LA GRAN AMENAZA
por el prof. Wolfram
Los pasados días han visto en España el transcurrir de acontecimientos luctuosos y terribles, consecuencia de los cuales ha sido, en primer lugar, el espantoso e inhumano atentado en varios trenes y estaciones de cercanías de Madrid y que ha costado la vida a más de 200 personas y heridas, muchas de ellas muy graves, a cerca de dos millares. Desde aquí me solidarizo profundamente, y también todos los camaradas y amigos o simpatizantes de buena voluntad, con el dolor y la angustia de tantas y tantas familias rotas y deshechas, que aún no aciertan a comprender el por qué, sencillamente porque la maldad o los deseos de hacer daño en ciertos oscuros grupos de poder no conoce límites.
Con este brutal, salvaje, monstruoso Atentado se cumple, así, de forma trágica, el primer aniversario de la controvertida reunión de las islas Azores, entre los mandatarios de Estados Unidos, Gran Bretaña y España, en la que sentenciaron prácticamente la guerra que se iba a emprender contra la nación soberana de Irak.
Un mes antes a que se decidiera esa suerte de destino, el pueblo español respondió en masa a las movilizaciones decididas por colectivos y partidos políticos u organizaciones sociales varias y netamente diferenciadas; nosotros, igualmente, hicimos llamamiento a que no se emprendiese una guerra que juzgábamos a todas luces innecesaria e ilegítima, violando así el Derecho Internacional que prohíbe expresamente el uso de la fuerza contra la soberanía de un país. El que suscribe este artículo realizó también esos llamamientos desde la página del Círculo de Estudios Indoeuropeos, que amablemente tuvo a bien poner en su Editorial de entonces aquella denuncia pública contra la guerra injusta de Irak. De aquellos vientos se cosechan estas tempestades, dice el viejo refrán.
No sólo las justificaciones para proceder al derribo del régimen imperante iraquí se demostraron que no estaban basadas en pruebas materiales tangibles, sino que con la invasión y la ocupación de Irak, de su pueblo y de sus riquezas naturales, se nos mostraba a ojos de los árabes como unos depredadores y unos aliados incuestionables de la política de Washington, a costa incluso de romper la unidad y el consenso europeo, como luego se demostró. No sólo eso, sino que el gobernante saliente se atrevió incluso a alardear de esa Alianza estratégica, hiriendo la sensibilidad de otras naciones (como Francia o Alemania) y, por supuesto, contribuyendo a la humillación de los iraquíes que veían como eran considerados terroristas en su propia nación conquistada y ocupada por fuerzas extranjeras. En un mes de guerra se echaron muchas más toneladas de bombas allí que en la guerra de Corea, que duró varios años. La población civil iraquí sufrió como nunca, las infraestructuras quedaron completamente arrasadas, y todo eso para nada... pues aún no se dan explicaciones satisfactorias del por qué. Los mandatarios reunidos en las Azores, el famoso "trío" había mentido a la opinión pública mundial.
No hubo armas de destrucción masiva, las armas las están produciendo otros países, pero no Irak, sometido a un embargo internacional por resolución de naciones Unidas a raíz de la ocupación de Kuwait (1990).
Aznar nunca midió las consecuencias y el alcance de la gravedad de la situación política exterior en la que había involucrado lo mejor de España, sus tropas y también su población civil, haciéndolas blanco del fundamentalismo integrista islámico. El régimen de Saddam Hussein, y no es baladí recordarlo ahora, fue tradicionalmente el más pro occidental y el más laico de todos los regímenes de la zona; por definición, era anti-integrista, y sirvió muy bien a los intereses occidentales cuando se recurrió a la necesidad de crear un muro de contención para frenar la acometida de los milicianos chiítas de Irán, armando entonces al régimen de Saddam Husein con sus famosas armas químicas, armas que empleó indiscriminadamente para acabar con toda revuelta interior.
Con todo, con ser ese régimen algo odiado por sus represalias contra kurdos y chiíes, la invasión y ocupación del país no estuvo tampoco justificada. No vamos a responsabilizar al gobernante saliente del hecho trágico de los atentados del 11-M, pues los únicos culpables y los únicos que deberán responder serán los terroristas, con leyes duras, severas y que aseguren un íntegro cumplimiento de las penas, a ser posible la cadena perpetua por actos tan execrables.
