Narcoterrorismo etarra

Roto el mito de que la banda combatía el narcotráfico

Una de las «banderas» que con más fuerza ha enarbolado ETA a lo largo de su siniestra historia es la de ser la organización que combatía, sin piedad, el narcotráfico. Los pistoleros se han presentado a sí mismos como una especie de paladines que luchaban sin cuartel para impedir que la juventud cayera en manos de «camellos» que, inducidos por las Fuerzas de Seguridad, pretendían inundar de droga el País Vasco.


Con el conocido sistema de juzgar, sentenciar y ejecutar en un solo acto, tan propio de los terroristas, los etarras han asesinado a numerosas personas a las que acusaban de ser narcotraficantes. Daba igual que lo fueran o no. Bastaba que alguno de los numerosos chivatos que tiene la banda pasara la información de que una persona estaba relacionada con el mundo de la droga, para que fuera incluida en la lista de objetivos de los «comandos».

ETA ha aparentado ser una organización «pura», absolutamente ajena al narcotráfico y dispuesta a erradicar esta lacra del País Vasco. Los hechos, sin embargo, según subrayan fuentes antiterroristas , han venido a confirmar lo que ya se sabía. Que es una organización mafiosa porque «¿hay algo más mafioso que cobrar a una persona dinero para no matarla, para protegerla de la amenaza que genera el supuesto protector ?». 

Fruto de sus vínculos con las FARC y el IRA no es extraño que se hayan involucrado en la venta de drogas, al igual que hicieron algunos de sus amigos irlandeses en el Ulster cuando el IRA declaró el alto el fuego y sus ingresos y medio de vida se redujeron.


Drogas y ETA: del crimen a la tolerancia, y de la tolerancia al trafico de drogas

31-01-10

El comando etarra desarticulado por la policía vasca en la localidad vizcaína de Ondarroa tenía 39 dosis de cocaína y sustancias para el corte, además de balanzas para pesar la droga. Los análisis realizados sobre el contenido de 41 bolsitas que contenían sustancia estupefaciente revelaron que 39 de ellas guardaban cocaína y las dos restantes productos para cortar y adulterar la droga. Además, la policía encontró cuatro básculas para el pesaje de la droga, lo que acreditaría que alguno de los detenidos en la operación puede estar implicado en actividades de narcotráfico.  Por ello además del delito de colaboración con ETA, imputa a Javier Zubizarreta otro de narcotráfico. Sobre esta posibilidad se había pronunciado horas antes el consejero de Interior del Gobierno vasco, Rodolfo Ares, quien destacó que la Ertzaintza había podido comprobar que alguno de estos individuos «tenía actividades relacionadas con drogas».

Además de la cocaína, la Ertzaintza se incautó de dos bolsas que contenían marihuana. Esto último no es nuevo, ya que al dirigente de ETA Garikoitz Aspiazu, Txeroki, le fueron incautados unos cien gramos de esta misma sustancia cuando lo detuvo la policía francesa en noviembre del 2008

 

La aparición de cocaína, marihuana y productos de corte en la misma operación de la Ertzaintza en la que se desmanteló, el martes pasado, un comando de ETA apenas ha sorprendido a las fuerzas de seguridad. Desde hace tiempo los mandos de la lucha antiterrorista han comprobado que la banda ha pasado de una intolerancia letal hacia el mundo de la droga -con asesinatos y atentados que justificaba como ataques contra presuntos traficantes- a una tolerancia teñida en ocasiones de complicidad.

Según expertos policiales, los grupos dedicados a la kale borroka han aceptado en ocasiones los 'trapicheos' a pequeña escala, como medida de control para evitar que sus militantes acudan a redes de tráfico que se encuentran fuera de su órbita o que faciliten su detección por parte de las fuerzas de seguridad. Este paso, desde la 'declaración de guerra' a una actitud de mirar hacia otro lado, sin embargo, se ha producido sin que el discurso de la izquierda abertzale radical haya sufrido grandes cambios.

En el caso de Ondarroa, la Policía vasca maneja la hipótesis de que el comando no traficaba con la droga que se le incautó, sino que una persona con la que sus miembros habían contactado se dedicaba a esa actividad. En este caso, la venta de estupefacientes no impidió que los etarras continuaran manteniendo la relación con ese individuo. En otro tiempo, habría corrido grandes riesgos y, como poco, habría sido condenado al ostracismo.

Pero, además, en la célula terrorista sí militaban consumidores habituales de estupefacientes. Un antecedente parecido fue detectado en abril del año pasado, cuando agentes del Cuerpo Nacional de Policía que acudieron a un bar de Vitoria a llevar a cabo una operación contra el narcotráfico descubrieron que el local servía de almacén para guardar cartelería de la lista ilegalizada D3M y de moldes para realizar pintadas de ETA.

Más tarde, en julio, la Ertzaintza entró en un bar de Eibar para retirar las fotografías de presos etarras que decoraban el interior. En el registro, la Policía vasca localizó 21 bolsas con 'speed', así como diversas cantidades de cannabis. Cuatro personas fueron detenidas por posesión de estupefacientes. En noviembre, cuando la Policía gala detuvo en un piso de Cauterets al jefe de ETA Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', encontró en la inspección cien gramos de hachís.

En contraste con esta situación, el último ataque que la banda justificó como una acción contra el narcotráfico -circunstancia que nunca ha sido probada- tuvo lugar el 28 de septiembre de 2001, cuando destrozó una discoteca en la localidad navarra de Lakuntza. Posteriormente, declaró en un comunicado que el local servía como «importante centro de distribución del narcotráfico». Con anterioridad, el 10 de septiembre de 2000, los terroristas arrasaron otra discoteca en la localidad guipuzcoana de Deba con el mismo argumento, que tampoco fue nunca confirmado. En este caso, el establecimiento era propiedad de un hermano de José María Korta, el presidente de la patronal guipuzcoana asesinado por la banda un mes antes en Zumaia. En los 90, ETA perpetró también decenas de atentados e incluso asesinatos contra personas a las que acusó de narcotráfico.

