Las zonas oscuras desde el 11 de marzo
La derrota del PP, duro golpe a los medios de información afines a José María Aznar
Mientras a las 22 horas la cadena Telecinco anunciaba que "el Partido Popular pierde el poder tras ocho
años en el gobierno", la cadena pública TVE interrumpió misteriosamente el escrutinio electoral y transmitió los resultados de los juegos de futbol. Al mismo tiempo, en multitud de teléfonos celulares comenzaron a circular mensajes como "¡Olé, Urdaci a Infojobs!", en referencia a Alfredo Urdaci, principal conductor de TVE, quien deberá poner su solicitud en la página cibernética de búsqueda de empleo. El comentarista se ha convertido en el símbolo de la alineación mediática en favor del derrotado PP.
Y es que para muchos españoles los resultados de esta jornada no sólo han significado un claro voto de castigo para los ocho años de gobierno del PP, sino un zapping político contra la desinformación de la principal cadena televisiva española, "que nos ha intoxicado con telebasura y aznarismos".
Todavía la noche previa a la jornada electoral, mientras más de 30 mil personas se manifestaban desde las 18 horas en la sede del Partido Popular y en las plazas de Atocha y del Sol para corear consignas contra la política exterior de Aznar y por el ocultamiento de las investigaciones de los atentados, TVE invisibilizó la protesta.
Su director general, José Antonio Sánchez, ordenó que sólo salieran a cuadro los integrantes del gobierno durante lo que denominó "día de duelo". Sin embargo, a las 21 horas privilegió la transmisión de la insólita declaración del candidato oficialista Mariano Rajoy, quien calificó de "ilegales" las manifestaciones en la sede del PP.
Estas movilizaciones fueron el resultado de la comunicación alternativa. A través de Internet, teléfonos celulares, volantes y pintadas que han inundado las calles y las estaciones del Metro de Madrid desde el 11 de marzo, un importante segmento de la opinión pública se ha rebelado contra las versiones oficiales y ha exhibido la falta de credibilidad en los medios masivos de información, quizá sólo con la excepción de la
cadena radiofónica SER - si bien esta influenciada por motivos políticos -,propiedad del grupo PRISA, el otro gran consorcio privado de medios, y ciertos programas informativos de Telecinco.
De hecho, uno de los gritos más festivos que se escucharon en la calle de Génova y en Plaza de Sol fue: "¡esto no sale en la primera!", en clara referencia a los informativos de TVE. Y frente a las cámaras de esta cadena coreaban: "¡televisión, manipulación!"
La política de control y desinformación del gobierno de Aznar se exhibió con toda claridad tras los atentados del pasado jueves. Al unísono, los medios oficialistas orientaron editorialmente sus noticiarios y comentarios para hacerse eco de la primera versión de que ETA causó las explosiones que provocaron 200 muertos y más de mil 400 heridos. Sólo hasta que cadenas internacionales como la BBC o CNN, de creciente influencia entre los televidentes de España, comenzaron a ventilar la posibilidad de que radicales islamitas fueron los responsables de los atentados, los medios electrónicos españoles moderaron su posición.
El Círculo de Corresponsales Extranjeros se quejó el sábado 13 de marzo por las presiones del gobierno de Aznar para orientarlos hacia la "pista de ETA". Desde el jueves por la tarde recibieron telefonazos de la Moncloa para gestionar esa versión. El periódico El País, en la columna La Defensa del Lector, publicada este domingo, reveló que José María Aznar se comunicó dos veces con el director del periódico, Jesús Ceberio, para insistir en la "línea ETA" en la versión de los atentados.
¿Qué viene ahora?, se preguntan distintos especialistas en medios en España. "Es necesario acabar con esta parcialidad escandalosa que ha dominado a los medios públicos, tanto con el PSOE como con el PP, así como garantizar un auténtico estatuto que defienda el derecho a la información plural y veraz", subraya un académico, quien agrega: "aquí todavía hace falta una institución como la BBC para evitar los excesos que cometió Aznar".
Los jefes policiales presionaron al gobierno Aznar indignados por las mentiras del gobierno
Los responsables policiales de la lucha antiterrorista expresaron en privado su malestar por la utilización política del atentado por parte del Gobierno. Desde el primer momento, el ministro del Interior, Ángel Acebes, ocultó los datos más significativos sobre las pistas policiales en relación con la autoría del atentado. El comisario general de información antiterrorista, Jesús de la Morena, amenazó con dimitir, según informaron fuentes policiales.
