La Destrucción del Arte y el Triunfo de la Modernidad



EL ARTE MERCENARIO

Cuando una persona me dice que le gusta Miró y que en la cabecera de su dormitorio tiene una reproducción de una de esas manchas de colores, puedo opinar sobre su gusto y su influenciabilidad por la propaganda, pero de alguna forma, al fin y al cabo, hay que aceptar el mal gusto como un gusto posible. Pero este caso es realmente escaso y en modo alguno la locura del llamado arte actual hubiera llegado a donde está sólo contando con el mal gusto de las personas. No, realmente el problema está en las inmensas inversiones que ha exigido por parte de entidades anónimas el imponer esa basura actual como ‘buen gusto’.

Lo más curioso es que no podemos decir que hayan sido unos mecenas los que han logrado imponer ese arte, pues sólo unas pocas personas individuales, mecenas en el sentido de promotores desinteresados del arte, han tenido nada que ver con la expansión del desastre actual. Y esto nos da la primera visión del problema. En otras épocas era el gusto de las personas que ocupaban cargos y medios los que fomentaban con sus pedidos, por su gusto personal, la aparición de nuevas tendencias o formas artísticas.

El problema es que en los años 20 el arte está en plena ebullición, coexisten grandes artistas con los intentos de generar un ‘arte político’ de lucha contra ‘lo establecido’ en ese momento. Entre estos segundos casi todos, en su absoluta mayoría, eran marxistas e izquierdistas radicales. Y ante la sorpresa general los ‘mecenas’ que lograron iniciar su fama no fueron los partidos comunistas sino grandes mercantilistas del arte, especuladores y galeristas, gentes que vivían de vender arte a la burguesía!, no a los obreros. Muchos de ellos judíos, apoyaron totalmente este tipo de actividad ‘artística moderna’, no para disfrutar ellos de las obras que compraban sino para venderlas y exponerlas, para ganar dinero con ello.


En el mundo actual nos damos cuenta que hay una serie de Fundaciones anónimas, que mueven capitales enormes en comparación con el presupuesto completo de un Estado en Cultura y Arte, y que fomentan exclusivamente el arte degradado actual, a base de inyectar miles de millones en su promoción. Pero lo más curioso es que estas fabulosas cantidades, de las que veremos algunos casos seguramente, nunca las dan personas privadas por el gusto de disfrutar personalmente o colectivamente de ese ‘arte’, no son mecenas por gusto. La mayoría de las veces el dinero proviene de gigantescas multinacionales cuyos dirigentes no tienen ni idea de arte ni les interesa nada lo que están promocionando con millones de dólares, sino en tanto forma parte de unos presupuestos de ‘relaciones sociales’ o ‘públicas’.

La Caixa, por ejemplo igual le da promocionar arte a base de colorines y escultores que fabrican churros metálicos, los que dan el dinero son empleados de Fundación La Caixa, con dinero de otros. Los que pagan de verdad, los Consejos de Administración, no saben ni lo que se hace con ese dinero de ‘promoción artística’, sino en tanto se valore en salir en la prensa y obtener imagen pública. Es curioso que la valoración anual de esos programas de ayuda no están medidos por la ‘calidad artística’ obtenida o fomentada, sino por criterios de rentabilidad de imagen social.


Pero estos Consejos de Administración o bien los Alcaldes y políticos que controlan las Cajas públicas, cuando van a nombrar a los responsables de seleccionar los destinatarios de los fondos, los funcionarios o encargados de seleccionar a los artistas favorecidos por el chorro de dinero anónimo, eligen sistemáticamente a personas que cuenten con el apoyo de la prensa y de la opinión ‘políticamente correcta’ de ellos. De esa forma ,de forma indirecta, el fomento de las artes viene dado directamente por las empresas que crean opinión, no por la opinión de la gente que compra o disfruta personalmente del arte.

Veamos por ejemplo la reciente reconstrucción del Teatro New Globe en Londres, copia del original teatro creado por Shakespeare que fue destruido por los puritanos. Costó 6.000 millones de pesetas, de las arcas públicas, y al acabar se dio su control a Mark Rylance, que es ‘famoso’ por haber ya creado un “Hamlet” en el que todos los personajes son miembros del Hare Krisha y salen con las sotanas de sectarios. ¿Es que los espectadores ingleses apoyan ese tipo de perversión de la obra de Shakespeare?. No, en absoluto, la mayoría de los ingleses que van a ver teatro de Shakespeare no apoyan esa manía constante en estropear las obras de forma absurda. Pero Rylance es aplaudido por la prensa y los medios oficiales, de forma que es elegido como funcionario selector de las obras a presentar… de forma que el dinero de la gente monta un teatro para Shakespeare pero su control queda en manos de la prensa, no del gusto de los que han pagado.