«Doble rasero»

En 2000, la organización juvenil ilegalizada Haika hizo público un análisis sobre la juventud vasca en el que abordaba el consumo de drogas y reconocía que estaba extendido en cuadrillas y en los entornos en los que se desenvolvían habitualmente los miembros de la izquierda abertzale. Sin embargo, se seguía demonizando, o mejor, lanzando un aviso, sobre el consumo: «Se está utilizando el 'trapitxeo' al servicio de la represión dentro de la estrategia político-policial. La 'txakurrada' utiliza el 'trapitxeo' para la colaboración policial».

Ese mismo año, Haika elaboró un estudio más a fondo dirigido a sus propias bases en el que afloraban todas sus contradicciones. Tras afirmar que las drogas son «un pilar imprescindible del sistema capitalista» y recordar que ETA actúa contra ese ámbito, apostaba por «un consumo responsable y medido». Según los expertos antiterroristas, en la banda se ha llegado en los últimos años a una situación de 'laissez faire' ante las personas que trafican, pero están consideradas como fiables para la izquierda abertzale. Por el contrario, sí se amenaza y atenta contra aquellos que se califican de «estar al servicio del enemigo». «El doble rasero es total», asegura la Policía.

El escritor italiano Roberto Saviano, amenazado desde 2006 por la camorra napolitana por su libro "Gomorra", cree que la incautación de droga a los presuntos etarras detenidos esta semana por la Ertzaintza confirma sus revelaciones sobre la relación entre la banda y el mundo del narcotráfico.

En una declaraciones facilitadas por su editorial, Saviano dice que el material hallado tras los arrestos -dos bolsas de marihuana y otras 41 bolsas con una sustancia presumiblemente estupefaciente, así como cuatro básculas para el pesaje de la droga- demuestra que cuanto dijo hace meses "no era mentira".

El escritor italiano se refiere a la polémica que mantuvo el pasado mes de septiembre con el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que aseguró que el Gobierno no tenía pruebas de que ETA traficara con cocaína después de que Saviano hubiera denunciado que la banda obtenía la droga de las FARC colombianas "para conseguir, a cambio, apoyo y armas" de la Camorra italiana.

"Me pregunto por qué el Gobierno español se ha dado cuenta sólo ahora. Hace dos años que cuento cómo las investigaciones de la Policía antimafia italiana han demostrado que ETA trafica con cocaína ¿Por qué el Gobierno lo desmintió cuándo yo insistía en que ETA es una organización implicada en la dinámica del narcotráfico internacional?", dice Saviano.

El autor de "Gomorra" se pregunta también "por qué una parte de los españoles considera todavía a ETA un grupo político cuando, por el contrario, todos los carteles criminales italianos saben que no es más que una mafia".

"ETA extorsiona, trafica con cocaína, trafica con armas (...) Su interés no es tanto la independencia del País Vasco como controlar el territorio y obtener beneficios. Se ha tardado mucho en descubrir el narcotráfico gestionado por ETA. Ahora, espero que España pueda remediarlo y no negarlo más", concluye Saviano

Las revelaciones sobre el hallazgo de pruebas concretas sobre las actividades de ETA en complicidad con el narcotráfico, aumentarán el desprestigio en que está sumergida la organización. Una cantidad importante de presos se desvinculan de la disciplina, nueve importantes dirigentes han sido expulsados. En todos ellos ha ganado fuerza la tendencia de quienes quieren abandonar la violencia terrorista porque este planteo lo rechazan incluso simpatizantes del nacionalismo radical afín a Batasuna.

 

 


 

Miembros de ETA se fuman unos cuantos porros, mientras supuestamente persiguen narcotraficantes

El ministro del Interior dio más datos este martes sobre la detención de Txeroki. El líder etarra tenía 100 gramos de hachís. Rubalcaba ha comentado que los etarras muestran una "moral poco clara" porque mientras supuestamente persiguen narcotraficantes, parece que ellos se fuman unos cuantos porros.

El ministro precisó que la organización criminal ha combatido históricamente a organizaciones de narcotraficantes "con argumentos sobre la pureza de la juventud vasca" y ahora, agregó, "parece que en esto tampoco tienen una moral muy clara". "Aunque mejor habría que hablar de amoralidad", remachó.
 

 Aurken Sola Campillo y Xabier Rey Ugarte viajaron el 29 de agosto al sur de Francia para encontrarse con dos miembros de ETA. Al despedirse, Sola y Rey les preguntaron cuáles eran sus 'nombres de guerra'. El pequeño, de complexión fuerte, unos 34 años de edad y la con la cabeza rapada, según le describieron ante la Policía, contestó lacónico: 'Txeroki'.

"Bien vestido: Todo de negro, sombrero y barba"

La siguiente cita, celebrada en Hendaya el 15 de octubre, dio para mucho más. Ambos acudieron al puesto de la Cruz Roja en la playa de la localidad francesa y allí encontraron sentado a un hombre completamente ataviado de negro, con pantalones de vestir y camisa, sombrero, gafas de sol, barba recortada y una mochila al hombro. Al intercambiar las contraseñas fijadas, constataron que volvía a ser 'Txeroki'.

El máximo dirigente de ETA pasó con Aurken Sola y Xabier Rey cuatro días en una casa propiedad de la tía de otra de las detenidas por pertenecer al 'comando Navarra'. Durante el día, 'Txeroki' instruía a los 'legales' en la fabricación de explosivos, la elección de objetivos, el modo en que desvían moverse para pasar inadvertidos a la Policía.

Alcohol y los porros

A partir de las ocho de la tarde ponían la televisión, preparaban la cena y charlaban. 'Txeroki' les decía que echaba de menos las borracheras que cogía "a menudo" cuando era miembro 'legal', no fichado, de la banda. También los porros que fumaba en esa época. En eso no fue sincero: los agentes franceses encontraron en su poder 100 gramos de hachís durante el registro del piso que ocupaba con Leire López en el momento de su detención.


