NOAM CHOMSKY Y EL REVISIONISMO
Un sin fin de injurias y calumnias son proferidas a Avram Noam Chomsky, por dedicarse a la ardua tarea de la defensa de los derechos de libertad de expresión y la búsqueda de la verdad. Todo el mundo sabe quién es Noam Chomsky, por sus habilidades como lingüista y por su filosofía de izquierda. Hoy es profesor en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, según sus siglas en inglés) y es autor de numerosos libros, de gran influencia, sobre la naturaleza del lenguaje. Su obra es respetada por los estudiosos y admirada por el público general. Sería difícil encontrar un personaje de mayor prestigio, no ya en los Estados Unidos, sino en todo el panorama académico internacional. Su fama se debe principalmente a su implicación en los movimientos en contra de la guerra de Vietnam, a finales de los 60 y principios de los 70. En la década que transcurrió entre 1966 y 1975, el New York Times lo mencionó un total de 98 veces, de las cuales, 82 se debieron a su actividad política y el resto a su trabajo profesional. Sin embargo, cuando mira con incredulidad las consignas de odio que los exterminacionistas llaman argumentos, Chomsky es un pobre y confundido nazi antisemita.
El célebre lingüista del Instituto Tecnológico de Massachussets, Avram Noam Chomsky, nacido en Philadelphia en 1928, emblemático izquierdista, ha reivindicado la tarea de la revisión histórica, para sorpresa de muchos, dejando ya en claro que la mentira no podrá permanecer en pie durante mucho tiempo. Personajes de la envergadura de Chomsky lo han demostrado con su militancia por la verdad y los derechos universales que la infamia ha mancillado constantemente.
Independientemente de sus inclinaciones políticas, valoramos la profesionalidad y prestigio del profuso intelectual, que deja en evidencia cuan perverso es el rótulo de neonazi con que se pretende difamar a los que investigan los hechos y ponen al descubierto el fraude, o simplemente expresan sus dudas ante algo tan improbable a simple vista y tan falso a la luz de los hechos.
Fue Noam Chomsky quién, el 1 de enero de 1990, escribió, respondiendo a un artículo del periodista del NY Times, A.M. Rosenthal, en “Mentiras de nuestro tiempo”: "Podríamos preguntarnos cómo reaccionarían los judíos si los árabes afirmaran que no se merecen una ‘segunda patria’ (Rosenthal se refería a Jordania como estado palestino) porque ya poseen Nueva York, con una población judía enorme, medios de comunicación que tienen controlados, un alcalde judío y el dominio de la vida cultural y económica".
Fue Noam Chomsky quién encabezó la petición en la cual se lee en uno de sus párrafos: “Desde que comenzó a hacer públicos sus hallazgos, el doctor Faurisson ha sido objeto de una cruel campaña de acoso, intimidación, difamación y agresiones físicas, en un bárbaro intento de hacerle callar. Las autoridades, temerosas, han tratado incluso de impedir su trabajo, prohibiéndole el acceso a bibliotecas y archivos públicos”.
Toda la propaganda holocaustica que se empeña en adjetivaciones furibundas con el sólo objeto de denigrar, en lugar de fundamentar las patrañas que sostienen a malabares, cae en picado al encontrarse con que cada vez son más las figuras destacadas que reconocen hechos tan evidentes, pero muy bien disfrazados.
Se lo acusa a Chomsky, hijo del célebre erudito hebreo William Zev Chomsky, de ser antisemita y neonazi, nada más ridículo. Militante de izquierda y judío, las infamias con que la prensa canalla lo inviste son más bien elucubraciones infantiles. Acusaciones de este tipo demuestran la irracionalidad de la lógica inquisitiva de los holocaustófilos.
Se acusa de nazistas a los editores de “La Vieille Taupe” (El Viejo Topo, en francés. El nombre es una alusión a Marx, quien tomó la idea de Shakespeare, cuando se regocijaba por lo que él creía que era la presencia subterránea de la revolución), tan sólo por publicar artículos de Faurisson y Chomsky.
