En el siguiente documento, el arqueólogo judío de la
Universidad de Tel Aviv rompe con las explicaciones oficialmente
establecidas por las sinagogas y las iglesias respecto del orígen de los
relatos que componen la Biblia. Y, por lo tanto, respecto de historias que
dogmáticamente tanto sinagogas como iglesias habían tenido por
históricamente ciertas.
Esta se revela así como una
recopilación hecha por funcionarios unos 700 años antes de Cristo con el
propósito político-religioso de legitimar el predominio del Reino de Judá
sobre la totalidad de los hebreos, dándoles una cohesión que hasta entonces
no habían tenido.
Parece obvio que las conclusiones que Finkelstein alcanza tras sus
investigaciones arqueológicas no serán del gusto del judaismo ortodoxo ni
del sionismo establecido, pero ojo, que lo que Finkelstein está diciendo
puede dar nuevas bases (laicas, no religiosas) para una pretendida
legitimación del establecimiento del actual Estado de Israel en Palestina,
pero de un modo simultáneo a un reconocimiento judío de la legitimidad de
restablecer un Estado Palestino, o sea paralelamente que coexistan ambos
estados.
¿Cual es el punto arquológico de referencia que legitimaría la simultaneidad
de ambos estado?
Pues ese referente arqueológico radicaría en el hecho de que alrededor del
1.200 antes de Cristo (según la conclusión de Finkelstein) se hayan
establecido tanto los filisteos (proto-palestinos) en el litoral cananeo
(entre Gaza y el Líbano) como los proto-hebreos en las tierras del interior,
al oriente de los anteriores.
"El Exodo no existió", afirma el arqueólogo Israel Finkelstein
Sus investigaciones han revolucionado la disciplina de la arqueología
bíblica
"Los primeros israelitas eran pastores nómadas de Canaán", dice Finkelstein.
Foto Archivo
Israel Finkelstein es un hombre de suerte: aunque sus trabajos de
arqueología cuestionan el origen divino de los primeros libros del Antiguo
Testamento, judíos y católicos acogen sus hipótesis con auténtico interés y,
curiosamente, no lo estigmatizan.
Este enfant terrible de la ciencia revolucionó la nueva arqueología bíblica
cuando afirmó que la saga histórica relatada en los cinco libros que
conforman el Pentateuco de los cristianos y la Torá de los judíos no
responde a ninguna revelación divina. Dijo que, por el contrario, esa gesta
es un brillante producto de la imaginación humana y que muchos de sus
episodios nunca existieron.
El Pentateuco “es una genial reconstrucción literaria y política de la
génesis del pueblo judío, realizada 1.500 años después de lo que siempre
creímos”, sostiene Finkelstein, de 57 años, director del Instituto de
Arqueología de la Universidad de Tel Aviv.
Añade que esos textos bíblicos son una compilación iniciada durante la
monarquía de Josías, rey de Judá, en el siglo VII a.C. En aquel momento, ese
reino israelita del Sur comenzó a surgir como potencia regional, en una
época en la cual Israel (reino israelita del Norte) había caído bajo control
del imperio asirio.
El
principal objetivo de esa obra era crear una nación unificada, que pudiera
cimentarse en una nueva religión. El proyecto, que marcó el nacimiento de la
idea monoteísta, era constituir un solo pueblo judío, guiado por un solo
Dios, gobernado por un solo rey, con una sola capital, Jerusalén, y un solo
templo, el de Salomón. En sus trabajos, que han marcado a generaciones de la
nueva escuela de la arqueología bíblica, Finkelstein establece una
coherencia entre los cinco libros del Pentateuco: el Génesis, el Exodo, el
Levítico, los Números y el Deuteronomio. Los siglos nos han traído esos
episodios que relatan la creación del hombre, la vida del patriarca Abraham
y su familia -fundadores de la nación judía-, el éxodo de Egipto, la
instalación en la tierra prometida y la época de los Reyes. Según
Finkelstein, esos relatos fueron embellecidos para servir al proyecto del
rey Josías de reconciliar a los dos reinos israelitas (Israel y Judá) e
imponerse frente a los grandes imperios regionales: Asiria, Egipto y
Mesopotamia. El arqueólogo nos recibió en la Universidad de Tel Aviv.