La juventud de los países desarrollados se está aborregando, aburguesando, y durmiendo. O eso dicen. Las generaciones supuestamente más "preparadas" son las que menos cultura general, civismo y respeto por los valores de la honradez y el esfuerzo demuestran. Eso, evidentemente, tiene que calar hasta en los anormales estos.

Son "malotes" que se pasan las tardes gritando consignas y fumando petardos con sus peinaditos contraculturales que tardan media hora en colocarse frente al espejo. ¿Qué esperábais?

En fin, es una buena noticia. El máximo responsable de matar de la ETA era un subnormal ignorante con cara cetrina, cuyo ascenso meteórico se debe sin duda a la falta de candidatos más aptos. Hace falta ser retrasado mental para vivir en Francia y moverse en coches robados, y no saber distinguir una matrícula incongruente. La pena es que lo han dicho en los medios y ahora pondrán más atención con estas cosas.

Al respecto de este tema recibimos un correo electrónico:

Hola

Yo viví durante unos años en Belfast. En la zona oeste (católica y "controlada" por el IRA) había mucho vasco escapado, de los de la Kale Borroka. Eran los tiempos en que el IRA y ETA tenían una especie de colaboración y les daban alojamiento a los chavales que se metían en problemas. Pues bien, a mas de uno le dieron un toque de atención por el tema del costo. El problema era que la mayoría de los traficantes eran todos paramilitares protestantes y por ahí si que no pasaban.

Mas de uno se llevo una sorpresa cuando les apareció uno del IRA por casa a decirles que o dejaban los porros y buscaban curro o los mandaban de vuelta...

 


Las juventudes de ETA reconocen que algunos de sus centros son «fumaderos de porros»

Segi asume que tiene dificultades de captación y que, en muchas localidades, ha renunciado al «activismo» porque el sector juvenil «sólo quiere fiesta», según documentos incautados


«La trucha tiene dos ojos, los pececillos de río, 12». Nada que ver con el refranero español, ni se trata, aunque lo parezca, de uno de los aforismos de Bruce Lee del estilo «Be water my friend». La frase que encabeza esta crónica constituye simplemente el título de uno de los documentos elaborados por uno de los dirigentes de Segi -el semillero de ETA- en Guipúzcoa, y que ha sido puesto recientemente a disposición judicial.

La intención inicial del redactor del texto, detenido a principios de año, era -tal como indica la frase de la trucha y los pececillos- la de reorganizar la estructura del citado movimiento juvenil, multiplicar el número de integrantes, extender su radio de acción y, finalmente, detectar los defectos de funcionamiento para que Segi le resultase más útil a la banda terrorista. En palabras de los responsables policiales que se incautaron de los documentos: «Articular Segi en Guipúzcoa [su principal bastión junto con Vizcaya], crear una estructura unificada y con una disposición jerárquica que consiga ser eficaz en el objetivo de apoyar las directrices que marque ETA».

Con este fin, el dirigente guipuzcoano ideó una encuesta y la remitió a los simpatizantes de cada uno de los pueblos bajo su competencia, pero se encontró con una sorpresa desagradable: Segi está en crisis de captaciones, sus miembros potenciales tienen inquietudes serias como la de la vivienda y, en ocasiones, el TAV pero, en su mayor parte, su interés se centra en el ocio, y algunos de sus lugares de reunión se han convertido en «fumaderos de porros», según expresión propia. Los etarras reconocen que sólo en un barrio de San Sebastián la situación es medianamente «decente». El asunto de los porros resulta especialmente paradójico porque, tal como consta en el mismo documento, durante una época, ETA se erigió en defensora de la moral antidrogas, hasta el punto de que asesinó a varias personas con el argumento de que estaban vinculadas a ese mundo.

Algunas de las conclusiones que se extraen de lo que ocurre en cada una de las localidades están expresadas de un modo verdaderamente gráfico en el informe interno que resultó de la prospección: «Estamos muy perdidos», «la situación es desastrosa», «la gente sólo quiere fiesta renunciando así al activismo»... El documento es bastante exhaustivo, de modo que ni siquiera el Ministerio del Interior hubiera podido, con todos los medios de los que dispone, realizar una «foto de la situación» -como señala el dirigente del movimiento ilegalizado- tan nítida del estado y de las ocupaciones de las juventudes de ETA.

Los textos a los que ha tenido acceso este periódico son de mediados de 2006 y de 2007 y han sido puestos a disposición judicial hace escasas fechas, después de que los agentes lograsen abrir el soporte electrónico que los contenía. Demuestran, por tanto, que, desde principios de la tregua anunciada poco antes de ese periodo de tiempo, las estructuras de ETA estaban dispuestas a seguir, pero constatan que los miembros de Segi se duelen -y así lo manifiestan- de una situación de enorme crisis como consecuencia del hostigamiento que vienen arrastrando. Primero, con las persecuciones policiales contra los grupos autores del terrorismo callejero y con la disolución de Gazteriak; después, con los cambios de legislación que etiquetaron como terrorismo puro y duro los actos de violencia callejera, equipararon las condenas y responsabilizaron a los padres económicamente de los destrozos cometidos por sus hijos menores; y, finalmente, con las continuas ilegalizaciones que se iniciaron en 2000 con Jarrai, en 2001 con Haika -la sustituta-, y, finalmente, con Segi.

Dado que han pasado algunos meses desde la incautación de estos documentos, la situación podría haber cambiado, pero lo cierto es que las Fuerzas de Seguridad aportan datos que demuestran que si ha cambiado ha sido para empeorar los intereses de la izquierda abertzale, y se remiten también a las impresiones manifestadas hace apenas unas semanas por los propios etarras en sus declaraciones ante la policía o en sus documentos escritos. Sin ir más lejos, el jefe del comando Vizcaya, Aitor Cotano, pedía antes del verano a uno de sus compañeros que captase a una quincena de simpatizantes sin atender a las más esenciales medidas de seguridad. «Gente quemada, limpia, chollos... es igual, aquí hay trabajo para todos», escribía. Y la dirigente de EKIN en Pamplona, Maider Camino, en septiembre, se mostraba desesperada por las dificultades para hacer proselitismo y recabar ayuda para una infraestructura duradera.