Hace poco se ha fundado un Museo de la Cultura Afroamericana en
Detroit. Coste sobre los 7.000 millones de pesetas, pagados en gran parte por la Ford y la Chrysler. Las obras que hay son en su mayoría fotos de Luther King y Malcolm X, Jazz, y espectáculos sobre la época de la esclavitud, etc… Si los dueños de la Ford en su casa estuvieran rodeados de arte afroamericano, esto sería lógico, serían mecenas. Pero no es así. Miles de millones se dan por compromiso político, no por arte. A los dueños de la Ford les importa un cuerno a nivel personal el arte afroamericano. Pero necesitan quedar bien con los líderes políticos negros de Detroit. ¿Mecenas o Mercenarios?.


El Museo de la Fundación Guggenheim en Bilbao es un edificio monstruoso de miles de millones pagado en parte por una Fundación creada por un judío,. especulador de bolsa, que reconoció haber estafado y especulado de forma infame durante años, y que al final de su vida quiso dejar el dinero a una Fundación. Su dueño no fue famoso por el arte o su gusto sensible, sino por su usura y rapiña. Una vez más no apoyan el arte que disfrutan sino el que consideran propicio a sus planes ,sionistas en este caso.


Ya no hay Medecis, que buscaban ansiosamente una obra por su gusto y calidad, estamos frente a Cresos, mercenarios del arte, especuladores de la imagen pública a través de una apariencia ‘cultural’. El Arte para el Pueblo, esta es nuestra alternativa. Hoy en día tiene mejor gusto el pueblo sencillo que la élite de mercenarios que dominan el poder del dinero.



LA INQUISICIÓN ARTÍSTICA

Desde los inicios de 1997 se ha producido en Francia una gran conmoción y reacciones incluso violentas a raiz de la aparición de la revista ‘Krisis’ sobre “Arte o No-Arte” que dirige Alain de Benoist. Esta reacción inesperada se produjo debido a dos motivos:

- Primero porque en esta revista, asignada como cuasi ‘nazy’ por el Sistema, ha logrado tal calidad que contaba en este número con la participación de un nutrido número de intelectuales provenientes de corrientes políticas muy diversas y absolutamente no asimilables a ‘fascismos’.

- Segundo porque la crítica contra el llamado ‘arte moderno’ era radical y profunda. Simplemente se negaba su existencia. No hay ‘arte actual’, hay un ‘no-arte’, un circo de extrenticidades y ‘novedades’ sin base ni profundidad alguna.



En Krisis habían escrito personajes importantes en la vida intelectual francesa. Jean Domecq escribe en la revista ‘Esprit et Politis’ y miembro del Comité de Sostén del candidato socialista Lionel Jospin. Kostas Mavrakis es un antigüo y conocido troskista. Jean Braudrillard escribe una crónica mensual en la revista del sistema ‘Liberation’. Y así otros varios, incluso un Conservador del Museo de Picasso. Los autores de Krisis denunciaban tres grandes ideas:



- La caida y derrota de la llamada ‘vanguardia artísta’. Los artistas e intelectuales de vanguardia se han convertido en receptores de subvenciones y agasajados del poder económico, de los bancos y las multinacionales, han sido sometidos por el capitalismo y ahora comen de la mano de las instituciones oficiales mercantiles.

- La Muerte del Arte: la búsqueda de lo ‘novedoso’ sólo por serlo, del cambio por el cambio, del escándalo por él mismo, ha llevado al absurdo y al cansancio, al olvido de lo que es Arte, en fin, ha llevado a convertirse en No Arte, en una mera novedad técnológica, y así se pasa del arte a la foto o la “boutade”. Ya no hablamos de Arte, hablamos de un Circo, de una función del teatro del ridículo.

- El arte actual como reflejo de la mentalidad mercantilista e individualista. Un mundo sin ideal refleja en sus expresiones la misma falta de ideal y sentimentalidad, es el cambio y el materialismo reflejo del mismo estilo social del mercantilismo.