-Durante más de veinte siglos, los hombres creyeron que Dios había
dictado las Escrituras a un cierto número de sabios, profetas y grandes
sacerdotes israelitas.
-Así es. Para las autoridades religiosas, judías y cristianas, Moisés era el
autor del Pentateuco. Según el Deuteronomio, el profeta lo escribió poco
antes de su muerte, en el monte Nebo. Los libros de Josué, de los Jueces y
de Samuel eran archivos sagrados, obtenidos y conservados por el profeta
Samuel en el santuario de Silo, y los libros de los Reyes venían de la pluma
del profeta Jeremías. Así también, David era el autor de los Salmos y
Salomón, el de los Proverbios y el del Cantar de los Cantares.
-Y sin embargo?
-Desde el siglo XVII, los expertos comenzaron a preguntarse quién había
escrito la Biblia. Moisés fue la primera víctima de los avances de la
investigación científica, que planteó cantidad de contradicciones. ¿Cómo es
posible -preguntaron los especialistas- que haya sido el autor del
Pentateuco cuando el Deuteronomio, el último de los cinco libros, describe
el momento y las circunstancias de su propia muerte?
-Usted afirma que el Pentateuco fue escrito en una época mucho más
reciente.
-La arqueología moderna nos permite asegurar que el núcleo histórico del
Pentateuco y de la historia deuteronómica fue compuesto durante el siglo VII
antes de Cristo. El Pentateuco fue una creación de la monarquía tardía del
reino de Judá, destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese
reino. Creo que la historia deuteronómica fue compilada, durante el reino de
Josías, a fin de servir de fundamento ideológico a ambiciones políticas y
reformas religiosas particulares.
-Según la Biblia, primero fue el viaje del patriarca Abraham de la
Mesopotamia a Canaán. El relato bíblico abunda en informaciones cronológicas
precisas.
-Es verdad. La Biblia libra una cantidad de informaciones que deberían
permitir saber cuándo vivieron los patriarcas. En ese relato, la historia de
los comienzos de Israel se desarrolla en secuencias bien ordenadas: los
Patriarcas, el Exodo, la travesía del desierto, la conquista de Canaán, el
reino de los Jueces, el establecimiento de la monarquía. Haciendo cálculos,
Abraham debería de haber partido hacia Canaán unos 2100 años antes de
Cristo.
-¿Y no es así?
-No.
En dos siglos de investigación científica, la búsqueda de los patriarcas
nunca dio resultados positivos. La supuesta migración hacia el Oeste de
tribus provenientes de la Mesopotamia, con destino a Canaán, se reveló
ilusoria. La arqueología ha probado que en esa época no se produjo ningún
movimiento masivo de población. El texto bíblico da indicios que permiten
precisar el momento de la composición final del libro de los Patriarcas. Por
ejemplo, la historia de los patriarcas está llena de camellos. Sin embargo,
la arqueología revela que el dromedario sólo fue domesticado cuando se
acababa el segundo milenio anterior a la era cristiana y que comenzó a ser
utilizado como animal de carga en Medio Oriente mucho después del año 1000
a.C. La historia de José dice que la caravana de camellos transporta "goma
tragacanto, bálsamo y láudano". Esa inscripción corresponde al comercio
realizado por los mercaderes árabes bajo control del imperio asirio en los
siglos VIII y VII a.C. Otro hecho anacrónico es la primera aparición de los
filisteos en el relato, cuando Isaac encuentra a Abimelech, rey de los
filisteos. Esos filisteos -grupo migratorio proveniente del mar Egeo o de
Asia Menor- se establecieron en la llanura litoral de Canaán a partir de
1200 a.C. Esos y otros detalles prueban que esos textos fueron escritos
entre los siglos VIII y VII a.C.
-El heroísmo de Moisés frente a la tiranía del faraón, las diez plagas de
Egipto y el éxodo masivo de israelitas hacia Canaán son algunos de los
episodios más dramáticos de la Biblia. ¿También eso es leyenda?