En uno de los textos puestos a disposición judicial, el máximo dirigente de Segi en Guipúzcoa realiza un relato de la evolución del movimiento que demuestra su vínculo con ETA y su estrategia. Recuerda cómo, entre los años 1990 y 1996, la organización que aglutinaba a los alevines de la banda consiguió que miles de jóvenes vascos se negaran a realizar la mili francesa y española, y llevó a cabo lo que denomina «una respuesta directa frente a la imposición». Esa respuesta consistía, según el texto, en aplicar la «matxinada» -terrorismo callejero-, la «dinámica en contra de los zipayos [ertzainas] y del PNV», y en el «ensalzamiento de los enfrentamientos y de los ataques callejeros [montaje de los grupos y]».

Se jacta de que, en los 80, el movimiento juvenil de ETA encabezó actividades de todo tipo y, al hacerlo, comprometió a grupos musicales a los que vincula con sus intereses como Barricada, Escorbuto o La Polla.

El documento sostiene que en 1994, Jarrai organizó su tradicional encuentro de jóvenes y logró aglutinar a 10.000 de ellos y asegura que, en junio de 2001, Segi consiguió reunir en los «días jóvenes» a 23.000 personas y que, en 2002, en Elorrio, se produjo «el punto de encuentro con mayor afluencia de gente que nunca».

Pero después habla de una capacidad de movilización «hoy en día» de 3.000 jóvenes -en otras ocasiones se refiere a 5.000- y constata la existencia de importantes defectos de funcionamiento. Es en ese punto cuando asegura que han ido «rescatando poco a poco las pérdidas políticas y la fuerza perdida con la ilegalización» -de Jarrai, Haika y Segi- y anuncia que se disponen a «conquistar nuevos extremos» y a «fortalecer la apuesta». Sin embargo -y dejando claro que, con un número muy reducido de militantes, es evidente que ETA puede hacer mucho daño-, la situación real con la que se encontró uno de los máximos responsables del semillero de la banda fue bastante desalentadora para sus intereses.

Una situación que, según las Fuerzas de Seguridad, ha empeorado desde que los autores del documento lo redactaron. «Primero pensaban que, tras la tregua, ETA iba a atacar y vieron cómo sus comandos tenían que huir a Francia; después, pensaron que Batasuna sólo quedaría tangencialmente tocada. Pero cuando han visto que nada ha sido como habían previsto, muchos de ellos han preferido mantenerse en un quinto plano», asegura un experto de las Fuerzas de Seguridad.


«La trucha tiene dos ojos; los pececillos de río, 12»

En la parte teórica del documento encabezado con tan estimulante título, los dirigentes de Segi reconocen que están a disposición de la estrategia de ETA: «La organización, hacer la lucha y llevarla hasta la cúspide es lo principal». Para conseguirlo, necesitan «una estructura sólida» que se extienda por los «pueblos, barrios y colegios» con el fin de «implicar al mayor número de jóvenes» que fortalezcan su causa.

Como primer paso para recuperar la falta de solidez, que atribuyen en buena parte a su ilegalización, realizan un «balance» de problemas que incluye la falta de preparación de los «jefes mediadores» de la organización en la «gestión del dinero, en la comunicación y, en algunas ocasiones, en la enseñanza»; y la confusión en torno a algunos de sus elementos organizativos propios.

Se quejaban los dirigentes de Segi, por ejemplo, de que a los jóvenes no les estaba quedando claro que el éxito de las medidas sociales que ellos propugnan en su favor está directamente vinculado a la ejecución de sus «acciones» -que es el modo como ETA denomina a cualquiera de sus iniciativas, especialmente a las violentas-. Es lo que recibe la denominación de «desdoblamiento».

El documento describe los criterios de organización de Segi: la existencia de un 'talde' o grupo cuya función es planificar la actividad de los militantes en un pueblo determinado y conseguir que se celebre el 'bazar'; la convocatoria del 'bazar', que es la reunión a la que asisten «todos los militantes de Segi» para organizar los medios de los que disponen y en la que se realiza el «balance de la lucha en pro de las estrategias independentistas»; y la 'red', que es el «reparto del trabajo entre los socios».

«En cada pueblo, Segi tiene que hacer sus propias lecturas, tiene que ser referente ideológico y la fuerza de movilización de las luchas de la juventud del pueblo», dicen y añaden: «Los jóvenes nos tienen que tener como una referencia política de manera clara y para eso se han de tener las dinámicas preparadas... hostigando a los dirigentes del pueblo». Así hasta que «la dinámica» iniciada en el pueblo se una a lo que denominan «la dinámica nacional».


«Apagando fuegos...»

Los datos remitidos por los 'cachorros' de ETA en cada pueblo ofrecen una imagen más exacta que si la hubiera hecho Interior

Uno de los documentos incautados recoge la circular interna remitida por los dirigentes de Segi a sus subordinados. Entre sus inquietudes están las de saber «qué perfil tienen los responsables comarcales», «qué tipo de dinámica tienen», cuántos son, cómo son las asambleas y como funcionan los gaztetxe o casas de la juventud. Algunas de las respuestas obtenidas fueron las siguientes:

ZARAUZ: «Se junta bastante gente pero los motores son cuatro. Al gaztetxe no se le da utilidad alguna como espacio físico».

ZUMAYA: «Después de varios intentos, reunimos en un inicio a cerca de 200 jóvenes cuyas ilusiones e iniciativas se vieron muy limitadas por falta de voluntad real, quedando todo reducido a iniciativas de mero ocio. Esta asamblea se está bifurcando en dos grupos de trabajo, el del ocio y el de la vivienda, siendo nuestra responsabilidad planificar estos dos particulares de forma eficaz. Gaztetxe, no sabemos si hay».

CESTONA: «La Asamblea juvenil hay que cambiarla de raíz y el gaztetxe tiene una imagen muy mala en el pueblo y entre los jóvenes de la localidad».