De la Morena es en este momento el máximo experto en la lucha contra el terrorismo de ETA y sostuvo que la banda etarra no había perpetrado la masacre del 11-M. Pese a que el ministro Acebes tuvo esa información desde las 12 del mediodía del pasado jueves, en su primera comparecencia imputó "sin lugar a dudas" el atentado a ETA y realizó una información a la ciudadanía que algunos responsables policiales no han dudado en tildar de "manipulada y lamentable".
Operación Jaula
El dispositivo para localizar a los terroristas fue "del todo equivocado". Frente a la urgencia para controlar las salidas por el aeropuerto de Barajas se impuso la tradicional operación jaula cuyos únicos efectos consistieron en explosionar dos coches sospechosos que figuraban como robados. El enfado de los expertos policiales fue en aumento y cristalizó en la denuncia a dirigentes del PSOE de lo que estaba pasando.
La presión política también afectó al jefe superior de Madrid, Miguel Ángel Fernández Rancaño, quien, según fuentes conocedoras de la tensión de las últimas horas, mantuvo serios roces con el jefe de la brigada de información antiterrorista, Ángel Álvarez y, finalmente, optó por ausentarse.
Células islámicas
Mientras todos los servicios de inteligencia occidentales apuntaban al terrorismo de origen islámico, la consigna de los responsables políticos de Interior era mantener la vía para detener a supuestos etarras como autores del atentado.
Por indicaciones de Madrid, los servicios secretos británicos y franceses abrieron una investigación sobre posibles relaciones entre ETA y Al Qaeda a partir de un viaje a Irak de supuestos etarras.
Pero, en general, los servicios de inteligencia aliados orientaron sus pesquisas hacia las células salafistas que han actuado dentro de la red de Al Qaeda.
Aclaración del CNI
Sólo dos horas antes de que el ministro Ángel Acebes informara de las detenciones de cinco sospechosos --dos
inmigantes indios y tres inmigrantes marroquís--, el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Jorge Dezcallar, acudió a la agencia Efe para desmentir las informaciones que aseguraban que sus agentes ya habían descartado al
99,9% la tesis de la autoría de ETA. "El CNI cumple con su obligación con todo rigor y, por tanto, no es cierto y no tiene sentido que hayamos abandonado totalmente una línea de investigación en beneficio de otra o de otras", aseguró Dezcallar.
La responsabilidad de Aznar en el 11-M
"El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva. Yo he visto las pruebas"
José María Aznar, marzo de 2003
El día 12 de marzo de 2004 más de once millones de personas marcharon por las calles de la capital y ciudades de España, en una demostración de repudio a los ataques del 11 de marzo, que dejaron un saldo de doscientos muertos y miles de heridos en Madrid. Al frente de una de esas marchas iba un hombre que ya sabía quién era el autor material de ese atentado salvaje y lo ocultó por conveniencia política: ese hombre era José María Aznar, quien lucía descompuesto, reacio a la conversación, convulsionado, pero cínico, inquieto porque sus órdenes de culpar inmediatamente a la ETA no habían convencido a nadie. Más que el dolor por el desastre, estaba preocupado porque la verdad podría afectar la ventaja que ya tenía el Partido Popular en los comicios generales españoles del 14 de marzo. En un ataque de ira, dispuso que todos los embajadores acusaran directamente a ETA, a pesar de que ya se conocía en el Ministerio de Interior que todos los hallazgos apuntaban en otra dirección.
Hoy sabemos que este ataque artero fue la respuesta al apoyo que brindó Aznar a la invasión de Irak y a la absurda colaboración que han brindado en Irak y Afganistán las agencias de inteligencia españolas a la persecución y detención de numerosos miembros de Al Qaeda, cuya lucha estaba dirigida a los Estados Unidos e Israel, sus enemigos naturales. Ahora España es un objetivo militar de los más violentos movimientos fundamentalistas del planeta debido a un grave error político.
La razón del ataque en época electoral, que hizo pensar que los responsables eran los grupos relacionados con la organización separatista vasca
ETA, obedece a que los grupos radicales islámicos, conscientes de la manipulación del Partido Popular, consideraron oportuno provocar un efecto electoral contrario a los intereses de este bando. Entre otras cosas, Al Qaeda se ha propuesto que salgan las tropas españolas de Irak y además detener a un aliado de Bush en un momento crucial, sobre todo después de que se confirmara que la guerra se hizo en nombre de una falsa excusa, pues nunca aparecieron las armas de destrucción masiva.
Las mentiras de Aznar sobre este acontecimiento se harán cada día más visibles. Baste decir que los servicios de inteligencia españoles tenían suficientes indicios de los planes de un ataque inminente de Al Qaeda en España. Como se recordará, en el año 2002 fueron detenidos dos árabes acusados de pertenecer al grupo de resistencia islámico Al Qaeda en la localidad de Hospitalet de Llobregat, en los suburbios de Barcelona. Los detenidos fueron identificados como el argelino Atmane Resall y el marroquí Najib Chaib Mohamed. En enero de 2003, la policía española detuvo en Cataluña a 16 miembros de Al Qaeda con planes para un atentado. Lo curioso es que se creía que sería en New York y no en Madrid. Algunos de estos hombres eran miembros del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), una escisión del Grupo Islámico Armado de Argelia (GIA).
