DEBATES METAFÍSICOS (V): OPCIONES METAFÍSICAS DEL
PAGANISMO


En este quinto capítulo, en el que seguimos recogiendo pasados debates que tenían como trasfondo una visión trascendente de la vida, hemos colocado unos cuantos párrafos en los que queda patente el hecho de que en el mundo indoeuropeo -cuando aún regía la Tradición- no se ofrecía una única vía a
seguir para aquel que, primeramente, decidiera intentar la experiencia del propio descondicionamiento con respecto a todo aquello que apega al hombre a lo finito y efímero y, seguidamente, la experiencia definitiva del Conocimiento de la Realidad Suprasensible, sino que, por el contrario, los
caminos a seguir, para llegar a vivenciar estas transformaciones en el interior del ser humano, eran variados y dependían de la naturaleza de cada persona.

 

Es por esta razón por la que en el título del presente capítulo hablamos de ´opciones´, que ofrecía el mundo de la paganidad. Los ritos de soporte a seguir a lo largo de estos metódicos procesos iniciáticos tenían,
al menos en sus primeros estadios, como uno de sus principales referentes al de una divinidad concreta.
Las deidades que a continuación aparecen tienen una relación directa con el antiguo mundo romano.
Se observará también la relación tan estrecha que guardan las siguientes reflexiones y anotaciones con lo expuesto en otro capítulo de estos nuestros debates: aquél de “LA INICIACIÓN”.


 




En el mundo indoeuropeo posterior al de la Tradición Primordial la percepción y vivencia de lo Absoluto se desgajó del estado propio de la conciencia ordinaria. Muchos (o algunos) hombres acudieron a la llamada
del Conocimiento de esa Realidad Trascendente que había quedado oculta.
Como las naturalezas de los hombres difieren entre sí, aquellos que aspiraban a la
Iluminación optaron, cada uno de ellos, por las vías iniciáticas que consideraron más acordes, o que intuyeron más cercanas, con respecto a sus particulares ecuaciones personales.
Así pues, por ejemplo, en el antiguo mundo romano, los “espíritus” más aguerridos, inclinados a los valores y la vida de la milicia, miraron a Marte e intentaron iniciarse en misterios como los de Mithra. En
cambio, aquellos otros “espíritus” más dados a lo sereno y a lo sobrio enfocaron sus miras hacia Apolo y buscaron la iniciación en misterios como los de Delfos o los de Eleusis. Y, por otro lado, aquellas naturalezas más proclives al frenesí y a las exuberancias advirtieron como más próximos los
misterios dionisíacos.


El presupuesto tradicional de la desigualdad de los hombres hizo posible el poder ofrecerle a cada naturaleza humana un camino diferente acorde con su innata, y diversa, condición particular. Quizás podríamos establecer algunas jerarquías entre estas diferentes vías, ya que aquel que opta por la que puede definirse como vía de la mano derecha o vía seca y que nosotros podríamos asociar a la iniciación de corte apolíneo se basta de una serie de técnicas ascéticas bien “entrenadas” para acceder a estados
de conciencia diferentes y superiores al de la conciencia común y, por tanto, para emprender la senda del descondicionamiento que le lleve a la Gnosis del Principio Supremo y a la identificación sustancial con el mismo. En cambio, aquel otro que elige la vía de la mano izquierda o vía húmeda, que podríamos
parangonar con la iniciación de tipo dionisíaco, necesita de ayudas externas como el vino (u otras drogas o el sexo o danzas frenéticas) para alterar su conciencia ordinaria y adentrarse en otro nivel que, ahora sí, irá
reconduciendo por sí solo a lo largo del mencionado camino del descondicionamiento mediante una serie de técnicas ejercitadas con anterioridad.


 




Mithraísmo: religión de naturaleza solar, guerrera, de esencia indoeuropea y con una vertiente esotérica e iniciática que trascendía la mera devoción para posibilitar el acceso a la gnosis de la Realidad
Metafísica y que siempre formó parte de ese espíritu olímpico de autosuperación interior propio de nuestros ancestros y propio, por tanto, de una manera shatriya -guerrera- de concebirlo y vivirlo todo: así
también el tema de lo Trascendente. No en vano fue entre las legiones romanas donde el
mithraísmo creció de forma espectacular cuando el cristianismo también estaba extendiéndose entre el lumpen social y mental de un mundo romano que ya empezaba a ser otra cosa diferente a lo que siempre fue.


 





En los mitos y leyendas de las diferentes tradiciones de los pueblos indoeuropeos siempre fue un tema recurrente el de la lucha de dioses o héroes contra titanes, gigantes, ciertos animales y todo tipo de
monstruos.
Lucha que simbolizaba el enfrentamiento cósmico del Espíritu contra la Materia o la disputa que en el interior del hombre acaecía entre las fuerzas que tienden a llevarlo hacia lo alto y las que pretenden arrastrarlo hacia lo bajo.

En Persia, un pueblo indoeuropeo como el iranio representó esta lid metafísica enfrentando al dios-héroe solar Mitra y al toro. El toro adquiría el papel de las pasiones, de los bajos instintos, de la sensualidad y
de la animalidad que impiden el triunfo y el imperio de la esencia divina que anida en el interior del ser humano. De este duelo mitológico salió victorioso el dios que, al matar al toro, hizo que la Luz se impusiera
sobre las Tinieblas.

Mitra entró a formar parte del panteón romano gracias, sobre todo, a que miles de sus legionarios acabaron adoptando el mitraísmo en sus prácticas religiosas, atraídos por los atributos de lucha, guerreros, representados por el dios.

Uno de los ritos más importantes que tenían lugar en los templos consagrados a esta divinidad tenía que ver con ceremonias iniciáticas en las que –representando a Mitra- el oficiante sacrificaba a un toro, cuya
sangre caía, a través de una especie de rejas que hacían de suelo, sobre un iniciado en estos cultos que se hallaba situado en un piso inferior. (1)

 




No hubo en la antigua Roma sincretismo -entendido como mezcla antinatura degeneradora- , porque las diferentes religiones paganas que se influyeron mútuamente y se intercambiaron o aportaron divinidades y/o cultos compartían una misma cosmovisión (como, por ejemplo, ocurrió entre los cultos romanos y los mitraicos y muchos de los celtas). Sólo se produce sincretismo en épocas tardías del Imperio Romano (cuando éste empezaba a darle la espalda a sus mismas esencias originales que lo habían encumbrado a su grandeza) y tiene lugar -dicho sincretismo- con la adopción de divinidades y cultos, sobre todo, orientales, asiáticos (exóticos, telúricos y promiscuos),...

 




(1) Extraído de nuestro escrito titulado “Sobre las corridas de toros”.


Eduard Alcántara



Septentrionis Lux
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