R.A.C.,
ROCK Y COSMOVISIÓN INDOEUROPEA
En el presente escrito nos proponemos, por un lado, romper una lanza, o varias, a favor de la música que interpretan los skinheads nacionalsocialistas y, por otro lado, aprovechar algunos de los argumentos de apoyo que en este empeño se utilizarán para fijar con mayor contundencia los que, según nuestro parecer, son, o deberían ser, algunos de los parámetros existenciales y de pensamiento en los que se yergue nuestra Alternativa al Sistema.
En primer lugar, y para aclarar términos,
hemos de decir que como música Oi! se acostumbraba a definir la
de los skins N.S., pero la verdad es que el sonido Oi! también es
seguido por skins desideologizados. Por otro lado, la realidad es que la
mayoría de grupos musicales de rapados N.S. siempre ha interpretado
sonidos más contundentes, utilizado voces más graves y seguido
ritmos más rápidos que los del netamente Oi!, que no es sino
una derivación del punk. Por lo cual va siendo cada vez más
común utilizar, en su lugar, las siglas R.A.C., puesto que de esta
manera se matan dos pájaros de un tiro: se diferencian dos estilos
musicales diferentes y se evidencia la carga ideológica de uno de
ellos, el propiamente N.S.: R.A.C. (Rock Against Communism= Rock Contra
el Comunismo).
Pues bien, más de una vez habremos
escuchado a alguien, de entre nuestras filas, afirmar que le encantan las
letras de las canciones R.A.C., pero no así su estilo musical, al
que, como variedad del rock, encuentran propio del mundo decadente que
nos ha tocado padecer.
¿Pero por qué encuentran
decadente el rock?¿Tal vez porque su existencia coincide con la
de un período histórico también decadente? Si es ésta
la razón, que no duden igualmente en condenar la música clásica,
de la que sí suelen ser entusiastas, puesto que su existencia corre
paralela a una Edad Moderna y a una Edad Contemporánea en las que
valores como el de la Trascendencia, el heroísmo, la valentía,
el espíritu de entrega, de disciplina, de sacrificio y de autosuperación,
la fidelidad, la jerarquía o el honor propios del Mundo Tradicional
y muy presentes aún en la Edad Antigua y en Edad Media, fueron pasando
al olvido y siendo sustituidos por los contravalores que nos disuelven
en el marasmo materialista del Mundo Moderno.
No olvidemos que la Música Clásica
nace y se desarrolla en períodos históricos en los que nacen
el antropocentrismo y el humanismo enemigos de la genuina espiritualidad
y egocéntricos para el hombre, el protestantismo ligado al mercantilismo,
el racionalismo negador de las Realidades Suprasensibles que superan la
naturaleza alicorta del pensamiento lógico, su primogénita
la Ilustración, el liberalismo, la democracia, el capitalismo, el
evolucionismo enemigo de nuestro origen divino, el enfermizo y retorcido
psicoanálisis, el marxismo, el anarquismo, el positivismo, el igualitarismo,...
¿Tal vez encuentran decadente el
rock por su estilo musical? Si es así les diríamos que la
contundencia sonora del rock y sus rápidos ritmos difícilmente
conducirán a quienes lo interpretan, siguen y/o escuchan al estado
de abotardamiento, mansedumbre y sensibilonería al que, por ejemplo,
conduce la música romántica. Y, aunque por supuesto no pretendemos
confundir música romántica con música del Romanticismo,
no olvidemos que entre nuestros exclusivistas seguidores de música
clásica priman, de manera apabullante, los que se decantan por autores
del Romanticismo. Autores, algunos, que con sus melodías y dramas
exaltadores de las pasiones y de los sentimientos no hicieron (aunque,
eso sí, con unas muy buenas intención y finalidad) más
que hacernos llegar traslúcida -no transparente y diáfana-
la visión, al igual que la percepción y el conocimiento,
de unos valiosos mitos, leyendas y personajes de nuestra tradición
indoeuropea.
Solamente podremos llegar a ser Hombres,
con mayúscula, u hombres diferenciados -como gustaba definir a Julius
Evola- si percibimos el mundo que nos rodea con serenidad, si no nos dejamos
obnubilar, embriagar ni cegar por los sentimientos, por los sentidos ni
por las pasiones que, por ejemplo, tan inherentes fueron al Romanticismo.
Unicamente desembarazándonos de la esclavitud a que éstos
nos someten podremos conseguir la calma interna necesaria para que el Espíritu
venza en esa Gran Guerra Santa interior de la que hablan algunas tradiciones
y, de esta manera, se enseñoree de nosotros para que así
podamos también, algún día, traspolar nuestro Nuevo
Orden interno al mundo que nos rodea, haciendo que nuestro sentido Trascendente
de la existencia se yerga victorioso sobre la Materia y que nuestros, hoy
aletargados, valores ancestrales indoeuropeos se impongan al corrosivo,
ruin, embrutecido, igualitarista y vil submundo que nos bestializa a pasos
agigantados.
Podríamos equiparar el rápido ritmo del rock con los también acelerados ritmos de muchas danzas tradicionales que en épocas más o menos remotas se utilizaban, en ocasiones, para transportar al Iniciado hacia otros estados de conciencia diferentes al ordinario, en los que podía llegar a percibir la Realidad Trascendente.
También deberíamos señalar que si, tal como hemos apuntado con anterioridad, la música romántica y la clásica nos pueden hacer caer en un estado de amodorramiento, de atortolamiento o de tristeza y depresión, la música rock, al contrario, insufla una energía y un ímpetu que van en consonancia con algunos de los atributos que siempre caracterizaron al hombre indoeuropeo o hiperbóreo: como su sentido guerrero de la vida y la existencia y, por tanto, la elección, que siempre hizo, de la vía de la acción como camino para conseguir su transformación interna, su Iluminación y su acceso al Conocimiento de lo Metafísico. Contrariamente a nuestro pueblo, por ejemplo Oriente ha optado, casi siempre, por la vía de la contemplación -vía pasiva- como método de accesis espiritual.
A más de uno le puede parecer una
vanalidad la afirmación que cada vez realizan más jóvenes
nacionalrevolucionarios de que ์el rock es ario๎. No vamos a entrar -por
no ser tema de estas líneas- en la definición correcta de
ario, que es un vocablo de más connotaciones espirituales que raciales,
pero sí debemos constatar, casi como para corroborar algunas de
las ideas expresadas en el párrafo anterior, la inexistencia casi
total de negros en bandas de cualquier variedad de rock; sea de rock and
roll, de rock duro, de heavy metal, de black metal, de trash metal, de
hardcore original... Y es que a la naturaleza del negro no le puede atraer
música enérgica como la rockera, sino sensual como la samba
o la salsa.
Acabaremos diciendo que mucho nos sorprende
cómo algunos de los camaradas que tanto critican al R.A.C. en particular
o al rock en general, son grandes aficionados al jazz; estilo musical,
por raíz y esencia, eminentemente emparentado con el pueblo negro.
Y lo más chocante del caso es que hablamos de destacados, encomiables
y ejemplares camaradas.
Eduard Alcantara
Septentrionis
Lux