-Según la Biblia, los descendientes del patriarca Jacob permanecieron 430
años en Egipto antes de iniciar el éxodo hacia la Tierra Prometida, guiados
por Moisés, a mediados del siglo XV a.C. Otra posibilidad es que ese viaje
se haya producido dos siglos después. Los textos sagrados afirman que
600.000 hebreos cruzaron el Mar Rojo y que erraron durante 40 años por el
desierto antes de llegar al monte Sinaí, donde Moisés selló la alianza de su
pueblo con Dios. Sin embargo, los archivos egipcios, que consignaban todos
los acontecimientos administrativos del reino faraónico, no conservaron
ningún rastro de una presencia judía durante más de cuatro siglos en su
territorio. Tampoco existían, en esas fechas, muchos sitios mencionados en
el relato. Las ciudades de Pitom y Ramsés, que habrían sido construidas por
los hebreos esclavos antes de partir, no existían en el siglo XV a.C. En
cuanto al Exodo, desde el punto de vista científico no resiste el análisis.
-¿Por qué?
-Porque, desde el siglo XVI a.C., Egipto había construido en toda la región
una serie de fuertes militares, perfectamente administrados y equipados.
Nada, desde el litoral oriental del Nilo hasta el más alejado de los pueblos
de Canaán, escapaba a su control. Casi dos millones de israelitas que
hubieran huido por el desierto durante 40 años tendrían que haber llamado la
atención de esos soldados. Sin embargo, ni una estela de la época hace
referencia a esa gente. Tampoco existieron las grandes batallas mencionadas
en los textos sagrados. La orgullosa Jericó, cuyos muros se desplomaron con
el sonar de las trompetas de los hebreos, era entonces un pobre caserío.
Tampoco existían otros sitios célebres, como Bersheba o Edom. No había
ningún rey en Edom para enfrentar a los israelitas. Esos sitios existieron,
pero mucho tiempo después del Exodo, mucho después de la emergencia del
reino de Judá. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en su
peregrinación de 40 años. Hemos sido capaces de hallar rastros de minúsculos
caseríos de 40 o 50 personas. A menos que esa multitud nunca se haya
detenido a dormir, comer o descansar: no existe el menor indicio de su paso
por el desierto.
-En resumen, los hebreos nunca conquistaron Palestina.
-Nunca. Porque ya estaban allí. Los primeros israelitas eran pastores
nómadas de Canaán que se instalaron en las regiones montañosas en el siglo
XII a.C. Allí, unas 250 comunidades muy reducidas vivieron de la
agricultura, aisladas unas de otras, sin administración ni organización
política. Todas las excavaciones en la región exhumaron vestigios de
poblados con silos para cereales, pero también de corrales rudimentarios.
Esto nos lleva a pensar que esos individuos habían sido nómadas que se
convirtieron en agricultores. Pero ésa fue la tercera ola de instalación
sedentaria registrada en la región desde el 3.500 a.C. Esos pobladores
pasaban alternativamente del sedentarismo al nomadismo pastoral con mucha
facilidad.
-¿Por qué?
-Ese tipo de fluctuación era muy frecuente en Medio Oriente. Los pueblos
autóctonos siempre supieron operar una rápida transición de la actividad
agrícola a la pastoral en función de las condiciones políticas, económicas o
climáticas. En este caso, en épocas de nomadismo, esos grupos intercambiaban
la carne de sus manadas por cereales con las ricas ciudades cananeas del
litoral. Pero cuando éstas eran víctimas de invasiones, crisis económicas o
sequías, esos pastores se veían forzados a procurarse los granos necesarios
para su subsistencia y se instalaban a cultivar en las colinas. Ese proceso
es el opuesto al que relata la Biblia: la emergencia de Israel fue el
resultado, no la causa, del derrumbe de la cultura cananea.
-Pero entonces, si esos primeros israelitas eran también originarios de
Canaán, ¿cómo identificarlos?
-Los pueblos disponen de todo tipo de medios para afirmar su etnicidad: la
lengua, la religión, la indumentaria, los ritos funerarios, los tabúes
alimentarios. En este caso, la cultura material no propone ningún indicio
revelador en cuanto a dialectos, ritos religiosos, formas de vestirse o de
enterrar a los muertos. Hay un detalle muy interesante sobre sus costumbres
alimentarias: nunca, en ningún poblado israelita, fueron exhumados huesos de
cerdo. En esa época, los primeros israelitas eran el único pueblo de esa
región que no comía cerdo.
-¿Cuál es la razón?