ELGOIBAR: «Los dos últimos años han supuesto un tremendo declive, hoy en día va creciendo poco a poco, reuniéndose unos ocho jóvenes de edades diversas».

EIBAR: «Cuenta con una asamblea de jóvenes que aglutina a cerca de 10 miembros que se reúnen con frecuencia semanal; además de cursillos y conciertos, poco es lo que se hace. Los miembros del gaztetxe permanecen inmersos en luchas contra el TAV aunque lo hacen a título individual... No incidimos».

MONDRAGON: «Se reúnen semanalmente y editan mensualmente una publicación. Hace poco han empezado la lucha contra el TAV, pero mayormente organizan conciertos, actuaciones o conferencias. El centro lo utilizan para el ocio y nosotros no lo rentabilizamos de modo alguno».

ARETXABALETA: «Se creó hace dos años reuniéndose al principio unos 20 jóvenes que organizaban las fiestas del pueblo y acciones puntuales... Se crearon grupos de trabajo entre la gente que estaba con ganas. Funcionaba al principio pero que al final cayó en la dejadez... Hoy en día apenas se reúne... La última asamblea e iniciativas se adoptaron en agosto de 2006 en las fiestas del pueblo... El motivo es que la gente sólo quiere fiesta porque sólo se movía en ese ambiente festivo renunciando así al activismo».

INTXAURRONDO: «En el gaztetxe se aglutina una cuadrilla de 10 personas que permanecen sentadas en el sofá fumando porros».

EGUIA: «A pesar de resurgir de sus cenizas tiene problemas y grandes. Estar, estamos, pero muy perdidos».

LOYOLA: «Es virtual. Sólo existe el símbolo. Se mueven unos 15 jóvenes en torno a ella. La gestión la lleva una especie de cuadrilla que ha mostrado capacidad para organizar puntualmente un festival potente. Nuestra presencia y capacidad de incidencia es muy limitada».

GROS: «Ahora se reúnen unas 15 o 20 personas. Su función ha sido mayormente la de un grupo de ocio, pese a que ocasionalmente haya hecho un planteamiento elegante».

AÑORGA: «Gente que se mueve en torno al mundo de los conciertos».

BIDEBIETA: «Recién creado y con 20 personas en su seno que, de forma permanente, realizan un trabajo digno. Estos han dado cuerpo en pocos meses a una asamblea bien constituida y han dado pasos firmes y aunque, de momento, las dinámicas de lucha se están afianzando, todavía puede decirse que están situadas en los criterios correctos. Está en camino de ser la única asamblea de San Sebastián con la que se pueda contar».

LAZCAO: «Ha desaparecido».

ZEGAMA: «El gaztetxe, ¿existe?».

BEASAIN: «Tiene una gran implicación con la lucha del TAV, pese a que no la trabajan dentro de una planificación a modo de lucha. Organizan muchos conciertos».

ATAUN: «No sabemos gran cosa porque carecemos de estructura en esta localidad pero adivinamos que la situación es desastrosa».

SEGURA: «Poca cosa aparte de fumar porros».

LIZARZA: «No sabemos muy bien, pero el gaztetxe parece que se ha consolidado como el fumadero de porros y no sabemos si hay o no asambleas».

TOLOSA: «Como los bomberos, éstos igualmente andan apagando fuegos... El gaztetxe es una especie de lugar donde se hacen grabaciones musicales».


 

ETA-PNV Y LA MAFIA NAPOLITANA DE DROGA

Un «arrepentido» de la Mafia identifica a los etarras que iban a comprar armas a la «Camorra» a cambio de droga

Raffaele Spinello reconoció a José Miguel Arrieta Llopis y a Gracia Morcillo como los enlaces de la banda con el «clan Genovese» La declaración la realizó el pasado 27 de marzo en Roma ante un fiscal de la Audiencia Nacional

Los etarras José Miguel Arrieta Llopis, alias «Kócteles», y Gracia Morcillo Torres, han sido reconocidos fotográficamente como los enlaces de la banda terrorista con el clan mafioso de los «Genovese» de la «Camorra» napolitana. El reconocimiento, en presencia de representantes de la Justicia italiana y de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, fue efectuado por el «arrepentido» de la mafia Raffaele Spinello, el pasado 27 de marzo, en las dependencias de la División Nacional Antimafia, en Roma. Spinello señaló que la banda criminal española pretendía comprar armas a la organización delictiva italiana y que el pago se debería realizar con drogas.


El citado reconocimiento fotográfico, que, según fuentes antiterroristas consultadas por este periódico, marca un hito en la investigación de la relación de ETA con la Mafia, es consecuencia de las pesquisas que la Fiscalía de la Audiencia Nacional inició tras tener conocimiento de la declaración que realizó Raffaele Spinello en dependencias de la Dirección de distrito Antimafia de Nápoles.
En aquella declaración, el «arrepentido» señaló que miembros de ETA se habían puesto en contacto con el «Clan Genovese» con el fin de comprar armas, en concreto lanzamisiles y explosivos.
Para el pago de esas armas, el clan mafioso exigía la entrega de cocaína y hachís, ya que disponía de heroína, procedente de Turquía, Pakistán y Uzbekistán.
En función de la calidad de la droga que entregaran los etarras se fijaría el precio de las armas.
Una vez que la Fiscalía de la Audiencia Nacional recibió la traducción autentificada de las manifestaciones de Spinello, abrió diligencias y solicitó la cooperación de agentes especializados de la Guardia Civil.

Comisión rogatoria a Roma

El pasado 27 de marzo, un representante de dicha Fiscalía, a quien acompañaban dos oficiales del Servicio Central de Información de la Benemérita, se desplazaron a Roma en comisión rogatoria para ampliar la declaración de Spinello.