La presencia de Al Qaeda en España no era un secreto para nadie. Desde hacía años, el juez Baltasar Garzón procesaba a Osama Bin Laden y a otros 34 presuntos miembros de Al Qaeda en relación con los atentados perpetrados en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, y se basaba en el hecho, absolutamente cierto, de que en España se ultimaron los detalles de los ataques. Entro otras decisiones, se había procesado a Imad Eddin Barakat, alias Abu Dahdah, y se conocía que los escenarios de los atentados fueron seleccionados desde 1997 cuando Ghasoub Al Abrash, el hombre más cercano a Ghaleb Kalaje, responsable financiero de la célula española, visitó Estados Unidos para grabar cintas de video con los blancos y objetivos, que luego fueron enviadas a Abu Khaleb, dirigente de Al Qaeda en España en 1998. Es imposible olvidar que antes del ataque del 11-S, Mohamed Atta estuvo en España y se reunió en julio de 2001 con Binalshib en Tarragona. La primera vez que se detecta la presencia de Atta en España fue el 4 de enero de 2001, fecha en la que llegó al aeropuerto de Barajas. El 17 de julio compró un billete para los Estados Unidos en Tarragona. Fue en Cataluña donde se ultimaron los detalles del 11-S. En esa labor, contribuyeron Belfatmi, residente en los alrededores de Reus y un hombre llamado Chebli, marroquí conectado con Abu Dahdah y con el integrante de la célula que éste dirigía Amer Azizi, encargado de todo lo relacionado con el reclutamiento de marroquíes en Madrid para la acción.
En mayo de 2003 había sido atacada la Casa de España, en Casablanca, por un grupo próximo ideológicamente al-Qaeda. Tres suicidas penetraron en el recinto tras degollar al vigilante del establecimiento y dos de ellos hicieron estallar en el restaurante del centro los artefactos que portaban, mientras que el tercero hizo explotar el suyo en el patio de la Cámara Española de Comercio, colindante. Murieron 43 personas, entre ellas 3 españoles: Domingo Mateo Taizeira, el empresario catalán Manuel Albiach y el empresario andaluz Francisco Abad. Los terroristas suicidas eran marroquíes, miembros de Assirat al-Moustaqim o la Salafia Jihadia. Cuando ocurrió este ataque, ya era obvio que España había entrado en la lista de los radicales.
A esto debe sumarse que el Ministerio de Defensa Noruego conocía un documento de Yusuf Alairi, colaborador cercano de Ben Laden, donde se advertía que sería lanzado un ataque en España durante las elecciones, una información a la que se restó importancia.
El 11-M forma ahora parte de la historia universal de terror de nuestro tiempo. Pero es un acto que no se comprende mientras no se asuma que el modo de evitar acontecimientos como éste en el futuro no sólo consiste en pedir a los gobiernos que persigan a los terroristas, sino también en atacar la causa principal de su aparición: la cruel intervención política y militar de Estados Unidos en todas aquellas naciones árabes que poseen petróleo y en el problema entre Palestinos e Israelíes. En el caso de España, no puede continuar esta solidaridad automática con los desmanes del Presidente Bush.
Los costos de esta alianza son macabros: 62 militares murieron en 2003 cuando el Yakovlev 42 donde regresaba de Afganistán cayó a tierra. El 20 de agosto de 2003 murió Manuel Martín-Oar en el atentado contra la sede de la ONU en la capital iraquí. El 9 de octubre murió el agente José Antonio Bernal Gómez. El 26 de octubre murió el sargento Luis Puga Gandar en Diwaniya. El 29 de noviembre murieron 7 agentes del Centro Nacional de Inteligencia (Alberto Martínez, Alfonso Vega Calvo, José Carlos Rodríguez Pérez, José Merino Olivera, Luis Zanón Tarazona, Carlos Baró Ollero y José Lucas Egea). Ya antes
había muerto por "fuego amigo" el periodista José Couso), y ahora 200 muertos y miles de heridos engrosan esa lista.
¿Por qué el 11-M? La respuesta a esta delicada pregunta sólo la tiene Aznar y creo que ya es hora de que confiese al pueblo español en qué ha consistido su apoyo a Bush. Si dice la mitad de la verdad de lo que han hecho las agencias de inteligencia en Irak y Afganistán, todo quedará explicado.
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