El Estado Español, caso único en la historia, no toma las
medidas oportunas para garantizar su supervivencia y legitimar su autoridad; autoridad que queda en entredicho cuando ese mismo Estado, con absoluta
negligencia y profundo desprecio a sus atribuciones, esconde la cabeza cual avestruz ante los acontecimientos que se viven en las regiones
vascongadas.
Una parte de la nación española se halla sojuzgada, durante más de 25 años, por un partido político antiespañol, enemigo del Estado y cuyo
único fin es la destrucción de la patria común y la creación de una ficticia
´patria vasca´ que sólo busca el exterminio y la anulación de hecho de la realidad española en dichas provincias.
Se sienten fuertes para afrentar al Estado; fortaleza que ha sido alimentada por la dejadez de los gobiernos democráticos desde 1.977. Es
inconcebible la cortedad de miras y la impasibilidad de los mismos ante
los reiterados ataques a la nación española de la que son, o deberían ser, garantes y defensores de su supervivencia y
destino.
Estos mismos responsables y sus adláteres mediáticos se encuentran prisioneros de
sus contradicciones y errores y no contemplan las drásticas soluciones que exige
tamaño desafío y futuro enfrentamiento.
Desde el Jefe del Estado, autista siempre ante la amenaza independentista, hasta el último de nuestros parlamentarios no han
alzado la voz para advertir al pueblo español de la amenaza y reto con los que
nos enfrentamos. No quieren explicar, quizás a causa de su responsabilidad, el horizonte balcánico que se adivina si no toman las riendas de la
situación esos mismos representantes públicos que nos han engañado, ocultando y
disfrazando la realidad en aras de una supuesta estabilidad democrática y de sus intereses partidistas.
Creo firmemente que es la hora de que las fuerzas nacionales
asuman de una vez por todas su responsabilidad y den muestras de una generosidad
doctrinal que ayude a superar las diferencias y personalismos que nos lastran.
Quisiera resaltar en estas líneas la gravedad del momento que vivimos. No es hora de dejaciones ni excusas; menos todavía para los que
sentimos en nuestras entrañas el incipiente desgarro nacional. Demostremos al
pueblo español que somos capaces de superar las diferencias doctrinales y de estrategia que nos separan en un momento en que la patria nos demanda
unión y respuesta ante la barbarie terrorista/separatista.
Nos unen más cosas de las que nos separan y, ciertamente, sin una patria común lo demás es
secundario. Sin patria, en un reino de taifas y con un España en vías de no retorno no creo que sean de vital importancia nuestras ´capillitas´ y
´banderías´. No podemos, no debemos, asistir a lo que se avecina mirándonos
al ombligo y en perpetua pugna por unas siglas o por un personalismo exacerbado cuando el porqué es más importante que el cómo.
La izquierda, fiel aliada del separatismo, se avergüenza de su
condición nacional. El partido que gobierna, supuestamente nacional, cancela definitivamente unos homenajes a la bandera que él mismo había decidido
realizar; se arrepintió, quizás, por sus múltiples complejos que le llevaron, por otro lado, a no dudar en homenajear a las brigadas
internacionales, a poner el pútrido nombre de Sabino Arana a las calles
o a presentar a La Pasionaria como ejemplo de heroína y símbolo de la mujer española. Y es que todo esto es progresista y homenajear a la bandera
es un complejo maldito.
El obviar el hecho nacional, la dejadez y abandono en crear una conciencia común, las cesiones múltiples a los separatistas, la tan
cacareada normalidad democrática cuando la normalidad es afrentar y
vejar los símbolos nacionales y la cobardía frenta a E.T.A. y su entorno, crean
las condiciones necesarias para que los enemigos seculares de nuestra patria se engallen y su osadía nos lleve a un enfrentamiento civil.
La impunidad y desvergüenza de los separatistas fue abonada por los apologetas del Sistema, los cuales se encuentran ahora, y nos
encontramos, ante un grave problema que no debe ser demorado en abordarlo con la
firmeza y decisión que el mismo peligro entraña.
Es hora de la unidad. Es hora de dar lo mejor de nosotros mismos.
Es hora ya de crear esa plataforma, ese partido, esa asociación que sea germen y génesis de una acción aglutinadora de las múltiples y menguadas
fuerzas nacionales.
Si no somos capaces de unirnos frente al enemigo no creo que valga la pena teorizar, divagar y especular con la futura España que queremos,
sencillamente porque? no habrá ya España y mucho me temo que si no
somos capaces de asumir el reto no habrán valido la pena nuestras lecturas, doctrina y sueños. Vamos a demostrar que sí nos importa nuestra nación,
que no nos resignamos, que se van a encontrar con respuesta en la calle y en los
medios.
Seamos el aldabonazo que despierte al pueblo español dormido y
anestesiado por una clase política indigna, traidora y cobarde.
Si queremos, podemos. Solos tal vez, pero con el sentimiento de que lo intentamos y fuimos dignos herederos de nuestros mártires y
predecesores.
¡ESTA ES LA HORA DE LA UNIDAD! ¡ARRIBA SIEMPRE ESPAÑA!
L.R.N.