La Fiscalía pretendía, ante todo, que el «arrepentido» identificase fotográficamente a los miembros de ETA que actuaban como enlaces con el clan mafioso y que había citado en su anterior declaración. Para ello, llevaban las fotografías de numerosos miembros de la banda.
En la declaración de Raffaele Spinello, que se realizó a partir de las 11,30 de la mañana, estaban presentes, además del representante de la Fiscalía de la Audiencia Nacional y los dos oficiales de la Guardia Civil, un juez y un fiscal italianos así como el abogado defensor del «arrepentido», Sergio Luceri, del Foro di Lecce. Spinello reconoció, sin ningún género de duda, a José Miguel Arrieta Llopis y a Gracia Morcillo Torres como los enlaces de ETA con la Mafia. Además, ofreció más datos que los que dio en su primera declaración sobre unas negociaciones de diez días de duración, que tuvieron lugar en un hotel de Milán con miembros del «Clan Genovese», según informaron a LA RAZÓN fuentes de la investigación. Durante estas reuniones, los etarras, que eran conocidos por los mafiosos como «la llave española», negociaron la adquisición de armas «de gran calibre», como lanzamisiles y explosivos ya que los fusiles de asalto no les hacían falta.

Ante estos reconocimientos, la Fiscalía de la Audiencia Nacional tiene previsto presentar, en las próximas semanas, una denuncia contra Arrieta y Morcillo por los delitos de pertenencia a banda armada y depósito de armas para organización terrorista. También estudia la posibilidad de incluir en dicha denuncia el delito de tráfico de estupefacientes.
José Miguel Arrieta Llopis, alias «Kueta», «Kócteles» y «Sagu», nació en San Sebastián el 10 de septiembre de 1960. En su día se benefició de la Ley de Amnistía de 1977.

En 1981, cuando era conducido por la Policía tras ser detenido, saltó del vehículo y se arrojó por un terraplén. Aunque se escondía habitualmente en México, fuentes antiterroristas le relacionaban con el «aparato de logística» de la banda, para lo que realizaba algunos viajes, con documentación falsa, a Europa. Fue entregado por las autoridades aztecas el 17 de enero de 2000 y fue condenado por la Audiencia Nacional por asesinato. En la actualidad se encuentra, en primer grado, en el centro penitenciario de Jaén.

La investigación de la Fiscalía de la Audiencia Nacional se inició en el segundo semestre de 2002 después de que la Dirección Nacional Antimafia de Italia pusiese en conocimiento de la Justicia española las confesiones del «arrepentido» de la «Camorra».

En su primera declaración éste aseguró que dos chicas jóvenes, «correos» «españoles», «mandan la cocaína todas las semanas a los grupos criminales italianos; después llega una persona, una mujer, que representa al grupo, que recoge el dinero de las distintas familias y toma nota de más encargos». «Estas personas -añadió- vendían la droga y tenían necesidad de armas (...) porque preferían, bajando el precio de la droga, armas en vez de dinero». «¡Pero armas grandes! No les servían los kalashnikov, sino los lanzamisiles, las bombas...».

Respecto a la mujer que contactaba con el «Clan» tras realizarse las entregas, que ahora ha identificado como Gracia Morcillo, Spinello recordó que la conoció en una reunión que tuvo lugar a principios de 1999 en un restaurante de Milán. Allí estuvieron presentes el dirigente del «Clan Genovese» Felice Bonetti, un tal Carmine Taccone, la mujer y sus guardaespaldas. «Podría reconocerla si la viera», dijo entonces. «Estuvo invitada por Bonetti en Montemarano, durante siete, ocho o diez días». Según él, se hacía llamar «María» o «Lucía», y puso de manifiesto que «era una mujer muy bella, bien vestida y de modos refinados». En el interrogatorio, la Fiscalía le preguntó de nuevo si había estado en alguna «negociación importante respecto a grandes cantidades de armas», y el «arrepentido» señaló que «con los españoles, con la señora española». El ex mafioso mantuvo que los etarras «sólo venden cocaína y hachís; la heroína llega de Turquía, de Pakistán y de Uzbequistán; de esta parte pueden suministrar la heroína y las armas, mientras que de esta otra, los de la ETA, la cocaína y el hachís». También dio detalles de la entrega de droga que realizaron los «correos españoles» y que motivó la reunión en Milán. «Felice Bonetti me dijo: me tienen que llegar ocho kilos de cocaína de España. Él la llamaba “ala de mosca” a la cocaína que tenía que llegar de España». «Tenía que ir a Milán a una cita en la zona militar, y dicha zona está cerca de Taccone. Tenía una cita en un hotel, en la provincia de Milán. (...) Llegaron dos correos españoles que tenían la droga (...); se trataba de dieciséis paquetes de medio kilo cada uno». Respecto a esta entrega, Spinello subrayó que Taccone llamó a Amedeo Genovese diciéndole «que la cocaína no era buena, que no era apta para su mercado, y que traería problemas». Por otra parte, aseguró que Bonetti le propuso ir a España «a formar parte de esta organización durante ocho o nueve meses; me traería a Italia cuatro o cinco mil millones (de liras), pero debería cometer actos terroristas».


Aunque Raffaele Spinello ha ofrecido ahora más datos a la Justicia española sobre los contactos que mantuvo con ETA, en su primera declaración recordó que, a principios de 1999, participó en una reunión en un hotel de Milán en la que se negoció el pago en armas de una entrega de cocaína que dos «correos españoles» habían realizado semanas antes. La representante de ETA fue, según el ex mafioso, Gracia Morcillo Torres, que acudió a la cita con varios guardaespaldas.

ROTO EL MITO DE QUE LA BANDA COMBATIA EL NARCOTRAFICO

Una de las «banderas» que con más fuerza ha enarbolado ETA a lo largo de su siniestra historia es la de ser la organización que combatía, sin piedad, el narcotráfico. Los pistoleros se han presentado a sí mismos como una especie de paladines que luchaban sin cuartel para impedir que la juventud cayera en manos de «camellos» que, inducidos por las Fuerzas de Seguridad, pretendían inundar de droga el País Vasco.
Con el conocido sistema de juzgar, sentenciar y ejecutar en un solo acto, tan propio de los terroristas, los etarras han asesinado a numerosas personas a las que acusaban de ser narcotraficantes. Daba igual que lo fueran o no. Bastaba que alguno de los numerosos chivatos que tiene la banda pasara la información de que una persona estaba relacionada con el mundo de la droga, para que fuera incluida en la lista de objetivos de los «comandos».

