos directa, al cristianismo o al catolicismo se intentó, en todo momento, que las reflexiones vertidas no se revistieran de un carácter excluyente hacia esta forma religiosa. Se intentó no caer en actitudes que, para algunos, pudieran comportar cierto aire sectario, pues si siempre hemos denunciado la naturaleza sectaria de las religiones monoteístas de origen semita, no podíamos correr el riesgo de que a nuestros posicionamientos también los calificasen de sectarios y excluyentes.

La paganidad siempre estuvo abierta a la posibilidad de acoger nuevas divinidades en el seno de sus panteones y así lo hizo en múltiples ocasiones. El mundo politeísta romano fue un buen ejemplo de esto y sólo se puso en guardia cuando percibió ataques a la línea de flotación de su estructura política, social y militar. Sólo tomó medidas en estos casos en que la propia supervivencia del Imperio se puso en flagrante peligro. Fue tal su tolerancia que, antes de la irrupción del cristianismo, permitió y asimiló cultos de carácter telúrico y lunar que se encontraban en franca oposición con aquellos de naturaleza solar y uránica que eran fiel reflejo de la idiosincrasia apolínea, espartana, austera, patriarcal y lacónica de la romanidad original. Y fue tal su tolerancia que permitió que camparan por sus territorios unas primeras sectas cristianas que representaban una cosmovisión y predicaban unos ´valores´ que se hallaban en las antípodas de los que definieron siempre a Roma.

Únicamente cuando el ataque a la figura y a la esencia del Emperador fue directo, únicamente cuando el sabotaje al reclutamiento de legionarios fue descarado, únicamente cuando se emprendió la tarea de dinamitar la misma estructuración jerárquica de la sociedad romana, únicamente Roma tomó medidas contra el cristianismo en estas situaciones límite en las que su supervivencia estaba en juego.

Para no caer en este sectarismo, tan común a las denominadas ´religiones del desierto´ o ´religiones del libro´, hemos querido trasladarnos a aquellas situaciones y/o épocas –tal como ocurrió en buena parte del Medioevo- en las cuales el cristianismo tomó formas y adoptó talantes y usos muy en consonancia con los que siempre habían caracterizado al mundo indoeuropeo desde sus más remotos orígenes. De esta manera hemos intentado construir puentes entre el paganismo y el cristianismo. Puentes que contribuyan a limar asperezas entre los que adhieren sus inclinaciones hacia una forma de religiosidad o hacia la otra.

Transcribimos, acto seguido, un par de extractos en los que la línea mencionada queda reflejada. Este par de extractos sólo deben de considerarse como un complemento o una confirmación de lo que más amplia y detalladamente expusimos en un trabajo anterior. (1)


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Califican al catolicismo como de cristianismo paganizado. Otros lo denominan cristianismo helénico. En todo caso es este proceso ´paganizante´ ocurrido cuando el cristianismo conoce de lo jerárquico una vez institucionalizado, como religión, en los últimos siglos de vida del Imperio Romano, o reflejado en los ciclos iniciáticoguerreros artúricos o imperante en el germanizado -por cuanto a valores se refiere- Medievo, es este, decíamos, proceso ´paganizante´ el que ha hecho posible que el cristianismo, en algunos momentos de su historia, haya tenido carácter Tradicional y se haya alejado de escorias y lastres humanistas (sentimentaloides, pasionales, masoquistas,...), fatalistas, mesiánicos, evasionistas, igualitaristas y negadores de la posibilidad que tiene el hombre de llegar al Conocimiento y a la Identificación con el Principio Supremo, sin tener que conformarse sumisamente con el simple y pobre creer y sin tener que esperar (en una clara muestra de debilidad) a ayudas, gracias y perdones que vengan desde lo Alto, en lugar de buscar -ese hombre- su Liberación interior por sí mismo y de llegar él a lo Alto.



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Hay una máxima Tradicional que afirma que ´lo de abajo es un reflejo de lo de arriba´ o que ´el microcosmos es -debe de ser- una imagen del macrocosmos´. Pues bien, si las civilizaciones Tradicionales de los hombres respondieron siempre al principio de la jerarquía (estando, así, acordes con el principio de la organicidad), dicho principio jerárquico también era un reflejo de la jerarquía de que los panteones celestiales precristianos -´paganos´- hacían gala. (Y es que como el Principio Supremo se manifiesta no de manera uniforme y homogénea sino a través de múltiples fenómenos y atributos, su emanación en formas divinas múltiples -dioses diferentes- haría más asequible para el común de los hombres la comprensión de una cierta naturaleza de lo Trascendente.) Pues bien este principio de la jerarquía celestial lo hizo suyo el cristianismo más desemitizado y antiigualitario -más católico, helenizado o ´paganizante´- en la forma de unos santos, vírgenes, ángeles, querubines,... que no eran más que la transposición -con atributos y origen etimológico incluidos- de las precedentes divinidades de los panteones precristianos. En consecuencia, el protestantismo ´aniquilador´ de vírgenes y santos da una muestra más de su carácter homogeneizante, igualitarista, antijerárquico, inorgánico y hasta antinatural.
 

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(1) Se trata de nuestro escrito titulado “Paganismo y cristianismo”



Eduard Alcántara

Septentrionis Lux



 



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