Pero sí vamos a hacer hincapié en el hecho de que el gobierno saliente nunca preparó a la opinión pública española para conocer la verdad, la verdad cruda de que el precio político de la Alianza con Washington era que, a partir de entonces, España se situaba en el punto de mira, en la diana, del terrorismo de Al Qaeda. Intentaron ocultar esa verdad hasta el último momento, hasta el punto en que, en la era del internet o de la comunicación vía satélite, en que todos los medios extranjeros conmocionados por los atentados apuntaban ya a la pista de Al Qaeda, aún la televisión o la radio oficial acusaban directamente a la banda terrorista ETA. Fue por esa sucesión de mentiras y más mentiras por lo que el pueblo español decidió castigar a sus gobernantes, por su ineptitud en la gestión de la crisis abierta a raíz de los atentados, y por no preparar al país para lo que verdaderamente teníamos ya aquí: una guerra declarada y jurada por los terroristas islámicos que habían amenazado con atentados indiscriminados en nuestro propio territorio. La vanidad de los gobernantes, que ya se sentían como "Carlos V" al lado de los aviones o de la Navy norteamericana, les impidió otear el horizonte con amplias y responsables miras. Su obcecación en persistir en el "camino correcto", a pesar de las advertencias de nuestro mismo pueblo, y de legión de otros gobernantes y personas notables dentro y fuera de nuestras fronteras, nos ha conducido a este callejón oscuro de nuestra historia contemporánea, salpicado por sangre inocente.
Que el sacrificio de tantos y tantos españoles no haya sido en vano, y que los gobernantes aprendan humildad, sin bajar la guardia, porque el enemigo está ahí, y debemos estar preparados. Debemos estar y permanecer unidos ante los retos de una gran amenaza, que ataca y socava las bases de nuestra civilización.
Que los terroristas no vean tampoco en nuestro pueblo un signo de debilidad o temor. España luchó valientemente durante siglos frente a quienes nos odian desde que han nacido fuera de sus vientres, y seguirá luchando, porque una nación sólo es vencida cuando su propia voluntad hace que se deje vencer. Que nadie se llame a engaño. No porque España se retirase de Irak y porque dejemos de apoyar ahora a Washington, el terrorismo islámico dejará de golpear, porque intentará hacerlo cuando pueda y cuando nos vea descuidados y debilitados, atemorizados.
Aunque para muchos resulte paradójico, necesitamos a Washington, a Londres, necesitamos que toda la civilización occidental en esto una sus fuerzas contra la Gran Amenaza. Españoles, norteamericanos, británicos, alemanes, franceses, todos vamos en el mismo barco, no es cuestión ahora de abandonarlo.
Y no les demos justificación a esos terroristas, invadiendo u ocupando países, sino ayudando a los regímenes que pudiesen poner coto al fundamentalismo de Al Qaeda, como hiciera Irak durante años. Sólo pedimos que no bajemos la guardia, hagámonos fuertes en la adversidad.
Frente a quienes pretenden que esta gran nación y esta gran raza que es España desaparezca de nuevo, para convertirla en un nuevo Al Andalus, pero una pesadilla en comparación con la original Andalus, y con mulás Omar a la cabeza, despertemos de nuestro letargo y movilicemos las mejores energías de la nación. Es lo que el gobernante saliente no supo explicar suficientemente a la población española.
A partir del 11 M debemos aprender a desconfiar, y a exigir a los políticos que aprueben medidas de seguridad y de movilización que incluyan a toda la población militar y civil. Exigimos un control más riguroso y exhaustivo de la población inmigrante, sobre todo si procede del Norte de África u Oriente Medio. Y debemos dotar de medios policiales y legales necesarios para proceder a la expulsión inmediata de quienes no justifiquen su presencia en nuestro territorio por motivos laborales. La vigilancia policial y vecinal deberá extenderse a los lugares donde pudiera haber reunión de presuntos terroristas o miembros de Al Qaeda. Y así a un sinfín de actividades a las que los ciudadanos a partir de ahora deberán ejercitar, en cumplimiento del derecho a defenderse y también del derecho a la denuncia de actividades delictivas y terroristas, a la más mínima sospecha de que se están produciendo. Este fue el gran error de Aznar. La confianza en exceso. La manipulación informativa.
Aprendamos del pasado, y nunca nos confiemos, pues el enemigo está oculto "cercans quem devoret" (buscando a quien devorar).
16 de marzo de 2004.