Este texto molestó desde el inicio al Sistema, y empezó el ataque. El famoso diario ‘Le Monde’ inició el fuego: Una cosa es la ‘libertad de expresión’ y otra ‘la confusión mental’ y otra peor ‘el elogio a la creatividad artística bajo el nacismo’, y tras ello simplemente acusaba de nazy a la revista y pedía la censura de esta revista. Ante semejante actitud de inquisición dos intelectuales famosos como Jean François Revel y Pierre Taguieff enviaron una carta colectiva donde exponían que no se podía reducir toda crítica al arte actual como una ‘actitud nazy’. La carta no la publicó ‘Le Monde’ claro.



Tras esto la Televisión entró en el combate, así como la radio. Un conjunto de inquisidores, sin la presencia de ninguno de los acusados, establecieron que “los intelectuales tenemos el deber de trazar la frontera entre lo que es tolerable y lo que no es tolerable”, pidiendo una vez más censura y prohibición. Y tras ello ya empezaron los insultos en la prensa, la revista ‘Charlie-Hebdo’ lanzó ‘Heil Benoist’ en portada y ‘Art Press’ demostraba que Krisis era una revista nazy porque había reproducido varias fotos de artistas activos en la época de Hitler.



Así están las cosas y debemos entenderlas bien: Cualquier denuncia contra el Sistema es cosa de nazys. No hay Alternativa al Sistema, sólo hay nazys (con z, nazys de 1933, implicados en Auschwitz claro). Por esto no vale la pena preocuparse de estas acusaciones, son inevitables, no siguen la lógica sino la voluntad de la Inquisición. Nadie trató de discutir los razonamientos de Krisis, nadie planteó contestaciones a los temas debatidos, la única respuesta del Sistema es siempre la misma: nazys!. Y los demócratas son los primeros en pedir la prohibición, en reclamar que ‘ese libertinaje’ sea censurado. Esta respuesta es importante de analizarla: el Sistema efectua un reduccionismo de toda Alternativa al Nacional Socialismo. ¿por qué?. Por dos motivos:



- Porque se está gastando miles de millones de dólares en demonizar el nacionalsocialismo, y quiere rentabilizar esa inversión. Demonizar el NS le permite a su vez demonizar todo aspecto no agradable al Sistema a base de identificarlo con el NS.

- Porque el NS es el movimiento anti-Sistema más perfecto, radical y completo, el único que se opone de forma absoluta y global, como concepción general del mundo, en sus aspectos intelectuales, artísticos, éticos, religiosos, filosóficos, etc al Sistema. El NS no es ‘una forma de alternativa al Sistema’ como los demás intentos, sino es LA ALTERNATIVA al Sistema por antonomasia, la otra cara del espejo del mundo actual.



El Sistema se ve reflejado en el No Arte absurdo, en las manchas y las bragas sucias expuestas por Tapies, en los cuadros en blanco colgados alrevés o las fotos pornográficas que mostraba hace poco el Museo de Arte?¿ Moderno de Barcelona. Este es el mundo moderno, basura, y logicamente así es su No Arte.



Un último ejemplo: Con dinero oficial se ha celebrado en Girona este verano una exposición que constaba de lo siguiente: Con los trapos, algodones y restos de pintura, pinceles , etc usados en la restauración de obras de arte de varios retablos antigüos se efectuó un gran montón de basura y se le pegó fuego. Se hicieron docenas de fotos de esta fogata, y estas fotos “eran la obra de Arte”… “Colocamos estos trapos en 5 montones y empezamos a quemarlos, procediendo así a la suspensión en el aire de las partículas extraidas de las restauraciones. Era como llevar la pátina a la naturaleza, hacer como una repintura”, dijo el cretino ‘artista’ de esa imbecilidad tan ‘original’.



En fin… algún dia los llevarán todos al manicomio, y a esta época al ridículo. Los sionistas tratan de hacer pasar toda esta ****** por arte, es ‘su’ arte, el arte que refleja la basura mental del arquetipo sionista.




EL FIN DE LAS VANGUARDIAS Y EL TRIUNFO DEL MERCADO




El mercado como criterio estético


En el desbordamiento actual de objetos de arte, de reconstrucciones, de construcciones de museos, en la multiplicación de objetos coleccionables, yace el síntoma de la crisis artística del arte contemporáneo, o sea una crisis de la cultura en general. Explosión de exposiciones en Occidente (las colas delante de los museos sustituyen las colas delante de las carnicerías de Moscú), de las ventas en subastas, de los precios de cuadros, parece que el Mercado del Arte haya sido contagiado por una fiebre sin precedentes: aceleración, extensión, mundialización, las OPA’s (Oferta Pública de Compra) sobre tal o cual estilo, tal o cual artista y las puestas en escena publicitarias equilibran el mercado de los valores Mobiliarios y están interconectadas con los valores bursátiles.


