NADA QUE VER: JOSÉ SOLÍS /
TORCUATO FERNÁNDEZ MIRANDA
REIVINDICANDO A JOSÉ SOLÍS
Es una pena que a veces saquemos más información y datos sobre nuestro pasado de
nuestros enemigos o rivales, que de nuestro propio ambiente político. No sólo
dejamos que la ralea izquierdista nos gane la batalla del pensamiento -como dijo
Fernández de la Mora-, sino que el abandono del frente cultural en nuestras
filas ha sido -y viene de lejos- verdaderamente penoso y lamentable (aún lo
estamos pagando ¡y de qué manera!). Los falangistas “puros y ortodoxos”, como
ellos mismos suelen autodenominarse con cierto aire de suficiencia y de
prepotencia, han falsificado y tergiversado su propia historia hasta tal punto
de hacerla irreconocible; según esta gente la Falange no sólo no tuvo nada que
ver con el franquismo, sino que apenas hizo nada dentro él, cuando la pura
verdad es que no sólo fue parte integrante del mismo -y muy importante, al menos
hasta, como hemos visto, el año 1969- sino que luchó hasta el final por el
predomino político y doctrinal dentro del mismo, al menos como “primus inter
pares” de lo que se denominaba como “Movimiento-comunión”, es decir, la
coalición de Derecha del 18 de Julio.
Que
José Solís, pese a contar con un inmenso poder en sus manos -Secretaría General
del Movimiento y Delegación Nacional de Sindicatos, es decir, jefe de los
frentes político y sindical entre 1957 y 1969-, perdiera prácticamente todas sus
batallas políticas, no quita importancia al hecho de que fuera la última etapa
en que la Falange -ya en su fase definitivamente declinante ante la presión de
los acontecimientos- dentro del Estado del 18 de Julio intentara prolongarse en
el tiempo más allá de la muerte de Franco y viabilizar un proyecto de futuro,
desde luego mucho más interesante que el de la hez tecnocrático-opusdeísta,
institucionalizando el Movimiento Nacional con la Falange como columna vertebral
del mismo y a la Organización Sindical como entidad verdaderamente
representativa y fuertemente reivindicativa frente a los odiosos avances del
capitalismo tecnocrático y plutocrático (Carrero en una carta privada acusaba
alarmado a Solís y su equipo de querer “asaltar el poder” desde la doble
plataforma del Movimiento y Sindicatos).
Solís y su equipo se oponían a la “solución Juan Carlos” porque sospechaban que
ese aspirante al trono no sólo no iba a hacer honor a sus juramentos, sino que
además iba a llevar a España -como así ha sido- a la hecatombe. Solís era
partidario de una República Presidencialista o, en su defecto, de una Regencia;
cuando la restauración -o instauración como se decía oficialmente- parecía cosa
hecha, Solís, que no simpatizaba y desconfiaba de Juan Carlos, apoyó la
candidatura de D. Alfonso de Borbón, mucho más comprometido con el Movimiento y
su doctrina (se le conocía en algunos medios falangistas como “El Príncipe
Azul”, ya que éste siempre manifestó sus admiración por José Antonio y su
identificación con la doctrina falangista). Desde este punto de vista hay que
reconocer que Solís fue mucho más avispado que los Girón, Fernández Cuesta,
Pilar Primo de Rivera, etc., (gracias a los votos de estos últimos, que
arrastraron a otros muchos más dubitativos o, en principio, opuestos a la
propuesta sucesoria presentada por Franco aquel fatídico 1969, Juan Carlos es
hoy Rey de España) que tomaron partido decididamente por el actual monarca
español. Solís hizo un último intento que le honró: quiso que la votación fuera
secreta y no pública y que Franco no estuviera presente en la sesión…
Evidentemente, Solís sabía que con la sola presencia de Franco en las Cortes, en la hora de la votación pública la “fides” pesaría más que la doctrina; si a todo esto le unimos que la flor y la nata del falangismo histórico presente en aquellas Cortes Orgánicas ya había tomado partido por Juan Carlos bastante antes de la votación, arrastrando con ello a muchos dubitativos u opuestos a dicho nombramiento, no es de extrañar que hoy tengamos como Rey de España aquien tenemos. Ya dijimos en una ocasión que, al menos desde el punto de vista institucional, la denominada tra(ns)ición al demoliberalismo comenzó con tamaña cagada histórica y, para mayor escarnio nuestro, con la Vieja Guardia falangista al frente de ella. Luego fueron éstos los que acusaban a Solís de “desfalangizar” el Movimiento con su concepción abierta del mismo…
