DEBATES METAFÍSICOS (VII):JERARQUÍA Y TRIFUNCIONALIDAD
En este mundo moderno, por el que nos ha tocado transitar, se ha producido una
inversión del principio jerárquico normal que rigió siempre en el Mundo
Tradicional. En éste las riendas de la dirigencia siempre fueron sostenidas por
una realeza que a su naturaleza guerrera unía unos atributos sagrados. La élite
o aristocracia sacroguerrera a la que pertenecía dicha realeza gozaba de una
potencialidad que le ofrecía la posibilidad de acceder al Conocimiento de las
Verdades Suprasensibles; en otras palabras: al Conocimiento de lo Absoluto a
través de un metódico proceso de transformación interior. Pero el común de los
mortales carecía de esta potencialidad; razón por la cual no podía llegar a la
gnosis de lo Trascendente. Lo que sí podía era vislumbrar algo de la naturaleza
de esa Realidad Supraconsciente si tenía como modelo y ejemplo, vital y
existencial, a esa élite regia y sacra. Esto es, podía acercarse a esa Realidad
Superior por participación en ese proyecto tendente hacia lo Alto. (1)
Si la esencia del principio rector de una comunidad es de corte espiritual, sus
metas tenderán hacia lo Supremo y los medios a utilizar para acercarse o llegar
a semejantes fines estarán en consonancia con dichos objetivos y nunca sabrán de
egoísmos, de utilitarismos, de falacias, de engaños, de hipocresías, de
traiciones, de vilezas ni de cobardías.
Si, por el contrario y tal como acontece en nuestro disolvente mundo actual, lo
material es concebido como la única realidad existente (2) la contrajerarquía
que detente –y detenta- los mecanismos del poder ya no actuará más de acuerdo a
una ética y a unos principios derivados de lo Alto, sino que ahora su accionar
estará marcado por unos contravalores emanados de lo bajo y que no serán ajenos,
si conviene, a la mentira, al soborno, a la mezquindad, al egoísmo, a la
perfidia, al defraude o a la estafa. Hablamos pues, en contraste con lo que debe
de ser una sociedad normal y ordenada, de contrajerarquía o -lo que viene a ser
similar- de antijerarquía.
En este séptimo capítulo aparecen reflexiones relacionadas con esta inversión
acaecida en el mundo moderno, al igual que transcribimos comentarios en los que
se refleja la que fue la ordenación social jerarquizada del mundo tradicional;
en la que no existía un estamento sacerdotal propiamente dicho y desgajado de
otras funciones, sino que los cometidos y ritos sagrados corrían a cargo de
miembros de esa nobleza guerrera a cuyo seno pertenecía la realeza. Como botón
de muestra de lo cual podríamos recordar la figura patricia de un Julio César
que, aparte de sus cargos políticos y militares, detentó, también la dignidad de
´flamens dialis´ u oficiante supremo de los ritos consagrados al mismísimo
Júpiter.
Tres eran las castas que constituían cualquier comunidad Tradicional y la
conformaban en su naturaleza orgánica: la de la realeza y nobleza sacras
–primera-, la guerrera –segunda- y la productiva y comercial -tercera-. Cada una
de ellas cumplía una función determinada. Hablamos, pues, de un mundo
TRIFUNCIONAL.
Tal como escribió Julius Evola, en la antigua India aparecen, como proceso
negativo, los brahmanes (a partir de los purohitas, que eran sacerdotes que
dependían del rey sacro y cuyo origen hay que buscarlo en cultos dravídicos) y
se convierten en casta dominante. Casta, por tanto, inexistente en el mundo
Tradicional, en cuya pirámide social encontramos en primer lugar, en su cúspide,
la casta regioguerrera y aristocrática de atributos sagrados, en segundo lugar,
por debajo de ella, la guerrera propiamente dicha y en tercer puesto, en su
base, la de todos aquellos que se dedican a actividades de tipo económico:
comerciantes, artesanos, agricultores, campesinos,...
El sacerdocio, como función autónoma, no existió en ninguna civilización que
podamos, legítimamente, denominar como Tradicional. No existió en la China ni en
el Japón imperiales y no apareció sino tardíamente en el Antiguo Egipto (y fue
como reflejo de un proceso involutivo).
Y en la Antigua Roma los principales ritos sacros eran ejercidos por la élite de
un patriciado cuya función guerrera también le era innata.