Si no se tratase de objetos a los cuales la tradición occidental atribuye la cualidad de ‘objetos de arte’, estaríamos tentados de creer que el ‘Down Jones’ de las subastas públicas se ha convertido en el único criterio que permite determinar el valor estético de las obras plásticas.


El número de galerías se multiplica y un paseo por los barrios reformados de París, Bruselas, Munich, Berlín, Zurich, New York o Londres nos hace descubrir que éstas son cada vez más numerosas. Ingenieros, altos funcionarios, profesores, mandos superiores de multinacionales, comerciantes que hasta hace algunos años manifestaban el más tenaz conformismo estético y no tenían ninguna relación con el arte contemporáneo salvo para burlarse de él, ahora van comprandolo a sabiendas de que así invierten su dinero mediante la sinergía de la moda y de la especulación en Arte, que componen una escena junto a sus personajes más emblemáticos: ahorro en impuestos, multinacionales necesitadas de hacer mecenazgo artístico, las vedettes del cine y del espectáculo aprovechando la ocasión para hacerse notar, los periodistas aduladores de todos los poderes, el consejo de los políticos en la misma ‘onda’, los especuladores y ejecutivos en búsqueda de respetabilidad, los conservadores y críticos de los museos, los propietarios de galerías y los intelectuales cargados de cargos públicos.

Los Museos del arte contemporáneo se han convertido en el lugar donde la élite de una nueva Sociedad liberal y mercantil se rinde al culto de un nuevo Becerro de Oro: el Mercado del Arte. Pero todo esto no es más que el efecto, la consecuencia de algo mucho más esencial, algo que un sociologismo necio y simple se esfuerza en hacernos creer que es sólo un juego de ‘moda y distinción’ de los nuevos ricos, mientras que su verdadera dimensión, la complejidad del fenómeno, las relaciones contrastadas del arte moderno con los movimientos políticos e ideológicos, sus relaciones con los importantes grupos financieros, queda oculto para darnos muchas sorpresas.

A escala del mundo Occidental la cultura se ha convertido en un asunto de Estado, de los medios de difusión de masas y de poderosas Fundaciones financieras capitalistas, que engendran una alianza inédita entre Museos, una nueva generación de críticos de arte y grandes coleccionistas, que han desmoronado de arriba abajo el mercado del Arte: Juntos determinan el valor de los artistas, de los estilos del momento, en un juego que se asemeja más a la promoción de la moda que al enfrentamiento entre escuelas estéticas.

A pesar de las cantidades inauditas de dinero puestas en juego, queda una diferencia esencial entre esta especulación y la de los mercados de valores financieros: las inversiones gigantescas dedicadas a la compra de obras de arte (y a menudo para sus puestas en escena y propaganda) ya no permiten que además se rinda justicia a las obras por su auténtico valor.

La conjunción entre las estrategias financieras puestas en marcha por poderosas cadenas de galerías de arte, aliadas con grandes coleccionistas y directores de los grandes museos y fundaciones, junto con la extensión totalizadora de la cultura como algo político y económico, hace que se hayan establecido nuevas relaciones humanas en este tema: se acabaron las luchas encarnizadas, brutales, entre grupos de artistas defensores de tendencias distintas, donde se mezclaban temas de ética y de política. Una sociedad rígida manda en el mercado del Arte y exige que cada uno sepa que los precios deben crecer sin cesar para asegurar beneficios. Por ello una propaganda enorme, sin precedentes, en todos los medios de información, preside las subastas, como si los precios alcanzados por las obras fueran el principal problema y preocupación de la gente, pero también como si se deseara afianzar en las conciencias una nueva moralidad de especulación y legitimar un valor financiero, sacando valor a los argumentos estéticos no cuantificables (la calidad de las obras, por ejemplo).



Pero si el valor estético hace de un objeto plástico una obra inestimables, ningún valor monetario puede proporcionar la equivalencia. Hace falta por tanto extraer las consecuencias y admitir que sólo el dinero determina el valor de los hombres y de las cosas en esta sociedad.