En realidad lo que quiso Solís fue llevar a la práctica la vieja idea de Arrese -”El Movimiento Nacional como sistema político”, 1945- de convertir el Movimiento Nacional-comunión en un sistema político en el que tuvieran cabida todas las fuerzas políticas que hicieron el 18 de Julio, pero con la Falange como columna vertebral del mismo o, si se quiere, como gracia y levadura de dicho sistema, ya que se dio cuenta que la etapa de la Falange como “Partido Único” estaba irremediablemente finiquitada y no tenía ninguna posibilidad de existir en la nueva Europa demoliberal y marxista. Se opuso al acceso a la Vicepresidencia del Gobierno de Carrero en 1967 -Muñoz Grandes, opuesto a la Monarquía, era cesado-, intentó reanimar un SEU moribundo -liquidado por la tecnocracia en 1965-, sus campañas de rearme doctrinal fueron sistemáticamente torpedeadas desde el poder -”el poder” en esa época, y digo “poder real” y no teórico o simbólico, más que un Franco ya a la deriva, eran el tándem vaticanista Carrero-López Rodó-Opus Dei-, su “Ley de asociaciones familiares” de 1963 fue boicoteada por los vaticanistas por considerarla ”totalitaria”, al igual que sus planes por fortalecer y muscular el Consejo Nacional del Movimiento -la Cámara política y doctrinal del Sistema. Como dato significativo, señalar que quiso recuperar la figura histórica del falangismo disidente, Manuel Hedilla, nombrándole Consejero Nacional en 1965, pero fracasó por la oposición tecnocrática y vaticanista. La Secretaría General y la Organización Sindical fueron dinamitados sin paliativos. Al tan cacareado “desarrollo económico” de los tecnócratas, él quiso oponer el “desarrollo político”…
En fin, si como se ha dicho en alguna ocasión con Solís
“la Falange histórica escribió su último capítulo” (Arrese dixit), en realidad
no fue por culpa de él, sino por una conjunción de hechos fatales no sólo para
la propia Falange, sino para España; es más, a Solís, en todo caso y ya que
entonces era su máximo representante, le debemos el que la Falange intentara
hasta el límite de sus posibilidades hacerse sitio en la Historia de España en
una fase tan avanzada y disoluta de la modernidad, modernidad que relegaba o
quería relegar a la cosmovisión falangista a un simple “anacronismo”. A Solís se
le podrá reprochar que descuidara el frente político en beneficio del frente
sindical, pero fue de los pocos falangistas de la vieja guardia que entonces
supo presentar un proyecto de futuro mínimamente coherente y con ciertas
posibilidades para afrontar el futuro de España, que ya entonces, y dada la
orientación aberrante que estaban dando los tecnócratas/plutócratas del Opus Dei,
se presumía difícil y terrorífico -como así ha sido-.
Torcuato Fernández Miranda, el sucesor -en 1.969- de José Solís en la Secretaría General del Movimiento, se empezó descolgando con el significativo proceder de sustituir la camisa azul por la camisa blanca… Conocido ya por esas fechas en algunos ambientes franco-falangistas como "el cínico del régimen" y como el maestro de la doblez y la oratoria en el doble sentido del término.
Más que reivindicar la figura de Solís como líder político, lo que pretendemos hacer es un poco de justicia a la memoria de este gran sindicalista del Régimen franquista y demostrar lo injustos que fueron con él muchos franco-falangistas que lo ponían literalmente a bajar de un burro por su supuesta "incapacidad política", pero que a la vez eran incapaces de presentar un proyecto de futuro mínimamente viable (aparte de convertirse en el aplaudiómetro de las decisiones de Franco, por muy discutibles que fueran algunas de ellas).