De la estrategia de malversar los hechos con acusaciones infundadas nadie se salva. El dogma del holocausto permite encubrir todas las fechorías que existen. Tal es así que hasta los mismos judíos no logran eludir el rótulo de antisemita o de nazi. La incoherencia sobresale de los argumentos y se desplaza a clasificar a la disidencia del statu quo, irreal como insostenible, bajo las palabras acostumbradas de criminal, nazi, etc. Se acusa al judío Israel Shahak de ser el más conspicuo antisemita. Las risas son inevitables. Para ganarse el título de racista, intolerante y demás, le bastó criticar las escrituras talmúdicas y las practicas del judaísmo ortodoxo, que considera ofensivas a los no judíos y a todas las religiones no mosaicas, además de malvadas y criminales.
Al respecto, Noam Chomsky escribió, para el libro “Jewish History, Jewish Religion” (Historia Judía, Religión Judía); London and Boulder, Colorado, 1994: "Shahak es un investigador sobresaliente, dotado de una perspicacia y profundidad de conocimientos notables. Su trabajo está muy documentado y resulta penetrante. Es una contribución de gran valor".
Según la lógica dogmática de la inquisición holocaustófila, el celebre anarquista judío Cohn-Bendit sería un nazi por afirmar lo siguiente: "Luchemos para que se destruyan esas cámaras de gas que se enseñan a los turistas en los campos, cuando ahora ya se sabe que en realidad no las hubo" ("Liberation", marzo de 1979).
En palabras de Chomsky: “(…) No veo implicaciones antisemitas en el hecho de negar la existencia de las cámaras de gas o incluso en el de negar el Holocausto. Ni tampoco es una implicación antisemita, per se, decir que se está aprovechando el Holocausto (crea uno que ocurrió o no) de forma agresiva, por parte de apologistas de la violencia y la represión israelíes (…)”.(respuesta de Chomsky a Rubinstein, 1981).
Chomsky ha escrito numerosos artículos que han obrado en favor del revisionismo. Nadie puede negar la relevancia internacional del profesor del MIT, uno de los referentes intelectuales más destacados de los últimos tiempos. Chomsky ha apoyado, por más que a muchos les pese, la labor revisionista de Robert Faurisson, antiguo profesor de la Universidad de Lyon, a quién se lo acusa de chiflado lleno de odio, demostrando al mundo su compromiso por la verdad. Notable es la lucha heroica de Avram Chomsky contra el sionismo, que lo hacen merecedor del más duro rechazo por parte del oficialismo farsante. En Francia, verbigracia, el circo de la inquisición es protagonizado por el diario “Le Monde”.
“(…) No veo ni un indicio de antisemitismo en el trabajo de Faurisson (…)” (respuesta de Chomsky a Rubinstein, 1981).
Chomsky también ha unido esfuerzos con el Instituto de Revisión Histórica (IHR, según las siglas en inglés). Colaboró en varias ocasiones con “Noontide Press”, sello editorial del Instituto. Algunos de sus trabajos fueron “The Fateful Triangle” (El Triángulo Fatídico), “Necessary Illusions” (Ilusiones Necesarias), “Pirates and Emperors” (Piratas y Emperadores). Además ha participado en "Common Courage Press", en Maine y la "Black Rose Books" en Canadá.
Según el IHR, el profesor “arroja luz como ningún otro, sobre Israel, el Sionismo y la complicidad estadounidense” (catálogo del NP).
De las más variadas tendencias ideológicas, los hombres se unen a favor de los hechos y la libre difusión de los mismos. Así tenemos el enclave por el revisionismo Faurisson-Chomsky, ambos de tendencias ideológicas muy distanciadas, pero firmes y unidos en el deber de la verdad y la tolerancia.
El sionismo hiere vilmente a quiénes instan a las personas imparciales de los países libres a mantener una mentalidad abierta cuando se enfrentan a razonamientos que desafían lo que se acepta comúnmente.
"Todas las negaciones de la libertad de expresión minan la sociedad democrática" (Chomsky, Noam, 1986, Journal of Historical Review, volumen 7, número 1, primavera, pp. 123-127).