-No lo sabemos. Quizá los protoisraelitas dejaron de comer cerdo porque sus
adversarios lo hacían en profusión y ellos querían ser diferentes. El
monoteísmo, los relatos del Exodo y la alianza establecida por los hebreos
con Dios hicieron su aparición mucho más tarde en la historia, 500 años
después. Cuando los judíos actuales observan esa prohibición, no hacen más
que perpetuar la práctica más antigua de la cultura de su pueblo verificada
por la arqueología.
-En el siglo X a.C. las tribus de Israel formaron una monarquía unificada
-el reino de Judá- bajo la égida del rey David. David y su hijo, Salomón,
servirán de modelo a las monarquías de Occidente. ¿Tampoco ellos fueron lo
que siempre se creyó?
-Tampoco en este caso la arqueología ha sido capaz de encontrar pruebas del
imperio que nos legó la Biblia: ni en los archivos egipcios ni en el
subsuelo palestino. David, sucesor del primer rey, Saúl, probablemente
existió entre 1010 y 970 a.C. Una única estela encontrada en el santuario de
Tel Dan, en el norte de Palestina, menciona "la casa de David". Pero nada
prueba que se haya tratado del conquistador que evocan las Escrituras, capaz
de derrotar a Goliat. Es improbable que David haya sido capaz de conquistas
militares a más de un día de marcha de Judá. La Jerusalén de entonces,
escogida por el soberano como su capital, era un pequeño poblado, rodeado de
aldeas poco habitadas. ¿Dónde el más carismático de los reyes hubiera podido
reclutar los soldados y reunir el armamento necesarios para conquistar y
conservar un imperio que se extendía desde el Mar Rojo, al Sur, hasta Siria,
al Norte? Salomón, constructor del Templo y del palacio de Samaria,
probablemente tampoco haya sido el personaje glorioso que nos legó la
Biblia.
-¿Y de dónde salieron sus fabulosos establos para 400.000 caballos, cuyos
vestigios sí se han encontrado?
-Fueron criaderos instalados en el Sur por el reino de Israel varios
decenios más tarde. A la muerte de Salomón, alrededor del 933 a.C., las
tribus del norte de Palestina se separaron del reino unificado de Judá y
constituyeron el reino de Israel. Un reino que, contrariamente a lo que
afirma la Biblia, se desarrolló rápido, económica y políticamente. Los
textos sagrados nos describen las tribus del Norte como bandas de fracasados
y pusilánimes, inclinados al pecado y a la idolatría. Sin embargo, la
arqueología nos da buenas razones para creer que, de las dos entidades
existentes, la meridional (Judá) fue siempre más pobre, menos poblada, más
rústica y menos influyente. Hasta el día en que alcanzó una prosperidad
espectacular. Esto se produjo después de la caída del reino nórdico de
Israel, ocupado por el poderoso imperio asirio, que no sólo deportó hacia
Babilonia a los israelitas, sino que además instaló a su propia gente en
esas fértiles tierras.
-¿Fue, entonces, durante el reino de Josías en Judá cuando surgió la idea
de ese texto que se transformaría en fundamento de nuestra civilización
occidental y origen del monoteísmo?
-Hacia fines del siglo VII a.C. hubo en Judá un fermento espiritual sin
precedente y una intensa agitación política. Una coalición heteróclita de
funcionarios de la corte sería responsable de la confección de una saga
épica compuesta por una colección de relatos históricos, recuerdos,
leyendas, cuentos populares, anécdotas, predicciones y poemas antiguos. Esa
obra maestra de la literatura -mitad composición original, mitad adaptación
de versiones anteriores- pasó por ajustes y mejoras antes de servir de
fundamento espiritual a los descendientes del pueblo de Judá y a
innumerables comunidades en todo el mundo.
-El núcleo del Pentateuco fue concebido, entonces, quince siglos después
de lo que creíamos. ¿Sólo por razones políticas? ¿Con el fin de unificar los
dos reinos israelitas?
-El objetivo fue religioso. Los dirigentes de Jerusalén lanzaron un anatema
contra la más mínima expresión de veneración de deidades extranjeras,
acusadas de ser el origen de los infortunios que padecía el pueblo judío.
Pusieron en marcha una campaña de purificación religiosa, ordenando la
destrucción de los santuarios locales. A partir de ese momento, el templo
que dominaba Jerusalén debía ser reconocido como único sitio de culto
legítimo por el conjunto del pueblo de Israel. El monoteísmo moderno nació
de esa innovación.