Según un prestigioso investigador israelí, grupos radicales judíos bebían sangre de niños católicos en la Edad Media
El catedrático israelí Ariel Toaff, autor del libro Pasque di Sangue (Pascua
de sangre), declaró que, según sostiene en esa obra sobre comunidades judías
del Medioevo, tienen fundamento algunos libelos de esa época que acusaban a
los hebreos de emplear sangre de niños cristianos en sus rituales.
El libro, recientemente aparecido en Italia, ha levantado ampollas en Israel,
y la Universidad de Bar Ilán, de la que es profesor, expresó ayer sus "más
enérgica reserva" en relación con la investigación de Toaff.
"Yo no renunciaré a mi devoción por la verdad ni a la libertad académica
aunque el mundo me crucifique", dijo el investigador en declaraciones
recogidas por el diario israelí Haaretz. En su libro, Toaff sostiene que
en la Edad Media extremistas judíos de las comunidades de Europa oriental (ashkenazíes)
se habrían valido de la sangre, según acusaciones cristianas de la época,
incluso reducida a polvo y empleada como medicina.
El libelo más conocido de aquella época, precisamente, es el de al llegar la semana de Pésaj (Pascua), los judíos mataban a un niño cristiano y bebían su sangre como si fuese el vino con el cual celebran la liberación de la esclavitud en el Egipto faraónico.
Toaff, hijo del ex Gran Rabino de Roma, Elio Toaff, dijo que "traté de mostrar
que el mundo judío del Medioevo fue también violento, entre otros motivos en
reacción a la violencia de los cristianos" que los perseguían por ser "el
pueblo deicida".
El mundo judío del Medioevo fue también violento, entre otros motivos en
reacción a la violencia de los cristianos
"No quiero decir con ello que el judaísmo permita el asesinato, pero entre los
ashkenazíes hubo grupos radicales que pudieron haber cometido tales actos",
agregó.
Estudio de documentos históricos
El investigador declaró que llegó a esa conclusión después de estudiar
testimonios de un juicio del año 1475 por el asesinato de un niño cristiano,
Simón de Trento, documentos que fueron considerados falsos durante mucho
tiempo.
"Encontré declaraciones y parte de testimonios que no correspondían a la
cultura cristiana de los jueces, y estos no hubieran podido inventar o agregar
a lo que eran textos que aparecen en plegarias conocidas del libro judío de
oraciones", indicó. "A lo largo de decenas de páginas probé el papel
central de la sangre en Pascua", dijo Toaff.
Basado en "muchos sermones, concluí que esa sangre era empleada, especialmente
por judíos ashkenazíes, y que existía la creencias en los poderes curativos de
la sangre de los niños", manifestó el investigador.
El judaísmo no permite el asesinato, pero hubo grupos radicales que pudieron
haberlos cometido
En uno de los testimonios del juicio de Trento, "se menciona a un buhonero,
Asher, que comerciaba con azúcar y sangre, procedente de Venecia", relató
Toaff. "Fui a los archivos de Venecia y encontré que hubo un buhonero
que comerciaba con azúcar y sangre, productos básicos de la farmacia en aquel
período", añadió. Aunque los judíos tienen prohibido consumir sangre humana o
de animales, Toaff sostiene que encontró pruebas de un permiso rabínico para
el uso de sangre, incluso de origen humano. "Los rabinos lo permitieron
pues se trataba de sangre ya seca", precisó.
Con todo, señaló, no existen pruebas de asesinatos pero sí de odio y de
oraciones contra los cristianos incitando a una cruel venganza contra ellos
por las persecuciones. Toaff, que tiene previsto regresar a Israel desde
Italia, protestó por ser acusado de "llevar agua a los molinos de los
antisemitas" con sus revelaciones.
El hijo del Gran Rabino de Roma Elio Toaff, que se abrazara con Juan Pablo II
y lo invitara a la sinagoga reconoce en un libro la matanza ritual de
cristianos por parte de los judios para confeccionar pan ácimo.
Se trata de la primera vez que judios reconocen la existencia de estos
rituales. En ellos murieron muchos niños católicos. La iglesia lo condenó
siempre. Es tan grave el tema que inmediatamente y temiendo represalias (no se
de quien) la universidad Israeli de Bar Ilan rechazaba las apreciaciones de
Ariel Toaff.
Hasta ahora este tipo de historias formaban parte de la literatura antisemita, y
ningún investigador judío se había atrevisdo a respaldadas como ciertas. "El profesor Ariel Toaff
es uno de los investigadores más importantes de Israel y del mundo en el tema
de judaísmo medieval y judaísmo italiano [...] la Universidad Bar Ilán
defiende la libertad académica como piedra angular de su actividad
investigadora”, dice un comunicado del centro.
“Sin embargo -agrega- la Universidad ha condenado y condenará siempre
cualquier intento de justificar cualquier tipo de ‘libelo de sangre’ contra
los judíos”. El “libelo de sangre” hace alusión a que los judíos solían matar
a niños cristianos para emplear su sangre en rituales religiosos, y el de la
Pascua habla de que la sangre era usada para la elaboración del pan ácimo -una
suerte de galletas sin levadura- y el vino.
La propia Iglesia Católica, en la década de los sesenta del siglo XX, erradicó
de sus creencias estas historias por considerarlas falsas y sin fundamento
histórico. Esta es una demostración mas de como actuaron los herejes
modernistas y judaizantes con el arma del Concilio Vaticano II.