Noam Chomsky: un intelectual judío y su relación con el revisionismo
En el mundo entero se oculta la relación de respeto y amistad que Chomsky tiene
con los historiadores revisionistas que han puesto en duda las teorías
exterminacionistas, las cuales pretenden hacer creer que existió un "holocausto"
bajo el cual el régimen nacionalsocialista alemán habría matado, durante la
segunda guerra mundial, a 6000000 (sic) de personas de origen judío en unas
"cámaras de gas" que habrían sido “diseñadas para tal fin”.
La razón para ocultar el compañerismo entre Chomsky y estos investigadores y
expertos, radica en evitar que la ciudadanía occidental se entere de que un
intelectual de primera categoría patrocina, acompaña, financia y hasta escribe
prólogos a libros de autores que buscan rebatir la historia de los vencedores.
Es solo en Francia, que el diario Le Monde y otras publicaciones escriben
regularmente acerca de la relación que el profesor Chomsky mantiene con el
historiador revisionista Robert Faurisson, pero en el resto del mundo esta es
información excepcional, cuando no inexistente.
La información que se brinda a continuación está tomada por completo de uno de
los artículos de liberalismo.org donde puede encontrarse una serie de textos
escritos por Werner Cohn y David Horowitz, bajo títulos tan objetivos como "La
mente enferma de Noam Chomsky". Se recomienda leer los textos originales y
reparar en la parcial forma de brindar la información que usan esas personas,
así como el inmenso arsenal de adjetivos innesarios que coleccionan para
regalarle a todo aquel que no piense como ellos.
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Basado en el artículo: “Compañeros en el odio: Noam Chomsky y los negadores de
Holocausto”
Por Werner Cohn
http://www.liberalismo.org/articulo/47/14/7/
Todo el mundo sabe quién es Noam Chomsky, profesor del Massachussets Institute
of Technology, por sus habilidades como lingüista y por su filosofía de
izquierdas. Avram Noam Chomsky nació en Philadelphia en 1928. Es hijo del
célebre intelectual hebreo William Zev Chomsky y fue educado en la doctrina
progresista que emanaba del medio ambiente paterno. Más tarde, al parecer debido
a su excepcional brillantez, obtuvo su licenciatura e incluso el doctorado en
lingüística. Hoy es profesor en el MIT y autor de numerosos libros, de gran
influencia, sobre la naturaleza del lenguaje. Su obra es respetada por los
estudiosos y admirada por el público general. Sería difícil encontrar un
personaje de mayor prestigio, no ya en los Estados Unidos, sino en todo el
panorama académico internacional.
Basándonos en el trato que siempre le ha dispensado la prensa, podemos decir que
su fama se debe principalmente a su implicación en los movimientos en contra de
la guerra de Vietnam, a finales de los 60 y principios de los 70. En la década
que transcurrió entre 1966 y 1975, el New York Times le mencionó un total de 98
veces, de las cuales, 82 se debieron a su actividad política y el resto a su
trabajo profesional.
Robert Faurisson representa uno de los vínculos más importantes de Chomsky. Es
un antiguo Catedrático de Literatura de la Universidad de Lyon e Historiador
Revisionista y asegura que está orgulloso de que sus escritos sean distribuidos
tanto por los activistas de izquierda como por los de derecha. Para Faurisson,
sin embargo, es mucho más importante La Vieille Taupe ("El Viejo Topo" en
alusión a Marx), un grupo de izquierda que, entre otras cosas, publica material
de Faurisson. Ellos son los que más relación tienen con Chomsky, quien junto a
Faurisson ha logrado unir a grupos de izquierda y derecha para elaborar
proyectos en común, por ejemplo la revista "Annales d’Histoire Révisionniste".
El trabajo de Faurisson se puede resumir así:
“Las supuestas cámaras de gas de Hitler y el supuesto genocidio de judíos forman
parte de la misma mentira histórica, que ha abierto el camino a una gigantesca
estafa político-financiera cuyos principales beneficiarios son el Estado de
Israel y el Sionismo internacional y cuyas principales víctimas son el pueblo
alemán (pero no sus líderes) y el pueblo palestino.”
