La nueva tiranía (robado del abc)
 Por Juan Manuel DE PRADA
 Lo escribía ayer Ignacio Camacho, escritor de cuerpo entero: el euro
 lo inventaron unos tipos que jamás han
 bajado a comprar el pan en la tienda de la esquina. Tipos que viven
 encaramados en su paraíso de cifras macroeconómicas y que, cuando
 descienden al légamo donde chapoteamos los siervos de la gleba, lo
 hacen procurando disimular un gesto de asquito y exhibiendo el
 salvoconducto de sus tarjetas de crédito. Nuestros nietos (quizá
 biznietos o tataranietos, no seamos tan optimistas), cuando estudien
 la decadencia y caída de la Unión Europea del Imperio Romano, se
 quedarán perplejos y espantados. No entenderán cómo fue posible que,
 durante décadas o siglos, millones de personas acataran sin apenas
 resistencia el mandato de unos pocos tipos instalados en su opípara
 entelequia. No entenderán cuáles fueron los mecanismos de postración
 y sometimiento que condujeron a unas gentes libres a mancomunarse en
 torno a una tiranía tan ajena a los impulsos de la verdadera vida,
 tan apartada de ese tumulto de pasiones que acaecen en el corazón del
 hombre.
 Hasta hoy, las tiranías se habían asentado sobre la manipulación de
 esas honrosas pasiones. El éxito de la Unión Europea del Imperio
 Romano ha consistido en extirpar previamente esas pasiones del
 corazón de sus siervos, para que su tiranía se ejerza sobre autómatas
 estólidos y anestesiados. Hasta hoy, las muy plurales formas de
 dominación que habían esclavizado al hombre no se habrían consolidado
 sin una coartada previa que apelase al amasijo de anhelos,
 sentimientos y creencias que componen nuestro mapa genético (o que lo
 componían, antes de que la Unión Europea del Imperio Romano nos
 confiscara el alma). El tirano, para garantizarse la adhesión del
 pueblo, disfrazaba sus desmanes bajo los ropajes de la vindicación
 religiosa, la beligerancia ideológica, la exaltación patriótica. Las
 campañas militares de Alejandro, como los planes quinquenales de
 Stalin, no habrían sido posibles sin esas 'coartadas' previas. Pero
 ahora asistimos a la creación de una tiranía descarnada que ya no
 maquilla su voracidad. La Unión Europea del Imperio Romano ha logrado
 imponer sus designios sin apelar a símbolos que galvanicen ese magma
 de anhelos compartidos que forman el espíritu popular; su estrategia,
 mucho más atroz y premeditada, ha consistido en asesinar previamente
 ese espíritu, para después entregarle el timo de la prosperidad,
 simbolizado por el euro.
 Los lacayos de la Unión Europea del Imperio Romano, encargados de
 infectar con su propaganda a los ilusos, aseguran que, por primera
 vez en la Historia, los hombres se congregan en torno a una promesa
 de paz y bienestar; aseguran también que la pertenencia a esta Unión
 Europea del Imperio Romano es el fruto de un anhelo confluente, y no
 la imposición de unos pocos. Nada más falso, puesto que la nueva
 tiranía simbolizada por el euro fue, desde el principio, una creación
 de los despachos, un artificio urdido por los dueños del Dinero que
 ha barnizado sus intenciones puramente mercantiles con una pátina de
 cosmopolitismo fofo y beatorro. Si la tiranía ha triunfado es porque
 las pobres gentes que chapoteamos en el légamo de la vida creímos que
 la calderilla que los dueños del Dinero nos iban a repartir era una
 participación en su festín. Pero no, esa calderilla ínfima
 -troquelada con el símbolo de la nueva dominación- es sólo el juego
 de estampitas que los dueños del Dinero han inventado, para mantener
 entretenidos a sus siervos, mientras ellos siguen beneficiándose de
 sus opíparas entelequias. A nuestros nietos (quizá biznietos o
 tataranietos, no seamos tan optimistas) les sorprenderá que hayamos
 picado un anzuelo tan grosero y poco estimulante; quizá, en
 desagravio de sus antepasados, algún día se limpien el culo con la
 calderilla que a partir de mañana nos van a repartir los dueños del
 Dinero.

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