EL ASESINATO DE UNA GENERACION


Dvorack, Sibelius, Elgar, Richard Strauss, Siegfried Wagner, Pfifner, Humperdin, Hugo Wolf, Prokofiev y en España Falla, Mompou, Maestro Rodrigo, Pau Casals o Granados, y así podríamos seguir con una montaña de compositores que se les cataloga de 'clásicos' pese a que algunos murieron hace relativamente muy poco, en los años 50 ó 60 y en algunos casos hasta en los 90.


Y sin embargo el flautista suizo Auréle Nicolet se ufanaba el 27 de Marzo 97 en una entrevista en 'estar muy comprometido con los músicos de este siglo', y decía que los grandes compositores de este siglo XX eran Boulez, Berio, Holliger, Messien, Penderecki y Takemitsu, amplia y absolutamente desconocidos a nivel popular gracias a su nulo interés. Ni por un momento piensa que en este siglo XX han vivido grandes genios de la música como Strauss, Siegfried Wagner o Dvorack. ¿Por qué no los nombra cuando éstos son mil veces más conocidos y mejores que los insufribles 'Takemitsus' de turno?


El propio Nicolet reconoce que para poder imponer en un programa uno de esos compositores 'modernos' necesita tocar mucho Bach y Mozart para evitar que el público se marche: "Mi política es que si tocas un buen Bach y un buen Mozart, aceptarán que toques algo de Boulez o Holliger". Las giras las paga con Bach y luego 'impone' oir los ruidos estrambóticos de Berio, ante la resignada audiencia que ha ido a oir a Bach pero que debe 'pagar' ese placer con el subsiguiente impuesto de ruidos incoherentes actuales. "me piden que toque Bach, así después de media docena de conciertos con audiencias de 2.000 personas la gira está amortizada y después acepta el organizador que toque a Boulez"...

Mientras Strauss llena una sala, Boulez no llenaría ni la primera fila de un concierto pese a las subvenciones y ayudas, entradas gratis, etc... Incluso los mil veces promocionados por el 'establishment' oficial, como Schonberg o Stockhausen, no logran llenar ellos solos ni las 4 primeras filas de una sala mediana de conciertos, y el número de copias de CD de una de sus obras vendidas es ridícula si la comparamos con las de un Sibelius o Dvorack.

Hay incluso, dentro de ese apoyo oficial al desmadre actual, un 'Festival de Músicos de Hoy' en Perpignan donde estrenan con subvención del 100%, obras ese tipo de compositores del fracaso, como Xavier Benguerel. Benguerel dice haber compuesto obras `importantes' como 'Llibre verme¡¡' o un 'Requiem a la memoria de Espriu', pero nadie las recuerda haber oido en su vida, ni se ha atrevido a decir cuantos discos o personas han asistido ,pagando entrada, a un concierto de esas obras. Seguramente sólo una obra de Mompou, muerto hace muy poco, habrá tenido más éxito que todas las obras de los Benguereles' presenten en todos los festivales de Músicos actuales.



Pero ¿de dónde han salido estos hace-ruidos actuales?, ¿Por qué esa ruptura total con el público?, ¿Que ha pasado con los Strauss, Dvorack, Sibelius o Mompou que iluminaron este siglo?.Hay que empezar por el principio, por descubrir donde se inicia el problema. En los años 20 y 30's de este siglo la música `seria' (pues siempre ha existido la música bailable del Fox o el Charleston, así como la folklórica popular) estaba en pleno auge, tras la guerra entre Wagnerianos y sinfónicos, creando una enorme cantidad de compositores de primera fila.


En España precisamente en estos años hay un auge como nunca de la música, con los mejores compositores españoles de todos los tiempos, que enraizados en la música popular (siempre ha sido así en todos sitios, es del corazón del pueblo de donde sale la inspiración para las mejores obras) crearon las cumbres de nuestra música clásica. Si en 1940 un compositor hubiera presentado una obra a base de martillazos sobre un piano, le hubieran considerado un neurótico y recluido en un frenopático. Ahora le pagan la asistencia al Festival de Músicos actuales. Lorca o Miguel Hernandez eran poetas 'de izquierdas' pero escribían una poesía bella y armoniosa. Falla era de derechas, Pau Casals de izquierdas.. .y ambos tenían el mismo concepto musical. No había en los años 30 una dicotomía en el arte por la orientación política. ¿Qué pasó?...