Faurisson y los revisionistas, en palabras de Werner Cohn (uno de sus enemigos
sionistas y liberales) "Instan a las personas imparciales de los países libres a
mantener una mentalidad abierta cuando se enfrenten a razonamientos que desafíen
lo que se acepta comúnmente" A pesar de que este judío liberal tilda a Faurisson
de "antisemita" a su vez afirma que se ha unido a varios judíos además de
Chomsky.
La relación entre Chomsky y la editorial de Faurisson, La Vieille Taupe (de aquí
en adelante, "VT"), está documentada gracias a dos ensayos verdaderamente
reveladores que se redactaron en 1986. El primero, y con diferencia el más
extenso, es una narración del director de VT, Pierre Guillaume. El segundo, es
un comentario del propio Chomsky sobre dicho relato. Los dos documentos, juntos,
llevan a conclusiones que seguramente molestarían bastante a los defensores de
la historia oficial, la de los vencedores.
Guillaume comienza diciendo que otro de los miembros de VT, Serge Thion, le
presentó a Chomsky en 1979. En este encuentro, el francés mencionó a Faurisson,
quien estaba empezando a tener ciertos problemas con la ley. Entonces, dice
Guillaume, algunos meses más tarde, en los que no había vuelto a saber del
profesor, éste firmó y promovió la siguiente petición (reproducida por Guillaume
en inglés):
"El doctor Robert Faurisson ha sido un respetable profesor de literatura
francesa del siglo XX y de crítica literaria en la Universidad de Lyon-2 durante
cuarenta años. Desde 1974 ha venido estudiando minuciosamente el tema del
Holocausto.
Desde que comenzó a hacer públicos sus hallazgos, el doctor Faurisson ha sido
objeto de una cruel campaña de acoso, intimidación, difamación y agresiones
físicas, en un bárbaro intento de hacerle callar. Las autoridades, temerosas,
han tratado incluso de impedir su trabajo, prohibiéndole el acceso a bibliotecas
y archivos públicos.
Protestamos enérgicamente contra esta privación del derecho a la libertad de
expresión del doctor Faurisson y condenamos la vergonzosa campaña que se ha
organizado para silenciarle.
Apoyamos rotundamente el legítimo derecho de la libertad académica del doctor
Faurisson y exigimos que las autoridades del gobierno y de la universidad hagan
lo posible para garantizar su seguridad y el libre ejercicio de sus derechos
civiles".
La publicación de esta petición en los periódicos franceses, fue encabezada con
el nombre de Chomsky y Alfred Lilienthal, otro judío de renombre, también
figuraba entre los firmantes. Es interesante que la petición firmada por Chomsky
y otros reconocidos intelectuales de distintas tiendas políticas hable de los
"hallazgos" de Faurisson y lo describa como "un respetable profesor de
literatura francesa del siglo XX y de crítica literaria".
Originalmente la petición fue redactada por el Prof. Marx Weber, antiguo
profesor de Alemán en Estados Unidos e historiador revisionista. La petición
contribuyó de forma decisiva a conseguir que el revisionismo se ganara la
aceptación de los franceses.
Guillaume nos cuenta que Chomsky ha sido de mucha ayuda en otros aspectos para
el movimiento de VT. En un tiempo en el que éste sufría la marginación de todos
y cuando el profesor podía haber publicado la versión en francés de su Political
Economy of Human Rights (Economía política de los Derechos Humanos) mediante una
editorial comercial, permaneció al lado de sus amigos de VT y publicó el libro a
través de ellos. El propio Guillaume reconoce que habría entendido que el
profesor hubiera guardado las distancias con VT en público. Pero no: demostró su
firmeza.
Después de que se publicara la petición, cuenta Guillaume, Chomsky compartió con
él las muchas cartas de protesta que recibió. Le comentó que el principio de
libertad de expresión estaba amenazado por dichas cartas y que deseaba
responderlas en público. Para ello, el profesor redactó un texto de
aproximadamente 2.500 palabras, titulado en francés Quelques commentaires
élémentaires sur le droit à la liberté d'_expression (Varios comentarios
elementales acerca del derecho a la libertad de expresión), en el que declaraba
que todo el mundo debe tener el derecho a la libertad de expresión y que
Faurisson no era ni fascista ni antisemita. Al contrario: según Chomsky, a
Faurisson se le podría describir mejor como "una especie de progresista
apolítico". El mencionado texto se conoció más tarde como "El Prefacio de
Chomsky", puesto que formó parte de un libro de Faurisson, con el aval de
Chomsky.