ETA ha aparentado ser una organización «pura», absolutamente ajena al narcotráfico y dispuesta a erradicar esta lacra del País Vasco. Los hechos, sin embargo, según subrayan las fuentes antiterroristas consultadas , han venido a confirmar lo que ya se sabía. Que es una organización mafiosa porque «¿hay algo más mafioso que cobrar a una persona dinero para no matarla, para protegerla de la amenaza que genera el supuesto protector ?».
«Y las organizaciones mafiosas ¬agregan¬ terminan relacionándose con otras similares para los fines que les son comunes: la extensión del crimen. A los terroristas españoles no parece preocuparles que con la droga que debían entregar a la «Camorra», a cambio de armas y explosivos, se corrompiera a la juventud, incluida la vasca».

 


UN INFORME SOBRE NARCOTRÁFICO IMPLICA A ETA

La banda terrorista ETA ''entró, casi a su pesar, en el tráfico de drogas y en la incitación al consumo, mientras las fuerzas del orden que la combatían recurrieron al contrabando para llevar a cabo su misión'', sostiene un informe divulgado hoy por el Observatorio Geopolítico de las Drogas (OGD), una ONG francesa que ha publicado varios informes sobre la droga desde 1992 y ha anunciado hoy su cierre por falta de fondos.
Dicho informe asegura que en los años 80, cuando la organización empezaba a sufrir problemas económicos y la confluencia entre el tráfico de armas y de drogas se aceleraba, ETA, a pesar de ciertas reticencias en un principio, encontró gradualmente en el narcotráfico un medio para detener la caída de sus ingresos.

El informe cita a un ex responsable del aparato internacional de ETA político-militar que asegura que la banda se vio obligada a comprar drogas si quería adquirir armas. ''Un día te dicen: te voy a vender 50 Browning pero debes comprarme al mismo tiempo un kilo de heroína. Esto supone un serio problema ético, pero los que dependen de ti esperan porque hacen la guerra'', dice el ex responsable de la organización.

El estudio añade que después de la escisión de 1982, ETA militar heredó los contactos internacionales de ETA político-militar. A partir de entonces esta actividad obligada acabó siendo voluntaria, según la ONG.

El OGD ilustra el consumo de drogas entre la juventud vasca con una encuesta publicada por la Fundación Santa María que revela que los jóvenes vascos consumen el doble de sustancias ilícitas que los del resto de España.

El informe destaca que la detención de destacados simpatizantes de ETA en relación con el tráfico de estupefacientes y las coincidencias en el estilo de atentados en Colombia y en España o en las redes de blanqueo de dinero utilizadas por narcotraficantes y ETA revelan una estrecha relación entre estas organizaciones.

En cuanto a la insistencia del nacionalismo radical de atribuir el alto consumo de drogas entre los jóvenes vascos a una acción deliberada con el fin de apaciguar a la juventud rebelde, el OGD, que también implica a algunos miembros de las fuerzas de seguridad en estas actividades, advierte, no obstante, que ''ETA ha contribuido importando al mercado vasco importantes cantidades de droga, particularmente de heroína''.

Esta organización no gubernamental afirma que la Unión Europea es el mercado de drogas ''más importante del planeta'' y España su principal puerta de entrada de estupefacientes, debido a su situación geográfica, proximidad a Marruecos, vínculos tradicionales con Latinoamérica y la importancia del turismo internacional. Por España, ''portaaviones de las drogas'', transitan la marihuana, la cocaína y la heroína camino de otros países europeos, sostiene el informe. El OGD destaca que las actividades ilícitas están cada vez más relacionadas entre sí en el mundo, lo que ''es particularmente visible en Africa austral, en el Cáucaso y en los Balcanes''.

Las mafias y los procesos de blanqueo y de corrupción relacionados con el narcotráfico han permitido invertir buena parte de ese dinero en actividades legales, de forma que ''la economía subterránea del tráfico de drogas penetra la economía formal a todos los niveles''.

Así, por ejemplo, la Cosa Nostra siciliana, perseguida en la isla, desplegó su actividad en el norte de Italia, y en particular en Milán, ''al invertir en los sectores más dinámicos de la economía''.

En un sentido similar, el OGD alude a ''las organizaciones criminales colombianas'', algunas de las cuales se han establecido en España. ''En algunos casos, las organizaciones criminales basadas en países del tercer mundo (Colombia, Jamaica) o situados en la periferia de las zonas desarrolladas (Marruecos, México, Turquía, Albania, Kosovo) controlan una parte no despreciable de la distribución minorista en los países ricos'', explica.

La ONG sostiene que ''las razones de esta universalidad'' son principalmente que ''la llamada economía formal (...) se cierra cada vez más a las reglas elementales de la transparencia'', y muchos bancos de países ricos se sirven de sus filiales en el Caribe, islas anglo-normandas, Mónaco, Liechtenstein, Suiza o algunas islas del Pacífico para realizar blanqueo de capitales.

A causa de la globalización de los flujos financieros, ''el blanqueo de dinero, y su corolario, la criminalización de la política afectan al conjunto del globo'', recalca. Calcula entre 350.000 y 400.000 millones de dólares el monto de dinero de las drogas ''reintegrado'' anualmente en la economía mundial. Según el OGD, ''el impacto de los conflictos (en los que incide la droga) no es sólo observable en países del tercer mundo, como Afganistán, Birmania, Colombia o Angola''.

El narcotráfico ''aparece a menudo como una respuesta a las disfunciones económicas y sociales, pero puede también acentuarlas, o incluso generarlas, creando así espacios de impunidad que conllevan un desarrollo de la criminalidad'', lo que ha ocurrido en Brasil, México, Rusia o Sudáfrica, según el Observatorio.