Hay que decir que en un principio él no quería el cargo de Ministro Secretario General del Movimiento en 1957, puesto que para dicho cargo no se veía capacitado ya que toda su carrera política la había hecho dentro del sindicalismo oficial y, por lo tanto, tenía más traza de sindicalista que de político propiamente dicho, pero una vez asumido el cargo junto con el de Delegado Nacional de Sindicatos que ya poseía desde 1951, estuvo en todo momento dispuesto a librar la batalla por el "desarrollo político" frente al "desarrollo puramente económico" -encaminado cada vez más hacia la plutocracia liberal/capitalista- de los tecnócratas del Opus Dei. El problema es que quizás no era el hombre indicado para liderar esa batalla institucional por las razones anteriormente expuestas.
Hay que decir que el hombre inicialmente elegido por
Franco para liderar el Movimiento en 1957 era nada más y nada menos que Elola
Olaso, el gran líder del Frente de Juventudes de 1940-55 y con éste, quizás,
¡otro gallo hubiera cantado!; pero la oposición de Carrero Blanco y del meapilas
de López Rodó torpedearon dicho nombramiento debido al presunto "anti-monarquismo"
de aquél (¡para que luego digan de que Franco era un odioso dictador cruel,
fanático e intolerante incapaz de dejarse contradecir...!).
Solís solía decir en su intimidad que él no hacía distinciones entre "camisas
viejas" y "camisas nuevas", sino entre "camisas limpias" y "camisas sucias".
Entre muchos veteranos falangistas parecía que el hecho de proceder de la Vieja
Guardia era una especie de patente de autenticidad, sin caer en la cuenta de la
lista de traidores y de sinvergüenzas que también salió de sus filas: son
flagrantes los casos como Ridruejo, Santiago Montero, Alfaro, etc., gente de un
radicalismo desmesurado que al final acabaron en la izquierda y renegando de sus
orígenes presuntamente azules. Por poner un ejemplo, el liderazgo del "ortodoxo"
Raimundo Fernández Cuesta de 1948-56 fue de todo menos brillante -más bien fue
desastroso en muchos aspectos- si lo comparamos con el liderazgo supuestamente
"herético" de Solís, y más teniendo en cuenta que aquél no tuvo en el Gobierno
los enemigos encarnizados que tuvo el segundo.
Hay que señalar que Solís en 1963 organizó en el Valle de
los Caídos una Asamblea Europea de Ex-combatientes que atrajo a ex-combatientes
fascistas de toda Europa y que en 1969 también dio el visto bueno para la
celebración en Barcelona del Congreso neo-fascista del "Nuevo Orden Europeo".
Con la llegada de Torcuato a la Secretaría General en 1969 llegaron las camisas
blancas -de hecho, juró el cargo con camisa blanca, algo totalmente herético
entonces y que era toda una declaración de intenciones-, llegó la supresión de
los aniversarios de Falange en el mítico "Teatro de la Comedia" (a partir de
1970 se celebrarían en el Consejo Nacional, para quitar relevancia al acto),
llegó la marginación de la Vieja Guardia que a partir de entonces perdería
definitivamente el control de un Movimiento que se asemejaba ya a un enorme
edificio en ruinas, etc.
Hay
que decir que Torcuato, que había sido profesor de "formación política" del
entonces Príncipe, fue elegido para ese cargo con la intención -entonces
secreta- de desmontar el Movimiento desde dentro ya que, según las cartas
privadas que tenía con el entonces Príncipe, la "Monarquía azul" -son palabras
de Juan Carlos- era un absurdo y un anacronismo en la Europa democrática y no
tenía ninguna posibilidad de subsistir tras la muerte de Franco. Torcuato y Juan
Carlos ya en 1969 trazaron el plan para derribar el franquismo desde la propia
legalidad, pero antes de llegar a ello había que allanar el camino destruyendo y
disolviendo su instrumento político. La maniobra de Torcuato tuvo tanto éxito
que cuando llegó a la Secretaría General del Movimiento un verdadero falangista
como era Utrera Molina en 1974, el Movimiento Nacional era ya un cadáver de pie
y un impresentable vegetal.
SEMPER FIDELIS.
JANUS MONTSALVAT
SEPTENTRIONIS LUX