Guillaume nos ha contado lo buen compañero político que Chomsky ha sido para él,
cómo sacrificó sus propios intereses en favor de sus principios políticos,
publicando uno de sus libros con VT, en vez de con alguna editorial comercial, y
que cuando se opone a Faurisson "siempre ha sugerido, con una palabra o una
frase, que (...) es más una cuestión de opiniones que de criterio científico" y
ahora, habiendo visto todo esto, Guillaume dice que se lo envió todo a Chomsky
por si quería corregirlo o si no estaba de acuerdo con algo. O sea, que el
profesor tuvo la oportunidad de contar su versión, si hubiera sido diferente de
la de Guillaume.
El profesor no se limitó a publicar su Political Economy of Human Rights a
través de la organización de Guillaume. Además, le dedicó un escrito, bajo el
título de Réponses Inédites, donde figura el nombre de Chomsky como autor y las
iniciales de Guillaume, "P.G.", como editor. El propio Guillaume contó que el
profesor revisó personalmente todas las traducciones de sus textos, del inglés
al francés.
También el judío australiano Bill Rubinstein asegura que supo por primera vez
del vínculo entre Chomsky y Faurisson cuando un compatriota suyo, admirador de
Faurisson, mostró, orgulloso, correspondencia en la que Chomsky proporcionaba
información y aconsejaba a su socio.
Es prácticamente imposible encontrar alguna publicación "revisionista" francesa,
ya sea a cargo de Guillaume, Thion, o del propio Faurisson, que no contenga la
obligada referencia al patrocinio de Chomsky.
La Vieille Taupe y otras editoriales como Spartacus, Éditions de la Différence,
etc, producen numerosos artículos por y sobre Faurisson. Además, han publicado
textos del revisionista de izquierda Paul Rassinier (ex-internado en los campos
de concentración y torturado por los nazis) y el célebre The Myth of Auschwitz
(El Mito de Auschwitz), del alemán Wilhelm Stäglich.
Chomsky denuncia, cuando dice que "se está demonizando a VT y a Faurisson." otra
de las artimañas que el sionismo utiliza siempre que no encuentra argumentos
para sostener sus historias de brujas, fantasmas y millones de asesinados en
cámaras de gas: la demonización del enemigo. Por eso nunca puede faltar la vieja
acusación de "nazis" y "antisemitas", pero Chomsky en su famoso Preface dice que
Faurisson es progresista y que Serge Thion es un "intelectual socialdemócrata
liberal".
Chomsky explica: "No veo implicaciones antisemitas en el hecho de negar la
existencia de las cámaras de gas o incluso en el de negar el Holocausto. Ni
tampoco es una implicación antisemita, per se, decir que se está aprovechando el
Holocausto (crea uno que ocurrió o no) de forma agresiva, por parte de
apologistas de la violencia y la represión israelíes. No veo ni un indicio de
antisemitismo en el trabajo de Faurisson..."
Sin embargo, fuera de Francia se sigue intentando ocultar la relación de Chomsky
con los revisionistas. Ahora se ha publicado un libro de casi 500 páginas,
titulado The Chomsky Reader (El lector de Chomsky), en la editorial Pantheon y
bajo la dirección de James Peck Pretende "reunir por primera vez el pensamiento
político de los principales disidentes norteamericanos". La obra está muy bien
organizada. No contiene ninguna referencia a Faurisson, La Vielle Taupe,
Guillaume, el "revisionismo" o a cualquier otro asunto que pudiera dar al lector
el menor atisbo de las relaciones de Chomky con los revisionistas históricos. La
única mención que se hace a Thion es para explicar que se trata de un
intelectual marxista, pero ignora toda la parte revisionista.
Ampliación enviada por ns_uruguay@yahoo.com.ar