DEBATES METAFÍSICOS (IV): MIGRACIONES Y CICLOS

CÓSMICOS INDOEUROPEOS



En esta ocasión los párrafos extractados del seno de una serie de debates, que obedecen a un hilo conductor caracterizado por una visión Superior de la existencia, son párrafos que siguen la siguiente trama argumental:
El origen de las gentes indoeuropeas se reviste de una naturaleza sacra y a partir de este origen –que puede ser localizado geográficamente- van aconteciendo, de manera paralela, dos acontecimientos. Uno es el hecho de que a partir de dicha residencia originaria se embarcarán, aquellas gentes,
en un proceso emigratorio que les llevará a asentarse en amplios, y distantes entre sí, territorios. Y el otro acontecimiento consiste en que, al ´dejarse´ atrapar por la corriente del devenir, de manera progresiva
van dándole la espalda a sus orígenes Trascendentes y van, por ende, -a medida
que se automutilan su dimensión Superior- decayendo.
Este proceso de disolución de valores eternos y Suprasensibles es presentado, de forma muy diáfana, por la doctrina cíclica Tradicional de las cuatro edades. Sobre la concepción cíclica de la existencia que siempre tuvo el hombre indoeuropeo, se puede consultar nuestro escrito intitulado
“Cosmovisiones cíclicas y cosmovisiones lineales”.
El fragmento que aparece al final no forma parte de ningún debate sostenido por nosotros, sino que lo hemos extraído de otro escrito anterior nuestro.


 



Si la cultura indoeuropea de los Kurganes es secundaria, cronológicamente, con respecto a la que tuvo lugar entre el norte de la actual Alemania y Escandinavia (Ertebolle, Ellerberck), también esta última
seguro que es secundaria de la puramente originaria que emanaría de la casi legendaria y quasi mitológica Hiperbórea, Thule,... Y no se descarta tampoco una emigración desde aquí hacia la también casi mítica Atlántida, desde la cual, posteriormente, se pasaría, por un lado, al continente americano y,
por otro, al sur de Europa y al norte de África.


 




Evola habla de las grandes emigraciones que, desde su lugar originario de procedencia situado al norte de Europa (sin querer entrar en detalles que, para algunos, se interseccionan con lo mítico), llevaron a cabo los pueblos indoeuropeos. Las primeras, cronológicamente hablando, tienen más reciente en su memoria a la Tradición Primordial y fundan Civilizaciones Tradicionales. Se trata, por un lado, de la emigración que, en diagonal, arranca desde el norte europeo y llega, más o menos, a la India, creando, a
su paso y en su punto de arribada, Persia o la civilización de la que derivará el hinduismo en sus diferentes fases. Y, por otro lado, de la emigración que, en vertical, parte de dicho septentrión y se dirige
hacia el sur, diversificándose en pueblos como los aqueos, los dorios o, entre otros tantos, los romanos. El tercer gran movimiento migratorio se realiza en una época muy posterior a la de los dos anteriores y, en consecuencia, ha olvidado, en gran parte, los rasgos básicos de la espiritualidad propia de
la Tradición Primordial. Se concretiza en gran parte de los pueblos que acabaron dándole el golpe de gracia al ya agonizante Imperio Romano y lo acabaron por invadir. El tipo de espiritualidad que profesaban se encontraba, pues, en proceso de clara decadencia y, por ende, cayeron con
cierta facilidad en la fe cristiana. Esto les ocurrió a visigodos, francos y demás pueblos, mayoritariamente, germánicos que, por el contrario, al no tener muy lejano en el tiempo su prolongada estancia en las frías, heladas, inhóspitas y duras tierras del norte de Europa, conservaban grandes
cualidades en lo que Evola ha denominado como raza del alma (o de la mente): templaza, espíritu de sacrificio, resistencia ante las adversidades,...
Cualidades que les invistieron de grandes dotes guerreras que les llevaron a reinar allá donde había imperado Roma.

 



Pues sí, los imperios romano y español cayeron. No se trató de obras fruto de intentos ´prometeicos´, sino heroicos. Representan el intento del Hombre por restaurar el Orden terrenal o microcósmico (a semejanza del Orden macrocósmico) en plena Edad de Hierro: tarea de Héroes. Cayeron estos
imperios, pues la edad férrea no perdona.

 




Si se pregunta ¿en qué época histórica pervive el Mundo Tradicional?, se debe responder que dentro de lo que se conoce como la Historia la Tradición lucha por no ser erradicada, ya que el período de la
Historia acontece en la Edad de Hierro, del Lobo o Kali-yuga. Pero a pesar de este inmenso obstáculo resurge, podríamos decir que como actos heroicos, continuamente de sus cenizas hasta, aproximadamente (y, para facilitar explicaciones, nos ceñiremos a Europa), que acaba el Medievo (en
algunos lugares éste concluye antes de las fechas ´oficiales´ del s. XV y en otros como España aún se alargaría durante todo el XVI). Finito el Medioevo pocos vestigios del Mundo Tradicional se pueden otear.

 



Indagar manifestaciones de la Tradición a lo largo de la Prehistoria resulta mucho más complicado y, queramos o no, casi nos queda sólo fiarnos de lo que nos explican los grandes textos sagrados
(apabullantemente coincidentes en multitud de detalles) de muchas civilizaciones y/o espiritualidades. La época dorada por la cual se pregunta habría acontecido en las quasi míticas Hiperbórea, Thule, el mismo
Avalon de la saga artúrica, el Aryianem Vaejo iranio , la Isla Blanca, la Montaña Blanca, el monte Mêru indoario,...

¿Cuándo aconteció esta Edad de Oro? Pues si atendemos a René Guénon, la Edad de Oro, Satya-Yuga o Krita-Yuga tiene una duración de 25.920 años, la Edad de Plata o Trêtâ-Yuga 19.440, la Edad de Bronce o Dwâpara-Yuga 12.960 y la Edad de Hierro, del Lobo o Kali-Yuga 6.480. Igualmente afirma el
autor francés que estamos en una fase avanzada del Kali-Yuga. Pues si le hacemos caso a él nos podríamos hacer una idea sobre cuánto tiempo hace que aconteció la edad áurea; por lo menos la últiman edad áurea , ya que se entiende que estas edades se van repitiendo cíclicamente. Nótese que la
duración de cada edad sigue una proporción de 4, 3, 2, 1.

 




En todas las tradiciones orales y en todos los textos sagrados a los que muchas de ellas dieron origen siempre se tuvo la certidumbre de que el Hombre del origen, receptáculo consciente de la esencia divina, iría progresivamente lapidando su espiritualidad hasta embrutecerse por completo.
Simbólicamente, para representar este proceso, se hablaba del paso de una
Edad de Oro o Satya-yuga de los orígenes a una Edad de Hierro o Kali-yuga en los momentos de mayor materialización y animalización del ser humano; pasando por unas intermedias Edad de Plata o Trêtâ-yuga y Edad de Bronce o Dwâpara-yuga. (1)


 




(1) Extraído de nuestro escrito “Contra el darwinismo”


Eduard Alcántara
Septentrionis Lux



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