El proceso cristianizador no sólo fue relativamente rápido en Irlanda, sino
también en la práctica totalidad del territorio que comprendía el Imperio Romano
y en el seno de los pueblos bárbaros-germánicos que lo invadieron. Sin duda las
formas espirituales precristianas –el llamado paganismo- habían entrado, desde
hacía ya tiempo, en un proceso de decadencia que, por ejemplo, en buena parte
del mundo celta había dado pie a la aparición y hegemonía de la casta sacerdotal
de los druidas.
Otro de los rasgos de los pueblos indoeuropeos siempre fue el de su organización
social de naturaleza vertical, fuertemente jerarquizada y estructurada en castas
o estamentos sociales con unas funciones muy definidas y en cuya pirámide se
hallaba la realeza detentadora de las potestades guerrera y espiritual. En el
caso del mundo íbero no podía ser de otra manera y así los reyes detentaban el
poder político y religioso como miembros que eran de la casta dirigente: la
aristocracia o nobleza guerrera e impregnada de un sentido superior de la
existencia. (3)
La etimología del principio del ´princeps´ -originario del antiguo mundo romano-
arranca del hecho de portar la dignidad de ser ´el primero entre iguales´ (esto
es, entre los que comparten jerarquía y funciones con él) y está íntimamente
relacionada con la idea del ´primus inter pares´ del también muy jerarquizado
Medioevo.
En la cúspide de todo normal ordenamiento social no debe hallarse el más rico,
el más corrupto o el más tirano, sino el más justo. Y el más justo será aquel
que aplique sus funciones y/o atributos gobernantes con la vara de medir de su
sentido -o condición- Trascendente.
¿Qué tipo de gobernantes nos puede deparar el sistema de sufragio universal?
Pues, sencillamente, el de los que más dinero tengan para pagarse unas buenas
campañas electorales, el de los más vendidos y dóciles a un Sistema que, a
través de su banca, le financiará dichas campañas, el de los más mentirosos a la
hora de no tener cortapisas en ofrecerle el oro y el moro a sus posibles
votantes,...
¿Es comparable esta opción de ser ´gobernados´ por este tipo de político sin
principios éticos, corrupto, egoísta y sin escrúpulos, a la opción de ser
gobernado por alguien que a su función y/o atributo regiopolíticos una otras
funciones y/o atributos sacros? Sin duda este último tipo de gobernante enfocará
siempre su labor política al objetivo de aunar a su comunidad con Lo Alto.
No obstante, en el mundo de la Tradición no sólo existió la posibilidad de acceder al Conocimiento de lo Absoluto -a través de ritos iniciáticos- entre los miembros de la primera casta –nobleza regiosacra-, sino que también en el seno de la segunda –guerrera propiamente dicha- y de la tercera –entre los artesanos,...- se tenía la ocasión de gozar de la contemplación de lo Supremo tras completar un proceso de desapego y de transustanciación interiores. Siempre sin obviar el hecho de que cuanto más arriba de la pirámide social tradicional vayamos más fidedigna y real será la Iluminación interna acaecida y más completa será la Gnosis, conseguida, de lo Incondicionado y Superior. Misterios consagrados a Marte o a Mithra entre legionarios de la antigua Roma, ritos iniciáticos dentro de órdenes ascéticomilitares –como la de los Templarios- en el Medievo u organizaciones secretas como la de los Fieles de Amor –a la que perteneció un Dante-, también en el seno de la Edad Media, son algunos ejemplos de posibilidad iniciática de la segunda casta. La masonería operativa que arranca también en la etapa medieval y lo hace en el interior de las hermandades de constructores y artesanos sería otro ejemplo, pero en este caso de Iniciación por parte de miembros de la tercera casta (no confundiremos esta masonería operativa con la especulativa en la que, esencialmente, a partir de principios del siglo XVIII se convirtió y que tan importante y nefasto papel tuvo en el desencadenamiento y/o éxito de las corrosivas revoluciones liberales posteriores).
Aparte de lo material, la otra única realidad existente admitida por el mutilante mundo moderno es la constituida por el convulso mundo del subconsciente y por el irracional del inconsciente.
Extraído de nuestro escrito “Los íberos, príncipes de Occidente”.
Eduard Alcántara
Septentrionis Lux