Tras la gran guerra, la gran quiebra de valores, se inicia un cambio radical en la política de los gobiernos triunfantes respecto al Arte. No fue el pueblo el que 'cambió' de gusto, sino que fueron las élites políticas y económicas las que decidieron 'asesinar' una generación de artistas e imponer una ruptura absoluta con 'el arte clásico', creando esa misma palabra, `clásico', en contraprestación del 'arte moderno'. El `clasicismo' no viene dado por la época, pues Sibelius muere en 1957, Strauss en 1949, Dvorack o Falla son contemporaneos a los 'hace-ruidos' que triunfan como 'modemos'.

Como Mestres Cabanes y sus decorados en los años 70 son contemporaneos con los experimentos destructivos de un Chereau en Bayreuth por esos mismos años. No, no es un problema de falta de creatividad lo que genera la ruptura de valores del 'arte contemporáneo'. Tampoco se trata de una reacción contra el `naturalismo' o un 'hiperrealismo' que corno se dice ahora' había perdido sentido con la aparición de la fotografía. Y en la música una reacción contra la melodía y la armonía del romanticismo. La música postwagneriana ya no era 'música romántica' en sí misma, incluso Wagner en su 'Tristán' o 'Parsifal'ultrapasa ya lo puramente romántico. El impresionismo no era realista, era una alternativa válida a la 'fotografía'. Appia efectua decorados que podríamos llamar impresionistas pero que no tienen nada que ver con las locuras 'modernas'.

No, lo que llamar música contemporánea 'seria' no es un producto evolucionado de la música que se llama clásica, ni es debido a la falta de artistas de calidad `clásicos' en los años 40 y 50, ni se debe que no hubiera una alternativa artística en esos años. Se debe a un plan premeditado de imposición de una cosmología, y al subsiguiente asesinato a sangre fría de toda una generación de artistas 'clasicos' contemporáneos. Este asesinato generacional se basa ante todo en aparentar que el problema es la 'renovación generacional', o sea un tema de `tiempo', que se trata de un cambio natural. Para ello había que asesinar a toda la generación de músicos que seguían con esa 'vieja' costumbre de usar tonalidad y melodía.

La idea fue catalogar a los músicos `tonales' de 'clásicos', dejarles en un museo o apartado 'glorioso' pero 'superado' y lanzar una enorme campaña de mentalización en los medios artísticos tendente a imponer la 'modernidad' como una lucha contra la tonalidad y la melodía. Así Sibelius es un clásico asimilado al siglo XIX, aunque su obra está en pleno siglo XX, pasando lo mismo con otros muchos artistas (en todas las facetas de las artes). Todos los compositores de una valía incuestionable fueron transferidos 'al pasado' y los nuevos sufrieron un boicot absoluto por parte de los medios oficiales.

Los jurados de concursos o los encargados de seleccionar exposiciones fueron imbuidos de la idea de que todo lo que significara `valores melódicos o tonales' era 'pasado',. eliminando todo artista que 'repitiera formas del pasado', de manera que la 'originalidad' frente a las formas clásicas se convirtió en sí misma en 'el valor' a promover. La Originalidad, o sea hacer algo que no recordase lo clásico, era el Valor a buscar. Desde ese momento quedaron bendecidas las más absurdas y descompuestas experiencias sónicas (llamemosles ruidos claramente).



Es increible la 'literatura artística' que se ha creado por parte de los 'críticos oficiales' para justificar y tratar de imponer el gusto por lo estrambótico. En pintura, por ejemplo, bajo el glorioso título de 'Malestar óptico' de un tal Luis Gordillo, se representa un conjunto de manchas y rayas sin orden ni concierto. Si, realmente es un malestar óptico... da dolor de ojos verlo. Pero lo jocoso es la crítica que mereció en El Periódico: "Mantiene su sentido de plasmación de la realidad interna de los humanos". "Lo expresa a través de fragmentos que son como las pulsiones del sentir". "Es la gran pieza de esa exposición" (como debían ser las otras!). "Pintura que no puede contemplarse superficialmente pues está tan bien construida que te atrae hacia su sentido de examen de las profundidades del ser". "Son obras que afirman la continuidad de la vida. Recomiendo intensamente la visita (al psiquiatra, supongo)".


