Tradición y Vegetarianismo


La adopción del vegetarianismo no es un hecho aislado y anecdótico entre muchas personas que defienden valores y estructuras políticas, sociales y económicas alternativas con respecto al Sistema plutopartitocrático. Recientemente se nos ha planteado cuál es la posición de la Tradición con respecto al vegetarianismo y hemos tenido a bien responder en los términos que siguen:


La Tradición, en sí, no hace bandera de ningún tipo de práctica alimenticia concreta. La vía de la acción (interna y externa) que define el actuar de la más legítima Tradición hace de la figura del guerrero un buen arquetipo a seguir en miras a que a partir de éste y de sus atributos inherentes sea posible bien la conservación de la Tradición (cuando ésta todavía tenía vigencia), o bien el recorrido interno hacia el Despertar o bien la Restauración del Orden Tradicional perdido. Sin duda el guerrero necesita de la ingesta de carne para poder ejercitar su musculatura con plenitud y desarrollar, así, al máximo su fuerza física.


Por otro lado la Tradición conoce (ante las desmesuras y los excesos del mundo moderno) de la mesura, del equilibrio, de la proporción y de la medida (atributos muy al uso en el antiguo mundo clásico: greco-romano). Estos atributos hay que proyectarlos a todos nuestros accionares cotidianos; uno de los cuales es el de la alimentación. “Nada en exceso”, se podía leer en los dinteles de piedra del templo de Delfos consagrado a Apolo. Por ello los excesos alimentarios sobran. Sobra el exceso de carne. Todo con medida y control. No cabe la gula. Una dieta desordenada, desproporcionada y desmedida es señal de una vida alterada y descontrolada; producto, asimismo, de un desorden mental que hará inviable cualquier aproximación del hombre a la Realidad Superior y Trascendente.

En otro nivel de cosas habría que enfocar el tema hacia la Iniciación. Las prácticas Iniciáticas (que tienen por objetivo la aprehensión y Conocimiento de las Realidades Suprasensibles) hoy en día se han tornado casi en inexistentes debido al embrutecimiento y materialización propios del mundo moderno. Dichas prácticas exigían de un control mental total que difícilmente podría lograrse si, para empezar, las digestiones del practicante se hacían pesadas debido a la ingesta de carne; sobre todo si ésta no era muy comedida. ¡…Y es que con el estómago lleno no se puede mirar hacia las cosas del Espíritu!, pues si le estamos dando preponderancia al componente inferior del ser humano (a lo físico: vegetativo) no podemos dársela a su componente superior (a lo Espiritual). Sin duda el ayuno o las ingestas ligeras (preferiblemente las de dieta vegetariana) siempre han sido lo más apropiado en las prácticas Iniciáticas.


Eduard Alcántara
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