Pero Toaff escribe en su libro, aparecido en Italia hace unos días, que un
grupúsculo de judíos fanáticos sí llevaron a cabo ese ritual, a pesar de los
insistentes desmentidos de las autoridades religiosas judías, que recuerdan
que el consumo de sangre está terminantemente prohibido, y no sólo de humanos,
sino también de animales.
La delgada línea roja
Ariel Toaff retiró de circulación su libro ''Pascua de sangre'' ante las
acusaciones de antisemitismo. La construcción del relato histórico. Y los
límites de la libertad de expresión.
La historia ha sido siempre un material volátil, altamente explosivo. La
investigación del pasado implica un alto riesgo cuando se abordan ciertas
cuestiones relativas a los avatares y tragedias de los judíos, y no sólo las
ocurridas en tiempos recientes. Ariel Toaff, profesor universitario en Tel
Aviv, publicó en Italia a principios de mes un ensayo titulado Pascua de
sangre, en el que aventuraba la hipótesis de que algunas comunidades judías
podían haber realizado, en el medioevo, crímenes rituales con víctimas
cristianas. Esa hipótesis daba fundamento a una de las principales fuentes del
antisemitismo. Una furibunda reacción contra Pascua de sangre ha obligado a
Toaff a retirar el libro del mercado, convirtiéndolo en una pieza buscadísima.
El caso de Toaff plantea, por enésima vez, un viejo dilema, ya muy debatido en
lo que concierne al negacionismo, es decir, a la tesis de que el pueblo judío
no sufrió un genocidio planificado durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Hay que poner
límites a la libertad de investigación y de expresión cuando existe peligro de
fomentar el antisemitismo? Entre censura y difusión de ideas aberrantes, ¿cuál
de los dos males es menor? Lo ocurrido con Pascua de sangre contiene matices
específicos, ya que se trataba de un ensayo académico dirigido a otros
académicos y publicado por una editorial, Mulino, nada sospechosa de
sensacionalismo. La tirada inicial fue de 3.000 ejemplares. El director
editorial, Ugo Berti, contaba con que las tesis formuladas por Toaff
"dispararan" las ventas hasta 10.000. Cifras modestas, limitadas a un público
especializado.
En la presentación de la obra, Ariel Toaff, hijo de un rabino italiano y
profesor en la Universidad Bar Ilan de Tel Aviv, reconoció que algunos pasajes
eran delicados y potencialmente polémicos, y se declaró dispuesto a asumir
cualquier crítica dentro del círculo al que se dirigía, el académico. Para
entonces, una prepublicación en el Corriere della Sera había hecho estallar ya
un escándalo que desbordaba los límites universitarios.
El antisemitismo medieval tenía un origen religioso, fomentado desde los
púlpitos católicos: los judíos eran reos de asesinar a Jesús y merecían todos
los castigos. Pero se robusteció y se imbricó en el tronco de la cultura
europea gracias al mito de los "sacrificios rituales". Circulaban con
abundancia las historias sobre judíos que raptaban niños cristianos para
asesinarles y beber su sangre, en una parodia perversa de la eucaristía. Miles
de judíos fueron ejecutados, tras un proceso ante tribunales escasamente
garantistas, o asesinados en pogromos a raíz de esos mitos. ¿Qué hizo Toaff?
Examinó numerosas actas procesuales de juicios del medioevo y cruzó su
contenido con ciertas tradiciones judías sobre el poder salvífico de la
sangre. Concluyó, apoyándose en la reiteración de coincidencias, que algunas
comunidades judías askenazis podían haber cometido, entre los siglos XII y XV,
alguno de los crímenes rituales de los que eran acusadas. Esos casos, pocos,
se habrían amplificado hasta cuajar en paranoia social y en un antisemitismo
extendido e invencible.
La mayoría de los medievalistas italianos (y el propio padre de Toaff)
rechazaron las conclusiones de Pascua de sangre y condenaron el método
utilizado por el historiador. Especialistas como Anna Esposito y Diego
Quaglioni, en un artículo en el Corriere della Sera, y Paolo Pezzino, en un
debate de la Sociedad Italiana de Historia Contemporánea, acusaron a Toaff de
utilizar una lectura "precrítica" de las actas judiciales, tomándolas al pie
de la letra, sin contar con los prejuicios de sus redactores. Otro
especialista, Adriano Prosperi, se mostró escandalizado en un artículo en La
Repubblica, refiriéndose a "la increíble minusvaloración de la tortura, un
método capaz de hacer confesar cualquier cosa a cualquier persona". Al final,
todas las críticas confluían en un mismo punto: Ariel Toaff había leído los
documentos de los juicios como lo habría hecho un cura rural del siglo XVI,
sin tener en cuenta que no necesariamente reflejaban la verdad, sino lo que
los tribunales religiosos querían que reflejaran.
El pasado día 13, Ariel Toaff pidió a la editorial Mulino que interrumpiera la
distribución y retirara el libro de las pocas librerías que lo habían
recibido, para repasar algunos pasajes y reescribirlos. Pascuas de sangre, que
no llegó siquiera a las bibliotecas públicas, se ha convertido en una joya
para bibliófilos, curiosos y, obviamente, grupos antisemitas. En e-Bay, firma
de subastas por internet, se vendió un ejemplar por 300 euros. La cotización
sube diariamente