La verborrea conceptualista de la crítica actual es tan original como las obras que comenta. Originales y repugnantes. Pero esta campaña de mentalización no hubiera tenido éxito de no ser acompaña por otro hecho fundamental: la progresiva y acelerada pérdida de valores 'melódicos' entre las élites dirigentes de la sociedad a partir de 1960. Este es un punto poco comprendido por la sociedad, dado que los medios de comunicación lo ignoran totalmente, y que merece una más detallada explicación. Cada `forma de vida' tiene su expresión artística, y de alguna forma el arte surge de una 'necesidad' de expresión y de contemplación de la gente en su entorno de vida. La música romántica surge de un sentimiento romántico general entre las élites intelectuales, y tras ellas el pueblo, de su momento histórico. Durante los 40 primeros años del siglo XX las élites intelectuales y el propio pueblo están en pleno desarrollo de una sensibilidad nueva y hay todo un desarrollo artístico desde el naturalismo al modernismo (el de 1910), que incluye los grandes postwagnerianos de los años 20 y 30.


El gran conflicto político que crea el marxismo en el mundo artístico produce una ruptura brutal: la idea de materialismo como máximo valor, de economicismo, y sobretodo la idea de que el arte es algo segundario, subordinado a la lucha política. Se produce un combate de ruptura contra todas las artes 'clásicas', acusadas de 'burguesas' o 'anti-proletarias', que en la música lleva a combatir la melodía y la tonalidad como 'instrumentos románticos pequeño-burgueses'.


La sociedad que sale de 1968, un materialismo de Mercado con ideas marxistas 'progresistas', se va apoderando del mando 'intelectual y material' de la sociedad. Una 'élite' de ejecutivos y una juventud orientada al materialismo, una sociedad mercantil donde los Bancos y las Multinacionales ocupan el lugar a la Naturaleza, los sentimientos elevados o a los entornos populares y campesinos, hace incompatible para 'el uso cotidiano' la música 'de concierto' clásica.


Los nuevos profesionales en sus edificios de cristal y acero, bajo una estética y una ética degradada, no precisan cantos o melodías sino ritmos nocturnos y colores lineales. De ahí que estamos en una época de superabundancia de música, pero de música rítmica, bailable, sensual, sexista, como estamos ante una 'decoración colorista y lineal sin 'dibujo ni forma', sino mediante el lengúaje visual del color y la mancha que compagina con las líneas de acero y los ambientes de estadísticas mercantiles.


Franz Paul Decker, famoso director de orquesta, nos decía en una entrevista a La Vanguardia en Marzo 97 "Casi todo está cambiando. Se acaban muchas cosas, todo tiene un final. ¿Por qué no los conciertos?.... Hay que tener el alma dispuesta a ser conmovida, y eso no se consigue mientras desde las 7 de la mañana hasta la noche en todas partes, hasta en el lavabo, haya eso que llaman música pero que es ruido".


Si, hay que tener el alma dispuesta a ser conmovida para que el arte tenga un entorno en que vivir. Si lo que se busca es originalidad o bailar, sexo o escándalo, es lógico acabar con el arte musical tal como se ha entendido hasta la actualidad. La esterilización oficial contra cualquier compositor 'no original' y el ambiente del entorno mercantilista, han llevado a que los intentos de crear una música original contemporánea no 'bailable o rítmica', o sea no creada para el mercado de la música de relación, sean de una fealdad tal que sufren el más absoluto desprecio por parte del público, que debe 'recluirse' en la música 'clásica'.


Una obra que pretenda expresar la vida del entorno actual se recluye en el baile y la utilidad 'rockera', en el ritmo. No hay un sentimiento profundo y sensible en la llamada música actual contemporánea 'seria'. Porque no hay una sensibilidad profunda y espiritual en el ambiente contemporáneo oficial, en la élite dirigente a la que se mira el pueblo a través de la imagen que prensa y medios dan.

Los mejores compositores actuales se han recluido en la música para cine, en apoyar a la imagen y al arte cinematográfico. No levantan conciertos sino composiciones cortas pero realmente bellas para 'acompañar' la obra visual. Un mundo que siente menos pero que mira más. Un mundo en el que la imagen sustituye al libro y la canción al concierto, el dinero al Valor, la originalidad a la calidad y la superficialidad a lo profundo. Mientras toda una última generación de artistas vieron cercenadas sus obras y su reconocimiento, una generación asesinada por la élite mercantilista, por el Dinero, para imponer un mundo vacio de sensibilidad y profundidad, donde la música sea el ritmo de baile de condenados nocturnos, de los esclavos del Mercado.

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