Denuncia en particular la persistencia de ''las contradicciones entre la voluntad proclamada por los Estados y las instituciones internacionales de luchar contra la plaga de la droga y las concesiones a los narco-estados cuando son clientes o aliados geopolíticos''.



 


Los asesinos de Totorika consumieron cocaína y «speed» antes del atentado


Antes de asesinar se chutaban con droga. Jon Zubiaurre y Asier García, los dos etarras que el pasado 9 de marzo segaron la vida del ertzaina Iñaki Totorika, son consumidores habituales de cocaína


Aquella noche, la del crimen, hubo algo extraño en la conducta de los terroristas, pero nadie imaginó que estuviera relacionado con las drogas. Que ambos jóvenes permanecieran junto a la cabina telefónica desde la que llamaron a la DYA para reivindicar su «hazaña» y notificar dónde estaba amarrado el dueño del vehículo utilizado en el atentado, resultaba chocante. No tanto, sin embargo, como que uno de ellos conservara -a modo de macabro recuerdo- las llaves del coche bomba utilizado para matar al policía vasco. Parecía inimaginable que alguien en su sano juicio fuera tan descuidado. Tan imprudente como para guardar en su bolsillo la llave de contacto del Kia Shuma azul oscuro, en cuyo maletero iban los 15 kilos de dinamita que el tercer miembro del comando había activado con un mando a distancia.
Los investigadores operan convencidos de que la última camada de terroristas de ETA procede de la kale borroka y carece del atisbo de profesionalismo que caracterizaba a los militantes históricos de la organización. Algo chirriaba, aunque no fue hasta varias horas después de la detención, en las dependencias de la Ertzaintza, cuando afloró la primera explicación convincente.
Jon, el más joven de los etarras, es consumidor habitual de cocaína. Asier, el más viejo, el que tiene ya 23 años y cuatro muertos a su espalda, además de darle a la coca, es aficionado al speed.
Figura en las diligencias. No se trata de una hipótesis o de meras evidencias circunstanciales. El propio Asier, quien antes de ser detenido en Hernani había sido arrestado una vez por su participación en la mal llamada «violencia callejera», confesó de plano en comisaría. Ante los compañeros del asesinado, todavía conmocionado por la sorpresa que le produjo verse rodeado súbitamente por agentes de paisano de la Ertzaintza, reducido en un santiamén y conducido como un cordero a las dependencias policiales, confesó con voz trémula y ojos despavoridos que consumía speed y cocaína «de vez en cuando». También, que su cómplice es aficionado al polvo blanco procedente de Colombia.


Esa adicción no les impedía ser letalmente eficaces. Los asesinos de Iñaki Totorika estaban integrados en esa especie de pulpo que es el comando Donosti. Jon, Asier, el hermano de éste y ese escurridizo Txema que activó el disparador del coche trampa, integraban el talde Gagua, «la noche» en castellano.
El grupo comenzó a funcionar hace seis meses bajo la dependencia de Juan Antonio Olarra Guridi, miembro liberado de ETA, quien desde Francia y bajo la supervisión del omnipresente Txapote, Francisco Javier García Gaztelu, dirigía los pasos de sus sicarios. Fueron ellos, según todos los indicios, quienes mataron el 26 de enero pasado del cocinero de la Comandancia de Marina de San Sebastián, Ramón Díaz, e intentaron matar un mes después al concejal del PSOE Iñaki Dubrueil, dejando sobre el asfalto del apeadero de Renfe de Martutene los cadáveres de dos trabajadores de la empresa Electra. Javier Balza, consejero de Interior del Gobierno vasco, ha sido taxativo. El modus operandi de Gagua confirma la vinculación directa entre los
protagonistas de la kale borroka y los miembros de ETA dedicados al tiro en la nuca y el coche bomba. Mariano Rajoy, ministro del Interior, ha insistido en la vinculación entre los miembros de organizaciones como Haika y los pistoleros etarras. Todos coinciden en que la raya que antaño separaba «legales» de «liberados» se ha difuminado y que el activista experimentado, que calculaba riesgos y requería meses de preparación, es cosa del pasado.
Lo que casi nadie se atreve a decir es que la banda, a la que pertenecen los asesinos del ertzaina Totorika, aúna la existencia de adictos a la cocaína en sus filas con altisonantes declaraciones  contra el consumo de estupefacientes y con el sistemático asesinato de personas supuestamente vinculadas al tráfico de drogas.
La lista es larga e incluye a José Antonio Santamaría, ex jugador de la Real Sociedad y  copropietario de la discoteca Ku, abatido de un tiro en la nuca, al desventurado Angel María González, al empresario José Manuel Olarte y a muchos otros.
El sarcasmo, la sangrienta paradoja, es que basta revisar la lista de presos españoles detenidos en las cárceles marroquíes por tráfico de drogas para localizar a una docena, entre el medio centenar de detenidos vascos, que aparecen también como habituales de la kale borroka y en las listas de militantes conocidos de Jarrai o Haika.

En ese sentido resulta revelador un documento que circula entre las organizaciones del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), instando a los militantes abertzales a acabar con el consumo de drogas en sus filas porque «el compromiso político y el trapicheo son incompatibles». El texto es elocuente. En su primer epígrafe se señala como objetivo «cortar el cáncer y limpiar la casa».
Los autores del escrito se hacen eco de la preocupación que genera en el MLNV la mínima implicación ideológica que se detecta en bastantes de los nuevos militantes desembarcados en la  organización: «Se aprecia que sus motivaciones tienen más que ver con la posibilidad de pasarlo bien y conseguir drogas en los locales afines, que con un apoyo expreso a la actividad política».
El documento no tiene desperdicio. Además de reflejar el temor a que la incorporación a la kale borroka de esta cantera plagada de drogadictos ponga en peligro el control que ejerce en estos  momentos sobre los grupos Y recalcan que lo conveniente es «rentabilizar el problema hasta que se llegue a su solución». Para ello, proponen desviar «la responsabilidad del trapicheo hacia otros ámbitos, denunciando la función policial represiva que juega el tráfico de drogas en el enfrentamiento que vive Euskal Herria».


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